¿Quiénes piden la reactivación de la “industria” turística en Canarias?

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Más de 770.000 personas en riesgo de pobreza, un 36,4% de la población. Una tasa de pobreza once veces superior a la media del Estado, solo superada por Extremadura. 195.000 personas que subsisten con menos de 370 euros al mes. Un 18,8% de paro, que sube hasta el 35,5% para los menores de 25 años. 105.000 hogares en situación de insalubridad, 19.000 familias en situaciones de hacinamiento, 46.500 familias en condiciones de inseguridad en la vivienda, por amenazas de desahucio, entre otras razones. Un 20% de la población con empleo en situación de exclusión social. 245.000 personas alimentadas y atendidas por Cáritas y la Cruz Roja. Más de 13.000 niños y niñas que comen gracias a los comedores sociales de las escuelas…

¿Los datos de la catástrofe económica del coronavirus? No, los datos de la pobreza en Canarias durante el 2019, antes de la pandemia.

El mismo año en el que la patronal sacaba pecho y se felicitaba por el gran éxito de recibir a 16 millones de turistas en un archipiélago habitado por poco más de 2 millones de personas. Ese gran año para el turismo, que parece no haber reportado grandes beneficios para esta tierra, puesto que, tras 40 días de parón, ya se empieza a hablar de “miseria extrema” y de “morir de hambre”.

De hecho, en las últimas semanas, estamos siendo testigos de una campaña de presión muy intensa por parte de la patronal turística y del sector servicios. Se trata de un bombardeo diario, con la inestimable colaboración de varios medios de comunicación, de noticias catastrofistas sobre las consecuencias de seguir cerrados al turismo, medidas variopintas y nada prácticas para volver a poner la maquinaria turística en marcha con “seguridad”, y clips muy emotivos sobre lo bonitas que son las playas, y lo mucho que echa de menos el pueblo canario ver todo lleno de guiris otra vez. Pero, sobre todo, destaca la imposición de un discurso triunfalista: “En Canarias ya está controlado”.

Eso, a pesar de tener unos números de contagiados y fallecidos casi calcados a los de Grecia. Solo que en Grecia viven once millones de personas, no dos. Además, tenemos casos en prácticamente todas las islas, zonas especialmente preocupantes por la concentración de casos, como el área metropolitana de Santa Cruz-La Laguna, y, por si fuera poco, una tasa de sanitarios contagiados de más del 20% algo totalmente inadmisible y extremadamente peligroso, por lo desprotegidos que nos deja al resto dejar caer a los que nos pueden ayudar en caso de enfermedad. Sin embargo, se repite, una y otra vez el mensaje de la “menor incidencia en Canarias”, y de lo “positivos” que son los datos en Canarias. ¿Con qué intención?

¿Quiénes piden exactamente la reactivación de la “industria” turística en Canarias?   

Obviamente, miles de personas que se han quedado sin empleo en Canarias, de la noche a la mañana, querrían volver a sus puestos de trabajo, más que nada por aquello de tener dinero para poder comer ellos y sus familias. Se trata de un drama de dimensiones históricas precisamente por lo espontáneo del proceso. Miles de familias canarias que pierden su sustento de una forma instantánea, y con pocas esperanzas de recuperarlo a corto plazo. Y no solo en el sector turístico, también miles de personas con actividades “invisibles” al mercado laboral, que subsisten gracias a la economía sumergida, ellas también han visto desaparecer sus ingresos de la noche a la mañana, más aún que en el sector hotelero, pues viven con lo que ganan a la semana o al día.

Pero no son los únicos, y por supuesto, no son los que están presionando al Gobierno central y autonómico para la reapertura de actividades. En este caso hablamos de todos esos que proponen con entusiasmo, y con un colonialismo racista descarado, la utilización de Canarias como “laboratorio”, como banco de pruebas para una desescalada a nivel estatal. La teoría es ver cómo le va a Canarias, y si es un desastre, oiga, ensayo y error.

Entonces ¿quiénes son los actores principales en este empeño por convertirnos en un archipiélago de cobayas?           

Uno de los principales interesados ya es tristemente conocido en Canarias, el presidente de Ashotel, Jorge Marichal. El señor Marichal ha brillado en dos momentos clave de la pandemia en Canarias. Primero con aquel infame vídeo en el que, la ya cesada consejera Teresa Cruz Oval, junto a Torres, hacen burla y chanza con la cuarentena del hotel de Adeje, la construcción de hospitales en China, y la precariedad de las infraestructuras sanitarias en islas como Fuerteventura… todo muy gracioso y divertido, con un cómplice y sonriente Marichal, agazapado tras la consejera y el presidente de Canarias. En un segundo momento de gloria, con mucho más protagonismo que en el primero, el señor Marichal le hace un disparatado ofrecimiento a la LFP, proponiendo terminar todos los partidos de primera y segunda división en los estadios del C.D. Tenerife y U.D. Las Palmas. Una proposición que Marichal consensuó después de un distendido debate consigo mismo. La propia LFP le respondió el mismo día, confirmando la inviabilidad de la propuesta, pero sin mencionar algo más importante, la falta absoluta de potestad del señor Marichal para ofrecer nada a la LFP. Visto que la joven promesa de la patronal empezaba a quemarse en el fuego de la opinión pública, las grandes empresas que depredan Canarias pensaron en utilizar un peón con algo más de autoridad científica.

Es entonces cuando entra en juego una catedrática de Economía de la Salud de la ULPGC, Beatriz González López-Valcárcel, quien ya fuera protagonista de una enorme polémica por unas declaraciones sobre el gasto en tratamientos oncológicos. La catedrática de la ULPGC se pone a la cabeza de la nueva fase de la campaña mediática, con apariciones estelares en las grandes cadenas de televisión, para afirmar, con una sonrisa de oreja a oreja, que Canarias es un lugar ideal para experimentar el desconfinamiento y recuperar actividades económicas altamente arriesgadas en estos momentos, como todas las relacionadas con el sector servicios. Tras la viralización de esa propuesta de experimentar en este archipiélago, y la masiva indignación del pueblo canario a través de las redes, el gobierno de Canarias sale rápidamente a negar que las islas vayan a ser un laboratorio en el que experimentar nada.

Unos días después, y viendo la reacción airada en Canarias, tratan de matizarlo, diciendo que se referían a islas como El Hierro o La Gomera. Lo que pasa es que, una vez más, parece que nadie preguntó a los herreños y gomeros que les parecía la idea, y viendo que ni las autoridades de dichas islas ni la población que las habita, está en absoluto de acuerdo con probar nada en sus carnes, y ver qué pasa, el gobierno de Canarias se ve obligado, otra vez, a desmentir un calendario propio de desconfinamiento.

¿Quedaría la cosa ahí? En absoluto. Han pasado apenas unos días desde este bailoteo de calendario propio si/no, y el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, ya ha hecho completamente suyo el discurso monolítico del “apocalipsis guiri”. En recientes declaraciones, Torres asegura que Canarias es la más afectada económicamente por la pandemia, por lo tanto, tienen que ir abriendo los hoteles ya, y los turistas europeos invadiendo esto de nuevo antes de Navidad, o nos comemos unos a otros en Nochebuena. Pronto empezaran a decir que el hambre matará a más gente que el coronavirus, sin que se les caiga la cara de vergüenza. Así, Torres pasa de pedir tímidamente que le “presten” el superávit de Canarias, uno de los más altos del Estado, a decir que, o nos dejan abrir los hoteles, o nos morimos de hambre, literalmente. En un par de semanas, y sin despeinarse.

Y todo esto a sabiendas de que, en un modelo turístico como el nuestro, donde el beneficio se encuentra en la cantidad, en el flujo constante y masivo de turistas entrando y saliendo de Canarias, una reapertura del sector servicios a medio gas, con restricciones de aforo, con medidas de seguridad e higiene extraordinarias, no es en absoluto rentable para la gran mayoría de las pequeñas y medianas empresas del sector. Las únicas que podrán mantener esa actividad bajo mínimos serán las grandes cadenas hoteleras y de restauración, y el resto tendrá que decidir entre echar el cierre a su negocio ahora, o dentro de tres meses, con un balance de ingresos y gastos totalmente inasumible. Esto lo saben perfectamente la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras del sector, que ya sienten la incertidumbre y el temor de las reducciones de sueldo y de plantilla, sabiendo que muchos terminarán en la calle más temprano que tarde. También son conscientes de lo inviable de una reapertura la mayoría de las pequeñas y medianas empresas del sector, como se publicó recientemente .

Y sin embargo la brutal campaña mediática de presión sigue adelante. Las declaraciones contradictorias de las autoridades, expertos, y miembros del Gobierno canario siguen sucediéndose una detrás de otra. Ese conglomerado empresarial, minoritario, pero con mucho más capital que todas las pequeñas y medianas empresas canarias, gasta un dineral en bombardear con noticias diarias sobre las terribles pérdidas que va a sufrir el sector, o las poco rentables, nada prácticas, e ineficaces medidas de “seguridad” para el retorno de la actividad turística: controles de temperatura en los aeropuertos, aunque ya se hiciera al inicio de la pandemia y sea totalmente inútil con los asintomáticos; test rápidos que escasean en todo el mundo, y que la patronal hotelera cree que va a disponer de sobra de aquí a mediados de mayo, además de volver a ser una medida inútil, pues todavía se desconocen con exactitud los períodos de incubación; mamparas en restaurantes, bares, y playas, es decir, llenar todavía más nuestras costas de plásticos y basura. En definitiva, toda una serie de medidas sin ningún aval científico, pero que servirán para ir tanteando a la pandemia en este archipiélago laboratorio.

Si uno hace un pequeño sondeo en las redes, y mira quienes apoyan eso de la experimentación en el archipiélago canario, y la tremenda urgencia de reabrir todo ya y levantar el desconfinamiento, es bastante obvio: emprendedores y rentistas varios, jóvenes italianos que llevan algún club de marihuana en Las Palmas, señoras alemanas jubiladas que tienen chalet en las medianías, el surfero peninsular que vive en una furgoneta y quiere ir a coger olas, ingleses que rentan airbnb´s en alguna de nuestras capitales… En definitiva, gente que reside en Canarias, pero que no tiene ningún tipo de arraigo en esta tierra, que no siente preocupación alguna por la salud de nuestros mayores, de nuestra clase trabajadora, de nuestros vulnerables, simplemente porque no son los suyos.

Este disparatado discurso oficial no se sostendría sin una base social que lo apoye, especialmente en las redes sociales, convertidas ya, más en esta situación, en uno de los lugares donde se pueden generar corrientes de opinión, discursos, que terminen imponiéndose como políticas traducidas en hechos. Es decir, estas disparatadas medidas necesitan de una masa social que las apoye, con un discurso que apela, desde la necesidad económica, a la urgencia de la reactivación económica. Sin embargo, tampoco son, en este caso, esa masa de trabajadores y trabajadoras precarias de la hostelería, todo lo contrario. Si uno hace un pequeño sondeo en las redes, y mira quienes apoyan eso de la experimentación en el archipiélago canario, y la tremenda urgencia de reabrir todo ya y levantar el desconfinamiento, es bastante obvio: emprendedores y rentistas varios, jóvenes italianos que llevan algún club de marihuana en Las Palmas, señoras alemanas jubiladas que tienen chalet en las medianías, el surfero peninsular que vive en una furgoneta y quiere ir a coger olas, ingleses que rentan airbnb´s en alguna de nuestras capitales… En definitiva, gente que reside en Canarias, pero que no tiene ningún tipo de arraigo en esta tierra, que no siente preocupación alguna por la salud de nuestros mayores, de nuestra clase trabajadora, de nuestros vulnerables, simplemente porque no son los suyos. No hay más que recordar las humillantes imágenes de la “guiriguagua” paseándose por Las Palmas en pleno confinamiento, o las numerosas denuncias que ha interpuesto la policía a ciudadanos europeos, residentes o de vacaciones en Canarias (sí, hay gente que se quedó de vacaciones en medio de una pandemia) por saltarse el confinamiento.  Y no es algo que nos estemos inventando cuatro locos que sufren de turismofobia aguda, es tan real como que la presidenta de Baleares, ya ha recibido numerosas presiones de inversores alemanes, pidiendo que les dejen ir a sus segundas residencias en Mallorca algo que, obviamente, también está sucediendo en Canarias. Nos consideran un hotel gigante, un complejo turístico enorme, y a nosotros como habitantes, simples sirvientes. De hecho, una respuesta recurrente de este tipo de personas es hablar en tono despectivo del sector primario en Canarias: “solo habrá cabras y tomates”.

 Y cuando hacen eso, la intención no es otra que socavar la autoestima del pueblo canario. Se nos quiere convencer que nuestra mayor aspiración es recibir cada vez más millones de turistas. Lo mejor que podemos llegar a ser es buenos promotores turísticos, comerciantes de “experiencias”, “embajadores” de nuestra tierra. Siempre amables, siempre serviciales. Aunque el turismo masivo solo traiga empleos precarios, inestables, mal pagados, y en muchas ocasiones, en condiciones de insalubridad o riesgo para las trabajadoras y trabajadores del sector. Aunque ese turismo masivo haya provocado contaminación, destrucción del paisaje, masificación de las costas, y una generación de residuos que pone al límite nuestra capacidad de procesado. A pesar de provocar la gentrificación de barrios humildes de nuestras ciudades, y una subida generalizada del precio del alquiler de vivienda, por efecto de los alquileres vacacionales para los turistas que vienen a pasar el invierno entero. Aunque veamos delante de nuestros ojos la creación de guetos y urbanizaciones exclusivas para europeos, en el sur de Gran Canaria, en Lanzarote, en Tenerife. Aunque la pandemia arrancara en Canarias debido precisamente al flujo constante de turistas europeos.

Tengamos un poco de dignidad como pueblo, debemos proteger a nuestros mayores, a nuestros vulnerables, a todos nosotros. Nuestra vida es mucho más importante que los balances de pérdidas y beneficios de las grandes empresas hoteleras y turísticas que explotan a esta tierra y sus gentes. La miseria no solo vendrá, es que ya estaba entre nosotros. Y es el momento decisivo para cambiar de modelo económico.

Todo eso da igual, o vienen guiris, o nos morimos de hambre. Ese es el mensaje. Un mensaje tramposo, que trata de aprovechar la normal desesperación de mucha gente ante la falta total de ingresos. Tengamos un poco de dignidad como pueblo, debemos proteger a nuestros mayores, a nuestros vulnerables, a todos nosotros. Nuestra vida es mucho más importante que los balances de pérdidas y beneficios de las grandes empresas hoteleras y turísticas que explotan a esta tierra y sus gentes. La miseria no solo vendrá, es que ya estaba entre nosotros. Y es el momento decisivo para cambiar de modelo económico. Un modelo económico que permita progresar a estas islas, sumidas en el estancamiento de la precariedad hostelera. Es el momento de poner en valor de verdad al sector primario, de dar un auténtico empuje a las energías renovables, a la investigación y el desarrollo. Es el momento de luchar por una Canarias que tenga la capacidad de decidir que quiere ser cuando esto termine.

Basta de ser colillas apagadas del cenicero de los mares.

Hugo Isidore Castro Delgado

Fuente: El País Canario

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