Respondiendo al canciller cubano: mi derecho a llamarme cubana

El derecho a llamarse cubano depende, más allá del lugar donde se viva, de si se está dispuesto a defender, incluso con la vida, la República “con todos y para el bien de todos” de José Martí, o si se acepta la república colonial, corrupta y contrahecha, de la Enmienda Platt y la Ley Helms Burton que el Presidente Bush nos ofrece. (Felipe Pérez Roque, marzo 19 de 2008)

El derecho a llamarme cubana, señor Pérez Roque, sólo depende de haber nacido en Cuba; no en Suecia, no en Estados Unidos, ni en Zambia; en Cuba, hace 62 años.

No me lo otorgan mis ideas políticas.

No me lo otorga ningún gobierno, cualquiera que sea su signo ideológico y sistema.

No me lo otorga un grupo en el poder que desde 1959 hasta hoy ha excluido a quien se le opone o disiente, y ha hecho de Cuba no lo que soñó Martí de hacer una república con todos, sino lo opuesto.

No me lo otorga un gobierno que manipula una visión de la República de Cuba existente antes de 1959 con formulaciones maniqueas.

No me lo otorga un uso repulsivo de la condición de patriota, que la equipara a la adhesión a una revolución inexistente, y a un régimen dictatorial y de exclusión de cubanos, mediante el cual un grupo represor se mantiene en el poder.

No me lo otorga la adhesión o no que pueda yo manifestar hacia la política que decida cualquier gobierno extranjero.

Mi nacionalidad es cubana, aún cuando haya adquirido otra ciudadanía en mi país de residencia.

El gobierno en Cuba, acostumbrado a violar derechos universales, a usurpar espacios de acción y movimiento de sus ciudadanos, no puede arrebatarme lo que para mí, más que un derecho, es una condición.

El derecho a llamarme cubana, señor Pérez Roque, lo tengo desde que nací, y hasta que fallezca. No lo otorga usted, Fidel Castro, ni su hermano Raúl. Sepa que lo fue mío ayer; es mío hoy, y lo será mañana y siempre.

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