Reino Unido: Hay que salvar el Servicio Nacional de Salud

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El Servicio Nacional de Salud (NHS) británico, que fue creado en 1948 en la oleada de optimismo que siguió a la derrota del fascismo en Europa, se enfrenta a una grave crisis, que no está relacionado en su totalidad con presiones financieras, sociales o clínicas. Es una crisis provocada por las acciones de aquellos que quieren que fracase, de manera que los conservadores y sus amigos puedan desmantelarlo en beneficio de quiénes defienden una financiación basada en las compañías de seguros y unos servicios de gestión privados, a cambio de grandes ganancias.

Una de las mayores influencias sobre el gobierno laborista de Clement Attlee, que creó el NHS, fue la Asociación Médica Socialista (SMA). Cuando se discutió por primera vez como debía gestionarse el NHS surgió la cuestión de qué modelo utilizar. La idea de un sistema de tipo estadounidense de seguros privados y mutuas médica ni siquiera fue considerado, así que la opción fue entre los sistemas bismarckiano o soviético. El primero, que se desarrollo en Alemania en el siglo XIX, era una mezcla de seguridad social y tratamiento gratuito, pero con diferentes proveedores, algunos públicos y otros privados. La alternativa era un servicio financiado y gestionado por el Estado, como el que existía en la Unión Soviética.

Fueron los comunistas en la SMA los que presionaron a favor del modelo soviético. Varios médicos del SMA, que eran miembros del Partido Comunista de Gran Bretaña, habían visitado la Unión Soviética de preguerra y trabajado como voluntarios junto a los médicos soviéticos en la guerra civil española. Incluso en el Partido Laborista, figuras destacadas como Harold Laski y Sidney Webb habían visitado la Unión Soviética en la década de 1930 y habían quedado impresionados por la asistencia sanitaria soviética.

También existía la Sociedad Sigerist Británica, llamado así en honor del Dr. Henry E Sigerist, un destacado historiador de la medicina suizo que trabajó en la Universidad Johns Hopkins y fue miembro del Partido Comunista de los EEUU. La sociedad fue creada por médicos marxistas (en su mayoría del CPGB) en 1947 y se reunió varias veces al año hasta 1955 para discutir los aspectos teóricos y sociales de la medicina desde un punto de vista marxista. La mayoría de ellos eran también miembros influyentes de la SMA. Debatieron la relación entre la ciencia y la responsabilidad social y la importancia de las clases sociales. Defendían una práctica médica asalariada y colectiva de atención primaria.

Sigerist fue un gran defensor de la medicina social en la década de 1930 e influyó en su introducción en Canadá. También escribió para Club de Libros de Izquierdas La medicina social en la Unión Soviética , que fue muy leído en el Reino Unido y tendría una gran influencia en el CPGB, la Sociedad Sigerist y la SMA.

El NHS nunca ha tenido estabilidad. Ninguna otra organización financiada públicamente ha tenido tantos cambios organizativos en sus años de existencia ni

ha sido objeto de tantos debates sobre como debe financiarse. El más importante en los últimos años fue como consecuencia de la Ley de Salud y Asistencia Social de 2012, que estableció la base legal para la imposición de la privatización y creó grupos de puesta en marcha clínicos (CCG), muchos de los cuales son gestionados por empresas multinacionales de consultores y administradores, cuyos intereses, por decirlo suavemente, no son precisamente la atención al paciente.

Se han prometido otros 10 mil millones de libras para el NHS antes de las elecciones 2020. Pero es una ilusión: el gobierno también está intentando hacer en el mismo período los llamados «ahorros por eficiencia» por valor de 22 mil millones de libras. En otras palabras, un recorte neto de 12 mil millones de libras. Muchos han advertido que estos ahorros son inalcanzables. Cuando está a punto de cumplir su 70º aniversario, el NHS sufre su menor incremento histórico de financiación y lo peor está por venir.

El último intento del gobierno para socavar el NHS ha sido mediante los llamados ‘Planes de sostenibilidad y transformación’ (STP). Cualquier sugerencia de que su objetivo es racionalizar el servicio es una ilusión. Sin una legislación o publicidad, el gobierno ha dividido todos las instituciones de NHS inglés, los nuevos CCGs y las autoridades locales sanitarias en 44 «núcleos», y se ha ordenado a cada uno de ellos desarrollar un STP. Estos planes se mantienen en secreto en la mayoría de los casos, a pesar de la existencia de un Departamento Sanitario de Consulta a los Pacientes.

Estos nuevos “núcleos”, que no rinden cuentas a nadie, se supone que deben planificar la futura financiación del NHS en toda Inglaterra, junto con las autoridades locales, pero con presupuestos reducidos brutalmente. El componente principal de los STP es financiero, y las autoridades locales y los organismos del NHS se ven obligados a adaptar sus servicios a la exigencia de recortes y presupuestos con déficit cero. Los STP buscan transferir elementos básicos de la atención sanitaria de los hospitales a «la comunidad».

Los recortes de las autoridades locales provocarán estándares de atención sanitaria peores, porque muchas de las funciones básicas de la NHS deben ser transferidas a «socios sanitarios concertados responsables”, lo que puede conducir a una mayor privatización de la NHS y sobre los que las autoridades locales no tendrán ningún control. El papel de los hospitales comunitarios y de los ambulatorios está siendo cuestionado y el número de plazas de hospitalización de enfermos mentales podría reducirse. NHS-Inglaterra prefiere llamarlo «transformación» y afirma que asegurará servicios de consulta médica a las comunidades locales. ¿Pero cuando? La verdad es que el meollo del asunto es que Hacienda encuentre esos 22 mil millones de libras, no la mejora de la sanidad ni la «racionalización».

Asistencia social

Los recortes en la atención domiciliaria son un buen ejemplo del deterioro del servicio y de su desastroso efecto en cadena en el NHS. Los presupuestos de atención de los consejos locales han sufrido recortes de unos 3,5 mil millones de libras. Su efecto es que un cuarto de millón menos de personas mayores y discapacitadas carecen ahora de servicios vitales como las visitas de atención domiciliaria, que las ayudan a levantarse, lavarse, vestirse y alimentase. 5.000 personas menos se benefician de adaptaciones en su hogar como pasamanos, rampas y ascensores, que son vitales para que las personas mayores y los discapacitados puedan vivir de forma independiente en su hogar. Menos adaptaciones en el hogar, junto con la falta de otros servicios en la comunidad, significan un número creciente personas mayores frágiles que acaban en los servicios de urgencia y de traumatología, y que tienen que alargar su hospitalización cuando ya no es necesario por razones médicas. Esto causa gran sufrimiento a ellos y sus familias, pero también es un falso ahorro, porque los contribuyentes terminan pagando más por una atención hospitalaria más cara. La respuesta es la integración de unos servicios sanitarios y asistenciales debidamente financiados.

En un momento en que todo el sector público podría argumentar que necesita más fondos, no hay pruebas convincentes de que este sea particularmente el caso de la asistencia social. Mientras que el NHS ha visto aumentar su presupuesto en términos reales, una vez que se considera la inflación, ha ocurrido lo contrario con la atención social responsabilidad de las autoridades locales. Lo que resulta especialmente frustrante es que los dos sectores son a menudo considerados como las dos caras de la misma moneda. Los recortes a la asistencia social tienen un efecto en cadena en la financiación del NHS – como demuestran el aumento del número de ingresos hospitalarios y la extensión de su hospitalización hasta que son dados de alta.

El gobierno había defendido que algunos de estos problemas se resolverían a través del Fondo Better Care, puesto en marcha para ‘alentar una coordinación más eficiente de trabajo» entre los dos sectores. Se han reservado para ello un total de 3.800 millones de libras para 2015-16; pero no es dinero nuevo, porque provienen de los presupuestos actuales del NHS. Y llegan hasta un total de 5.300 millones de libras con las contribuciones de los presupuestos de las autoridades locales, que ya están bajo una enorme presión. Hay, sin embargo, serias dudas en el sector de la asistencia social sobre hasta que punto será eficaz este gasto. No es la respuesta. Porque la respuesta es la fusión de las asistencias social y sanitaria, y su adecuada financiación.

Desafíos

No hay dudas de que el NHS se enfrenta a retos muy reales. Estos incluyen el aumento del coste de los medicamentos y las nuevas tecnologías; un continuo aumento del envejecimiento de la población; mayores ingresos reales y una población mucho mejor educada, lo que ha creado mayores expectativas con razón. A esto se puede añadir un enorme aumento de los casos de demencia y de afecciones ligadas al estilo de vida, como la actividad sedentaria y la obesidad – lo que provoca, por ejemplo, un gran aumento de la diabetes tipo 2, incluso entre los adolescentes. No hay ninguna indicación por parte del gobierno de que habrá recursos disponibles para hacer frente a estos retos.

Actualmente, algunas grandes ciudades carecen de suficientes médicos generales, camas de hospital y servicios de atención comunitaria, y se enfrentan a un enorme déficit en su financiación. Independientemente de la supuesta delimitación de los gastos del NHS por parte del gobierno, la cantidad de efectivo disponible no ha crecido y muchos departamentos se ven obligados a hacer lo que se llama eufemísticamente «ahorros de eficiencia». La solución de la crisis de financiación se encuentra en el abandono de las medidas de austeridad totalmente contraproducentes aplicadas al NHS. De hecho, el gasto debe aumentar – no hay otra alternativa.

Todos los involucrados en el NHS – pacientes y personal – saben lo que hay que hacer, y no es el recorte de los servicios. Algunas medidas son muy urgente, incluyendo la necesidad de reformar significativamente el funcionamiento en general; la necesidad de poner fin a las crecientes presiones sobre los servicios de Urgencias; la necesidad de reforzar la promoción de una vida saludable y la prevención de accidentes; la necesidad de re-examinar la «racionalización» de los hospitales y la centralización; y la necesidad de contrarrestar la desprofesionalización de la sanidad antes de que perjudique gravemente la moral del personal y la atención al paciente.

Por supuesto, también hay que entender que los retos del siglo XXI son muy diferentes a las de 1948 y reconocer que hay que hacer cambios para adaptarse a ellos. Pero estos cambios no deben comprometer los principios fundamentales del NHS, que son:

1. Los servicios se proporcionan gratuitamente en el punto de entrega.

2. Los servicios se pagan con los impuestos centrales, no un seguro nacional.

3. Toda persona tiene derecho a tratamiento.

Para que el NHS pueda sobrevivir en su forma actual y no sea privatizado poco a poco, se requiere la aplicación de algunas políticas específicas, muchas de las cuales son una respuesta a los peligros inherentes a la Ley de Salud y Asistencia Social de 2012.

El NHS se creó como el punto culminante de un plan para establecer el estado del bienestar después de la Segunda Guerra Mundial, para luchar contra lo que se llamaban entonces los cinco ‘gigantes’: la enfermedad, la ignorancia, la miseria, la pereza y la necesidad. Aunque 68 años más tarde estos cinco factores han cambiado, la necesidad del NHS y sus principios básicos, no. Debemos recordar siempre lo que dijo Nye Bevan en 1948: Gran Bretaña puede «estar orgullosa del hecho de que, a pesar de nuestras preocupaciones financieras y económicas, todavía somos capaces de hacer lo más civilizado en el mundo: poner el bienestar de los enfermos por delante de cualquier otra consideración». Una vez más, eso no ha cambiado.

Desde 1948, el NHS ha crecido hasta convertirse en sistema público sanitario más respetado del mundo y uno de los empleadores más grandes del mundo, junto con el Ejército Popular de Liberación chino, los Ferrocarriles de la India y la cadena de supermercados Wal-Mart. También se nos recuerda que el personal del NHS está en contacto diario con más de 1,5 millones de pacientes y sus familias. Los hombres y las mujeres viven actualmente un promedio de 10 años más que antes del establecimiento del NHS.

La salud y el bienestar debe ser lo primero, no los beneficios. Lo más importante es tener una población sana. El NHS es parte de nuestras vidas desde el mismo momento en que nacemos hasta el momento de morir, y con frecuencia muchas veces en el camino de la vida. Pero el NHS es aún más que eso. Es una importante expresión de nuestros valores básicos; la creencia en el poder de la acción colectiva para cambiar a mejor la vida de las personas, al garantizar que tenemos acceso a una atención adecuada de acuerdo a nuestras necesidades, no nuestra capacidad de pago. No permitiremos que nos quiten el NHS.

Sería un desastre para el NHS que nos limitemos a esperar que el Partido Laborista llegue al gobierno para implementar los cambios necesarios. El NHS está al borde del abismo hoy y en 2020 será demasiado tarde. Debemos actuar hoy para revertir el daño causado por el cierre de los departamentos A y E, la externalización de los servicios o su degradación, cierres de hospitales y ambulatorios locales, la reducción del acceso universal de los pacientes y la creciente privatización.

Sólo la creación de movimientos de base reales, presentes en los pueblos y ciudades de todo el país, podrá proteger nuestros NHS. Se nos recuerda que una campaña para salvar un ambulatorio o un departamento de hospital puede ganar más corazones y mentes que cualquier otra cosa. La lucha por salvar nuestro NHS debe convertirse en una realidad visible en cada calle. Sólo una lucha de este tipo podría darle la oportunidad de sobrevivir.

La campaña para salvar el NHS debe ser una prioridad. Debemos asegurarnos de que el entusiasmo, en los sindicatos y la izquierda en su conjunto, que ha generado la elección y reelección de Jeremy Corbyn como líder del Partido Laborista, es utilizada para fines prácticos.

Robert Arnott Fundador y Director del Centro para la Historia de la Medicina y Director del Instituto de Derecho Médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Birmingham hasta su jubilación en 2008.
Fuente:
http://weeklyworker.co.uk/worker/1132/defend-founding-principles/
Traducción: G. Buster

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