(Rei) Vindicación de Cuba

“Es el estigma de la pequeñez propia
el suponer la pequeñez ajena.”
José Martí


Van a cumplirse ya, el 25 de marzo de 2009, los primeros ciento veinte años de la publicación de aquella “santa cólera” de José Martí que con el título de Vindicación de Cuba viera la luz en las páginas de The Evening Post, de Nueva York. Contestaba Martí entonces a un artículo que bajo nombres diferentes (¿Queremos a Cuba? y Una opinión proteccionista sobre los Estados Unidos) había sido publicado en la prensa norteamericana, referente al tema de la anexión de Cuba al territorio de la Unión. Francamente, más que tratar en sí el tema de la anexión, cuyos presupuestos principales de todos modos dejó esbozados con precisión, dirigió el Apóstol su esfuerzo a enfrentar las opiniones que procuraban degradar al pueblo cubano, y que aparecían como argumentos en aquel texto miserable e irrespetuoso.

Me adelanto unos meses a la conmemoración de aquella fecha motivado por nuevas y aún más aviesas diatribas contra el pueblo cubano, sus símbolos y lo que él representa. Tal parece que quienes hoy difaman a la nación cubana, se hubieran leído antes aquellos textos que provocaron la airada respuesta de Martí.

Primero la noticia del “performance” macabro de Orlando Luis Pardo volcando sus aberraciones sobre la bandera de Céspedes y de Agramonte, ante el que, dicho sea de paso, la respuesta de los perestroikos (por aquello de “al pan: pan”, nada más) fue: ¡Ninguna respuesta! Mutis total. Seguro andaban tan ocupados en cómo hacer más próspera a la patria que les humillaron la bandera y no se enteraron.

Para el ejército de “guardianes de la democracia cubana” siempre al acecho, tampoco existió la afrenta contra la bandera en la que envueltos o aferrados a ella se han inmolado miles de cubanos en casi siglo y medio de lucha. Pero, verdad, para algunos eso de amar hasta las lágrimas a un pedazo de tela o a un himno de combate ya no está de moda. Eso, dicen ahora, es retórica oficialista, símbolo de inmovilismo, etc. De cualquier manera, y por si acaso, los textos denunciadores de esa ofensa fueron poco, o nada, difundidos por Kaosenlared. (Ahora mismo, me han dicho que desde que comenzó este debate sobre “La fiesta de disfraces” hay direcciones IP bloqueadas y no se puede acceder al sitio, ni poner comentarios al artículo, y por tanto participar de la discusión.)

Después, vino la lluvia de improperios, las acusaciones de intolerante y dogmático para todo aquel que se atreva a expresar una opinión favorable a la Revolución Cubana y su sistema socialista. ¿Qué es sino intolerancia ofender a quien no piense como ellos quieren que piensen? Sucede que las verdades duelen como cuchillos y no se pueden parar porque hieren en la conciencia y en la vergüenza a quienes todavía les quedan restos de ellas. Los demás son inmunes, ofenden “por deporte”. Me pregunto, en medio de estas crisis financieras del capitalismo mundial, ¿cuánto pagarán por una de esas palabrotas que nos lanzan los enfurecidos “patriotas” de la red? ¿Hasta qué punto llega la dramaturgia gusanoide que en medio de las contorsiones del cuasi linchamiento con que acogieron mi artículo “La fiesta de disfraces”, fueron capaces de relacionar el hecho cierto de que sea yo un empleado del gobierno, como lo son millones de cubanos en un país donde la propiedad es fundamentalmente social, y el Estado socialista es el principal empleador, con el tremendismo de que es la mía la opinión oficial del Gobierno Revolucionario de Cuba. Me hacen demasiado honor con semejantes ataques, y aunque con ellos no alcanzan más que a reafirmar, mal que les pese, que aquí pueblo y Estado son una misma cosa, yo no me creo tanto, gracias, no sea que ahorita sus amiguitos de la revista Encuentro quieran entrevistarme también. Sucede que en el plan de reforzamiento de ciertas imágenes “revolucionarias” ante el mundo, los dueños de esas imágenes han resultado tan poco creíbles, tan descoloridos en su ciber-revolucionarismo, que han menester que el “Estado Cubano” los ataque, para tener alguna legitimación por aquello de “si me ataca me glorifica”.

Cierto es que soy militante del Partido Comunista, desde hace diez años. Cuando decidí ponerlo en los breves datos con que Kaosenlared suele dar una idea de sus colaboradores, lo hice teniendo en cuenta la gran cantidad de gente que desbarra de todo en ese sitio escudándose en seudónimos, nombres falsos y falsas filiaciones. Quería opinar de frente. Nunca empleé una frase soez contra persona alguna, y mi segundo artículo hace más de un año, trata precisamente de ese tema, relacionado con la cultura del debate. Debo agregar además, a quienes el “fantasma de la persecución estatal” los estimula más que atemoriza (porque en el fondo no creen en fantasmas) que desde el martes 19 de agosto del presente, ocasión en que se celebró en La Habana el Consejo Nacional del Movimiento Juvenil Martiano, el cual tuve el honor de dirigir en el país durante 7 años, fui liberado de esa responsabilidad. La noticia donde se hace pública esa liberación aparece en el periódico Juventud Rebelde del miércoles 20 de agosto de 2008.

De cualquier manera, lo evidente de todo esto, es que en el ataque a la Revolución y a los revolucionarios, se han unido en Kaosenlared quienes dicen “arriesgar el pellejo” por la felicidad del pueblo cubano, y quienes, como en los comentarios al artículo “Gusanera y Perestroika en Kaos”, de Manuel Enriquez Lagarde, son capaces de llamarle a ese mismo pueblo “pueblo mediocre y cobarde”, “horda de vagos dependientes y atenidos, jamás saldrán de la esclavitud pues no tienen las agallas y el valor de construir su propio destino”. Lo lamento, pero no les voy a hacer a estos ignorantes la historia de siglo y medio de lucha y sufrimiento, en los que, como dijo Martí en el artículo que comentamos al inicio, “hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres”.

Son tan despreciables esos epítetos, y tan lejanos en la realidad, que en lugar de indignación dan lástima y vergüenza porque tal pataleta no muestra sino la orfandad de ideas, la desnudez ética y la ojeriza terrible contra el pueblo solidario y digno al que no han podido someter, ni comprar, ni rendir, ni confundir.

¿Y serán esos los que pretenden tomar el poder una vez que la Glasnost y la Perestroika hayan triunfado en la tierra de Martí? ¿Esos que llaman a los cubanos “pueblo vanidoso y estúpido” con el cual solo vale emplear “la fuerza, gritar más alto, ofender, amedrentar…”? ¿Los que creen que “Cuba es el mejor lugar del mundo para vivir”, pero “lo único malo” somos los cubanos?

Andan cerca, sin embargo. Los cubanos no somos “lo único malo”, pero sí somos, y seremos siempre, el principal impedimento para los oportunistas y los anexionistas.

¡Vaya prosperidad y democracia las que nos prometen!

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