Reino Unido: La crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto los fallos peligrosos de la mercantilización del NHS

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Aunque aún es pronto para evaluar el éxito relativo de distintos países en su respuesta a la pandemia, es difícil evitar la opinión de que el Reino Unido ha fracasado en varios sentidos. El gobierno hizo un lío con su estrategia inicial de control epidémico y tardó en lanzar pruebas y el rastreo de contactos. La falta de EPIs puede haber contribuido a los fallecimientos trágicos entre el personal sanitario de primera línea. Y medidas para proteger a los vulnerables en las residencias han sido inadecuadas.

Estos fallos no son solamente el resultado de decisiones recientes – en Inglaterra también con sintomáticos de la debilidad estructural del sistema sanitario, muchos de los cuáles tienen sus orígenes en la Ley de Salud y Cuidado Social del 2012. En octubre del 2011, casi 400 expertos en salud pública firmaron una carta abierta, pidiendo a los miembros del House of Lords ( Senado) que rechazaron esta reforma, idea del Ministro de Salud de entonces, Andrew Lansley. Los expertos avisaron de que la reforma pondría en peligro la capacidad del sistema sanitario de responder de formar eficaz ante brotes de enfermedad u otras situaciones de emergencia de la salud pública.

Tan extensa era la reforma que David Nicholson, antiguo gerente del NHS la describió como “visible desde el espacio”. Entre otras medidas se sustituyó la Agencia de Protección Sanitaria- una entidad con fuertes vínculos al NHS y que tenía entre sus funciones la protección de la población frente a epidemias de enfermedades infecciosas – con Public Health England más próximo a la administración y al gobierno. Fue un cambio significante. PHE se ha callado durante la pandemia, y les ha tocado a expertos independientes en salud pública resaltar los errores de las políticas del gobierno. Como he trabajado para el gobierno sé lo difícil que es promover políticas de salud pública racionales y basadas en la evidencia. Por eso es tan importante que los directores de salud pública gocen de la independencia de hablar para la población y su salud, en vez de en los intereses del gobierno.

Detrás de la ley del 2012 había un compromiso profundo con la promoción de la competencia del mercado y con la expansión del papel de las empresas privadas en el sistema sanitario. La reforma de Lansley reformó el NHS en un grupo fragmentado de entidades públicas y privadas que competirían para la financiación. Aún no podemos determinar cómo estos cambios afectaron nuestra respuesta al Covid-19, pero hay indicaciones de que los expertos en salud pública que argumentaron en contra de la reforma tenían razón. Alejando al NHS de su estado como sistema unificado e integrado, la reforma del 2012 produjo desorganización e inestabilidad. El impulso a la conversión en mercancía del cuidado sanitario y a la obligación de la competencia mercantil ha debilitado al NHS, dedicando la financiación a los costes administrativos de llevar un mercado en un sector especialmente vulnerable a los fracasos en el mercado. La planificación logística es mucho más difícil en un sistema competitivo, diseñado para responder a señales de mercado a corto plazo. El hecho de que el gobierno tuvo que prohibir hace poco que las fundaciones del NHS compitieran entre ellas en la compra de ventiladores y EPIs, disminuyendo así los recursos nacionales, evidencia el problema de estar sujeto a las fuerzas del mercado en situación de pandemia.

Al aumentar el papel del sector privado, el gobierno redujo la cuota de mercado de salud del sector público. El número de camas NHS cayó un 5% entre 2012 y 2019. De forma inevitable, el gobierno ha alquilado camas privadas para pacientes de Covid-19 a un coste enorme. Pero no hay indicación que la proporción pública de los cuidados sanitarios dejará de reducirse. Hace poco contrató a Deloitte para llevar los centros de pruebas de Covid-19 y a Serco para llevar el programa de rastreo de contactos, indicando así su compromiso ciego con las empresas con ánimo de lucro, en vez de con un sistema de salud público trabajando en el interés público.

El gobierno lleva años argumentando que la privatización de algunas áreas mejora la eficacia. Pero se estima que 1,5 bn £ de la industria de las residencias va a parar anualmente en las empresas privadas o entidades financieras. Y el dinero perdido en los contratos ruinosos del IFP (Iniciativa de Financiación Privada) también es un escándalo. De 2010 a 2015, empresas con contratos IFP para construir y llevar hospitales y otros servicios para el NHS sacaron beneficios antes de impuestos de 831 m £ de fondos públicos de los contribuyentes. Durante los próximos cinco años, casi 1 bn £ de fondos del contribuyente irán a empresas IFP como beneficios antes de impuestos – equivalente a 22% del dinero adicional que el gobierno ha prometido al NHS en este periodo.

La idea de que las organizaciones del NHS se deberían gestionarse como empresas trasladó el poder de los profesionales de la salud a directores financieros y contables y ha llevado a cambios en la cultura de gestión. Tensiones entra las organizaciones sanitarias han causado problemas tanto para los gerentes como para los profesionales de salud. Casos recientes de personal médico sujetos a medidas disciplinarias o sanciones por cuestionar la seguridad clínica han desatado la alarma. ¿Se trataron de la misma manera el cuestionar la falta de EPIs?

La ley del 2012 se hizo con la idea de crear oportunidades para que el sector de finanzas privadas pudiera sacar beneficios del sector de salud y de cuidados sociales. Pero también lo impulsó la idea que la concurrencia mercantil mejoraría la productividad, la eficacia y la innovación en el NHS. Sin embargo, los trabajadores del sector de salud y cuidados sociales como los funcionarios que muchas veces han puesto sus vidas en peligro en la línea del fuego de la pandemia no se han motivado por las fuerzas del mercado, sino por los valores del deber profesional, servicio al público, la solidaridad y la compasión. De la noche a la mañana, Covid 19 ha derrocado las ortodoxias de las fuerzas del mercado que han entorpecido el cuidado efectivo.

La crisis del coronavirus ha puesto en evidencia muchos aspectos de nuestra sociedad, incluyendo la manera en la que se financia, organiza y gestiona los sistemas de salud. Ahora más que nunca el gobierno tiene que comprometerse a revisar la Ley de Salud y Cuidado Social. Necesitamos legislación nueva que restaura el NHS como servicio público debidamente gestionado que trabaje en el interés público, impulsado por la cooperación, la compasión y la ética profesional.

 

https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/may/05/coronavirus-nhs-marketisation-pandemic

 

Traducido por Kate Pickerting para CAS

David Mc Coy es profesor de salud pública global y director del Centro para la Salud Pública en la Universidad Queen Mary de Londres.

http://www.casmadrid.org/index.php/documentos/1179-la-crisis-del-coronavirus-ha-puesto-de-manifiesto-los-fallos-peligrosos-de-la-mercantilizacion-del-nhs

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