Publicado en: 16 diciembre, 2015

¿ Quien pone el cascabel a la Hidra?

Por Patrocinio Navarro Valero

Nos encontramos ante un sistema que ha degenerado muchas cosas: el valor del dinero, el valor del trabajo y la fuente de toda riqueza básica: la Tierra. Y de paso, pretende degenerar nuestras propias conciencias para que aceptemos todo eso.

UN SISTEMA CONTRA EL MUNDO

El capital es algo con lo que tenemos que contar hoy  para los intercambios de materia- energía entre nosotros. Hasta aquí podemos considerar útil el dinero.

El dinero es una forma de expresión artificial de la energía que resulta  del uso de otras energías, como el trabajo humano y las que nos proporciona la madre naturaleza. Tuvimos que ponernos de acuerdo en algo así como humanidad  para hacer operativa la fase de intercambio de bienes y objetos. Hasta ahí todo parece normal. Lo anormal comienza cuando quienes tienen los bienes necesarios desean los bienes de otros. Lo anormal se manifiesta cuando para conseguir esos bienes se engaña,  se roba o mata al otro, hasta el punto de que ese modo de operar criminal,  inhumano y deleznable  llega a ser convertido en sistema. Y  el paroxismo de lo anormal sucede cuando añadido a toda maldad anterior, esa  energía que llamamos dinero también se convierte en sí misma en una  mercancía más y en  objeto de especulación. El dinero ya ha dejado de ser considerado como lo que fue originalmente para pasar a ser fuente de poder, control de naciones y un objeto más  de subasta  a través  de dos instrumentos en manos de los dinero-tenientes más poderosos y de sus agencias de calificación de riesgos:  la “deuda” y  “los mercados”. Pero lo que se subasta en realidad – y a la baja- sigue siendo el trabajo, la salud y el bienestar  tratados con absoluto desprecio- junto al desprecio a la madre Tierra – por estos nuevos bárbaros del capitalismo imperante.

En esta nueva versión, superados sus primeros siglos de funcionamiento,  el sistema ha cambiado de registro, intensidad  y dimensión,  y ya no es solo codicioso, explotador y represor. Se ha tornado mucho más ambicioso: desea  a gran escala todo lo de todos. Y en ese todo está  incluido el tiempo, el pensamiento y la propia conciencia de las gentes a las que manipula de múltiples maneras a través de los media, las aulas y las iglesias, que han cedido su protagonismo opiáceo a la Tv. El control de las conciencias y de la naturaleza es la última frontera de este poder satánico. El  proceso es la globalización, y su expresión sociopolítica el Nuevo Orden Mundial.

Así es como el dinero se ha convertido en un cáncer que devora el mundo. Y como todo cáncer que no se trata bien, tiene metástasis, y amenaza no ya nuestros derechos colectivos y  nuestras libertades sociales tan duramente arrebatadas a los privilegiados poseedores del poder y los medios de producción, sino a nuestra misma especie y a cada uno de nosotros.  Sufrimos así este  cambio climático a consecuencia de la degeneración introducida  por el neocapitalismo en el Planeta y en la propia naturaleza que nos protege y alimenta. Nos encontramos, por tanto,  ante un sistema que ha degenerado muchas  cosas: el valor del dinero, el valor del trabajo y la fuente de toda riqueza básica: la Tierra. Y de paso, pretende degenerar nuestras propias conciencias para que aceptemos todo eso.

Los  pueblos parecemos poco menos que indefensos ante el dinero convertido en poder. Por desgracia para todos nosotros, los más ignorantes, crédulos y atrasados de los pueblos del mundo lo aceptan aunque sea a regañadientes, a la vez que  constituyen un lastre para el resto.

Como una hidra venenosa, el sistema imperante se muta y adquiere la forma que mejor le conviene para engañar, explotar, extorsionar y empobrecer a toda persona y nación sometida a su yugo, mientras a nivel mundial no hemos sabido encontrar, persona a persona hasta formar mayorías poderosas, un punto de confluencia  que nos movilice  para tomar el mando pacíficamente y dirigir la economía, la sociedad y la ética, hacia un bienestar basado en la bondad que con el capitalismo es imposible. Porque su raíz es la desigualdad, se opone a toda forma de igualdad. Porque su raíz es la codicia, se opone a toda justicia en la distribución de la riqueza colectiva. Y porque para conseguir sus fines  necesita el poder, es esencialmente contrario a la libertad dotándose  de instrumentos tan conocidos como ejércitos, espías, gendarmes, expertos, profesores e  intelectuales de pesebre, clérigos, banqueros, soldados, jueces y tribunales. Unos engañan, otros castigan a los díscolos. Así que por mucho que quienes forman parte de este gigantesco complot mundial neoliberal  intenten aparentar  lo contrario, el capitalismo  jamás podrá ser un sistema enraizado en la bondad, en la fraternidad,  en el respeto a todo y a todos- animales y naturaleza incluidos-  y en el deseo de mejorar la vida colectiva.  Por eso es ilegítimo desde el punto de vista espiritual, que es el que defiende esos principios y otros parecidos.

La hidra es naturalmente siniestra y opuesta a todo bien, incluido el pensamiento libre. Y si queremos erradicar este mal nos veremos obligados a cuestionar la parte de complicidad que individualmente tiene cada uno de los ciudadanos en el cultivo de la hidra, y averiguar en qué medida ha penetrado en el sistema circulatorio de su mente y su conciencia algunos de los venenos que difunde la hidra: la ambición, la codicia, la envidia, la incultura, la ignorancia espiritual y cultural, el egocentrismo. Y este es el verdadero campo de batalla de todos los Arjunas del mundo: la conciencia personal. El de los Parlamentos no preocupa a la hidra. Ahí también está en su salsa mientras la gente no cambie. No de partido, sino de conciencia.

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