Regresión lingüística

Por Xurxo Martiz

El Estado español es un Estado plurilingüe y muchos de sus habitantes son bilingües por el uso del gallego, euskera y catalán. No hay ningún ciudadano que utilice alguna de las tres lenguas anteriores que a su vez no sepa hablar castellano, pero sí es del todo probable que los castellano-hablantes s

Por Xurxo Martiz

Es un lugar común predicar que el conocimiento de más de una lengua es beneficioso en muchos aspectos (no sólo laborales) para quien las habla. No se dice pero se sobreentiende que esa(s) segunda(s) lengua deben ser el inglés, el alemán, el francés o el chino porque, inconscientemente, la gente relaciona el idioma con una etérea utilidad que da el poder económico o industrial del país del que procede la lengua.

Pero las lenguas no sólo son eso: dinero, industria y poder.  Todavía hay quienes vemos en la lengua una obra colectiva única en el mundo y una manera de ser existentes en el mundo sobre todo si no se es un país independiente. Contaba Borges que los argentinos, al independizarse, vieron su república muy pobre y muy poco distinta de las vecinas y muy semejante (por el idioma) a la oprobiosa España de la que se habían independizado; por lo que en una «reunión de sabios» decidieron inventarse un idioma, el «Iollardo». No resultó porque esas cosas no «nacen» así, de la nada, como nos quiere hacer creer la caverna carpetovetónica española con respecto a las lenguas catalana, gallega o vasca.

El mejor ejemplo de que las lenguas son importantes como identidad de un pueblo lo tenemos en el asombroso y encomiable trabajo del Estado de Israel por resucitar una lengua como el hebreo, muerta ya en la época de Cristo, que es hoy la lengua de comunicación y enseñanza en el multilingüe y plurinacional Estado de Israel. No creo que a ningún israelí se le pase por la cabeza quedarse sólo con sus lenguas maternas, inglés o ruso, que son más universales, más prácticas y bla, bla, bla… la respuesta correcta es la que han dado ellos con el ejemplo: un israelí debe saber hebreo, y un catalán, un gallego y un vasco, sus respectivas lenguas, no como opción sino como obligación.

La reducción de las lenguas propias, en todos los niveles, en beneficio del castellano (español) no es más que un intento para hacer a catalanes, gallegos y vascos unos murcianos con acento distinto… pero españoles.

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