Reflexiones sobre los derechos de las mujeres, salud, Covid-19 y crisis

En el Día internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, Creación Positiva pone el foco en las desigualdades sociales y económicas que dificultan el acceso a la salud y que se han visto agravadas por esta crisis sanitaria.

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En este momento de crisis y más que nunca, es fundamental concebir y aproximarnos a la salud entendiéndola como una manera de vivir lo más autónomamente posible, disfrutar de aquello que hacemos y sentimos, avanzar en relaciones igualitarias que incluyen compromisos y sororidad, acoger la diversidad en las formas de vivir y de vida, favorecer que los cuidados estén en el centro de la organización social y hacer posible que nuestras vidas tengan espacios para todas nuestras experiencias vitales.

Por lo tanto, en todas nuestras propuestas, respuestas y acciones hemos tenido esta perspectiva de la salud que fundamenta nuestra manera de estar y de hacer, y que no nos son nuevas de ninguna manera, pero que defendemos sin cuestionamientos.

Antes que nada, entendemos el concepto “salud” como un proceso complejo, determinado por la interrelación de varios factores biológicos, psicológicos, medioambientales, sociales, políticos, de derechos, donde el género, el sexo, situación administrativa, clase social, raza, procedencia, capacidades y otros elementos tienen la misma relevancia y que conformarán la propia experiencia subjetiva en términos de bienestar. Y hacemos patente la salud sexual en la medida que el apoderamiento y la autonomía de las mujeres están íntimamente ligadas al pleno ejercicio de nuestros derechos sexuales y, por lo tanto, a las posibilidades de expresar y vivir nuestras sexualidades, libres de todo tipo de violencias.

Y esta «crisis sanitaria» está amplificando y abriendo nuevas fracturas sociales, diversas e interseccionales, como son la multidimensionalidad de la pobreza y la precarización (que ya estaban presentes en nuestra vida cotidiana), y que comienzan a tomar dimensiones desconocidas por su generalización y magnitud.

También aparecen nuevos espacios de vulnerabilidad social con consecuencias desconocidas incluso por nosotras y que tenemos el reto de encarar, como son las dinámicas de exclusión que conocemos, que se están potenciando y pueden tomar recorridos y aspectos que nunca habríamos imaginado.

Cuidar de la salud no puede ser entendido solo como un proceso individual. Hemos de acompañar y atender a las personas que están viviendo ahora mismo las desventajas de continuar en los límites de la exclusión social: las situaciones laborales inciertas, las medidas y prestaciones anunciadas, pero que de momento no llegan (ERTES o ayudas ante la imposibilidad de poder asegurarse la vivienda o las problemáticas de otras personas que ya estaban en los circuitos de viviendas inadecuadas, que ahora mismo son más inseguros que nunca…). Situaciones que de partida ya tenían un equilibrio muy frágil y que esta crisis sanitaria global las hace más patentes, en más personas y de manera más radical.

Las situaciones sociosanitarias son diversas y las personas con otras necesidades de salud tienen miedo a ser desatendidas o de sufrir situaciones con más riesgos. Hacemos una compilación de las que hemos detectado en nuestras intervenciones, que da cuenta de las problemáticas vitales, muchas veces invisibilizadas por la discriminación social añadida:

  • Mujeres que comparten piso, alquilando habitación de su domicilio, alquilando habitaciones en pisos compartidos o privados, y que algunas de ellas viven confinamiento con riesgos sobre su integridad, en relación a hombres que pueden ejercer violencias machistas en cualquier momento.
  • Presiones, tanto materiales como sociales, de las parejas (con las que no conviven), para iniciar dicha convivencia.
  • Mujeres con dificultades al acceso a la vivienda que no encuentran espacios seguros adaptados y alternativos en la calle.
  • Mujeres trabajadoras sexuales que han quedado al margen de las medidas de ayuda y apoyo institucionales.
  • Mujeres migradas en situación administrativa irregular y que desarrollan trabajos mucho precaritzades y expuestas a la Covid-19.
  • Las mujeres están muy presentes en los trabajos esenciales, tareas que las dejan en situación de riesgo frente a la pandemia Covid-19.
  • Un número elevado de mujeres mayores que viven solas y sin recursos. Aumento del deterioro físico y mental
  • Alta prevalencia de de dolor crónico en mujeres mayores que ahora no están recibiendo la atención adecuada.
  • Miedo al estigma y a la discriminación asociadas al VIH en un escenario de control médico (analíticas y PCR destinado a la detección de la Covid-19).
  • Dificultades para acceder a los tratamientos de dispensación hospitalaria, y seguimientos médicos como en el caso de las personas con VIH.
  • Aumento de la medicalización de las mujeres privadas de libertad, mujeres que viven un doble confinamiento, que están expuestas a un espectro mayor de violencias y que durante la cuarentena también han visto reducido el acceso a la atención y rehabilitación.
  • Dificultades para acceder a la atención sexual y reproductiva, ya que estos servicios son especialmente vulnerables a la desatención o postergación en situaciones de crisis que ahondan en las habituales dificultades de acceso en algunos territorios.

Mujeres, cuidados, redes de convivencia y de protección social, familiar y comunitaria

El confinamiento ha significado un golpe devastador para nuestras redes de apoyo mutuo, familiares y comunitarias. Nuestras relaciones, nuestros espacios de apoyo y soporte mutuo que son los pilares fundamentales de nuestras maneras de vivir, se han visto congeladas y no nos podemos acompañar o ni tan solo velar nuestras pérdidas, entre otros aspectos importantes. Esta es una de los variables sociales que más condicionan nuestra salud y de manera fundamental para las mujeres y que se pueden dimensionar.

La superposición de trabajos de cura y roles de cuidadora, formales e informales, en muchos casos en el mismo espacio si se hace teletrabajo, se suma a la presión para salir a trabajar o cuidar de familiares y de otras personas con varios grados y razones de dependencia. La mayoría de estos trabajos son infravalorados, gratuitos, precarizados, con disponibilidad total y con malas condiciones.

También sobre las mujeres recae, en la mayoría de los casos, la gestión emocional y operativa del apoyo y gestión emocional de criaturas, gente mayor y personas adultas, cosa que comporta una afectación a los autocuidados y a la salud mental (aumento de la ansiedad y otras alteraciones emocionales).

En la crianza, por ejemplo, se producen varias situaciones por las que es necesario tener en cuenta cómo la diversidad de familias o de modalidades de convivencia comportan unas necesidades específicas, no siempre atendidas, que darán lugar a desigualdades de oportunidades y que también recaen sobre las mujeres. Por ejemplo, en el caso de las mujeres separadas en situaciones de violencia machista que tienen que trabajar y que no encuentran alternativas para no dejar hijas e hijos con maltratadores. O en el de las familias monomarentales donde las mujeres tienen que trabajar, pero que frecuentemente también realizan otros trabajos indispensables y presenciales (alimentación, salud, limpieza, gestiones…).

En este escenario las mujeres tienen que apoyar a hijas e hijos en estudios a distancia, mantener la relación con la escuela, con iguales, con familia con la que no conviven. Y deben lidiar, por ejemplo, con el uso de los espacios. Los domicilios, espacios de trabajo y espacios públicos muy tensionados y con violencia creciente, ponen en riesgo a mujeres, personas LGTBI y también a las personas racializades.

Los procesos de salud nunca se producen al margen de los contextos sociales. Si hablamos de salud y del derecho a la salud, estamos hablando de desigualdades sociales, económicas y de salud. Por estos motivos, la sociedad y todas sus personas han de promover cambios que transformen estructuras y dinámicas sociales que son el origen o la raíz de las desigualdades sociales en salud, donde el género es uno de los factores que más las provocan y que se interseccionen con otros ejes de vulnerabilidad y opresión. Todos y cada uno de estos aspectos son fundamentales para la salud, que en las condiciones actuales está en riesgo y no nos permiten velar para que los derechos vinculados a disfrutar y al cuidado de nuestra salud integral, no sean vulnerados. No lo olvidemos: las circunstancias actuales nos obligan a defender estos aspectos, fundamentales para nuestras vidas. Son nuestros derechos.

Fuente: Pikara Magazine

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