Venezuela. Reducción del subsidio alimentario y creciente molestia popular

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En días pasados alguien advirtió al autor de este artículo que los CLAP tienen como meta atender apenas al 10 por ciento de la población, cantidad que correspondería supuestamente a los ciudadanos más pobres de Venezuela. Y puede que tenga razón el sujeto en cuestión, pero no porque los CLAP deban abastecer solamente una pequeña porción del pueblo venezolano, muy inferior a la totalidad de pobres en la nación suramericana; simple y sencillamente el Estado ya no destinará  recursos suficientes para seguir sosteniendo el subsidio alimentario con la magnitud que lo venía haciendo. Reducción subsidiaria justificada en buena parte, por el pago  constante de la enorme deuda externa contraída para intentar subsanar las dificultades originadas por el notable descenso de las reservas internacionales y del PIB del país caribeño. Para colmo la corrupción reinante en el seno de los mercados “casa por casa”, se manifiesta en el desvío de alimentos a la red privada y a revendedores, privando a miles de la comida prometida por el Gobierno.

Tristemente la crisis económica nacional, debida en gran parte a la “crisis”  global del capitalismo, ha golpeado duro a una Venezuela capitalista-rentista-extractivista,  y llevó al Gobierno dizque revolucionario de Maduro, a tomar una serie de medidas contrarias al socialismo tan vociferado por algunos dirigentes gubernamentales. Medidas que a todas luces han favorecido al gran capital local y foráneo, y en resumen han buscado estimular y proteger a un oligopolio venezolano y transnacional, mientras que  la mayoría empobrecida  ha sido perjudicada mediante la reducción y/o eliminación progresiva de los subsidios, los recortes sociales y laborales, y  el encarecimiento brutal de la vida. Y lo peor es que este trágico panorama ha afectado a Venezuela sin que ésta haya podido alcanzar la soberanía agropecuaria e industrial, obligando al empleo de abundantes divisas en importar  alimentos que bien pueden ser producidos en cantidades suficientes en territorio nacional, hasta para su exportación y su uso con fines no alimentarios. Naturalmente el volumen de estas importaciones ha descendido, y por tanto el acceso de los venezolanos a los alimentos subsidiados.

El Gobierno de Maduro demuestra una vez más que es procapitalista hasta los tuétanos, pues en medio de la crisis económica que azota a Venezuela, adoptó medidas que favorecen al gran sector privado, y a su vez perjudican notablemente a las masas. Típica receta capitalista-neoliberal, que aún disfrazan como socialismo del siglo XXI algunos “izquierdistas” al servicio gubernamental. En este sentido no se aprecian diferencias significativas respecto a gobiernos claramente identificados como de derecha, a los que tanto se critica desde las altas esferas del poder en Venezuela: se prioriza el pago de la deuda externa y se apoya y estimula en todo sentido al alto sector privado interno y global. Para Maduro, así como para Macri, Peña Nieto y el resto de los líderes políticos latinoamericanos, por ejemplo, el gran capitalista es fundamental para generar riqueza, bienestar y progreso; mientras que la pobreza, la miseria, el desempleo y la mala calidad de vida permanentes de millones de individuos, son considerados daños colaterales inevitables, que medio pueden ser atendidos por medio de dádivas. Replicarán algunos que es falso que Maduro apoye al gran capital, pero son más que evidentes las alianzas del Gobierno “revolucionario” con la élite económica, ¿acaso las corporaciones  involucradas en los negocios petrolero y minero en Venezuela son socialistas y están interesadas en el bienestar social?

Lo cierto del caso es que la patética realidad económica venezolana expone que la disponibilidad de alimentos subsidiados es cada vez menor, en el marco de la aplicación de un paquetazo neoliberal progresivo y disimulado, justo cuando el índice de pobreza es cada vez mayor, muy por encima del 50 por ciento de la población de Venezuela. Y evidentemente la molestia popular es creciente, con protestas violentas y saqueos frecuentes, y un saldo de numerosos detenidos, heridos y muertos en centenares de localidades. Ante esto, el Gobierno nacional ha respondido con violencia desmedida, exactamente como mandan los “cánones” del capitalismo para proteger y perpetuar a este perverso sistema económico: usar legalmente las fuerzas armadas para vigilar, controlar, amedrentar, reprimir, torturar y asesinar a los descontentos y rebeldes.

No hay marcha atrás, y los pobres en Venezuela seguirán alzando su voz contra una nueva versión de la tiranía del capital en la nación caribeña, y generarán una mayor presión en las calles no sólo contra Maduro y su gabinete seudoizquierdista, sino contra la MUD y el miserable sector empresarial, hambreador permanente del pueblo humilde. Y la dizque oposición debe tener bien claro que una posible llegada al poder nacional de alguno de sus miembros, no impedirá que los pobres continúen protestando por su mala condición de vida gracias a la democracia burguesa.

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