Rajoy, Gibraltar, Bárcenas y los Juegos Olímpicos

Posiblemente la España más ambiciosa del mundo fue aquella la de Colón; la que conocemos hoy día se nos antoja pesada, desatinada, improvisada: una España que desencanta.

Dentro de una Europa, algo fantasma, donde parece que cada quien va a su bola, Rajoy regresa al cole con tres asignaturas pendientes: Gibraltar, Bárcenas y los Juegos Olímpicos de 2020.

El presidente está obligado triunfar, manifiestamente, en una de las dos primeras materias, de lo contrario su capacidad de influencia y credibilidad terminará desbaratándose dentro de España y la UE. Sin embargo, si Madrid fuera seleccionada, en septiembre, como la nueva sede de los JJOO, el gris y tristón Rajoy cogería aire y sus escasas huellas proletarias pasarían, transitoriamente, a un segundo plano.

Por ello a un gobernante acostumbrado a no asumir riesgos, el tener tres retos de alto calibre: 1.- una política exterior liderada por un ministro con más cara de currante* que de diplomático y algo rudo por aquello de “Gibraltar español” y  “esta broma  se ha terminado”. 2.- Con su misma gente – Dolores de Cospedal – echándole la basura en el lomo  y 3.- Con una capital (Madrid) que ganó el derecho a competir con Estambul y Tokio luego de sacar más de 8 puntos de  aprobación, cosa que a Rajoy le debe hacer sentir peor que una mosca herida ha alfilerazos, por aquello de que sólo el 2.4% de los españoles cree en él**, su vida se le debe de antojar todo un thriller.

Y aunque parece que el presidente escondido tiene las de ganar, el populacho siempre sospecha que sus progresos son pocos, quizá porque la imagen del líder popular es tan escasa que nadie sabe a qué atenerse o, porque nos ha convencido de tener la extraña habilidad de problematizar todo y esperar  a que el tiempo lo resuelva. No sería descabellado pensar que esté haciendo tiempo para que la prensa le ayude a desempeorar lo empeorado, es decir, a que aumenten sus probabilidades de éxitos sin ninguna exposición al compromiso. También cabe la posibilidad de que  crea que el éxito vendrá  contra todos los pronósticos porque el mundo económico ha comenzado a dar unos pasos positivos. Así parece que es Rajoy.

Se pregunta uno acerca de las opiniones del presidente sobre Siria, Egipto o de algo más cercano: el finiquito de Bárcenas y, nada, sabemos muy poco o eso, nada. Pero que nadie se crea que su postura es una actitud de modestia reflexiva ejercida ante los grandes problemas, Rajoy simplemente es él, un presidente distinto que rivaliza con Zapatero por el peor pódium presidencial español, un hombre que nos obliga a concluir, desesperadamente, que se ha embarcado en el terreno de: soy un presidente muy cauto y por ello opino lo justito. Preocupante.

Gibraltar no es una cuestión de Seguridad Nacional, como dirían los norteamericanos, es más, nadie en España espera a que se ice una banderas española en el peñón, simplemente se aspira a que el presidente no se arrugue y que demuestre que tiene más apetito de ganar, saber y decir la verdad y, que de paso, tenga más arrojo y cambie su tren ministerial. Una falta de sed en el líder español que hemos visto convertirse en un defecto.

La marca española, esa de la que tanto habla el gobierno, está en un hilo, esperemos que por lo menos Rajoy sea capaz de lograr que se retiren los bloques de hormigón con pinchos tirados al mar y que diga cómo fue eso del acuerdo con Bárcenas, de lo contrario tendrá la puerta abierta para marcharse – dimitiendo o no – como un incompetente y un mentiroso.

Esa falta de toma de decisiones ha lanzado a Rajoy al mismo infierno, con su secretaria general diciéndole a España: yo no fui, fue él, yo no tuve nada qué ver con lo del pago diferido y, con un parlamento que no le cree.

Asistimos a una guerra política mal concebida y como tal con un mal fin.

La mayoría absoluta se le ha vuelto en su contra y el uso del poder, sin ninguna capacidad de  seducción, le ha acercado a él y al Partido Popular a un prematuro abandono de Moncloa y, convirtiendo, ante nuestros ojos, a los defensores de turno, en unos descarados pelotas***.

*En el decir diario español: Trabajador, obrero.

** CIS Estudio nº 2.993. Barómetro de julio:  http://imagenes.publico-estaticos.es/resources/archivos/2013/8/2/1375440878800cis%20julio.pdf

***En el decir diario español: Adulador.

 participa@latinpress.es

 

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS