No obstante, echamos de menos ciertos aspectos fundamentales. No hay duda de quiénes son y cómo se comportan las multinacionales sanitarias, de la construcción, etc. Pero no debería olvidarse que sin una determinada actuación política nada de esto sería posible.

Las derivaciones, externalizaciones, concesiones, y privatizaciones varias, no podrían realizarse si no existiesen leyes que las amparan. Es decir, lo que viene sucediendo es indecente e inmoral, pero desgraciadamente es «legal».

Por ese motivo, de nada sirve «poner de manifiesto quiénes son los ladrones» si no se ponen los medios para evitar que sigan robando.

Es imprescindible que se proceda sin más dilación a la derogación de la Ley 15/97 de Nuevas Formas de Gestión (herramienta imprescindible para que continúe el saqueo) y que se recupere todo lo privatizado. A los contratos con las concesionarias les quedan más de 15 años de duración, tiempo suficiente para que de la Sanidad Pública que conocimos no quede ni rastro.

El texto del artículo es el siguiente:

Díaz Ayuso protege a las empresas que hacen negocio con la salud desde que Aguirre desmanteló la pública. Florentino Pérez, el grupo alemán Fresenius y el holandés DIF son los grandes beneficiarios de esa política.

Isabel Díaz Ayuso y Esperanza Aguirre, por Luis Grañena.

Ahora que los contagios de covid-19 empiezan a remitir, el sistema sanitario contiene el aliento mientras empiezan a flotar los primeros pecios del naufragio sanitario. El más palmario es la ingente cantidad de dinero público que la administración madrileña ha desviado desde los primeros gobiernos de Esperanza Aguirre a empresas privadas y UTEs para explotar el inagotable filón de la Sanidad. Se trata de un sector inmune a las punzadas de las crisis: tiene asegurada la clientela, los enfermos; vive de la financiación autonómica, se beneficia de las listas de espera en una sanidad pública desmantelada, y está en constante revalorización gracias a su componente especulativo y a los recortes de material y de las condiciones laborales. La rentabilidad siempre está garantizada para unas corporaciones que pueden optar por un menú a la carta: construir hospitales, gestionar hospitales o solo servicios exteriores, y vender o revender activos, a menudo sin pagar impuestos en España.

Aunque la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, exhibe a los cuatro vientos las donaciones altruistas y las respuestas ultrarrápidas a la emergencia y el compromiso social de algunas de estas empresas, para expertos como Marciano Sánchez Bayle, pediatra durante 46 años y portavoz de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, el deterioro que ha sufrido el sistema público de salud con las privatizaciones es incuestionable: “Madrid es la única comunidad del mundo que después de abrir once hospitales tiene menos camas disponibles por habitante que antes de su inauguración. Ayuso lo sabe y la prueba es que, en el momento álgido de la epidemia, el ejército tuvo que abrir una instalación muy precaria, sin UCIs, en de un feria de exposiciones”.

Los datos son irrebatibles. Madrid es la comunidad peor preparada de España para enfrentarse a una crisis sanitaria. Por número de camas totales –2,7 por cada mil habitantes frente las 3,7 que tiene Aragón o las 5 que presenta la media europea– y por el número de personal sanitario, 3.000 trabajadores menos desde 2010. Destaca la reducción de camas registrada por los hospitales públicos desde la puesta en funcionamiento de la privatización sanitaria en 2001: más de 3.000, pese al aumento demográfico experimentado con la inmigración.

“La colaboración público-privada de la que tanto habla Díaz Ayuso es propaganda, publicidad. Sólo el 10% de los ingresos hospitalarios por coronavirus se derivaron al sector privado mientras todos veíamos que las urgencias y las UCIs del Gregorio Marañón, La Paz, etcétera, estaban colapsadas”, señala Sánchez Bayle.

Toda una obra de arquitectura privatizadora invita a bucear en los libros de historia. Y el modelo, que se ha replicado y extendido por todos los

circuitos del sistema, nace en los felices tiempos inmobiliarios de José María Aznar. En 2003, cinco de las diez empresas constructoras con mayor capitalización bursátil de Europa eran españolas. Todas ellas han entrado en el sector sanitario para diversificar riesgos y ampliar mercados. ACS

sigue a la cabeza y dirige guarderías, servicios de limpieza y restauración de hospitales, residencias para mujeres y personas sin hogar, centros de día para personas discapacitadas, además de emplear a miles de cuidadores de ayuda a domicilio no sólo en Madrid sino también en Barcelona.

IFEMA ha sido durante las últimas décadas buque insignia y metáfora de los negocios del PP madrileño con sus empresarios amigos. A Guillén del Barrio, enfermero de urgencias del Hospital la Paz y delegado sindical del Movimiento Asambleario de Trabajadores-as de Sanidad (MATS), le han crucificado por criticar los masivos recortes que ha realizado el PP madrileño y por denunciar el mercadeo en el que ha convertido la sanidad. Para él, como para Marciano Sánchez Bayle, “el hospital del IFEMA es la muestra de un fracaso, del descalabro de un modelo que sólo ha beneficiado a fondos de capital y empresas de infraestructuras”, asegura.

Mientras la sanidad pública se despedazaba de forma sistemática, los beneficios del negocio sanitario privado en España no han dejado de crecer, y hoy son la envidia de las empresas europeas. España gasta un 9% de su PIB en Sanidad. Y tres de cada diez euros se mueven en el sector privado. Según el informe de la Fundación IDIS, la patronal del sector español, el peso del gasto sanitario privado sobre el gasto sanitario total es uno de los más elevados (28,8%) de Europa, por encima de la media de la OCDE (26,5%), muy por encima de países como Holanda (19,0%) y Francia (17,1%) y casi duplicando el de Alemania (15,4%). Este estudio, publicado en 2019, calcula que el mercado sanitario privado movió 28.858 millones de euros en 2016.

Arriba, Florentino Pérez y Juan Miguel Villar Mir. Debajo, Víctor Madera, Luis del Rivero y Javier de Jaime.