Resaca de ‘cocktail’ rojo mezclado con mucha prisa

Permítanme que hable hoy en primera persona. Tengo los miembros agarrotados y el lacrimal reseco. Mis provisiones de dopamina, endorfina y hormona del sueño están en dique seco. Atrapada en un síndrome. Por inhibición de IFNE (Incredulidad Forofa Neo Españolista) sufro en mis carnes un aburrimiento mortal, por dios, y una culpa y perplejidad ideológica que ni cuando vi a Urdaci haciendo monólogos o a Gorbachov anunciando bolsos de Luis Putón. Estoy vacía, deshecha, mi vida no tiene sentido y ha subido la luz. Nada me ha importado una mierda desde que Cesc Fábregas marcó el penalti decisivo contra Italia. Eurodependencia, me ha dicho el especialista. Creo que la negación a sancionar el Tratado de Lisboa por parte de Francia y Polonia tiene que ver con su pronta eliminación de la Eurocopa. Porque si aquí haces mañana un referéndum, ese 81% de la audiencia que vio la final no te vota que sí, te vota que por supuesto. Pero más dura será la caída, siempre. Y aquí me hallo, rebañando repeticiones y naufragando en la sucesión fractal de desnoticias derivadas del evento, más abúlica que un gato al sol en una esquina de un pueblo de la Mancha.

Sin rumbo, sin norte, perdidaaaa. Quiero ser mexicana (perdón) y gastarme lo que me queda de pensión en mezcal y mariachis. Necesito volver al espectáculo, como las hordas griegas y romanas que bajaban en masa al anfiteatro, necesito mi dosis de pan y circo, y a mí que no me digan, pero el tempo de la Liga -por no hablar del simulacro falaz de la pretemporada- al lado de esto se queda en una niñería. Un guión perfecto&nbsp : 90’ de intriga, clímax sucesivos, miedo, catarsis, protagonista-antagonista (por si te cuesta pillar las tramas complejas, además, te los visten de distintos colores) y un resultado, aunque previsible – uno vencerá siempre a costa de la derrota del otro – absolutamente incierto. Tensión e implicación máximas, autobiografía intacta. Para muchos, la única emoción que han vivido en lo que va de año – después de la monumental bronca con la familia política en nochebuena y la noche electoral del 9M –.

Mi vecina Rita, la Semióloga, nos ha desgranado muchos “detalles significativos” en los Partido-Forums que se han montado aquí en el patio aprovechando la fresca, mientras los gañanes de la vecindad iban abrevarse en dyc/casera- cola (ese sí que es un invicto combinado nacional). Nosotras, más de la quinta del antropoide Aragonés, nos identificamos con ese cascarrabias barrigudo que grita por la banda y que lucha contra la lluvia en sus gafas. ¿Qué por qué&nbsp ? Porque comprendemos mejor su oscurantismo hispánico que la garra triunfadora y neopatriótica de la neomuchachada.

El hombre, que se ve que ha chupado posguerra y lo de antes, no se alegró hasta casi el minuto 93 de la final. Vamos, lo que es un latino fatalista de los de toda la vida. Se conoce que por eso mismo ya no le quieren en la Federación, demasiado borde y feo para salir favorecido en El País Semanal – había que ver ese contraste de místeres entre el estiloso hugobossiano- alemán y Luis, ‘Ese Chándal’, Aragonés –.

Volviendo a la Rita, que dice la mujer que esto no es más que un desplazamiento ideológico del imaginario para raptar la plaza de Colón – esa que en manos del aznarismo vivió un intento de envolver la Biblioteca Nacional en una gigante banderola rojigualda de lamé, cual Christo el Reichstag, pero se quedó en sábana tricolor king size para mástil. Colón&nbsp : Plaza Roja. A la derecha, dios padre o Cibeles merengue&nbsp ; a su siniestra, hermano pobre y colchonero, Neptuno. Sobre la tarima y en un medio imparcial&nbsp : el buenrrollismo complaciente y forofo de Cuatro. Su misión, recordarnos que no pasa nada, que nuestra bandera mola, que decir soy español mola, que hay que enterrar de una vez el hacha de guerra, por dios, no me seáis, no me seáis. Podían haber, de paso, montado el sarao en la plaza de Oriente y haber acuñado la ÑOÑOESPAÑOLADA, que es como una magia blanca por la cual despojas inocuamente al símbolo de su humor negro y lo reinventas para hacer caja – ¡y además contiene tres eñes&nbsp ! –. Palabras como ‘España’ ‘rey’, ‘arriba’, ‘viva’, ‘español’ o ‘tomar la calle’, que se usan durante todo el año como con sumo miedito, han sido coreadas por la masa en una suerte de carnaval technicolor que da más escalofríos que los cuadros de Solana. Y todo televisado, que es como mejor queda, o mejor dicho, que es el único modo contemporáneo de que ocurra algo real. Hay que ver, la ficción de lo español es que mola mogollón.

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