¿Qué nos dice de verdad el CIS?

Por Daniel Gutiérrez*

… resulta muy improbable el mantenimiento de la abstención de izquierdas que muestran estos datos. Que el PSOE está sub-cocinado en el CIS, resulta del todo obvio al escarbar en la estimación de voto Madrid. En esta comunidad, sólo le asignan 5 diputados, roza la fantasía.

Con motivo de las inminentes elecciones generales, el CIS acaba de publicar una encuesta especial. Apenas pasadas unas horas, toda la actualidad informativa se ha puesto a girar alrededor de los resultados de esta encuesta, las sorpresas que encierra y su famosa ‘cocina’. Cuando se analizan estas cuestiones, parece inevitable reconocer una clara inclinación hacia la derecha de los chefs del instituto de sociología del estado, así como unos resultados excelentes para las iniciativas de confluencia: En Comú Podem en Catalunya, Compromís-Podem en la Comunitat Valenciana y En Marea en Galiza. Vayamos por partes.

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‘Cocina’ e inclinación hacia la derecha

¿En qué consiste la famosa ‘cocina’ de la que tanto se habla? Las encuestas se construyen a partir de una variable básica, la intención directa de voto (IDV). Luego esta se completa con ajustes sociodemográficos y otras preguntas como la simpatía o recuerdo de voto. Debido a su relevancia en los modelos analíticos, pero con un significado político desfasado en un contexto de emergencia de nuevos partidos, este último input resulta, sin embargo, dudoso. No nos engañemos, en los algoritmos de análisis se añaden sesgos ideológicos, en función de los objetivos del organismo que contrata cada encuesta. No se trata de algo ilegal ni tan siquiera ilegítimo, pero es un elemento que siempre se debe tomar en cuenta.

Uno de los elementos que más sorprende del último CIS es que haya presentado por separado las cifras de las confluencias de Podemos, al tiempo que presenta juntas las de PP/Foro/UPN, o PSOE/Nueva Canarias/PSC. Estrictamente podría ser razonable, ya que aún no se sabe cómo se integrarán en el Congreso todas estas formaciones. Pero esa discriminación es tan evidente que cualquier persona se puede agarrar a esta decisión para criticar la parcialidad del CIS. Una torpeza.

En cuanto a la mencionada inclinación hacia la derecha, se observa que esta es compartida por gran parte de otras encuestas, y que al mismo tiempo proyecta un resultado que debemos considerar falaz. Según la encuesta del CIS la suma de voto estimado de PP+Ciudadanos igualaría o superaría a la de PP+UPyD de 2011. Cabe recordar que el decremento de la participación ese año se debió principalmente al sector sociológico de izquierdas, decepcionado con el zapaterismo, pero que este 20D existen nuevas alternativas a las que dirigir este voto. Por eso resulta muy improbable el mantenimiento de la abstención de izquierdas que muestran estos datos. Que el PSOE está sub-cocinado en el CIS, resulta del todo obvio al escarbar en la estimación de voto Madrid. En esta comunidad, sólo le asignan 5 diputados, roza la fantasía.

De hecho, si se comparan los pronósticos del CIS respecto de la media de las encuestas, cuyos datos se recogieron en el mismo periodo (la primera quincena de noviembre), se observa que otorga al PP 2,4 puntos más que la media (28,6% frente a 26,2%). Se trata de una desviación mucho mayor que en el caso de los otros cuatro partidos seguidos en el estudio, todos ellos con diferencias de menos del 1 %.

Otro indicador del sesgo “derechista” es la transformación de unas Intenciones Directas de Voto muy similares entre Ciudadanos y Podemos+Confluencias, con unos resultados de estimación hinchados para la formación de Rivera respecto a la de Iglesias, lo que resulta en principio injustificado cuando los dos están sometidos a prácticamente los mismos condicionantes. Recordemos que en las autonómicas ya ocurrió algo similar cuando las previsiones para Podemos se ajustaron más o menos a la realidad del recuento de votos, al tiempo que las de Ciudadanos resultaron por completo exageradas, en algunos casos con diferencias de hasta el 80%. La única diferencia de tratamiento en estos dos casos no es analítica y sólo se puede explicar por el sesgo político de la dirección de la encuesta.

Las cifras ocultas y el empuje de las confluencias

Reconociendo, por tanto, que la cocina del CIS desvirtúa sus estimaciones y que no disponemos de los mecanismos de corrección sociodemográfica, sólo nos queda el análisis de los datos directos, como  la intención de voto y la simpatía declarada. Aun si se asume que hay un 40 % de indecisos y que persiste un complejo cuadro de indecisión entre los distintos partidos, la IDV sigue siendo la fuente primaria de información. Al proyectar los votos con un multiplicador similar para todos, obtenemos el siguiente marco: el PP y el PSOE están en un pañuelo, con entre un 24% y un 26% de voto estimado, a su vez, Ciudadanos y Podemos (con sus confluencias) andan también en empate técnico en una horquilla que va del 17 al 19%.  Para estas dos formaciones, y debido al sistema español de circunscripciones electorales, cada provincia se va a convertir en un campo de batalla por la tercera posición que tendrá muchísimas más posibilidades de obtener un escaño que la cuarta.

La sorpresa viene, no obstante, de las extraordinarias cifras que pueden llegar a obtener las candidaturas de confluencia. Rondan el 20%-25% en sus respectivas áreas geográficas, disputando el primer puesto a las fuerzas tradicionalmente hegemónicas, especialmente en el caso de Barcelona. Son datos próximos al fenómeno de las ‘alcaldías del cambio’ en las elecciones municipales de mayo. Y es que estas “sopas de siglas”, que vienen acompañadas de liderazgos fuertes (Colau, Oltra, Beiras), pueden alcanzar resultados mucho mejores que la mera suma de sus partes. Además, para estas formaciones de nuevo cuño resulta muy difícil ‘cocinar’ sus datos desde el punto de vista algorítmico, y por ende manipularlos políticamente a la baja; por eso, la fiabilidad de los mismos es alta. Así parece que la hipótesis confluyente triunfa, aún sin haber conducido a procesos todo lo participativos que hubiera sido deseable.

En definitiva, el CIS corrobora la influencia mediática del Gobierno (siempre partidista) sobre las herramientas del Estado (que debiera ser el garante del bien común). A la vez nos da que pensar sobre lo que se ha perdido al renunciar a una confluencia a escala estatal. ¿Habría generado una ola de apego similar a los que vaticina el CIS en los tres territorios mencionados?

Fuentes: Barómetro electoral del CIS Noviembre 2015,

Recopilación de encuestas electorales en España.

*Ingeniero y participante en DrY y Ganemos Madrid

http://blogs.publico.es/contraparte/2015/12/05/que-nos-dice-de-verdad-el-cis/

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