Rato: «Actuamos correctamente en Bankia» (y no se pone ni colorao, oiga)

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Así lo reseñaba el diario Público:

Era el máximo responsable de BFA-Bankia y, al final de su gestión, el banco necesitó más de 23.000 millones del erario público para evitar su ruina total. La crisis de la entidad contribuyó al rescate de la banca española y su agujero puede ser el causante, además, del fuerte incremento de la prima de riesgo que podría desembocar en el rescate total de España según apuntan desde la oposición y desde diversos organismos analistas internacionales. Pues bien, a pesar de todo, el expresidente del banco, Rodrigo Rato, considera que su gestión fue la adecuada. «Actuamos correctamente», ha recalcado el también exministro de Economía durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados. 

Ha añadido, no obstante, una coletilla: «Actuamos correctamente en colaboración y sintonía de los organismos supervisores correspondientes». Ha sido una constante durante su intervención, que se ha alargado durante cerca de tres cuartos de hora. Rato, que ha llegado a la sala Ernest Lluch del Congreso acompañado por el portavoz parlamentario del PP, Alfonso Alonso, y el vicesecratrio de Estudios de los conservadores, Esteban González Pons, se ha esforzado en todo momento por hacer ver que la responsabilidad de lo ocurrido en la crisis de Bankia no era sólo suya y la de su equipo, sino también la del Banco de España, gobernado hasta el pasado junio por Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y también de la empresa Deloitte, la encargada de auditar las cuentas del banco. 

El exministro llega al Congreso acompañado por González Pons y Alfonso Alonso 

Todo se remonta, según el expresidente del banco, al proceso de fusión de cajas que culminó con la creación de Bankia. Justo antes de que se produjera, el 2 de junio de 2010 Fernández Ordóñez, que según Rato «conocía con detalle la situación de las cajas españolas»,  le convocó a una reunión a su despacho, donde también estaba el entonces presidente de Bancaja, José Luis Olivas. El expresidente de Bankia ha explicado que fue en ese encuentro cuando el entonces gobernador del Banco de España -que el martes compareció en la misma Comisión de Economía del Congreso– le conminó a incluir a Bancaja en esa fusión, después de «tranquilizarle» sobre la situación de la caja valenciana. Rato ha subrayado que «todo el equipo profesional se sentía confortable con esta situación», por lo que decidieron trabajar en la integración para «aprovechar las ventajas del nuevo tamaño de la entidad». 

Un proceso «transparente y riguroso»

El proceso, que culminó el 3 de diciembre de ese año, «estuvo regulado» por el Banco de España, según ha insistido Rato, y fue «transparente y riguroso». También ha recalcado que fueron el Gobierno presidido entonces por José Luis Rodríguez Zapatero y la propia institución gobernada por Fernández Ordóñez, quienes presionaron para la salida a bolsa de Bankia.  «Otras grandes compañías españolas y extranjeras no salieron a bolsa en esos momentos por la inestabilidad del mercado», ha asegurado el exministro, imputado por la Audiencia Nacional por su gestión al frente de Bankia.

El problema de la entidad se agravó al poco tiempo, según ha explicado el que fuera titular de Economía del Gobierno de José María Aznar. En concreto, dos meses después de salir a bolsa. Entonces, el Consejo Europeo exigió a 71 entidades, entre ellas la propia Bankia, un «colchón adicional de capital», que establecía nuevos requisitos para los bancos. Rato ha considerado que esta decisión fue «cuestionable», así como otros «cambios regulatorios» lanzados desde las instituciones europeas, pero también desde el Ministerio de Economía que dirige Luis de Guindos.

Todo el proceso de fusión «estuvo regulado» por el Banco de España, recalca

Respecto a Deloitte, Rato ha querido dejar claro que la auditora avaló las cuentas de Bankia antes y después de su salida a bolsa. Y que para evitar el hundimiento actual, la empresa propuso un «desmontaje» de la matriz del banco, BFA, que prevía una ayuda estatal de 7.000 millones de euros, una cifra considerablemente inferior a los 23.000 que demandó la nueva cúpula

«En el peor escenario económico»

Rato ha defendido su gestión al frente de Bankia, ya que tuvo lugar en una «situación muy difícil». Y ha querido resaltar que tiene la «conciencia de haber hecho bien las cosas» y el «esfuerzo muy considerable» realizado por su equipo. «A pesar de ese trabajo, él decidió dimitir. ¿Por qué? «En el fin de semana del 5 y 6 de mayo, inmediatamente después de presentar el proyecto de saneamiento, llego honradamente a la conclusión de que las autoridades no coinciden con mi criterio de cómo seguir capitalizando la entidad», ha señalado. El expresidente de Bankia reconocía así las manifiestas discrepancias que ha mantenido con el Gobierno de Mariano Rajoy, su compañero de filas en el PP, a la hora de gestionar la crisis del banco. Con su salida, ha añadido, consideró que «debía ser otro equipo» el que mantuviera la negociacion con las autoridades. «Creí entonces y creo ahora firmemente que hice lo correcto«, ha recalcado. «Estos años trabajé con todo esfuerzo por Bankia en el peor escenario económico imaginable».

Reformulación de cuentas, no «agujeros ni pérdidas»

«Ha dado más explicaciones cronológicas que de fondo». El reproche del representante del PNV, Pedro Azpiazu, iba en la línea de lo expresado por otros portavoces parlamentarios. O sea, que Rato había ofrecido más explicaciones técnicas que políticas, y en todo momento exculpándose de su responsabilidad. «El crimen perfecto parece un accidente, y quiere hacer ver que es un accidente», le ha afeado Irene Lozano, de UPyD. Los grupos han ahondado en la trastienda política que había insinuado el exvicepresidente de Aznar en su primera intervención: cuál había sido la relación con el Ejecutivo, por qué Economía rechazó su plan de viabilidad para BFA-Bankia, cómo valoraba la encarnizada lucha entre Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy que le situó al frente de Caja Madrid en 2010, por qué se negó a la fusión con La Caixa, qué presión ejercieron las comunidades donde estaban implantadas las cajas que luego confluirían en el SIP (Sistema Institucional de Protección).

Los grupos le afean que se descargue de culpas y que no detalle la trastienda política

Pero igual que había ocurrido en la primera ronda de la Comisión de Economía, con el expresidente de Novacaixagalicia Julio Fernández Gayoso, los diputados preguntaron dónde estaba la responsabilidad, cómo se produjo el agujero que ha abocado a BFA-Bankia, la cuarta entidad de España y con 10 millones de clientes, a su nacionalización por el Estado. Una operación con la que se agravó la tormenta financiera sobre España y que, a la postre, ha conducido al rescate de la banca y puede que incluso a la intervención total. «¿Se considera responsable del drama que vive España? ¿Sabe que es el personaje más detestado por todos los españoles, según el Real Instituto Elcano?», le ha inquirido Lozano.

 La expectación también recaía sobre el PP, sobre cómo acogería la comparecencia del hasta mayo considerado por los suyos héroe de la derecha y prohombre de los Gobiernos de Aznar. Pero Irene Garrido –la portavoz de segunda fila que eligió el partido– no ha sacado los pies del tiesto. Ha preguntado por la reformulación de las cuentas de la entidad: qué había pasado para que en febrero reconociera 306 millones de euros de beneficio y en mayo, tras la llegada de José Ignacio Goirigolzarri, se convirtieron en 2.979 millones en 2011.

Por ese punto ha empezado Rato su segunda larga intervención en el Congreso. El expresidente de Bankia ha subrayado en todo momento que no se trata de un «cambio de resultado operativo», o sea de «agujeros o pérdidas», sino de un «adelanto de los posibles deterioros futuros«, de «cambios de criterios contables, no de operaciones falsas». Es decir, que el aumento de provisiones a que obligaron los dos reales decretos de reforma financiera que aprobó el Ejecutivo de Rajoy, sumados a la «reducción de expectativas de crecimiento», afectaba a la valoración de los balances. Así, se hizo una reclasificación de los créditos inmobiliarios, que por la profundización de la recesión serían de más dudoso cobro. 

El exvicepresidente evita arremeter contra su partido y contra De Guindos

Con relación a la fusión en 2010 de las siete cajas que convergieron en BFA –Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caixa Laietana y las cajas de Segovia, Ávila y La Rioja–, Rato ha insistido en que las cuentas eran «reales» y se contaba con «todas las certezas» de que la unión sería viable, porque así lo acreditaban varias auditorías y el Banco de España. Sí es cierto que el grupo tenía una mayor exposición al ladrillo (del 17%, seis puntos más que la media), pero Bankia, ha dicho, nunca ocultó ese factor de riesgo. La salida a bolsa en julio de 2011, ha señalado, era absolutamente necesaria en ese momento, y así lo recomendaban los expertos: «Si hubiéramos dejado pasar el verano, no nos hubiéramos capitalizado nunca, porque la crisis del euro estalló a partir de entonces». «Las razones para la fusión –ha explicado al diputado Joan Coscubiela, de Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), eran exclusivamente económicas. El Gobierno [socialista] exigía fusiones, la Cámara lo habrá discutido. Teníamos una debilidad de capital y la teníamos que solucionar. Buscamos una fusión con la mayor diversidad geográfica posible. No tuve razones políticas», ha remachado.

«Yo no me he peleado, yo he resuelto problemas»

El exvicepresidente del Gobierno no se ha extendido más en el papel de Fernández Ordóñez, ni tampoco en cómo se cocinó su dimisión. Pese a que la oposición le había pinchado para que dijese quiénes eran las «autoridades» que no aprobaron su plan de recapitalización de la entidad, Rato no ha entrado en guerra con su partido, pese a los temores que anidaban en el PP: «Yo no me he peleado ni discutido con nadie, he tratado de colocar Bankia en una situación más firme, he capitalizado la entidad en todas las ocasiones en que me lo ofrecieron, he utilizado todos los instrumentos para robustecer las provisiones». Como ejemplo de su presunta independencia, ha remarcado que en su itinerario al frente de BFA-Bankia (2010-2012) tuvo que bregar con dos Ejecutivos centrales de distinto color (PSOE y PP) y siete gobiernos autonómicos de tres signos distintos (PSOE, PP y Coalición Canaria). Y se marchó el 7 de mayo, ha enfatizado, porque no le dieron el visto bueno las «autoridades». «Claro que podía haber otro plan, pero yo les puedo defender el que yo creía que era el mejor para mi entidad, para mis accionistas y para los intereses de la entidad. Podía estar equivocado. Lo que no podía hacer era tratar de defender un plan que no iba a ser aceptado, y yo no iba a elaborar otro plan porque en el que creía era en ese. Las cosas deben hacerse con convicción. No se trata de enfrentamientos. Yo no he tenido enfrentamientos con nadie, ni con el gobernador, ni con el Gobierno anterior ni con el actual. Yo he resuelto problemas y he colaborado con las autoridades, como no podía ser de otra manera». 

Rato asegura que nunca se abrió una «negociación formal» con La Caixa

Rato ha tardado en contestar, y lo ha hecho en el último turno de palabra, por qué no se produjo la fusión con La Caixa. Según su relato, nunca se llegó a una «negociación formal», nunca se montaron «bancos de negocios» para trabar la convergencia. «Y yo no creo que estas negociaciones puedan estropearse por personalismos«, ha respondido, dando a entender que si la operación se abortó no se debió a que él temió quedarse sin silla en la cúpula de una macroentidad que lógicamente sería dirigida desde Catalunya. 

El expresidente de Bankia no ha pedido perdón, no ha reconocido más errores –»Culpabilidades hay muchas y variadas, errores y malas decisiones, pero estamos ante un hecho que no se ha producido en nuestra historia macroeconómica desde los años 30″–, no ha querido dar más cuentas de lo que ha sucedido «a partir del 7 de mayo», a partir de su dimisión y de la posterior nacionalización de la matriz. «En apariencia nos ha dado respuesta a las preguntas formuladas. Pero abre un interrogante mayor –ha denunciado Coscubiela–: ¿cómo es posible que habiéndolo hecho todo el mundo bien, estamos en situación tan desastrosa y horrorosa? Si no, vamos a parecer alienígenas».

«YO HE PAGADO PREFERENTES»

La cuestión de las participaciones preferentes que las cajas integradas en BFA comercializaron a clientes sin estudios también ha penetrado en la comparecencia de Rodrigo Rato. «Yo no he dado ninguna preferente en los dos años que he estado. Yo he pagado preferentes«, ha declarado, a demanda de los portavoces. Irene Lozano, de UPyD, le había preguntado incluso si él había comprado ese tipo de producto tóxico. El exvicepresidente del Gobierno ha relatado que se intentó dar salida, durante su mandato, a las preferentes emitidas por Bancaja, porque estaban «en peor situación» y los 70.000 clientes afectados estaban «recibiendo un producto que les estaba deteriorando mucho». El timing manejado por Rato incluía hacer lo mismo con las participaciones emitidas por las demás cajas, canjeándolas con acciones.

El fiasco de la entidad hace pensar en cuál será su futuro. «Me ha preguntado si habrá una recuperación del valor –ha respondido al diputado del PNV, Pedro Azpiazu–. Yo sigo siendo accionista de Bankia«.

Lo cierto es que las acciones de la entidad han caído al vacío en las últimas semanas, hasta el punto de que han perdido el 80% de su valor. Rato ha destacado que hasta su marcha, en mayo, las participaciones bajaban en línea con el resto de bancos, y no en picado, como ha sucedido desde su dimisión. Otro pequeño cachete al equipo de Goirigolzarri. ¿Pero por qué unas cajas han capeado la crisis mejor y otras peor? «Tiene que ver con su posiciones de salida, no son decisiones de 2010 –ha contestado, remitiéndose a la etapa anterior, dominada por Miguel Blesa, también elegido por el PP como presidente de Caja Madrid–. No es lo mismo una entidad con core capital del 10% que del 6%. En estos años, las entidades con niveles de capitalización más bajo han tenido un desafío muy grande».


 


 

Y así el diario El País…

El expresidente de BFA-Bankia ha defendido en el Congreso su labor al frente de Bankia apoyado en tres ejes: el primero es que la fusión fue ordenada por el Banco de España; el segundo, que aunque el supervisor aceptó su plan de saneamiento, el Gobierno lo rechazó y que, por eso, por la pérdida de confianza del Ejecutivo, presentó su dimisión, lo que completa las tres patas de su argumentario. Además, según ha concluido durante su comparecencia en la comisión informativa sobre las cajas, «tiene la conciencia de haber hecho bien las cosas» y ha asegurado que la gestión de su equipo «no ha tenido coste alguno para el contribuyente».

El expresidente ha explicado que la crisis de la entidad se vio precipitada por el deterioro económico, por los errores en las previsiones económicas de los organismos internacionales y por las mayores necesidades de capital aprobadas tanto por las autoridades europeas como por las españolas. Estos factores y decisiones, ha continuado, causaron los problemas posteriores que arruinaron el proyecto con el resultado de que ahora necesita 23.465 millones del Estado para sobrevivir. Frente a esta cifra, Rato ha defendido que su plan de saneamiento requería 7.000 millones.

Rato ha iniciado su relato recordando la fusión de Caja Madrid (que él presidía) y Bancaja, que son las dos principales entidades del grupo. Según ha revelado, el 2 de junio de 2010 fue «llamado con urgencia al Banco de España», donde se le pidió «que uniera Caja Madrid a Bancaja con la fusión fría que tenían en marcha». «Fui conminado a negociar, aunque no fui forzado a fusionarme», ha matizado en el turno de réplica. Para negociar, eligió a la auditora Deloitte, a quien encargó los estudios pertinentes. Con estas declaraciones, Rato se desmarca de lo que en el mismo marco dijo Miguel Fernández Ordóñez, que afirmó el martes pasado que los gestores de Bankia fueron los únicos responsables de la fusión.

En su opinión, todo el proceso posterior estuvo jalonado de informes que se enviaban a la inspección del Banco de España y que siempre fueron favorables. Las cantidades de provisiones que necesitaba la entidad fusionada, según lo que ha dicho por Rato, eran asequibles según el balance de la entidad. El exvicepresidente del Gobierno de José María Aznar ha dado a entender que el continuo deterioro de la situación económica nacional e internacional en 2010 fue complicando el proyecto. Por eso, a final de 2010, encargaron a Pricewaterhouse (PwC) que sometiera a una prueba de esfuerzo el balance de la entidad. El resultado fue que necesitaba 11.500 millones, «una cifra que el Banco de España consideró excesiva», ha dicho.

En esas fechas recibieron un informe de los inspectores con las cifras del saneamiento. Tras leer este documento, «los profesionales de Caja Madrid y Bancaja se sintieron confortables con la situación porque existían sinergias» con las que hacer frente a la situación. En junio de 2010, con la salida a Bolsa, también cuenta con un informe firmado por Deloitte, «que no indicaba la existencia de riesgos adicionales», ha recordado con intencionalidad.

En cuanto a la salida a Bolsa de la entidad en julio de 2011, Rato ha insistido en que la operación no hubiera salido adelante si hubiesen dejado pasar el verano. En cuanto al desplome de la acción, que está actualmente en 0,70 euros frente a los 3,75 euros del estreno, ha defendido que hasta su marcha había caído en línea con el resto de bancos.

Otro de los puntos importantes de la comparecencia ha sido el plan de saneamiento, que Rato ha destacado que fue aprobado por el Banco de España. En él se incluía «el desmontaje» del banco malo que compone la matriz de Bankia, el Banco Financiero y de Ahorros (BFA). Con ello, habría podido esquivar una de las salvedades de la auditoria, que no admitía los 3.000 millones de créditos fiscales que tenía el BFA. Sin embargo, no ha dicho nada sobre la exigencia que reveló Ordóñez de que se le había pedido que cediese sus poderes ejecutivos.

El 17 de abril pasado llegó el informe que consideraba como «suficientes» los saneamientos. Luego, sin embargo, se aprobó el segundo real decreto, promovido por el ministro de Economía, Luis de Guindos, y motivado «por el deterioro del entorno», ha dicho Rato tratando de esquivar cualquier responsabilidad del Gobierno actual en la crisis de la entidad.

Después, ha explicado que dimitió el 7 de mayo porque entendió que el Gobierno actual «no compartía los criterios» de saneamiento de la entidad por falta de confianza, «algo fundamental para una entidad financiera». No obstante, ha concluido que «en conciencia» y pese a los enormes problemas que ahora soporta Bankia y que han puesto en juego su viabilidad, ha «hecho bien las cosas».

Los diputados, sin embargo, le han reprochado que no ha explicado los detalles de cómo estaban las entidades por dentro para haber pasado de aparentes resultados en 2011 a fuertes pérdidas. «El crimen perfecto es aquel que parece un accidente, como usted ha descrito la caída de Bankia», le ha espetado Irene Lozano, de UPyD.


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