Reino de España: comienzo de campaña electoral (¡otra vez!)

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Por G. Buster

La campaña electoral, a la espera del único debate en televisión de los candidatos de los cuatro grandes partidos tras el 20-D, ha comenzado marcada por la encuesta del CIS, cuyos resultados parecen confirmar otras posteriores. Quienes afirmaban que las nuevas elecciones no cambiarían sustancialmente la orientación del voto – y recriminaban a Podemos no haber cedido al chantaje del “nuevo centro” PSOE-Ciudadanos- acertaron en la forma y se equivocaron en el fondo: ha bastado la alianza de Podemos e IU para que los efectos del sistema d’Hont de la ley electoral permitan el sorpassosobre el PSOE, gracias a la distribución de los últimos escaños en al menos seis provincias. Y el efecto multiplicador ha sido inmediato en términos de movilización de su electorado y del voto útil.Ese cambio se refleja también en el eje izquierda-derecha, que la coalición PSOE-Ciudadanos intento amortiguar. El empate virtual en numero de votos a ambos lados del espectro político (42,7%  frente a 42,6%) en las elecciones del 20-D se desliza ahora a una mayoría de izquierdas (46,8% frente a 43,8%), que se proyecta en una diferencia significativa en el número de escaños: 166 para una posible coalición de izquierdas, en la peor de las hipótesis de la encuesta del CIS, frente a 161 del bloque PP-Ciudadanos, en la mejor de las hipótesis de la misma encuesta. Y la izquierda podría contar con los votos de la izquierda nacionalista (ERC, Bildu) que obtendría entre 8 y 10 escaños, colocándola al borde de la mayoría absoluta.

Por delante quedan dos semanas de campaña electoral y los efectos colaterales del referéndum británico sobre el Brexit el 23 de junio, además de las presiones de la Unión Europea, ya iniciadas con el debate sobre la multa por incumplimiento de los compromisos de déficit fiscal. Pero con la excepción del debate del lunes 13, la campaña está fundamentalmente orientada a movilizar a la propia base social y arrancar votos útiles a los posibles socios de coalición, más que a atraer a nuevos votantes. Las razones también parecen obvias, dadas las diferencias en edad y densidad urbana en la orientación del voto que revela la encuesta del CIS.

Las distintas posibilidades de construcción de una mayoría que recomponga el actual puzzle pasan todas por el PSOE. A pesar de que Pedro Sánchez puede obtener unos resultados aun peores que los del 20-D, el PSOE seguirá siendo decisivo en la gobernación del Reino. Ya no es el partido que más se asemeja en su composición a la media del país ni, a diferencia de Albert Rivera, parece que los electores hayan apreciado sus esfuerzos como candidato a la presidencia del gobierno en el debate de investidura tras las pasadas elecciones. Para gobernar, el PP necesita el voto a favor de Ciudadanos y, al menos, la abstención del PSOE. Un gobierno de izquierdas exige una coalición Unidos Podemos-PSOE.

El día del inicio de la campaña electoral, Madrid se llenó de rumores sobre las posibles formulas para decantar las alianzas en uno u en otro sentido. Rumores que revelaban más por lo que implicaban que por lo que clarificaban. En los digitales de la derecha, el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE pasaba por la sustitución de Rajoy al frente del futuro gobierno por Sáenz de Santamaría o por Margallo. En alguno de izquierda, tras la decapitación de Sánchez –la dimisión ya no parece suficiente- la noche del 26-J, el PSOE abandonaba la política pública y se dedicaba a reconstruirse, evitando así el dilema de tener que dar el gobierno al PP o a Podemos.

La primera versión de los rumores apunta a dos dificultades reales: a)Ciudadanos tiene serios problemas estratégicos para apoyar un gobierno minoritario del PP, por mucho que se confíe en la capacidad de presión del Ibex35; b) la abstención del PSOE es una “línea roja” marcada por su comité federal. El mecanismo que se ofrece para superar ambas es ofrecer la cabeza del candidato que acaba de ganar las elecciones y que está blindado por los estatutos de su partido. Y si fuera necesario, se apunta que el nuevo candidato a la presidencia podría ser un independiente, volviendo a recuperar in extremisla formula del “gobierno técnico”. Mala forma de comenzar una campaña política centrada en el mensaje de la estabilidad y la confianza, aunque sea Rajoy el que exija el sacrificio de Pedro Sánchez.

La segunda versión de los rumores parten todos de la anunciada muerte (política) del candidato socialista tras conocerse los resultados de las elecciones el 26-J a manos de los innumerables candidatos a verdugos del comité federal del PSOE. Y tiene la dificultad irresoluble de que los diputados del PSOE, con o sin Pedro Sánchez, no tendrán más remedio que elegir entre dar el gobierno al PP o participar en una coalición de izquierdas. Pedro Sánchez ha ido tomando ciertas precauciones personales, como anunciar que se consultará a la militancia cualquier fórmula de coalición (y las encuestas dicen que rechaza por 54,6% una abstención ante el PP), y hacer decir a Meritxell Batet, cabeza de lista por Barcelona, que, en última instancia, preferiría un gobierno “a la barcelonesa” (tras la integración minoritaria del PSC en el consistorio municipal). Cuenta también con los estatutos de su partido para blindarse, la sombra de los ERE’s sobre Susana Díaz para debilitarla y un reconocido instinto de supervivencia capaz de hacerle aceptar, a pesar del sacrificio, una vicepresidencia del gobierno en vez de la damnatio memoriaeque le aguarda como alternativa.

Más allá de la rumorología, en el terreno de los hechos, es que la necesaria abstención del PSOE para permitir un gobierno de la derecha  tendría que ser doble en el escaso plazo de seis meses: una, en la sesión de investidura; la otra, en el debate del presupuesto de 2017. Y así, hasta que la crisis interna se lo llevase por delante, más pronto que tarde, porque un gobierno minoritario del PP necesitaría de los votos a favor de Ciudadanos y de la abstención del PSOE para aprobar cualquier ley, mientras que la suma de los votos de Unidos Podemos más el PSOE y la mitad de los partidos nacionalistas podría tener mayoría.

Con este panorama y las perspectivas de un nuevo ajuste fiscal exigido por la UE, la nueva recesión internacional anunciada y una nueva crisis bancaria cuyo heraldo es la ruinosa ampliación de capital vía bolsa del Banco Popular, no es de extrañar que la precampaña electoral se haya centrado en la situación de Venezuela, hasta el punto de incluirla en el orden del día del Consejo de Seguridad Nacional. En los temas de seguridad y estabilidad más vale prevenir que curar, aunque sea haciendo pasar en twitter revueltas en el Congo por las de Maracaibo.

En la breve calma que ha precedido a la tormenta electoral, se han podido escuchar la semana pasada algunas voces significativas.

Por ejemplo, la del presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri, (el cargo mejor pagado con diferencia del sector público), que tras rebajar por arte de magia la deuda pública contraída para sacar a flote la entidad, asegura que “los ciudadanos no deben pensar que la banca no debe ganar dinero», recordar que su objetivo es la privatización (que de hacerse actualmente supondría un grave perjuicio económico a las arcas del estado) y una reducción de las retribuciones de los directivos del sector en relación con su rentabilidad.

Por ejemplo, la del exjefe del estado mayor José Julio Rodríguez, candidato de Unidos Podemos por Almería, excluido por el gobierno del escalafón militar y contestado por sus aliados de circunscripción. Para explicar, primero en TVE y después en la cadena SER, los escasos márgenes existentes en la política de defensa para una fuerza progresista cuya base de Rota es a la vez sede de la estructura del escudo antimisiles, el sistema de guerra electrónica de la VI Flota en el Mediterráneo y lanzadera de la fuerza de intervención rápida de EE UU en el continente africano, probablemente a escasos meses de una intervención en Libia contra ISIS.

¿Es posible resumir la complejidad de la situación de la banca española, tanto privada como pública, como la de la seguridad y la defensa? Rajoy lo ha intentado diciendo a su manera, a veces enrevesada, de que se hará lo que se tenga que hacer, porque para eso está el sentido común, el menos común de los sentidos (como lo demuestran las diferencias del PP con el resto de los partidos). El PSOE de Sánchez y Ciudadanos de Rivera elaboraron un complejo paquete de 350 medidas, en algunos casos contradictorias, de las que no pudieron convencer al resto. Y Podemos ha embutido su programa en un catálogo de IKEA, con una amplia memoria económica, que depende en buena medida de que la UE amplíe unos márgenes fiscales, a lo que por el momento no esta dispuesta, como nos recuerda todos los días la situación de Grecia.

Mañana lunes, en el único debate a cuatro, veremos hasta donde llega la confrontación de ideas y de propuestas. Y como flotan los candidatos sobre el agujero negro que se está abriendo bajo sus pies. El precedente del debate organizado por Evole, al que solo acudieron Iglesias y Rivera, puso de manifiesto que la “nueva” política puede ser tan tensa como la “vieja”, pero también que Ciudadanos tiene más que perder que Unidos Podemos.

Y hablando de estabilidad y confianza, ¿es tan difícil imaginar la que se puede montar con un gobierno del PP en minoría que penda como el ahorcado de la cuerda sostenida por el comité federal de un PSOE que haya liquidado con alevosía y transparencia a Pedro Sánchez? Todos los caminos llevan a una agravación de la crisis de la segunda restauración borbónica…con fondo de música de merengue.

Miembro del comité de redacción de Sin Permiso.
http://www.sinpermiso.info/textos/reino-de-espana-comienzo-de-campana-electoral-otra-vez
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