Queipo de Llano, el virrey de Andalucía

QUEIPO DE LLANO, EL VIRREY DE  ANDALUCÍA

 

 

«Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que si lo hiciereis así, quedareis exentos de toda responsabilidad.

 

¿Qué haré? Pues imponer un durísimo castigo para callar a esos idiotas congéneres de Azaña. Por ello faculto a todos los ciudadanos a que, cuando se tropiecen a uno de esos sujetos, lo callen de un tiro. O me lo traigan a mí, que yo se lo pegaré.

 

Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso, también a las mujeres de los rojos, que ahora por fin han conocido hombres de verdad, y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará.

 

Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello; les sacaré de debajo de la tierra si hace falta, y si están muertos los volveré a matar.»

 

Gonzalo Queipo de Llano (transcripción de un discurso radiado; editado en La Unión, 26 de julio de 1936)

 

 

Introducción

 

Queipo de Llano es uno de los personajes más despreciables que ha dado la Historia de España en el pasado siglo XX. Este individuo, que ensangrentó Andalucía, sigue contando con el privilegio de estar enterrado en la capital andaluza junto a la virgen de la Macarena “en la paz del Señor”, según reza su lápida.

 

Gonzalo Queipo de Llano Sierra nace en el pueblo vallisoletano de Tordesillas en 1875. Realiza la carrera militar en la Academia de Caballería de Valladolid y parte como oficial a las campañas de Cuba y Marruecos.


Es desterrado en 1928 por conspirar contra la dictadura de Primo de Ribera; en 1930 participa en la intentona republicana fallida del aeródromo de Cuatro Vientos lo que le obliga a exiliarse de nuevo. Podrá regresar pronto, ya que el 14 de Abril del año siguiente se proclama la República.


La República le otorga el mando de la mando de la Primera División Orgánica[1] ya que le considera un hombre fiel al régimen. Además, es nombrado jefe de la Casa Militar del presidente Alcalá Zamora[2], cargo que ejercerá hasta 1934.


Durante el bienio negro es responsable de la Inspección General de Carabineros (1934- 1936). Durante este período entra en contacto con Mola y demás camarilla golpista, que en principio no confiarán plenamente en él por haber apoyado el fallido golpe militar antimonárquico en Cuatro Vientos y por haberse mostrado partidario de la República desde la proclamación de esta.


 
 

Arrasando Sevilla y toda Andalucía

 

“Otra nota triste es el castigo que me veo precisado a imponer a los pueblos que, ciegos, obedecen todavía las órdenes de esos miserables directivos marxistas”.[3]

 

Se produce la sublevación. El mismo día 18 de Julio de 1936, Queipo detiene en Sevilla al general Villa Abrille, jefe de la Segunda División Orgánica. Después se dirige al cuartel del Regimiento de Infantería nº 9 y detiene a su coronel ante la escasa o nula resistencia de unos vacilantes oficiales.


Queipo cuenta con pocas tropas para tomar la capital bajo su control pues es una ciudad con un fuerte movimiento obrero y popular. La ciudad de Pepe Díaz es llamada con razón Sevilla la Roja.

La Unión Radio Sevilla llama a al Huelga General contra los sublevados y el pueblo trata de organizar barricadas para defender la ciudad. Se producen algunos altercados tales como la quema de iglesias y de la fábrica de jabones y perfumes del marqués Luca de Tena, adherido a la sublevación.

Los alzados reciben el apoyo del Regimiento de Artillería 3º Ligero, con lo que la toma de la capital les resultará más sencillo; rápidamente rodean el Gobierno Civil y la central telefónica y las ocupan. Una vez controlado el centro de la ciudad, los rebeldes lucharan por conquistar los barrios obreros deTriana, la Macarena, San Julián y San Bernardo, que apenas si están armados, y lo lograrán con relativa facilidad.

Tras conquistar la ciudad, Queipo eliminará con saña a todos los hombres y mujeres de izquierda y tolerará que durante los primeros días falangistas y moros saqueen y asesinen impunemente:

“La parte baja de Triana fue deshecha cañonazos desde la ribera opuesta del río. Los moros, con salvajismo feroz, cumpliendo consignas terribles, que parecen increíbles fueran dadas por militares españoles contra sus propios hermanos, entraban en las casas desde las que se suponía habían hecho algún disparo, pasando a cuchillo a todos sus habitantes, sin librarse nadie, ni mujeres ni niños. […] En las calles se veía gran número de cadáveres sin que nadie se preocupara de retirarlos. En las estrechas tenían que amontonarlos contra las paredes de las casa para que pudieran pasar los automóviles”.[4]

“Falange actuaba por su cuenta “limpiando” de enemigos el territorio e incautándose de todo lo incautable. […] Queipo dejó hacer a Falange cuanto quiso, sin molestarla lo más mínimo. Para hacerse temer, congratulándose al mismo tiempo con unos y otros, implantando el asesinato como norma de gobierno”.[5]

El 25 de julio da la orden de fusilar a todos los dirigentes de cualquier sindicato participante en una huelga. La represión fue brutal: se calcula que en Sevilla fueron asesinadas unas 8.000 personas; a lo que tenemos que añadir un número muy elevado de detenidos, tantos que no entraron en la cárcel provincial y se utilizó como prisiones la Plaza de Toros, el Hotel Inglaterra, el cine Jáuregui, el cine de verano de la Plaza del Duque, los sótanos de la Plaza de España, el cabaret Variedades y el buque Cabo Carvoeiro. Además, en las localidades sevillanas de El Ronquillo, Peñaflor y Guillena se crearon campos de concentración.

En febrero de 1937, los moros y los italianos toman Málaga; se calcula que sólo en la ciudad se asesinó a unas 4.000 personas, a las que hay que añadir los muertos que huían en por la carretera de la costa ya que fueron bombardeados por mar y aire.


Queipo, el propagandista

[…]«porque hay dos palabras que deben desaparecer del diccionario de la lengua castellana: “amnistía” e “indulto”»[6]

Indudablemente Queipo ha pasado a la Historia como un genio de la propaganda psicológica; en su utilización de un medio masivo de comunicación como la radio para fines propagandísticos (y manipuladores) se adelantó a Joseph Goebbels o a las intervenciones durante la Segunda Guerra Mundial de Churchill y de Gaulle en la BBC y la Cruz de Lorena de la liberación de Francia respectivamente.

Desde el mismo 18 de Julio, todos los días a las diez de la noche, Queipo soltará su veneno a los micrófonos de Unión Radio Sevilla. Y en lo que no le aventajará ninguno de los anteriormente citados es en su mal gusto y en su propensión a ser soez y chabacano. Para el general, el pensamiento político que inspira a los sublevados, sus “ideales”, importa menos que el decir por las o­ndas chascarrillos sexuales toscos acerca de “Blum el judío” (por el socialista francés Leon Blum) y doña Manolita (Manuel Azaña) entre otros. Sus charlas son reproducidas al día siguiente por el diario sevillano La Unión y en ABC.

Las alocuciones de Queipo son seguidas no sólo por los “nacionales” sino también por los republicanos, por ello el bando gubernamental, consciente de la labor desmoralizadora de Queipo dentro de sus filas, le respondía a su verborrea y se hacía responsable de ésta  al alcohol, lo que parece ser, al menos en parte, cierto.

Sus bravatas perseguían un triple motivo: atemorizar a los republicanos, convencer a las personas dudosas de tomar partido y  justificar determinados “excesos”.

Estos “excesos” se podían explicar como firme respuesta al terror rojo que era magnificado hasta límites increíbles, ganándose así a la población dudosa:

“A un padre, atado de pies y brazos, le colocaron en cada pierna a uno de sus hijos, de ocho y diez años de edad, y en esa forma los rociaron con gasolina y les prendieron fuego. […] Pensad en esa señora a quien llenaron sus huecos naturales con algodones empapados con gasolina y le prendieron fuego; pensad en aquella madre de Baena que, próxima a dar a luz, le abrieron el vientre, le sacaron el feto y lo cortaron en dos en presencia de la misma madre”[7].

No está demás recordar que los nacionales sí que destriparon a embarazadas en Badajoz en los días en que Queipo dio este párrafo. Encontramos muchas más descripciones como la anterior en sus discursos: canibalismo de los rojos, hombres arrastrados por las calles atados a una cola de caballo, etc.

Pasadas las primeras semanas de desorganización, los “nacionales”comienzan a trabajar seriamente para controlar la información, especialmente tras haberse conocido en la prensa europea las matanzas de la provincia de Badajoz. En una circular titulada “Instrucciones para la censura de prensa” del 7 de septiembre de 1936 se dice explícitamente acerca de Queipo de Llano:

“En las charlas radiadas del General, suprimir todo concepto, frase o dicterio que, aun cuando ciertos, debido sin duda a una vehemencia y exaltada manifestación patriótica, no son apropiadas ni convenientes para su publicación, por razones bien conocidas de la discreción y la inteligencia de nuestros periodistas que tantas pruebas vienen dando de ello al aplicar su criterio con una prudencia y tacto dignos de encomio.

Las galeradas relativas a dichas charlas no deben dejar de remitirse a la censura por ningún concepto”.

Sin embargo, debemos aclarar que ya antes de la publicación de esta circular se estaban “suavizando” las alocuciones del general cuando se transcribían tanto a La Unión como a ABC.

Sus alocuciones durarán hasta el 1 de febrero de 1938, en que por dictado del mando de la sublevación fueron suspendidas. La orden de callar a Queipo muy probablemente partió del propio Franco y lo decretó por un doble motivo: En primer lugar porque el tono de los discursos de este alto mando de los sublevados no era el adecuado para presentar a éstos como respetables frente a los gobiernos europeos y norteamericano; no creo que sea necesario insistir en que importaba más la búsqueda de la legitimidad que el detener verdaderamente la represión. Y el segundo motivo fue el carácter del propio dictador ya que el siempre envidioso Franco no podía permitir que nadie le hiciera sombra, como estaba sucediendo con el “virrey” Queipo que gobernaba Andalucía sin dar explicaciones.


El feudo andaluz

“Después del triunfo, será preciso hacer una limpia y extirpar de España todos los brotes marxistas. Pero salvaremos a España y pronto hemos de ver enterrados hasta estos últimos brotes”.[8]

Con el fracaso del golpe de Estado, el territorio en manos de los sublevados se encontraba dividido en tres porciones: Norte (Galicia, Castilla la Vieja, La Rioja, Navarra y parte de Aragón) al mando de Mola, Sur (Sevilla, Córdoba, Granada y Cádiz) bajo el control de Queipo y Canarias y Marruecos dirigidos por Franco. Los problemas de coordinación en las primeras semanas de guerra propiciaron la independencia de actuación de cada una de las zonas lo que Queipo supo aprovechar durante toda la contienda.

En efecto, Andalucía se convirtió en un reino de taifas gobernado por Queipo, que había sido nombrado por Franco jefe del Ejército de operaciones del Sur. Actuó con casi total independencia durante lo que duró la guerra, lo cual no agradó al futuro generalísimo.

Queipo gobernó Andalucía como un cacique que iba imponiendo su ley en los pueblos que iba conquistando. Él personalmente se encargaba de dirigir la construcción de viviendas y poblados “sociales” en tierras de antiguos terratenientes que simpatizaban con la República o dictaba leyes comerciales para los puertos de Sevilla, Algeciras, Cádiz y Huelva. Por supuesto, la capital de los “nacionales”, Burgos, no recibía cuentas de estas acciones.


Sus últimos años

[…] “no puede nadie en absoluto probar que se ha cometido en ningún pueblo, en ninguna parte, la villanía de asesinar a una sola persona”.[9]

Al terminar la guerra es ascendido a Teniente General[10]. Es enviado por orden de Franco a Italia en misión militar y así se evita la presencia de este molesto compañero de armas. A su vuelta es nombrado Capitán General de la II Región Militar, con cabecera en Sevilla. Pese a que no oculta su enemistad con Franco ni en público ni en privado, en 1944 recibe la condecoración de la Cruz Laureada de San Fernando. Así mismo, un año antes, la Hermandad de San Gonzalo lo nombra Hermano Mayor Honorífico[11].

Fallece en 1951 en un cortijo que poseía en los alrededores de Sevilla. Al día siguiente es enterrado en la basílica de la Macarena, de la que había sido nombrado en vida Cofrade de Honor. Así le agradecía la iglesia el haber participado en la cruzada contra los rojos y los impíos.

Todavía hoy, cada Viernes Santo, el fajín de Queipo adorna la imagen de la Macarena.



ADDENDA: Fuentes para estudiar a Queipo de Llano


No parece existir grabaciones del los discursos de Queipo de Llano así que se deben consultar en los diarios sevillanos La Unión Y ABC.


Sobre la figura del general, es preciso añadir unas palabras sobre dos libros: “Un año con Queipo. Memorias de un nacionalista” de Antonio Bahamonde y “Queipo de Llano. Gloria e infortunio de un general”[12] de Ana Quevedo y Queipo de Llano, nieta del general.


Antonio Bahamonde, al que hemos citado en un par de ocasiones, fue el responsable de propaganda de Queipo hasta septiembre de 1937. Este hombre de ideas conservadoras nos ha legado el mejor testimonio de aquellos primeros meses de guerra en el Sur en su libro: “Un año con Queipo. Memorias de un nacionalista”[13]. En él nos ha dejado unos relatos estremecedores sobre los fusilamientos y la barbarie que se realizó en el feudo del general y en su lectura advertimos que Bahamonte se siente desbordado por la violencia y la sinrazón que le rodea:


“Llegamos al lugar de las ejecuciones, unos metros antes de las puertas del cementerio. Los camiones se desviaron enfocando con los faros la pared de la izquierda, a la que se llega por un sendero marcado por arena nueva, todos los días renovada para evitar que se vean las manchas de sangre.

 

Los milicianos que formábamos la escolta descendimos de los coches. Los moros se situaron a unos diez metros de la tapia. Abrimos el primer camión:

 

– Bajen dos- dijo el teniente Povil-. Bajen dos- volvió a repetir.

 

Dentro del camión nadie se movía; se oían quejidos y algunas exclamaciones angustiosas. Dos moros subieron y a culatazos los hicieron bajar de dos en dos. Nosotros les decíamos:

 

– Sigan, sigan por el sendero.


Antes de llegar a la tapia los moros hicieron una descarga, matándolos. Los moros que estaban dentro del camión tiraron para abajo a otros dos que se negaron a ponerse en pie. Povil nos ordenó retroceder unos pasos. Los moros que estaban dentro del camión los bajaron, matándoles allí mismo. Ino de ellos quedó con la cabeza destrozada; el otro tardó unos momentos en morir; yo vi sus convulsiones. No pude más. Me retiré enfermo, metiéndome dentro del coche. No sé explicar la sensación que experimenté. Me parecía algo así como un sueño. Oía gritos de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la libertad!, mezclados con las repetidas descargas. No sabía si era una pesadilla o es que estaba muerto. Desde el coche no veía más que los cipreses y las cruces que coronan los panteones. El teniente Povil llegó al coche:

 

– Vamos, Bahamonde, ¿qué le pasa? Tiene usted muy poco ánimo».

 

Bahamonde huyó horrorizado de todo lo que vio; desertó y se exilió en 1938 a Argentina.


Por último comentar el mamotreto de la nieta del general, con el que pretende la imposibilidad de limpiar imagen de su abuelo.


Nos informan las guardas del volumen que es el primer libro de Ana Quevedo- y esperemos que el último- y en  él se nos presenta la figura de un abuelillo entrañable y aventurero, un contador de batallitas llamado Queipo de Llano. Al general se le pretende dedicar una hagiografía y, como ésto no es factible, se le justifica en numerosas ocasiones por el contexto, la situación y recursos similares.


Valga señalar que a lo largo de las más de 500 páginas de biografía no aparece ni una solo vez alguna referencia a Antonio Bahamonde ni a su libro, lo cual es imposible si se quiere realizar un retrato fiel del general ya que es la fuente más cercana al personaje que tenemos.



                                                                                        Raúl Calvo Trenado
                                                                                        8 de noviembre de 2005


[1] Es el rango máximo en el ejército ya que la Ley del 16 de junio de 1931 había suprimido las Capitanías Generales y los grados de capitán general y teniente general.

[2] Alcalá Zamora estaba emparentado con Queipo de Llano por parte de la familia de éste.

[3] Queipo de Llano, transcripción de un discurso radiado; editado en La Unión, 26 de julio de 1936.

[4] Antonio Bahamonde: “Un año con Queipo. Memorias de un nacionalista” Barcelona, 1938.

[5] Íbidem.

[6] Queipo de Llano, transcripción de un discurso radiado; editado por La Unión, 11 de agosto de 1936.

[7] Queipo de Llano, transcripción de un discurso radiado; editado por La Unión, 16 de agosto de 1936.

[8] Queipo de Llano, transcripción de un discurso radiado; editado por La Unión, 22 de julio de 1936.

[9] Queipo de Llano, transcripción de un discurso radiado; editado por La Unión, 30 de agosto de 1936

[10] Evidentemente se ha eliminado la Ley de la nota primera.

[11] La Hermandad de San Gonzalo es una corporación sevillana fundada en 1942; al año siguiente de su creación, Queipo es nombrado Hermano Mayor Honorífico.

Añadamos con malicia que, desde 1976, Juan Carlos I es Hermano Honorario.

[12] “Queipo de Llano. Gloria e infortunio de un general”, Editorial Planeta, 2001.

[13] “Un año con Queipo. Memorias de un nacionalista”, Barcelona 1938. Reeditado en 2005 por Ediciones Espuela de Plata

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