Reseña: El Estado y la revolución

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Vemos históricamente como el ser humano a través de su consciencia y de su carácter socialista ha querido descubrir el mundo que le rodea y comprenderlo, dejando atrás las neblinas de la mente, heredadas de l@s primer@s seres de nuestra raza humana.

Vemos al ser humano, convertido en persona, por meritos propios, meritos sociales, a través de los siglos y de las luchas incesantes por mantener su consciencia despierta y su libertad por encima de cualquier otra forma de expresión y concepción del mundo, en su joven Humanidad.

Porque es la libertad la que ha creado al ser humano y es por ella que depende su existencia. La libertad, este es el tesoro de la raza humana y su único adalid.

Inexplicable es la consciencia egoísta, ya que no es natural de nuestra existencia como personas conscientes. Por lo tanto el egoísmo es un muy lejano antepasado que aún nos acompaña de manera subyugante en nuestro viaje a lo largo de los siglos y del que como una molesta gripe, cuesta deshacerse.

Pero aunque las mentes conscientes y despiertas veamos inexplicable la existencia de consciencias egoístas o la formación de las mismas, si que podemos explicar su comportamiento con respecto a l@s demás miembros del genero humano, y seres de otras formas y familias.

Ningún ser humano o de otro genero viviente, necesita la opresión de su ser físico y mental, para vivir bajo ninguna circunstancia. Todo lo contrario, si fuese así, no existiríamos.

Ningún ser humano conformado en una sociedad de individuos o familias, necesita ser esclavizado para su existencia y desarrollo, como persona y como miembro de un grupo de personas.

Ningún ser humano afirmado como pueblo, territorio, nación o republica, necesita ser obligado a vivir en la pobreza, en la falta de libertad, en la sumisión más absoluta, por parte de ninguna forma de opresión, caracterizada y circunscrita en la formación y existencia de feudos, monarquías, estados-nación y republicas burguesas, todo ello aderezado y siendo imprescindible para su mantenimiento, buenas dosis de opresión militar y policial, orquestadas por l@s amig@s del Estado: bancos, corporaciones, multinacionales, que actualmente representan el neoliberalismo económico o capitalismo global.

Siendo hereder@s de l@s grandes pensadores/ as, hechos tales por su consciencia social, tenemos los grandes escritos teóricos que nos hablan aún hoy, clarividentemente de cómo ha de ser la sociedad de seres humanos, adheridos/as en su existencia al entorno natural del que han surgido como seres conscientes.

Tenemos el gigantesco Capital de Marx, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, de Engels. El Manifiesto Comunista de ambos. Rosa Luxemburgo y Reforma o Revolución.

Tenemos, El estado y la revolución, de Lenin, La revolución permanente, de Trotsky.

Tenemos en definitiva, en vanguardia a nuestro lado, a grandes maestr@s concienciad@s de su papel social en la historia, dando muestra de ello, en su propia existencia.

Así pues es un grandísimo placer y elogio poder presentar de nuevo a forma de reseña, uno de los grandes libros escritos por el compañero y camarada, Lenin. Significativo y potencial en su contenido, que ya en su titulo expresa la inevitable evolución de los acontecimientos históricos. Este libro es llamado: El Estado y la revolución.

El Estado y la revolución

El libro está dividido en seis capítulos, los cuales pasaré por alto, para centrarme en las ideas principales.

– ¿Qué ha ocurrido con la doctrina de Marx? – pregunta Lenin a sus lectores/as.

En la historia, las doctrinas de l@s pensadores/ as revolucionari@s y de l@s principales lideres y portavoces de las clases oprimidas, son tergiversadas en un claro oportunismo político, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria. Siendo la burguesía y l@s oportunistas dentro del movimiento obrero, l@s principales responsables de ello. Mermando así, el verdadero espíritu revolucionario que tod@ obrer@, marxista, siente en su interior. Debemos restaurar la verdadera doctrina de Marx y Engels, acerca del Estado, empezando por su concepción.

El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las condiciones de clase, es decir, es enteramente un órgano burocrático creado para gestionar la desigualdad entre personas, de manera negativa, claro está, en beneficio de una clase minoritaria y dominante, y en detrimento de la clase trabajadora.

Se piensa que los estados pertenecen a una determinada fase de desarrollo de los hechos históricos, producidos desde dentro de la sociedad por quienes defienden sus intereses personales por encima de los sociales. E igualmente pensamos que es hora de avanzar al respecto de la historia y desarrollar nuestra propia sociedad igualitaria pero para ello debemos apoderarnos de la máquina estatal, como clase trabajadora, y despiezarla completamente, hasta la más minima partícula.

La existencia del Estado demuestra la existencia de la desigualdad e injusticia, de la opresión y la sumisión de los pueblos. Demuestra que la burguesía, ya sea de izquierdas o derechas, quiere mantener unos privilegios que ningun@ de nosotr@s les ha concedido, ni que decir tiene pensaran ell@s. Más lejos de la verdad, pueden estar las instituciones que constatan y firman la existencia de tales privilegios, defendidos y custodiados por sus órganos militares y policiales, que defienden la injusticia bajo una mascara democrática y social.

El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado, situados por encima de la sociedad y divorciados de ella.

Para mantener un Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y las deudas.

El Estado moderno representativo o democrático, es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital, es decir, l@s capitalistas y sus secuaces políticos o viceversa, utilizan el Estado para explotar a la clase trabajadora, asalariando así, su vida, al Estado y el capital.

El sufragio universal es un arma de dominación de la clase explotadora, en la cual se decide qué clase dominante ha de representar y aplastar al Pueblo. Es el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera, es la falsa idea de expresar realmente la voluntad de la mayoría de l@s trabajadores/as, en su efectividad práctica.

El Estado no ha existido eternamente ni lo hará, como intentan hacernos creer desde todas partes. Las clases desaparecerán como surgieron en su día y así desaparecerá inevitablemente el Estado.

La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción, sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que le corresponde: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce.

La clase trabajadora ha de tomar en sus manos el presente y el futuro de su existencia, ha de apoderarse del Estado y socializar los medios de producción, ha de inutilizar las instituciones estatales para liberar al Pueblo de toda opresión. Ha de neutralizar los poderes fácticos del Estado, con la organización de l@s trabajadores/as.

El gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y los medios de producción serán dirigidos por l@s trabajadores/as. El Estado se extinguirá por si solo como consecuencia de todo ello, pero no se extinguirá por si solo como consecuencia del paso del tiempo, sin más.

Como bien he señalado, en este proceso, no he utilizado las palabras “dictadura del proletariado” porque es inexistente en él. Si bien he utilizado la palabra “inutilizar” para referirme a las instituciones estatales, y “neutralizar” para referirme a los poderes fácticos del Estado, creyendo innecesaria la utilización de una fuerza especial de represión, como hace el Estado, hacia ningún/a miembro del antiguo aparato estatal, si la Justicia Social no requiriera de ello, aún así, no utilizaríamos ninguna fuerza especial de represión, sino una fuerza conjunta del Pueblo, más que con l@s enemig@s potenciales del Pueblo, y no así, del Estado.

El Estado burgués solo puede ser destruido por la revolución social, a este efecto debemos avanzar midiendo las fuerzas que hay en juego, no siendo esto un juego, por supuesto, sino una forma de expresión, así pues, poniendo de manifiesto nuestra gran superioridad numérica, nuestro amor a la verdad, nuestra fuerza como sociedad libre y nuestras ganas de luchar por este cambio, invitaremos a l@s detractores/ as de la revolución social a abandonar sus privilegios en pos de una sociedad igualitaria, y si así no lo hiciesen o no lo viesen oportuno, serían considerad@s enemig@s del Pueblo y empezarían a engrosar ell@s mismos , las cárceles que ordenaron construir para así defender sus privilegios sobre el resto de las clases sociales.

Y quien así utilizara la violencia en contra de cualquier persona emancipada de la opresión del Estado, e hiciere del asesinato o la tortura, su actuación más premeditada, será considerad@ enemig@ potencial del Pueblo, y la Justicia, más absoluta, recaerá sobre dich@ element@. Pues nuevas formas de Justicia, sin intereses políticos ni privilegios, serán creadas en pos de una sociedad libre e igualitaria.

La violencia será medida, en caso de ser necesaria, justamente, por la violencia recibida por parte de l@s enemig@s potenciales del Pueblo.

Así pues, nuestras intenciones primordiales, son pacificas, sabemos que el Estado y su maquinaria, no lo son, y debemos utilizar la Justicia de nuestra nueva sociedad, la de todas las personas por igual para contrarrestar la venganza y el resentimiento, que siente tod@ am@ hacia el/la esclav@ liberad@.

Así pues la violencia utilizada como respuesta a la recibida adquiere un matiz revolucionario, y no, como agente del mal, como los aparatos del Estado la usan habitualmente en cualquiera de sus formas, contra la clase trabajadora.

Es de admitir por ello que la violencia revolucionaria es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre camino y rompe las formas políticas muertas y fosilizadas.

Cabe señalizar, que nada tiene que ver la violencia terrorista con la revolucionaria. La violencia terrorista es aplicada por pequeños grupos de individu@s o individualidades, en beneficio de sus propios intereses y situad@s, como el Estado, fuera de la sociedad y divorciad@s de ella. Con lo cual cualquier miembro de la sociedad puede ser victima de los atropellos terroristas.

La violencia revolucionaria es aplicada como respuesta social, a los aparatos represores del Estado y al mismo Estado, por todo el conjunto de la sociedad, en beneficio de nadie y con intereses inexistentes.

Como bien he señalado arriba, la violencia revolucionaria es un instrumento, no un fin en si mismo. Es la misma sociedad y como sociedad, es la única que puede ejercer este derecho histórico, como Pueblo igualitario y libre.

Si bien la violencia revolucionaria no fuera necesaria como instrumento, no seria aplicada.
Si bien fuera necesaria en determinados periodos de tiempo revolucionarios, en periodos anteriores y posteriores, a la revolución, alcanzando el objetivo de la desaparición del Estado, la violencia revolucionaria habría de extinguirse con el mismo Estado, desapareciendo como tal. Siendo la nueva sociedad sin clases e igualitaria, la más perfecta asociación de personas libres, con derecho a decidir cómo quieren que esta nueva sociedad perdure en el tiempo y sirva de ejemplo al resto de sociedades que aún contemplan el Estado como única y eterna, forma de gobierno, y digo gobierno, pues no es asociación.

La clase obrera sustituirá la antigua sociedad burguesa por una asociación que excluya a las clases y su antagonismo, y no existirá ya un Poder político propiamente dicho, pues el Poder político será sustituido por el Pueblo, el cual no admitirá ninguna forma de represión contra sí mismo como tampoco aceptará ninguna forma de corrupción, indispensable para el mantenimiento del aparato estatal capitalista.

Marx afirma que el primer paso de la revolución obrera será la transformación del proletariado en clase dominante para conquistar la democracia.

Pero hay que ir más lejos de ese primer paso. El proletariado jamás debe transformarse en clase dominante, si, ha de constituirse como Pueblo, y como tal, defenderse de las posibles amenazas Estado-capitalistas. He aquí un error de concepción marxista, quizá ligado a su propio momento histórico.

El proletariado debe dirigir los medios de producción, pertenecientes a toda la sociedad y no por ello ha de convertirse en clase dominante aunque sea transitoriamente.

Desde el mismo momento en el que el proletariado dirija los medios de producción, la sociedad de clases habrá de desaparecer y derrumbarse.

Este es el objetivo principal de toda lucha socialista y en eso debemos basarnos, para la creación de la nueva sociedad igualitaria, no en ocupar el puesto de la antigua clase dominante, sino en hacerlo desaparecer con el mismo Estado.

Dirigir los medios de producción significa dirigir la sociedad hacia su libertad como individualidades o personas, y como sociedad misma.

Así pues la sociedad no se convierte en clase dominante, sino en asociación de individuos libres y asociados.

No es cuestión a tratar que la clase trabajadora, no ya como clase, sino como personas libres, háganse con el antiguo Poder político, pues este Poder era usado, creado, perteneciente y defendido, para su mantenimiento, por el Estado, desapareciendo junto a él, indefectiblemente, siendo las personas libres de sus antiguas cadenas de clase, las creadoras y portadoras de una nueva forma de sociedad libre e igualitaria, en la cual cada persona participa de su existencia y de las demás, repartiendo libre y equitativamente, responsabilidades, y ejerciendo como ciudadan@s libres y asociad@s.

Todo ello dirigido por l@s mism@s ciudadan@s asambleariamente y teniendo en cuenta todas las opiniones de cada persona libre, en pos de la creación de esta nueva sociedad.

Organizaremos la producción nosotr@s mism@s , basándonos en nuestra propia experiencia obrera, socializando el trabajo y los medios de producción, creando nuevas formas de organización descentralizada, y no así, utilizar las burocráticas estatales. Distribuiremos la riqueza obtenida, a todas las regiones y pueblos, a todas las personas y familias, dependiendo de la necesidad y siguiendo unas directrices igualitarias.

Tenemos que derrocar a l@s capitalistas, destruir por la mano férrea de la Revolución, la resistencia de est@s explotadores/as, romper la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotr@s un mecanismo de alta perfección técnica, libre de parasitismos y perfectamente puesto en marcha por l@s mism@s obrer@s unid@s, dando ocupación a técnic@s, inspectores/as y contables, y retribuyendo el trabajo de tod@s éstos,como el de tod@s l@s funcionari@s del Estado en general, con el salario de un/a obrer@.

Organizaremos la economía en función a sueldos igualitarios para tod@s, no superiores al salario de un/a obrer@, bajo el control, supervisión y dirección, del proletariado revolucionario.

Los Parlamentos serán sustituidos por Consejos de Trabajo Obrero, y l@s trabajadores/as, no ya como clase, sino como trabajadores/as libres, serán l@s encargad@s de poner en marcha el motor económico y social de la nueva sociedad.

Debemos organizarnos de un modo absolutamente libre en asociaciones de Pueblos y unificar la acción de todas las asociaciones para dirigir la acción contra el capital, para neutralizar la resistencia de l@s capitalistas, para entregar a toda la nación, a la República, a la Unión de Repúblicas, a cualquier nueva forma de autodeterminación, pero sobre todo, a la sociedad en general, la propiedad de los medios de producción, de la tierra, las fábricas, y consecuentemente, la libre propiedad de nuestras vidas.

Debemos ser conscientes de nuestro papel en la historia como trabajadores/as que somos, hemos ido construyendo los siglos, a base de nuestro trabajo, de los sacrificios personales para la familia, para l@s hij@s, para la creación de una sociedad nueva, con valores nuevos. Para que todas las personas por igual disfruten de un hogar, una familia, en el lugar que sea del planeta, para que la unión de las personas sea un valor predominante por encima del egoísmo estatal y capitalista.

Nosotr@s, y solamente nosotr@s como trabajadoras/es hacemos funcionar esta maltrecha y subyugante máquina, llamada Estado .Así que por qué no decir basta, hagamos parar esta locura que a ningún lugar nos lleva más que a la autodestrucción.

Dejemos de colaborar con nuestr@s opresores/as y plantemos cara y corazón, al capital.

Vivimos en un Estado moderno por lo tanto somos esclav@s modern@s, esclav@s voluntari@s, poniendo en evidencia la historia de la liberación humana y olvidando los logros obtenidos por nuestr@s semejantes a través de los siglos para que el valor humano prevalezca por encima de los demás subvalores.

Representamos este periodo de la humanidad, de esta raza humana a la que pertenecemos, estamos representando una época, un periodo, muchos lugares diferentes pero con rasgos semejantes de sumisión y pasividad.

Este periodo podría ser considerado como una época incomprensible en la inteligencia de la humanidad, en la cual destruimos nuestro entorno y a nosotr@s mism@s, en la cual dejamos que nos destruyan y destruyan nuestro entorno natural.

El Estado y el capital no son eternos, no existieron siempre ni lo harán. El Estado está más cerca del final, junto al capitalismo, de lo que puede alcanzar a imaginar.

Nosotr@s, las clases oprimidas, tenemos la fuerza para hacer cambiar la sociedad, para librarnos de estos parásitos que conforman el Estado y su política burocrática. Para librarnos de esta sociedad que están construyendo sobre los peores valores humanos, sobre el fango de la inteligencia, el egoísmo, la codicia, el negativismo y pesimismo social, en general una sociedad que se construye con los peores sentimientos humanos, está destinada a su extinción, a su propia aniquilación.

Pero esto no es lo que queremos, no queremos esperar a ver como nos destruimos más y más, no queremos levantar nuestras vidas sobre los cimientos de la negatividad y la autocompasión, esto es lo que intentan hacernos creer imperiosamente como si fuera una virtud social, desde el Estado, el capital y su masa de filósofos amorfos que normalmente se esconden tras tapaderas de religiosidad, tras las letrinas del pensamiento humano, parasitando a los ya parásitos de por sí y nutriéndose como una enfermedad, del dolor ajeno, provocado por el mismo Estado y su capital.¿ Acaso puede ser un pacto entre ambos?. Sin duda lo es.

¿Qué libertad intentan hacernos creer que vivimos? Explotad@s en trabajos alienantes y estresad@s por ello. Los hogares se convierten en cárceles. Las personas se agrietan y agrian por dentro, creciendo el malestar y el pesimismo hacia la creación de nuevas formas de organización social.

Millones de personas desempleadas, este hecho admite, que es un error creer en el Estado y en su forma económica de traducir las relaciones sociales.

Este hecho admite la gran desigualdad existente entre l@s que dominan y l@s que somos dominad@s. Sería un hecho natural comprenderlo y asimilarlo si lo que pretendiésemos fuera estar dominad@s pero no es así, ni lo queremos, ni lo deseamos y mucho menos lo admitimos.

Así pues qué es lo que nos obliga a seguir permitiéndolo, ha seguir permitiendo la violencia que el Estado capitalista sigue infringiéndonos en cada momento, qué fuerza mayor hace que sigamos a estos suicidas sociales llamados políticos hacia el borde del precipicio. Porque a ell@s no les importa nada sacrificarnos, si podemos ser sustituidos, y hablo de nuestras vidas, para mantener sus privilegios vigentes y a la orden del día.

Nos necesitan san@s para seguir produciendo y consumiendo, aunque cada vez eso les importa menos mientras sigamos controlad@s.

Necesitan que sigamos produciendo para ell@s, claro está y es muy simpática la idea de vender (porque no hay otra opción) nuestra fuerza de trabajo a un precio inferior de su valor, de ese hecho ya se están enriqueciendo pero aún hay más, debemos pagar el coste de los valores añadidos a los productos derivados de la producción, y esos valores añadidos no vienen de otro lugar más que de nuestra mal vendida fuerza de trabajo.

Es decir, el salario que recibimos es inversamente proporcional al valor añadido del producto, con lo cual mientras mayor sea el valor añadido, menor será el salario recibido por el obrero y mayor la riqueza obtenida por el capitalista.

Esto nos lleva a pensar y al hecho concluyente de que la idea principal que un Estado capitalista tiene con respecto a la sociedad, es la idea generalizada que tiene una empresa explotadora del ser humano y su entorno natural, para beneficio propio y personal y para detrimento de dicha sociedad, vista y entendida como objeto material para obtener valor económico, con lo cual el ser humano y el entorno natural pasan a ser meramente materias primas o materias con las cuales se obtienen otros productos que han de enriquecer a un grupo reducido de element@s . L@s cuales han de invertir muchas cantidades de dinero en mantener la máquina explotadora estatal en funcionamiento (haciéndonos creer que son inversiones sociales) por medio del control y la represión, por parte de las fuerzas represoras del Estado capitalista, ya sea la policía, el ejercito, la fiscalía y los consejos judiciales, o sus subalternos burocráticos, ya sean los bancos y las cajas de ahorro, la administración publica, etc.

Existe en todos ellos el hecho legitimo que todo Estado capitalista se atribuye a sí mismo, pues son órganos creados por y para el Estado, y no para la sociedad. El hecho es estar por encima de la sociedad y divorciad@s de ella.