Publicado en: 20 diciembre, 2015

Reflexiones y sentencias

Por Albert

Vivir engañado se ha convertido en una religión sagrada, un acto de fe y de complacencia que no va más allá de la mera supervivencia.

Vivir engañado se ha convertido en una religión sagrada, un acto de fe y de complacencia que no va más allá de la mera supervivencia.

Es un hecho nefasto la jerarquización de la sociedad, en esta coyuntura, la voluntad de poder, es el objetivo del individuo para someter al prójimo.

Se hace necesaria una revolución estrictamente psicológica en el individuo para que pueda darse una revolución social, el planteamiento o proyecto de una revolución social que no haya interiorizado en una mayoría de los miembros de la sociedad un profundo cambio espiritual se verá irremediablemente abocado al fracaso como ha venido sucediendo a lo largo de la historia.

Donde impera la miseria moral y ética, el odio y la violencia se convierten en moneda de cambio.

La decadencia espiritual es la consecuencia de una apariencia que toma forma de imagen cosificada.

Hay que ir más allá del placer y el sufrimiento para sentirnos realizados.

Hay que analizar en profundidad el fenómeno de la violencia en todas sus formas y expresiones para entenderla, la atracción y seducción que sentimos hacia ésta nos permitirá definir las características principales en y por la que se manifiesta constantemente en nuestras vidas. Intrínsecamente arraigada en nuestro ser desde hace milenios, heredada de nuestros antepasados más ancestrales, es también uno de nuestros mayores condicionantes por la que se convierte en una herramienta de manipulación esencial para el Poder.

Hallando el origen y posterior desarrollo de la violencia en la sociedad, entenderemos las causas que hacen de ésta el motor de las relaciones humanas.

La cualidad del justo es la de saber administrar la violencia y el odio en su justa medida, como el amor fructifica donde hay amor, el odio anula donde hay odio.
El Estado no totalitario como ente despersonalizador y deshumanizador de la sociedad posee la cualidad entre otras cosas de desculpabilizar a sus integrantes, erigiéndose así mismo como un eficaz redentor divino que somete a sus súbditos a voluntad.
El radical actúa, el moderado especula.
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