Respuesta a Jorge Beinstein (y II)

&nbsp La crisis del Estado.
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&nbsp Desde hace bastante tiempo se oye hablar con fuerza de la crisis del Estado. Nunca he aceptado tal consideración. Nunca como ahora, el Estado como instrumento del poder, ha cumplido mejor y más eficazmente su cometido y por consiguiente nunca ha dejado de ser (bajo distintas formas): “Estado interventor”. En las sociedades de explotación del hombre por el hombre, la organización práctica del sometimiento de unos hombres por otros (la organización de la violencia y la coerción) ha tomado como expresión política la forma de Estado.
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&nbsp La forma específica que toma el Estado para cumplir su misión coercitiva no es significativa, por cuanto ésta nunca hace cambiar su auténtica naturaleza. Formas dictatoriales, democráticas, populares, liberales o socialistas… no cambian para nada su carácter de instrumento de dominación de unos sectores sobre otros. Tanto si su ejercicio es de dominación por la simple fuerza o de sumisión por medio de mecanismos más sutiles, nada hace variar su propia naturaleza de instrumento del poder. En los periodos de crisis social, el Estado desenmascara su auténtica naturaleza de maquinaria para la guerra, y deviene Estado de Guerra.
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&nbsp Envejeció el Estado de la burguesía nacional, porque simplemente envejeció la burguesía. El Estado transnacional o el Estado Global que se construye, no es más que el advenimiento de un nuevo instrumento coercitivo y de sometimiento al servicio de unos sectores de poder financieros que abarcan&nbsp mercados mucho más extensos que el de los viejos Estados Nacionales del siglo pasado. El Estado transnacional no es un instrumento creador de nuevos Estados (tal como ocurrió en el periodo colonialista) sino destructor de estos. Los antiguos Estados herederos de la burguesía sobreviven a duras penas, al servicio de unas u otras fracciones del capital financiero. Ceden progresivamente muchas de sus prerrogativas a los nuevos instrumentos transnacionales sin abdicar de su auténtica naturaleza violenta y coercitiva. Si fracasan de esta, devienen Estados fallidos.
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&nbsp Ciertamente el viejo estatismo languideció y ha sido sometido por un nuevo estatismo de carácter mucho más global, pero igual de violento y coercitivo. Estado Global que en periodos de crisis deviene Estado de Guerra.
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La crisis tecnológica

&nbsp Su reflexión sobre la que crisis tecnológica del capitalismo es sencillamente una aberración. El desarrollo científico y tecnológico actual no es un producto del capitalismo. Es el resultado de la capacidad creadora intrínseca del ser humano acumulado a lo largo de los siglos. Es fruto del trabajo social de la sociedad trabajadora. El capitalismo ha sido, desde sus principios, únicamente su depredador.&nbsp La cultura burguesa nunca estuvo implicada directamente en el progreso científico con plena conciencia de que éste era el auténtico motor de la Historia de la Humanidad, sino por el interés de rentabilizar y maximizar la explotación de la fuerza del trabajo humano en pos del beneficio privado. Ella rompió las cadenas de la superstición y del inmovilismo del antiguo régimen sin percatarse, de que estaba abriendo la caja de pandora de unas fuerzas mágicas que no alcanzaría a controlar y que estas mismas fuerzas serían sus sepultureras. Marx lo supo anticipar a la perfección.

&nbsp Posiblemente, sin quererlo, usted está&nbsp dando alas a todos los movimientos reaccionarios contrarios a la Ciencia y al desarrollo del conocimiento humano. En vez de centrar el problema en su apropiación privada, la que en definitiva le da al Capital la absoluta soberanía para decidir qué, cómo, en qué sentido y bajo que interés se aplican los conocimientos científicos, arremete contra los avances tecnológicos como si tales fueran los responsables de la catástrofe y el producto intrínseco de la civilización de la mercancía.

&nbsp No existe productivismo desaforado. El Capital siempre ha tendido a la sobreproducción. Son saltos cualitativos siempre adelante en pos de un mayor beneficio a costa de lo que fuere. A costa tanto de un desarrollo irracional como de una destrucción increíble. Prácticamente podríamos decir sin temor de equivocarnos, que el capitalismo ha destruido con las numerosas guerras provocadas muchísimo más que lo que la sociedad trabajadora ha construido con un afán y unas ansias de superación inagotables.
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&nbsp Es evidente que el desarrollo irracional ha puesto en evidencia de manera salvaje el proceso de depredación acelerada de los recursos naturales y de las riquezas del Planeta. Pero en el Planeta Tierra todos los recursos y riquezas son físicamente limitados y agotables. Por tanto la explotación que los seres humanos debemos hacer de ellos deben estar lo más estrictamente ajustados al rigor científico, para que su agotamiento no ponga en peligro nuestra supervivencia y la de las generaciones venideras. Este es el simple planteamiento que debería ser defendido frente a toda la parafernalia en boga del “crecimiento o el decrecimiento sostenible”, de los “recursos renovables o no renovables”, del “control del crecimiento o del crecimiento cero”, etc.

&nbsp Los que creemos firmemente que la revolución social pendiente será científica y ética, defendemos, contrariamente a muchos de ustedes, que la Humanidad ha alcanzado los conocimientos necesarios para hacer realidad un laboreo eficaz, suficiente, razonable y perdurable de los recursos de la Tierra. Y absolutamente generalizable para todos los seres humanos. Es más, nuestro techo tecnológico no está ni mucho menos alcanzado y es precisamente la sociedad del Capital nuestro mayor escollo para su desarrollo.
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&nbsp Este mayor desarrollo tecnológico implicará, contrariamente a lo Ud. dice, una mayor y más generalizada creatividad constructora sin poner en peligro alguno nuestro futuro. Porque ya somos capaces de crear vida, de fertilizar desiertos, de potabilizar aguas salinas. Porque ya inventamos nuevos materiales, más fuertes, más dúctiles, más duraderos y más ligeros para sustituir a las antiguas aleaciones minerales. Porque somos capaces de comunicarnos con extrema facilidad. Porque nuestros robots se construyen lejos del gasto mineral y energético que necesitaron las viejas locomotoras. Porque sabemos crear semillas eficientes para terrenos de secano y liberadas de las plagas. Porque ya un 35% de los productos pesqueros proceden de la acuicultura. Porque nuevas fuentes energéticas están a nuestro alcance. Porque pequeños xips de memoria contienen miles de enciclopedias de papel. Porque los descubrimientos en medicina son imparables. Porque estamos a un paso de lograr la “resurrección” de especies animales y vegetales extinguidas a partir de la secuencia de su genoma. Porque futuros bancos de ADN impedirán la desaparición de especies en peligro. Porque la biotecnología, la bioquímica, la informática, la nanometría, la genómica… las ciencias del conocimiento solo han empezado su andadura. Porque el tiempo, el esfuerzo y el gasto energético necesario para la construcción de cualquier ingenio o mercancía tenderá en el futuro, posiblemente&nbsp a cero. Nuestro único límite al crecimiento son nuestros sueños.

Colapso ambiental y urbano

&nbsp El colapso ambiental y urbano que Ud muy bien explica, no son las causas de la decadencia del sistema sino sus consecuencias. No es la civilización técnica la engendradora de esta destrucción. Es el sistema social autodestructivo en la que se desarrolla esta técnica, el auténtico problema.
&nbsp Una pregunta: ¿A qué estadio de desarrollo tecnológico deberíamos retroceder para evitar este colapso ambiental y urbano?

Los ciclos largos y la integración de la crisis

&nbsp Las crisis capitalistas son tan antiguas y repetitivas como el propio sistema. Estos ciclos bicentenarios ni coinciden ni se encuentran estrechamente asociados a la explotación de los recursos energéticos no renovables como usted defiende. Son el producto de las propias contradicciones del sistema.

Ya en el año 1797&nbsp la economía de los EEUU se contagió cuando Gran Bretaña suspendió la convertibilidad de su moneda en oro. En 1808 la Ley del Embargo promulgada por Thomas Jefferson provocó una enorme crisis comercial. En 1837 la desregulación bancaria promovida por el presidente Andrew Jackson disparó la inflación y el paro. Numerosas entidades bancarias de Nueva York quebraron. En 1857 explotó la llamada burbuja del ferrocarril que hizo caer a numerosos bancos y aseguradoras. En 1873 la caída del banco de Filadelfia Jay Cooke, tras un crash bursátil en Viena, provocó un periodo de depresión que duró más de 15 años… Luego, el crash del 29 que disparó la tasa de paro y provocó una larga etapa de recesión económica. Y así sucesivamente hasta el pinchazo en 2001 de la burbuja tecnológica y la crisis actual. &nbsp
&nbsp En lo que deberíamos profundizar más rigurosamente, es en el hecho de que los periodos de crisis, en la mayor parte de los casos, se corresponden a momentos posteriores a la finalización de las guerras o de grandes campañas militares. En 1819 en los EEUU, cinco años de profunda crisis financiera tras la guerra contra el Reino Unido. En 1865 casi tras años de recesión tras la Guerra Civil. En 1918 otros tres años de contracción tras el fin de la Primera Guerra Mundial. En 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial frenazo de la economía y aumento del paro. En 1953, recesión económica tras la Guerra de Corea. En 1973, 16 meses de contracción económica tras la retirada del Vietnam… Paradójicamente pues, en los años preparativos de las guerras o durante éstas, la crisis económica es inexistente cuando precisamente durante ellas el gasto de las fuentes energéticas para fines militares es más elevado. (Fuente: NBER, US Census Bureau y El País)

&nbsp De esto puede desprender que, contrariamente a lo que piensan la mayoría de los analistas, la era Obama será una era militarista y belicista. Barack Obama no podrá de ninguna manera neutralizar al sector político-industrial-armamentista estadounidense que se consolidará como la arteria central de la recuperación económica. El “Estado soy yo” clamará el Pentágono. Y el resto del capital industrial y financiero mundial asentirá, como siempre lo ha hecho. Obama cederá si no quiere perder, claro está, su pellejo. Desearía equivocarme, pero no tengo ningún elemento de análisis que ponga en cuestión estos vaticinios.
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&nbsp La crisis actual, el Capital&nbsp solo la puede resolver abriendo un periodo destructivo. Su éxito dependerá de que no agote, materialmente, los medios necesarios para extender y generalizar una guerra total en numerosos territorios y, fundamentalmente, de la rebeldía ciudadana en contra de ésta destrucción. O se abre un camino de cambio social o entraremos en un profundo periodo de ostracismo fascista.

&nbsp De todas maneras, desearía que Ud. llevara razón. Si la crisis es fundamentalmente energética no dude que el mismo Capital la resolverá controlando el descubrimiento de cualquier otra nueva fuente energética y todo ello sin contar con las reservas de gas natural (aún no evaluables) y que ya sustituyen en parte al petróleo en los procesos de ciclo combinado. Si existiera además, como dice, una crisis e hipertrofia del Complejo Militar&nbsp (que solo se da, a mi entender, en los estertores del colapso del sistema) las condiciones favorables para un cambio social estarían a la vuelta de la esquina.
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Periodización

&nbsp No creo que sea nada novedoso su gráfico de campana que representaría la trayectoria indicativa de los periodos por los&nbsp que el capitalismo ha transitado, desde el capitalismo joven hasta el capitalismo en su decadencia. En realidad esta misma campana podría representar perfectamente la trayectoria indicativa seguida por todos los anteriores sistemas sociales, con la única variante del “tiempo” necesitado para reseguirla.
Lo que realmente sería importante y aleccionador sería introducir en éste gráfico la evolución de tres parámetros: El conocimiento humano (los estadios tecnológicos), la propiedad privada y el trabajo
asalariado. De ello, que podríamos escribir extensamente, lo resumiríamos sucintamente en:

&nbsp El capitalismo joven nace de las primeras aplicaciones prácticas de los conocimientos alcanzados en la Edad Moderna. Es la sustitución de las antiguas formas de explotación de la tierra (openfield) por prácticas comunitarias (enclosures). La rotación trienal y de secano se abandonó por el sistema Norfork. Se implantaron nuevas herramientas agrícolas como la arada de Rotherham y las máquinas de cosechar. La lanzadora volante de Kay, las primeras hiladoras mecánicas (de Carthwrigth), la energía hidráulica primero y la máquina de vapor de James Watt posteriormente, revolucionaron la industria manufacturera. El descubrimiento de Darby (el carbón de coc), las técnicas de pudelación y del laminado, los hornos de inyección de aire caliente y el convertidor de Bessemer impulsaron el uso del hierro y el acero para todo tipo de utillaje agrícola, máquinas, vías férreas, locomotoras, navíos, etc. La navegación fluvial y especialmente el ferrocarril, terminaron siendo el eje vertebrador de un desarrollo industrial y manufacturero hasta antes no conocido.

&nbsp Este periodo, corresponde a una etapa de acceso y generalización a la propiedad privada sobre los medios de producción y sobre los recursos naturales, muy significativa. La nueva clase dominante, la burguesía surgió de una amalgama de nuevas y antiguas clases con capacidad económica (capital inicial acumulado de etapas anteriores) para acceder a la propiedad de estos nuevos medios de producción. Desde artesanos, banqueros, grandes propietarios agrícolas, usureros,… hasta viejas aristocracias y realezas del Antiguo régimen. La única clase que no tuvo acceso a ella ni posibilidad de alcanzarla fue la nueva clase asalariada, la clase que de manera precaria, en jornadas agotadoras y con salarios escasos fue convertida, a la fuerza, en la clase productora. La crisis de la sociedad feudal hizo inviable el servilismo: la burguesía se erigió como la clase salvadora al apropiarse de los recursos y medios de producción modernos.

&nbsp El capitalismo maduro corresponde a una nueva explosión de las revoluciones industriales que siguieron, desde principios del siglo XIX hasta finales del XX. El perfeccionamiento de los instrumentos agrícolas, la aplicación de procesos químicos (guanano y nitrato e Chile), la selección de razas y de semillas,&nbsp y la diversificación de los cultivos.&nbsp Los nuevos inventos en siderurgia y metalúrgica: El horno eléctrico Siemens, la electrólisis del aluminio. En química: la seda artificial y la baquelita. En energía: los primeros pozos petrolíferos, la dinamo, el alternador y el transformador, la bombilla de Edison, la alta tensión, las primeras centrales eléctricas (1884). En transportes y comunicaciones: el teléfono, la máquina de escribir, el motor de explosión, el motor diesel, la telegrafía sin hilos de Marconi… Empieza aquí un proceso ininterrumpido de concentración de la propiedad privada, con el fortalecimiento del capital financiero ligado estrechamente a la aparición de cárteles, trusts, holdings y monopolios industriales. Aparecen las grandes burguesías imperialistas y comienza una paulatina proletarización de los sectores más débiles de la pequeña burguesía, de las clases medias y subalternas. El nuevo desarrollo industrial&nbsp se concreta tanto en nuevas formas de organización del trabajo (taylorismo o fordismo), como de la incorporación de numerosos nuevos asalariados. Es durante este periodo de esplendor, cuando el Capital cede a regañadientes ciertas mejoras sociales y laborales para perpetuar una fuerza de trabajo que necesita reproducir sin dilación. Es la etapa de oro del Capital y del trabajo asalariado. &nbsp

&nbsp El capitalismo senil aparece precisamente de la mano una nueva gran revolución tecnológica que ha tenido lugar desde los finales del siglo XX. La investigación científica ha irrumpido de lleno en cualquier actividad humana. Es una revolución tal que deja en la prehistoria las anteriores. La robótica, la biotecnología, la bioquímica, la informática, la genómica, la nanometría,… ha sido también&nbsp enajenada por el Capital (mediante su privatización, las patentes industriales, la propiedad intelectual, las leyes de copyright, la censura y el secretismo…) en el interés de su beneficio privado. Los resultados prácticos en productividad y eficiencia han sido extraordinarios, pero para el capital financiero, el último estadio de concentración del sistema capitalista, esta nueva revolución tecnológica ha introducido los gérmenes de su inviabilidad: la expulsión de la antigua fuerza de trabajo que durante siglos hizo posible la realización de su acumulación. Con la revolución científica va muriendo progresivamente el trabajo asalariado y con el, el Capital.
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&nbsp El atajo de la ingeniería financiera para todos los capitales que no pueden ser reinvertidos en la producción, solo les conduce al precipicio. El retorno a la economía productiva, creadora de puestos de trabajo, economía seria y eficiente no hará más que aumentar las propias contradicciones del sistema.

&nbsp Para no insistir en las tesis de Marx desarrolladas extensamente en las últimas páginas del cuaderno VI y las primeras del VII de los Grundrisse, que explican científicamente las raíces de la inviabilidad del sistema, le citaré unos párrafos de Adria Sotelo que resumen muy bien la cuestión: &nbsp

…”De tal manera que la hipótesis que aquí sostenemos es que: por más que siga aumentando la productividad, desarrollándose la revolución tecnológica y "ahorrando fuerza de trabajo" (desempleo, ejército industrial de reserva, etcétera), la reducción del tiempo socialmente necesario para la producción de mercancías y de fuerza de trabajo se va volviendo cada vez más marginal; es decir, cada vez más insignificante para producir valor y plusvalor, aunque progresivamente esté aumentando en la sociedad el volumen general de la riqueza física (valores de uso), pero, sin embargo, con un valor contenido cada vez menor. Entonces el sistema entra en crisis orgánica, estructural y civilizacional, como está ocurriendo en la actualidad”… (Adrian Sotelo Valencia en “Me da risa…”)

&nbsp Espero que mis modestas reflexiones le puedan ser de interés. Un abrazo fraternal.

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