Revisitar Comandante de Oliver Stone

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Por Pepe Gutiérrez-Álvarez

Como no podía ser menos, la muerte de Fidel Castro –se dice pronto: 60 años de lucha interrumpida- se ha convertido en una nueva entrega de la guerra cultural entre los amos del mundo y sus servidores, y aquellos que tratan de luchar por una nueva humanidad. Esta guerra se da en todos los medios, siendo el cine uno de los más significados por el alcance que tienen entre las masas sometidas al bombardeo del pensamiento dominante. Dentro del cine, el documental ocupa un lugar especial por cuanto es el que “se vende” como más objetivo. No hay que decir que este terreno está ocupado por quienes dominan la producción, no hay más de darse una vuelta por el bosque  en el que Fidel aparece en el bosque del you tube.

Sin embargo, aunque este dominio general ha sido apuntalado por la contrarrevolución neoliberal –contra cualquier variante “social” de la economía-, también es cierto que no faltan aportaciones cubanas que van más allá del discurso oficialista, ni aportes desiguales y valiosos como el Comandante (España, 2003), de Oliver Stone que aceptó una propuesta de Jaume Roures, el llamado “magnate trotskista” tanto por su pasado revolucionario como por algunos de los desafíos heterodoxos manifestados en apuestas en la prensa (Público), pero sobre todo  como productor de cine. 1/

Comandante fue complementada por otra, Looking For Fidel(España, 2004), mucho menos conocida y que aborda una trama espinosa: En la primavera de 2003, el gobierno cubano se sintió obligado a recurrir a la represión para impedir que muchos cubanos emigraran a Norteamérica. 2/ Fueron arrestados y encarcelados 75 de ellos, entre los que había periodistas independientes, que fueron acusados de ser agentes al servicio de los Estados Unidos y de conspirar contra la revolución. Tres cubanos, detenidos mientras intentaban apoderarse de un ferry en la bahía de La Habana, fueron condenados a muerte y ejecutados tras juicios sumarísimos. Estos acontecimientos empeoraron todavía más la imagen que el mundo tenía de la dictadura cubana que fue condenada por numerosos intelectuales y diversos gobiernos. Stone filma su testimonio con evidente comodidad, pero aprecia que Fidel no se oculte, que se enfrente a las cámaras, a las preguntas más duras. Detrás de todo estaba el Imperio con su “aparato” con “licencia para matar”, la CIA. La misma que desde 1961 trató de matar a Fidel por todos los medios posibles.

Ambos resultan trabajos discutibles, polémicos, pero perfectamente adecuados. Fueron realizados cuando la figura de Castro era más discutida y controvertida que nunca. Cuan a la derecha de siempre se unían antiguos comunistas para compararlo no ya desde el ABC sino de El País, con Hitler o Stalin.

Oliver Stone fue pues a contracorriente. Armado con un equipo reducido de filmación nos ofrece un cóctel de preguntas, charlas, y un tono de intimismo que no teme ni la beligerancia ni un cierto encantamiento por parte del entrevistador. Lo trataron por ello de antiamericano (sobre todo desde el exilio dorado de Miami donde los amigos de Batista y del Imperio siguen afilando los cuchillos. Stone les responde: Oliver Stone, que si tiene algún defecto no es morderse la lengua, arremetió contra ellos clamando: “Llevo escuchando que soy antiamericano muchos años. Ya me lo dijeron cuando estaba en Vietnam viendo morir a mis amigos por mi país; o cuando regresé y me insultaron en el aeropuerto. También después me llamaron rojo por protestar contra la guerra, en la calle y en mis películas… Es una acusación tan familiar para mí como incomprensible: esos que se reservan el título de americanos son los peores racistas que conozco. La ignorancia es la semilla de la intolerancia. Pongamos el ejemplo de Irak: ¿qué razones tenemos para una guerra allí? ¿Y quién se ve con razones éticas para autonombrarse cruzado contra el terrorismo cuando ha creado a los mayores terroristas actuales? ¿Debo recordar quién entrenó, financió y adoctrinó ideológicamente a Osama Bin Laden?…” Unos razonamientos que también serán adoptados por Michael Moore.

Aunque existen numerosas  grabaciones de sus discursos, existen muy pocos documentos (o documentales) que retraten al gobernante cubano, y menos desde una perspectiva estadounidense. Oliver Stone asumió el desafío, se permite bromear con Castro (si tienes sentido del humor no puedes ser rematadamente maligno o idiota. Richard Nixon no lo tenía, y por eso fue tan reprobable su mandato), charlar de temas ideológicos algo peliagudos (ha sido curioso como analizaba su papel de dictador de izquierdas en un mundo que ha enterrado el comunismo), e incluso intentar ahondar en un ser humano con pequeños vicios mundanos, entre ellos el cine de Hollywood y algunas de sus estrellas clásicas (Fidel es un cinéfilo muy bueno, y un amante de las actrices, las mujeres bellas). El montaje del documental es típico de los films Oliver Stone, así que prepárense a descubrir sus imágenes subliminales.

Este documental se erige en una suerte de espejo en el que se refleja una de las páginas más vivas de la historia del siglo XX. Los hechos se suceden: La Crisis de los Misiles, la invasión de Bahía Cochinos, el papel de la guerrilla en Bolivia o el heroísmo del Che Guevara, piezas absolutamente complementarias contadas  por el dirigente cubano que se prestó a ser entrevistado con la facultad de poder interrumpir el rodaje cuándo y cómo quisiese. 30 horas de película impresionada que Stone monta con su habitual maestría, y un riquísimo material de archivo para configurar un mosaico que trasciende el simple retrato individual o el perfil político. Comandante es una crónica histórica del siglo XX narrada por su protagonista y en la que, a su vez, se reflejan otros puntos de vista. Castro es, sin embargo, el centro absoluto de un retrato voluntariamente subjetivo en el que el perfil político se conjuga con el humano. Interrogado por un incisivo Stone, el dirigente cubano responde a preguntas no siempre fáciles con peculiar habilidad. Pasa de puntillas por los temas más espinosos y repasa algunos de los grandes momentos de la Revolución Cubana al tiempo que muestra los secretos para mantenerse en forma. También se confiesa como padre y abuelo no siempre ejemplar, y se autoproclama como un cinéfilo que admira a Chaplin y a Brigitte Bardot.

Es innegable que Stone es un director inquisitivo y con talento, pero también es cierto que su actitud es de seducción, de escasos vuelos críticos. Luces y sombras del personaje y de Stone que ya causaron en tiempo de su estreno un cierto malestar incluso entre  los amigos de la revolución cubana. Lo que no quiere decir incondicionales…

En la localidad de Sant Pere de Ribes (Garraf, Barcelona) ya tenemos previsto un pase en la sala de cine local con el apoyo de la CUP y de PODEM.

Notas

1/ El guión es del propio Oliver Stone. Intérpretes: Oliver Stone y Fidel Castro. Fotografía: Carlos Marcovich y Rodrigo Prieto. Música: Alberto Iglesias. Género: documental. España, 2003. Duración: 95 minutos. Roures, antiguo dirigente de LCR, a la que representó durante un tiempo en el Secretariado de la IV Internacional ha sido objeto de arduas controversias no solamente en relación a PRISA, también en relación a su actuación con la plantilla del diario Público.  Como productor está detrás de películas como  Los lunes al sol, Salvador (Puig Antich), Llach. La revolta permanente, sin olvidar algunas de las últimas de Woody Allen.

2/ Tema central de un magnífico documental catalán, Balseros

3/ Una pequeña muestra de la guerra de interpretaciones la vivimos en Iniciativa en la localidad de Sant Pere de Ribes. Algunos de sus componentes se opusieron a que entre los carteles del local partidario figurara una foto amplia de la entrada de Fidel en La Habana en 1959…

 

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