«Querían quitar el mural para fastidiar al feminismo y tuvo el efecto contrario»

Rosa Arauzo, feminista y activista LGTBI instalada en Ames, está retratada en la obra madrileña que tramitó durante la alcaldía de Manuela Carmena

Compartiendo muros fue una iniciativa madrileña como muchísimas otras que apostó por convertir el cemento en un lienzo urbano que en el caso del barrio de La Concepción pintó un símbolo de la igualdad con 15 mujeres de referencia. A Rosa Arauzo, activista social y feminista LGTBI con breve trayectoria política en Podemos y Más Madrid, le tocó defender la idea y el presupuesto en el pleno del distrito durante la alcaldía de Manuela Carmena. «No recuerdo bien lo que dije, me imagino que hablé de la defensa de las mujeres como elementos importantes de cambio en una sociedad democrática y de convivencia», relata.

 

ÓSCAR CAÑAS

 

Esto lo dice frente otro mural feminista que para ella tiene un valor de lo más especial, ya que está en Ames, su municipio de adopción, y quien fuma a su espalda es su hija, Veronika Arauzo, conocida activista Trans a la que retrató para la posteridad en O Milladoiro la artista Btoy (Andrea Michaelsson).

 

Acostumbrada a un ritmo frenético, renunció a Madrid y a trabajar intensamente con la Fundación 26 de diciembre para la visibilidad de mayores LGTBI al darse cuenta de que su trabajo y el de muchas había germinado en muy buenos relevos. «Cuando dejé Madrid sabía que Galicia era mi sitio. De pequeña vine a varios campamentos con las monjas en Miño. Volví cuando ya era mayor y estuve muy vinculada a Galicia con el movimiento del feminismo independiente y con María Xosé Queizán», recuerda.
En esta nueva etapa reconoce que «el caballo de batalla al que no renunciaré nunca, a pesar de que es un tema controvertido, es el tema de las mujeres trans dentro del feminismo. Yo soy partidaria de que abramos un poco la cabeza y el corazón porque creo que no supone una intromisión ni para nada quiere copar el mundo feminista». Y ante los enfrentamientos entre colectivos, Arauzo apuesta por «trabajar para buscar el equilibrio». En el suyo particular convive una abolicionista convencida, una «lesbiana mayor con boina» y una mujer creyente y practicante. «Mi idea fundamental del compromiso viene de mi fuerte creencia cristiana. Dios nos quiere como somos y tenemos que trabajar en la igualdad y la diversidad que supone las diferentes formas y estilos que se pueden dar en el ser humano», concluye.

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