Cuba. Raúl Castro responde a política de Trump con más represión

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Un repaso somero a la actualidad cubana evidencia un súbito aumento de la represión contra la oposición y la disidencia cubanas en las últimas semanas, después del discurso de Trump en Miami anunciando los cambios que se propone en la política hacia Cuba.

Golpizas, prohibiciones de salidas al exterior de múltiples opositores y disidentes, retenciones de otros en sus provincias, obstrucción del periodismo independiente con ocupaciones de equipos y reteRaúl Castro responde a política de Trump con más represión
Por Pedro Campos

Un repaso somero a la actualidad cubana evidencia un súbito aumento de la represión contra la oposición y la disidencia cubanas en las últimas semanas, después del discurso de Trump en Miami anunciando los cambios que se propone en la política hacia Cuba.

Golpizas, prohibiciones de salidas al exterior de múltiples opositores y disidentes, retenciones de otros en sus provincias, obstrucción del periodismo independiente con ocupaciones de equipos y retenciones, empeoramiento de las condiciones de presos políticos y spots televisivos tratando de desprestigiar a opositores, se han convertido en el pan nuestro de estos días.

Los mandantes, en Cuba, con esa respuesta quieren hacer ver que castigan a la “gente de Trump y el imperialismo”, como si la oposición fuera un atajo de asalariados que trabajan para “el enemigo”, cuando en verdad están usando como justificación inconexa los cambios de política en EEUU para tratar de aplastar la creciente resistencia interna a la dictadura política y económica impuesta en nombre de un socialismo que nunca ha existido.

Y es que a pesar de la gran represión, del control de todo tipo que se ejerce sobre los cubanos, de la sistemática violación de todos los derechos civiles, políticos y económicos de los ciudadanos, el inevitable aumento de las contradicciones del entuerto socio económico sustentado en el estatalismo asalariado y la centralización del poder político, luego de la muerte del emblemático caudillo y las complicaciones que enfrenta Venezuela, están llevando el país a un enfrentamiento crucial entre el pequeño grupo que se pretende atrincherar eternamente en el poder y la gran mayoría de la sociedad, ya incluyendo las capas inferiores de la burocracia que ven muy mermadas sus posibilidades de supervivencia.

La creciente oposición es consecuencia del agotamiento del modelo que no quieren cambiar. Nada tiene que ver con políticas extranjeras.

La crisis económica y política, por el alto nivel de centralización de la renta nacional y las decisiones de todo tipo, entre centralización y democracia, está provocando una reversión cada vez mayor de las tímidas reformas originales con orientación de mercado que enarbolaba la “actualización” raulista, y se siguen depauperando aún más las condiciones generales de vida del pueblo cubano y las expectativas creadas, aumentadas con las políticas de acercamiento del anterior gobierno de Obama.

Los que detentan el poder en Cuba no pueden reconocer que las causas del desastre presente no responden a las políticas del gobierno de turno en Washington, sino a su incapacidad, para realizar los cambios políticos y económicos internos necesarios, junto al miedo a perder poder si los llevan a cabo y, como ven que el deterioro de su economía se hace inevitable y la oposición aumenta proporcionalmente, reaccionan como toda dictadura: arrecian la represión.

Y entonces, el discurso oficial se inflama de “antiimperialismo” para tratar de incentivar el ánimo de sus seguidores, que además puede volverse incontrolable, lo que poco le importa a los poderosos; y trata, como siempre, de culpar al gobierno de EEUU de todas sus desgracias, como mismo ve a Washington detrás de la ola de protestas del pueblo venezolano contra las imposiciones antidemocráticas de Maduro y su grupito castrista.

Si el post-fidelismo calcula que con el aumento de la represión contra opositores y disidentes, logrará reducir las presiones actuales de Washington, probablemente esté sacando malas cuentas, porque lo ocurrido en el Teatro Artime de Miami, responde a cuestiones de política interna y a negociaciones entre distintas fuerzas del Partido Republicano que, en todo caso pueden seguir jugando a un aumento de las presiones contra el equipo político-militar que detenta el poder en Cuba, en tanto que Trump necesita el apoyo de los congresistas cubano-americanos para sus contiendas internas.

Es evidente que las luces en La Habana están cortas o apagadas. Ese aumento de la represión acelera las contradicciones internas, en nada favorece las negociaciones que realiza con Europa, para acabar de dejar atrás la llamada posición común y hace más difícil la solidaridad de la “izquierda” internacional que tradicionalmente le ha brindado apoyo.

Si La Habana quiere responder a Trump, hágalo en el mismo plano de la política bilateral, estudie lo que está pasando en Washington y busque cómo aprovechar sus contradicciones. Su ceguera y su intolerancia, están llevando al gobierno castrista a un enfrentamiento en su propio seno, donde los pragmáticos interesados en hacer crecer la economía deben estar cada vez más en desacuerdo con tanta intolerancia.

El estatal-socialismo tiene los días contados, porque en su ADN lleva los genes de su destrucción. La mejor opción para sus cabecillas es negociar con la diversa oposición interna y externa una salida democrática que les permita preservar algunas palancas del poder económico y político, pero dando espacio a que el resto de las fuerzas sociales se manifieste y pueda participar de las decisiones que a todos atañen. Esperar a la salida de Raúl, quizás se haga tarde.

De persistir en sus posiciones maniqueas y atrincherados en una “fortaleza” que se pretende sitiada cuando no lo está, el aumento de la represión puede resultarle desastroso para sus intereses. No estamos en el 2003. Venezuela está en crisis. En Cuba hay más acceso a Internet y más expectativas de cambios y el pueblo cubano ha conocido mucho mundo en los últimos 15 años.
http://www.havanatimes.org/sp/?p=124525nciones, empeoramiento de las condiciones de presos políticos y spots televisivos tratando de desprestigiar a opositores, se han convertido en el pan nuestro de estos días.

Los mandantes, en Cuba, con esa respuesta quieren hacer ver que castigan a la “gente de Trump y el imperialismo”, como si la oposición fuera un atajo de asalariados que trabajan para “el enemigo”, cuando en verdad están usando como justificación inconexa los cambios de política en EEUU para tratar de aplastar la creciente resistencia interna a la dictadura política y económica impuesta en nombre de un socialismo que nunca ha existido.

Y es que a pesar de la gran represión, del control de todo tipo que se ejerce sobre los cubanos, de la sistemática violación de todos los derechos civiles, políticos y económicos de los ciudadanos, el inevitable aumento de las contradicciones del entuerto socio económico sustentado en el estatalismo asalariado y la centralización del poder político, luego de la muerte del emblemático caudillo y las complicaciones que enfrenta Venezuela, están llevando el país a un enfrentamiento crucial entre el pequeño grupo que se pretende atrincherar eternamente en el poder y la gran mayoría de la sociedad, ya incluyendo las capas inferiores de la burocracia que ven muy mermadas sus posibilidades de supervivencia.

La creciente oposición es consecuencia del agotamiento del modelo que no quieren cambiar. Nada tiene que ver con políticas extranjeras.

La crisis económica y política, por el alto nivel de centralización de la renta nacional y las decisiones de todo tipo, entre centralización y democracia, está provocando una reversión cada vez mayor de las tímidas reformas originales con orientación de mercado que enarbolaba la “actualización” raulista, y se siguen depauperando aún más las condiciones generales de vida del pueblo cubano y las expectativas creadas, aumentadas con las políticas de acercamiento del anterior gobierno de Obama.

Los que detentan el poder en Cuba no pueden reconocer que las causas del desastre presente no responden a las políticas del gobierno de turno en Washington, sino a su incapacidad, para realizar los cambios políticos y económicos internos necesarios, junto al miedo a perder poder si los llevan a cabo y, como ven que el deterioro de su economía se hace inevitable y la oposición aumenta proporcionalmente, reaccionan como toda dictadura: arrecian la represión.

Y entonces, el discurso oficial se inflama de “antiimperialismo” para tratar de incentivar el ánimo de sus seguidores, que además puede volverse incontrolable, lo que poco le importa a los poderosos; y trata, como siempre, de culpar al gobierno de EEUU de todas sus desgracias, como mismo ve a Washington detrás de la ola de protestas del pueblo venezolano contra las imposiciones antidemocráticas de Maduro y su grupito castrista.

Si el post-fidelismo calcula que con el aumento de la represión contra opositores y disidentes, logrará reducir las presiones actuales de Washington, probablemente esté sacando malas cuentas, porque lo ocurrido en el Teatro Artime de Miami, responde a cuestiones de política interna y a negociaciones entre distintas fuerzas del Partido Republicano que, en todo caso pueden seguir jugando a un aumento de las presiones contra el equipo político-militar que detenta el poder en Cuba, en tanto que Trump necesita el apoyo de los congresistas cubano-americanos para sus contiendas internas.

Es evidente que las luces en La Habana están cortas o apagadas. Ese aumento de la represión acelera las contradicciones internas, en nada favorece las negociaciones que realiza con Europa, para acabar de dejar atrás la llamada posición común y hace más difícil la solidaridad de la “izquierda” internacional que tradicionalmente le ha brindado apoyo.

Si La Habana quiere responder a Trump, hágalo en el mismo plano de la política bilateral, estudie lo que está pasando en Washington y busque cómo aprovechar sus contradicciones. Su ceguera y su intolerancia, están llevando al gobierno castrista a un enfrentamiento en su propio seno, donde los pragmáticos interesados en hacer crecer la economía deben estar cada vez más en desacuerdo con tanta intolerancia.

El estatal-socialismo tiene los días contados, porque en su ADN lleva los genes de su destrucción. La mejor opción para sus cabecillas es negociar con la diversa oposición interna y externa una salida democrática que les permita preservar algunas palancas del poder económico y político, pero dando espacio a que el resto de las fuerzas sociales se manifieste y pueda participar de las decisiones que a todos atañen. Esperar a la salida de Raúl, quizás se haga tarde.

De persistir en sus posiciones maniqueas y atrincherados en una “fortaleza” que se pretende sitiada cuando no lo está, el aumento de la represión puede resultarle desastroso para sus intereses. No estamos en el 2003. Venezuela está en crisis. En Cuba hay más acceso a Internet y más expectativas de cambios y el pueblo cubano ha conocido mucho mundo en los últimos 15 años.

 

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http://www.havanatimes.org/sp/?p=124525

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