Relegar al PNV del timón para poder alcanzar la república, el Estado vasco

Gari MUJIKA

Decenas de personas se vieron forzadas a permanecer fuera de la sala de conferencias del Koldo Mitxelena; entre otras, caras conocidas como la del ex secretario general de LAB, Rafa Díez. Para las 18.45 no cabía ni un alfiler. En el exterior, en el hall del edificio foral, improvisaron una pantalla por la que pudieron seguir el debate y la reflexión sobre cómo y qué república se debería instaurar en el país; la lógica constatación no se hizo esperar: el Estado vasco. Luego, Sastre y Otegi fueron llenándolo de contenido.

«Desde luego, el corazón de esta velada es Otegi», afirmó el reputado dramaturgo, después de ser ovacionado por una abarrotadísima sala cuando se fundió en un abrazo con el político de Elgoibar, en una de sus primeras comparecencias públicas tras su reciente salida de la prisión de Martutene.

El dramaturgo afincado en Hondarribia expuso su reflexión sobre «qué república» desde la perspectiva del teatro. Llevó a cabo un somero repaso del desarrollo del republicanismo centrándose básicamente en el español, recordando una de las conversaciones que mantuvo con su colega José Bergamín sobre que «no podemos repetir los errores de un futuro legado».

La palabra, secuestrada

Es decir, que «el futuro no se debe hacer con nostalgia», no reinstaurando, sino que instaurando una Tercera República. Algo que, a su entender, quedó aún más de manifiesto tras comprobar que tras la muerte de Franco no hubo ruptura democrática alguna y sí la imposición de una monarquía y un monarca elegido por el dictador.

No obstante, recordó que la Segunda República española «aportó una fuerte inquietud cultural», centrada de modo particular en el teatro. Así, recordó que las salas se llenaban de obreros y milicianos que venían de luchar del frente para ver obras con singulares títulos como «La boda del señor Bringas, que si te casas la pringas».

Después llegó el turno de Arnaldo Otegi, que participó en calidad de licenciado en Filosofía y, cómo no, como uno de los políticos más destacados del país. De entrada, agradeció la oportunidad brindada por ASKE «en estos duros momentos en los que incluso la palabra se encuentra secuestrada en este país». Y, junto al agradecimiento, su primera reflexión: «Cuando los vascos y los socialistas vascos comencemos a pensar en qué república queremos, habremos dado un gran paso».

Evidentemente, para Otegi, la respuesta a «¿qué república?» se traduce en un Estado vasco. Pero subrayó que «la república es más que una organización político-jurídica», se trataría de una conjunción de valores. Unos mimbres como son, a su parecer, «el valor de la razón y el debate»; es decir, que en la construcción de ese Estado todo debe estar sometido «al debate honesto, plural, abierto y someterlo al criterio de la razón y la voluntad popular». Luego, cimentado también en «la libertad como valor intrínseco»; tercero, el valor de la igualdad, también extendido al terreno económico, como reparto equitativo y justo de la riqueza. Y el del valor del debate público y la participación ciudadana en todas las esferas sociales.

Con el convencimiento del que suele hacer gala, Otegi subrayó que la construcción de un Estado vasco interesa «fundamentalmente a los trabajadores y trabajadoras de este país y a sus capas sociales y populares».

Planteó, además, que esos valores no se deben aplicar sólo tras lograr ese estadio, sino que también en la estrategia para alcanzarlo. «Desde mi punto de vista, todo es debatible», añadió.

La expectación aumentó, más si cabe, cuando Arnaldo Otegi pasó al siguiente apartado de su exposición: el presente. «Creo que estamos en un momento histórico donde hay más preguntas que respuestas». No ocultó, aunque sin entrar a valorar, que el contexto actual de «represión absoluta» contra el independentismo de izquierdas es una situación muy dura. Pero recordó que las actuaciones de hace tres décadas con la imposición de la Constitución española y la no ruptura democrática dejaron la puerta abierta para la pervivencia del conflicto. Pero ahondó más y confió a los presentes su pensamiento de que el Estado español vivirá esa ruptura democrática sólo cuando se enfrente a Euskal Herria.

«Siempre hay caminos»

«Sigo siendo razonablemente positivo», señaló, acto seguido, afinando los oídos de los presentes. Y planteó los retos que, a su entender, le deparan a este país y al independentismo: «Debemos asumir el compromiso de liderar el momento histórico y sinceramente creo que es el independentismo el que lo debe hacer: sustituir al PNV como interlocutor con el Estado». Es por ello que abogó por construir un bloque, un movimiento independentista para conducir el país sin que tenga que seguir jugando en un campo hipotecado.

Los aplausos no se hicieron esperar, ni tampoco la siguiente afirmación de Otegi de que ése debe ser el reto de los independentistas de izquierdas que, a su juicio, están llamados a liderarlo por responsabilidad histórica. Preguntado al respecto, Otegi saludó «la profunda conclusión política» que, a su juicio, se esconde detrás de la decisión de EA de ir en solitario a las urnas.

La siguiente pregunta llegó sobre las ilegalizaciones y cómo afrontará la izquierda abertzale la actual situación. «Evidentemente la situación es muy difícil. El Estado está demostrando hasta qué punto puede llegar, pero, para mí, también demuestra qué miedo le tiene a nuestro proyecto». Al respecto, recordó que en las negociaciones que participó hace ya casi dos años en Europa comprobó «qué débil es la posición política española. No escuché nunca a sus representantes decir que el derecho de autodeterminación no esté recogido en el ámbito internacional». Sin ocultar la dureza de la tesitura, Otegi concluyó que «siempre hay caminos y salidas», y que la tarea de ahora debe ser «buscar con inteligencia».

Presentación del libro

Esta tarde continuarán las jornadas con la participación de Alizia Stürtze, Carlo Frabetti y Elvira Souto. Después del coloquio, Fito Rodríguez presentará la traducción del libro «Los últimos días de Emmanuel Kant», obra teatral de Sastre.

Fermin Balentzia

Mañana será el turno de Santi Duñaiturria, Ana Santos y Ángeles Maestro. A continuación, el cantautor navarro Fermin Balentzia pondrá el broche final a los ASKEncuentros 2008, con un recital de canciones «con sabor republicano».

El suicidio del Sastre «anti-España»

El momento más emocionante de la primera jornada fue, probablemente, cuando al final del coloquio con los asistentes se dio paso a la lectura dramatizada de la obra teatral «Alfonso Sastre se suicida». El propio autor del libro, Alfonso Sastre, interpretó el papel protagonista acompañado de la actriz Zutoia Alarcia. Se trata de una obra cómica, en la que Sastre, un escritor cansado o, más bien, decepcionado con la España que no ha sabido romper con el régimen franquista, acude a un hotel con la intención de suicidarse. Allí entabla una conversación con la recepcionista, lectora de best-sellers, sobre cómo podría llevar a cabo ese suicidio. Entre todas las posibilidades, como lanzarse por un acantilado o darse fuego «a lo bonzo» frente a algún edificio significativo de Madrid, va cobrando fuerza la opción de que el padre de la joven, un viejo falangista, lo mate haciendo parecer que se trata de un asesinato de un «rojo, anti-España» por parte de un «ultra».

La obra, publicada en el año 1997, es justamente lo contrario a lo que, según Sastre, se hizo en los años de la Segunda República española y en los posteriores a la dictadura franquista, tal y como mencionó en su intervención anterior. «Fue un teatro que no estuvo a la altura, en gran parte, por culpa de muchos programadores que no se atrevieron a pensar y a decidir» añadió el escritor. «Alfonso Sastre se suicida» es una obra de teatro no comprometida, sino implicada. Un teatro social y de izquierdas que, según explicó, añoró en aquellos años, lo que poco a poco le convirtió en ese «anti-España» que él describe.

A sus 82 años de edad y un ligero temblor en sus manos, Sastre contó con la ayuda de un bastón para subir y bajar del escenario. Pero eso no fue impedimento alguno para arrancar más de una carcajada al público que, a pesar de lo que esperaba más de uno para poder hacerse con un hueco en la sala, no abandonó su asiento tras el coloquio y se mantuvo allí hasta el final. El momento de mayor incertidumbre vino cuando el escritor perdió la línea de la historia y la actriz Alarcia le indicó dónde iban. Lejos de avergonzarse, él salió airoso de la situación, lo que provocó un gran aplauso en mitad de la obra, superado únicamente al final de la escenificación, con un Sastre emocionado que agradeció a todo el público su apoyo. Ane ARRUTI

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