Realidades latinoamericanas y la izquierda

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Por redes sociales he leído a algunos autoproclamados de la “Escuela Austriaca”, decir que el sistema económico panameño no es “capitalismo” sino “mercantilismo”. Por supuesto que semejante aseveración solo lo hace quien se abroga a decir de forma antojadiza que su modelo, según ellos mismos nunca aplicado correctamente, es el sistema económico verdadero, perfecto e indoblegable con la doble intención además de desligarse de las desgracias del capitalismo en cualquiera de sus formas. Esas referencias terminan siendo acientíficas y alejadas de la realidad fáctica.

El capitalismo es, con sus distintos matices, el capital privado como regente integral de las relaciones sociales, políticas y económicas; hasta cuando se usa el Estado para darle oxígeno a aquel. Porque dicha solución es, les guste o no, una especie de los tan criticados subsidios pero a las grandes corporaciones desde los Estados controlados por ellos mismos, por medio de su brazo político. En el caso de la teoría de la crisis de Hayek, ésta no fue capaz de soportar las críticas de Joan Robinson ni Piero Sraffa, tanto así que corrió hacia la filosofía social para desde ahí servirle mejor a las clases dominantes, lo que muy convenientemente ocultan estos nuevos “teóricos”, quienes parecen no haberle leído.

Los liberales modernos no aceptan el término Neoliberales porque les hiere la sensibilidad aun cuando su propio teórico Von Mises fue el primero en acuñar el término. Escudarse en aquella terminología de “mercantilismo” insisto, es para alejarse del desastre que se vive en los países en vías de desarrollo, porque ninguna de sus fórmulas ha funcionado para reflejar el éxito de un sistema que caducó a la hora de dar equidad de oportunidades y bienestar social. Es así, porque en su médula, en el mismo ADN del capitalismo o cualquiera de los nombres con que lo quieran maquillar, está la desigualdad como método de concentración de riqueza a costa de las mayorías.

Es un hecho indiscutible, existe toda una estructura manipulación ideológica para sostener el modelo; por ejemplo pretender homologar el término “democracia” con el capitalismo occidental, lo que es una incultura terrible a la que ha sido sometida una buena parte de la población, por encargo de los grupos dominantes que por cierto, son los mismos que intervienen los medios masivos de comunicación incubando ideas, temores y tendencias a su público. El sistema económico que se imponga a sangre y fuego es tan antidemocrático como el que lo hace desde la sutileza huxleriana del control social.

La derecha es incapaz de resolver los problemas sociales, mucho menos los económicos si es a costa de que sus patrones dejen de percibir las exuberantes ganancias, mientras se desmejora la condición popular con Estados legislando a favor de los grupos poderosos, mismos que legitiman el atraco y en los peores casos, usan sus influencias institucionales como forma corrupta de enriquecimiento, todo con la venia del Capital. Ante ello, soy del criterio que todo proceso contra la desposesión y en contra del pillaje corrupto de los grupos políticos enquistados en el Estado debe ser visto como un paso a la causa revolucionaria y que esos avances deben ser respaldados por los comunistas, siempre críticos, pero primero resolviendo nuestras propias diferencias.

Aquí se dividen los puristas de los estrategas. Ya tenemos harto reconocido el problema sistémico; el tema es que siguen existiendo actos políticos que nos alejan de las masas y además nos califican con la misma crudeza que los partidos de derecha; el tema de la corrupción que no debemos tolerar bajo ninguna circunstancia política aun cuando debamos ver casos de persecución política; contradicciones metodológicas y prácticas las cuales algunos quieren comandar desde posturas inamovibles sin permitir espacios de discusión y conducción amplia con sectores no ideologizados bajo la rigidez de los partidos como es el caso de la contradicción capital – ambiente o pasando por encima de la cosmovisión indígena. Cambiar esta estrategia no es una contradicción, es una etapa de la organización, es dialéctica conforme a nuestra realidad; para combatir las nuevas formas de dominación y explotación del mundo globalizado por redes sociales. ¡Increíble! Aún se debate en grupos de izquierda sobre el rol de la liberación de la mujer, su cuerpo y su voluntad.

Desde la izquierda, mantenemos al socialismo como método de rescate de la humanidad, venida a menos tras años de explotación al humano y el ambiente, pero tenemos más enemigos internos que externos. Son suficientes nuestros propios críticos y verdugos que aún pelean por diferencias de hace dos siglos. El propio Lenin decía que el paso dialéctico de la historia y su desarrollo, es una especie de procesión, dos pasos adelante y uno hacia atrás; el problema es que algunos de los penitentes han dejado caer al Santo en el camino y encima culpan a otro de sus errores en el camino al Gólgota.

Los comunistas se imponen a sí mismos distancias ideológicas ante procesos que éstos no identifican con la contradicción capital – trabajo, precisamente por desconectarse de condiciones universales y científicas, anteponiendo el intento de acaparamiento político y el conservadurismo reaccionario, que siempre será peor que la propia derecha. De esta manera, en vez de reconocer errores, procurar su mejora, encontrar la conexión con las necesidades sociales, realidades científicas y con toda coyuntura por la liberación humana; lo que se hacen es producir una generación que acepte sin discusión ni critica sus propias justificaciones en nombre de “La Revolución”, algo que avergonzaría al propio Marx.

En resumen, me tomo la libertad de comparar los procesos sociales a grandes rasgos con una tripulación en un muelle. Donde lo que hemos hecho hasta ahora es intentar navegar para llegar a un puerto donde no sabemos si quien nos recibe es aliado o enemigo; si es de izquierda puede que no le guste el color del barco, el capitán o la tripulación no es de su gusto para su inflexibilidad de marinero. Si nos encontramos a alguien de derecha, quiere decir que el barco nunca zarpó y aún estamos peleando quien dirige la nave del olvido.

Jorge Castañeda Patten