Reflexiones a nuestro futuro

Los últimos movimientos sociales y huelguistas que persisten estos días en las calles con mayor o menor intensidad, pueden llegar a ser muy importantes estando bien organizados por el conjunto de toda la sociedad, dependiendo siempre de la extensión y profundidad a la que estemos dispuestos a llegar en nuestra lucha para destruir el orden de este régimen establecido.
Después de pasar por el ciclo que yo recuerde en el que jamás ha existido una sociedad tan permisiva como la actual con el establishment, bienvenidos sean dichos movimientos; pues con ellos parece resurgir de las tinieblas en que hemos estado sumergidos durante tanto tiempo con el régimen de una democracia burguesa que no es otra cosa que vivir en la dictadura del capitalismo, teniéndonos desmoralizados, desorganizados, embrutecidos, en actitud pasiva, derrotados con el miedo… Y lo peor: Anclados en la resignación.
Es aquí donde me voy a permitir reflexionar sobre el verdadero motor que debiera mover el mundo y que no es otro que la juventud. A una mayoría de jóvenes con su actitud pasiva les corresponde una parte importante de responsabilidad en la situación actual de explotación y falta de dignidad en la que nos encontramos, y que de manera muy particular les afecta cruelmente a ellos mismos. 
A vosotros jóvenes, con vuestra actitud pasiva y siempre hipnotizados con el pensamiento puesto en toda clase de circo que os vendía el régimen con sus cantos de sirena, no habéis escuchado a vuestros mayores cuando os advertían de los peligros del capital contestando entre muchas otras lindezas con absurdas expresiones de moda muy enmarcadas en el redil de la neolengua. «Abuelo, padre, no me rayes con tus batallitas obsoletas y anticuadas y fuera de mi tiempo, pues ahora ya no existen clases, además Karl Marx está pasado de moda; no existen explotados, ya todos somos ricos». 
El régimen había creado en vosotros la ilusión falsa de que ya no érais pobres, sin daros cuenta de que os encaminaba a ser más pobres y esclavos que nunca, y aquí ahora os encontráis con vuestra generación perdida, sin rumbo y sin futuro para vuestras vidas, sin haber entendido que el descontento y la lucha contra el capital es el primer paso hacia el progreso social, pero no os abandonéis; el futuro es vuestro, si no seguís con vuestra pasividad política y plegando vuestro poder como ciudadanos a políticos profesionales y a sus entes representativas – que no son otra cosa que la clase dominante -, sin vuestro control contra todo orden social injusto, permitís con ello que lo que no logra la inteligencia, la verdad o la razón se logre todo con el dinero. Olvidáis con ello que hay que oponer la igualdad que la naturaleza ha establecido entre los hombres a la desigualdad que el capitalismo de origen protestante y anglosajón con su vertiente darwinista social, ha establecido.
Vosotros como juventud y como nueva generación debéis llegar como ola rigurosa a romper el muro de este régimen criminal, pues si no lo hacéis pasáis a ser peso muerto en el progreso de la sociedad. 
Quiero que entendáis que no os hago responsables de todo lo que estamos permitiendo a estos depredadores sociales, y que tampoco me siento en posesión de la verdad; pues mi verdad no es sólo blanca o negra, mi verdad procuro siempre que vaya cargada de pinceladas de vivos colores con los que se puede pintar también vuestras verdades, consiguiendo hacer entre todas un mundo más justo. Quiero con estas reflexiones reclamar vuestro papel para este nuevo futuro prometedor, puesto que siento que vosotros sois el verdadero futuro de este planeta a la deriva, debéis comprender que de vuestro comportamiento depende la salvación o condena de vuestras vidas. 
Es por eso que digo que bienvenidos todos estos movimientos de los cuales muchos sois los creadores, y en otros participais activamente con el resto de la sociedad. Así debe ser juntando a todos contra el régimen actual que nos oprime. Pero no debe quedarse únicamente en la indignación callejera, detrás de unas pancartas con lemas cargados de buenas intenciones, ni sólo en hulegas de 24 horas para conformarnos más tarde con pequeñas reformas que en su práctica nunca cambian nada, pues la maldad que este régimen criminal conyeva no es sólo el producto de tal o cual usurero avaro-antisocial; la maldad es por su condición dividir en capitalismo.
Debemos con nuestros pasos crear el ímpetu que nos encamine a una revolución social. De lo contrario, basándome en un refrán finlandés, diría que seguiríamos viviendo en un mundo en que los pequeños ladrones, desde la cárcel ven pasar a los grandes ladrones con trajes suntuosos en sus lujosas carrozas.
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