¿Quién desestabiliza a quién?

 


Roger Noriega, uno de los jumentos del gabinete de Bush, ha rebuznado que Cuba y Venezuela desestabilizan a América Latina. Es obvio que este gángster, salido de las pandillas del odio que infectan a Miami, desconoce la historia de Latinoamérica. Ha sido Estados Unidos quien durante más de doscientos años se ha dedicado a desestabilizar a América Latina, a invadirla, saquearla, desangrarla, retrasar su desarrollo para expoliarla mejor, y todo ello en nombre de la libertad y la democracia.

No cesan de hablar los centuriones del norte del atentado del o­nce de septiembre, pero ¿por qué no hablan del otro o­nce de septiembre?, el que se produjo en Chile inducido por el binomio Nixon-Kissinger, que comenzó con la muerte de Salvador Allende y instauró la tiranía pinochetista que perpetró miles de asesinatos y desapareció otros miles en los años siguientes, régimen apuntalado y bendecido por los gobiernos en Washington.

Entre 1824 y 1994 Estados Unidos llevó a cabo 73 invasiones en América Latina. ¿Es que debemos olvidar la rapiña de la mitad del territorio de México y la deposición del legítimo gobierno de Arbenz por los sicarios de Castillo Armas alentados por Foster Dulles y la United Fruit? Es que hay que borrar de la memoria los miles de nicaragüenses que murieron por la vil agresión de los contras organizados por los matreros Negroponte y Otto Reich? ¿O no tendremos en cuenta a los panameños que perecieron en los bombardeos para deponer a Noriega, aliado de los Bush en el narcotráfico? ¿Olvidaremos a los cubanos que ofrendaron sus vidas defendiendo el territorio patrio durante la invasión de Playa Girón?

De igual manera las dictaduras de Castelo Branco en Brasil, o de o­nganía en Argentina, de Stroessner en Paraguay, de Somoza en Nicaragua, de Trujillo en República Dominicana, de Batista en Cuba, de Rojas Pinilla en Colombia, de Pérez Jiménez en Venezuela, ¿no tuvieron todas ellas el estímulo, la aprobación y la reciprocidad alentadora de los Estados Unidos? Y lo peor es que esa maquinaria de sojuzgamiento, represión y fraude ha sido maquillada por una falsa retórica de libertad, democracia representativa, consultas electorales y libre empresa. En el fondo, el imperio apretándole el cuello a sus víctimas.

Es en ese marco que se abre la reunión de Monterrey. El contexto no puede ser peor para el gobierno de Bush. Cuando pidió apoyo para la agresión contra Irak solamente siete, de treinta y tres países, dieron su asentimiento. México sostiene serias divergencias sobre problemas migratorios. Su embajador en la o­nU, Aguilar Zinser, fue removido de su cargo perentoriamente tras haber afirmado que su país era un «patio trasero» para Estados Unidos.

Al ser criticado por Roger Noriega por su relación con Cuba el Presidente Kirchner respondió que Argentina no era la alfombra de nadie y la cancillería replicó que los tiempos del «alineamiento automático han pasado». Brasil está fichando y fotografiando a los ciudadanos norteamericanos que llegan a su territorio en reciprocidad por el tratamiento que los latinoamericanos están recibiendo al entrar en Estados Unidos. El gobierno de Lula tiene serias discrepancias con Washington por las tarifas proteccionistas al acero y los subsidios agrícolas implantados por Bush que perjudican las exportaciones brasileñas.

El repudio al ALCA, definido como el proyecto de anexión final de Latinoamérica a Estados Unidos, ha recibido un repudio casi unánime. Numerosas organizaciones se preparan para manifestar su repudio: obreros, estudiantes, partidos políticos, sindicatos, o­nG´s, ya han partido para expresar su rechazo a la convocatoria del tiburón para digerir a las ya no tan obedientes sardinas.

Hasta la prensa estadounidense, encabezada por el influyente New York Times, ya anticipan el fiasco que se producirá en este encuentro. La Cumbre de Monterrey se vislumbra como un nuevo fracaso del inepto Bush y su banda de agentes de las transnacionales petroleras.

NOTICIAS ANTICAPITALISTAS