¿Qué hay de filosofía en la pandemia del coronavirus? (cast/cat)

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Qué hay de filosofía en la pandemia del coronavirus? (1)

En el programa de radio y postcast Carne Cruda titulado “Filosofía para tiempos de coronavirus”, un título que recuerda el del libro El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, se puede escuchar una conversación entre Marina Garcés, Santiago Alba Rico i Daniel Innerarity totalmente recomendable. Lo más interesante de esta conversación, en mi opinión, no es tanto el que se dice sobre las causas económicas y las consecuencias sociales y políticas de la pandemia del coronavirus, a pesar de ser muy lúcido, sino las observaciones que hacen los mencionados filósofos para el análisis filosófico de los términos y los conceptos utilizados en las diferentes declaraciones y deliberaciones públicas sobre esta pandemia. Me tomo la licencia de tomar su testigo como si se tratara de una carrera de relevos abierta a cualquier corredor. Y comienzo una reflexión alrededor de algunas cuestiones relevantes para la filosofía. La entrevista completa se puede escuchar aquí.

 

¿Qué es lo esencial?

La primera cuestión hace referencia al real decreto ley que determina las actividades esenciales del estado de alarma para excluir del confinamiento a una parte significativa de trabajadores de los diferentes sectores económicos implicados. Porque este decreto suscita una pregunta de orden ontológico: ¿qué es lo esencial? La respuesta pide establecer una diferencia y jerarquía entre diferentes realidades. Por un lado se constata lo que ya sabíamos en la coyuntura actual del capitalismo financiero: los bancos y las compañías de seguros son esenciales. Hasta aquí ninguna sorpresa. Nuestro sistema económico se basa en el capital monetario, el dinero y la deuda, el Capital dicho de manera sustantiva, y buena parte de la incertidumbre que rodea su valor se intenta mantener bajo control con los seguros. La sorpresa ha venido por otro lado.

Ahora resulta que por imperativo legal son esenciales un buen puñado de actividades que antes el gobierno había dejado malograr o bien se habían deslocalizado o privatizado durante décadas, la mayor parte de las cuales están bastante precarizadas como consecuencia de las acciones anteriores, y además han sido invisibilizadas hasta este momento. Lo esencial pasa a integrar lo que se había considerado hasta ahora como lo contrario del Capital, y por tanto que había sido excluido en el discurso oficial del régimen de pensamiento neoliberal que certifica lo que es importante en nuestro sistema social. Se trata de o distinto al valor de cambio que representan el dinero. Ante esta abstracción, las actividades declaradas ahora como esenciales representan las regiones fácticas del valor de uso, y en concreto las más próximas al sostenimiento de nuestra existencia.

Nos referimos a todas aquellas actividades que garantizan las dos necesidades vitales de todas las personas, la subsistencia, que comprende la alimentación entre los propios satisfactores, y la protección, que comprende la sanidad y los cuidados entre otros de sus satisfactores. Incluso algunos responsables políticos ya reconocen que ha sido un error (sic) no haber considerado como estratégicos los sectores alimentario y sanitario (conviene no confundir este último con el farmacéutico, que siempre lo ha estado por su volumen de beneficios al hacer de la salud un negocio), porque con la globalización se ha creado una dependencia del mercado exterior en estos mismos sectores que puede causar desabastecimiento ante la actual emergencia sanitaria y una futura emergencia alimentaria, retrasando así la respuesta gubernamental. En definitiva, si hasta ahora había una ontología dominante que tenía como esencia fundamental el Capital, ahora se da importancia a otra esencia, aunque sea con carácter provisional, que genera tensiones con ella en su relación jerárquica, puesto que podría constituir el cimiento sobre el cual construir un nuevo sistema social al poner la Vida en el centro.

Lo que no tendría que haber dejado de ser nunca una evidencia, si el bienestar y la efectividad en la satisfacción de las necesidades se hubieran mantenido por encima del cálculo de beneficios, ahora le quita el velo de las contradicciones de la sociedad postindustrial. Los trabajos de los operarios del sector primario, en particular en la agricultura, la ganadería y la pesca; del sector secundario, en particular en la industria alimentaria, textil, química y farmacéutica, y del sector terciario, en particular de aquellos colectivos en que la revolución digital no ha transformado todavía la manera de trabajar, como el personal sanitario y de cuidados, el personal de limpieza, los transportistas y los trabajadores del comercio alimentario al por menor, entre muchos otros, han quedado postergados, salvo las investigaciones científicas implicadas, a los últimos eslabones en las cadenas de valor, y en consecuencia muchos de estos trabajos no han tenido una reciprocidad, a pesar de su función vital, ni en su valoración económica ni tampoco en la social, abocando a numerosos trabajadores a situaciones desfavorables. Solo hay que recordar la miserable vida de los protagonistas del último film de Ken Loach Sorry We Missed You (traducida al castellano como “Lazos de familia”), estrenado en 2019. Una contradicción que se hace patente, a título de ejemplo, cuando al atardecer salimos a los balcones a aplaudir en reconocimiento del valor que ahora tienen para todos nosotros los trabajadores del servicio de la salud.

Hemos sido cómplices de una determinada gestión de la realidad. Lo que ahora denominamos capitalismo no es algo diferente de otras modalidades de una misma ontología que tiene su antecedente más lejano, en la tradición occidental, en el platonismo, al menos en aquel platonismo ascético y moralizanter de algunos diálogos como la República y el Fedón. Lo esencial lo hemos pensado dejando a un lado la vida, la temporalidad, la corporalidad, la contingencia, las cosas concretas y mutables, y por tanto todo aquello que no se puede legislar de manera necesaria con ninguna ley ni modelizar de manera determinista con ningún diagrama porque en las relaciones entre los fenómenos de este tipo no hay equivalencias ni correlaciones, unas relaciones tan imprevisibles como la muerte o tan inintercambiables como la vida de cada uno. Aun así, la realidad es tan tozuda como nuestras razones. Y ahora que ha entrado en el discurso oficial otra verdad que aplaza el final de la historia que había pretendido el Capital, se abre un escenario inédito para el pensamiento que se hace desde las esferas del poder. Habrá que prestar atención a la posible modulación o supresión de la Vida en pugna con el Capital. Y también habrá que ir preguntándonos si, a pesar del baño de cruda realidad de la pandemia del coronavirus, seguimos participando del sueño de una ontología que nos ha hecho creer que podíamos diseñar la realidad como si fuéramos Dioses.

Este cambio de perspectiva nos plantea otra pregunta, ahora de orden ético: ¿qué valor hemos dado hasta ahora a la vida de las personas? Cuando la vida está en juego, no es nada difícil elegir y priorizar lo esencial, dejando a un lado lo superfluo. Cuando un cirujano te pide que vayas pensando en las preguntas que le harás después de una operación complicada, no pienses en preguntarle cuando volverás a conducir o a ir de copas con los amigos, sino si te hará daño la herida o cuando te quitará los puntos. Ahora bien, ¿hay que sufrir una dolencia grave, la pérdida de un ser querido o una catástrofe para aprender una cosa tan importante como saber qué es lo verdaderamente esencial? Se hace difícil de entender, por absurda, el tipo de ficción en la cual hemos vivido y nos hemos educado, porque nos ha llevado a ningunear el trabajo manual, artesanal o específicamente humano que nos pone en relación directa con las necesidades fundamentales que hay que satisfacer, y que también nos ha llevado a despreciar las actividades reproductiva y de cuidados que hacen posible el sostenimiento de la vida. ¿Ya tenemos bastante claro que nuestros gestores de realidades (las élites políticas y económicas) no son más que unos hábiles fabuladores de esencias que hemos querido creer por un grosero cálculo de oportunidades y de placeres?

Fèlix Pardo

Filósofo

Nota: Este artículo es el primero de una serie de tres artículos. El segundo llevará como título “Normalidad? Qué normalidad?”

 


 

Què hi ha de filosofia en la pandèmia del coronavirus? (1)

Cal patir una malaltia greu, la pèrdua d’un ésser estimat o una catàstrofe per aprendre una cosa tan important com saber què és allò verament essencial?

 

En el programa de ràdio i postcast Carne Cruda anomenat “Filosofía para tiempos de coronavirus”, un títol que recorda el del llibre El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez, es pot sentir una conversa entre Marina Garcés, Santiago Alba Rico i Daniel Innerarity que és del tot recomanable. El més interessant d’aquesta conversa, a parer meu, no és tant el que es diu sobre les causes econòmiques i les conseqüències socials i polítiques de la pandèmia del coronavirus, tot i ser ben lúcid, sinó les observacions que fan els esmentats filòsofs per a l’anàlisi filosòfica dels termes i els conceptes utilitzats en les diferents declaracions i deliberacions públiques sobre aquesta pandèmia. Em prenc la llicència de prendre el seu testimoni com si es tractés d’una cursa de relleus oberta a qualsevol corredor. I enceto una reflexió al voltant d’algunes qüestions rellevants per a la filosofia. L’entrevista completa es pot escoltar aquí.

 

Què és allò essencial?

La primera qüestió fa referència al real decret llei que determina les activitats essencials de l’estat d’alarma per a excloure del confinament a una part significativa de treballadors dels diferents sectors econòmics implicats. Perquè aquest decret suscita una pregunta d’ordre ontològic: què és allò essencial? La resposta demana establir una diferència i jerarquia entre diferents realitats. Per una banda es constata el que ja sabíem en la conjuntura actual del capitalisme financer: els bancs i les companyies d’assegurances són essencials. Fins aquí cap sorpresa. El nostre sistema econòmic es basa en el capital monetari, els diners i el deute, el Capital dit de manera substantiva, i bona part de la incertesa que envolta el seu valor s’intenta mantenir sota control amb les assegurances. La sorpresa ha vingut d’un altre costat.

es constata el que ja sabíem en la conjuntura actual del capitalisme financer: els bancs i les companyies d’assegurances són essencials. Fins aquí cap sorpresa. El nostre sistema econòmic es basa en el capital monetari, els diners i el deute.

Ara resulta que per imperatiu legal són essencials un bon grapat d’activitats que abans el govern havia deixat malmetre o bé s’havien deslocalitzat o privatitzat durant dècades, la major part de les quals estan força precaritzades a conseqüència de les accions anteriors, i a més a més han estat invisibilitzades fins a aquest moment. Allò essencial passa a integrar el que s’havia considerat fins ara com el contrari del Capital, i per tant que havia estat barrat al discurs oficial del règim de pensament neoliberal que certifica el que és important en el nostre sistema social. Es tracta d’allò altre al valor de canvi que representen els diners. Davant d’aquesta abstracció, les activitats declarades ara com a essencials representen les regions fàctiques del valor d’ús, i en concret les més properes al sosteniment de la nostra existència.

Ens referim a totes aquelles activitats que garanteixen les dues necessitats vitals de totes les persones, la subsistència, que comprèn l’alimentació entre els propis satisfactors, i la protecció, que comprèn la sanitat i les cures entre altres dels seus satisfactors. Fins i tot alguns responsables polítics ja reconeixen que ha estat una errada (sic) no haver considerat com a estratègics els sectors alimentari i sanitari (convé no confondre aquest darrer amb el farmacèutic, que sempre ho ha estat pel seu volum de beneficis en fer de la salut un negoci), perquè amb la globalització s’ha creat una dependència del mercat exterior en aquests mateixos sectors que pot causar desproveïment davant l’actual emergència sanitària i una futura emergència alimentària, retardant així la resposta governamental. En definitiva, si fins ara hi havia una ontologia dominant que tenia com a essència fonamental el Capital, ara es dóna importància a una altra essència, encara que sigui amb caràcter provisional, que genera tensions amb aquella altra en la seva relació jeràrquica, ja que podria constituir el fonament sobre el qual bastir un nou sistema social en posar la Vida al centre.

Ara resulta que per imperatiu legal són essencials un bon grapat d’activitats que abans el govern havia deixat malmetre o bé s’havien deslocalitzat o privatitzat durant dècades, la major part de les quals estan força precaritzades a conseqüència de les accions anteriors.

El que no hauria d’haver deixat de ser mai una evidència, si el benestar i l’efectivitat en la satisfacció de les necessitats s’haguessin mantingut per damunt del càlcul de beneficis, ara treu el vel de les contradiccions de la societat postindustrial. Els treballs dels operaris del sector primari, en particular en l’agricultura, la ramaderia i la pesca; del sector secundari, en particular en la indústria alimentària, tèxtil, química i farmacèutica, i del sector terciari, en particular d’aquells col·lectius en què la revolució digital no hi ha transformat encara la manera de treballar, com el personal sanitari i de les cures, el personal de neteja, els transportistes i els treballadors del comerç alimentari al detall, entre molts d’altres, han quedat postergats, llevat de les recerques científiques implicades, a les darreres baules en les cadenes de valor, i en conseqüència molts d’aquests treballs no han tingut una reciprocitat, malgrat la seva funció vital, ni en la seva valoració econòmica ni tampoc en la social, abocant a nombrosos treballadors a situacions desfavorables. Només cal recordar la miserable vida dels protagonistes del darrer film d’en Ken Loach Sorry We Missed You (traduïda al castellà com a “Lazos de familia”), estrenat el 2019. Una contradicció que es fa palès, a títol d’exemple, quan al vespre sortim als balcons a picar les mans en reconeixement del valor que ara tenen per a tots nosaltres els treballadors del servei de la salut.

Hem estat còmplices d’una determinada gestió de la realitat. El que ara anomenem capitalisme no és quelcom de diferent d’altres modalitats d’una mateixa ontologia que té el seu antecedent més llunyà, en la tradició occidental, en el platonisme, almenys en aquell platonisme ascètic i moralitzant d’alguns diàlegs com la República i el Fedó. Allò essencial ho hem pensat deixant a un costat la vida, la temporalitat, la corporalitat, la contingència, les coses concretes i mutables, i per tant tot allò que no es pot legislar de manera necessària amb cap llei ni modelitzar de manera determinista amb cap diagrama perquè en les relacions entre els fenòmens d’aquesta mena no hi ha equivalències ni correlacions, unes relacions tan imprevisibles com la mort o tan inintercanviables com la vida de cadascun. Tanmateix, la realitat és tan tossuda com les nostres raons. I ara que ha entrat en el discurs oficial una altra veritat que ajorna el final de la història que havia pretès el Capital, s’obre un escenari inèdit per al pensament que es fa des de les esferes del poder. Caldrà parar atenció a la possible modulació o supressió de la Vida en pugna amb el Capital. I també caldrà anar preguntant-nos si, malgrat el bany de crua realitat de la pandèmia del coronavirus, seguim participant del somni d’una ontologia que ens ha fet creure que podíem dissenyar la realitat com si fóssim Déus.

Aquest canvi de perspectiva ens planteja una altra pregunta, ara d’ordre ètic: quin valor hem donat fins ara a la vida de les persones? Quan la vida està en joc, no és gens difícil triar i prioritzar allò essencial, deixant a un costat allò superflu. Quan un cirurgià et demana que vagis pensant en les preguntes que li faràs després d’una operació complicada, no penses a preguntar-li quan tornaràs a conduir o a anar de copes amb els amics, sinó si et farà mal la ferida o quan et traurà els punts. Ara bé. Cal patir una malaltia greu, la pèrdua d’un ésser estimat o una catàstrofe per aprendre una cosa tan important com saber què és allò verament essencial? Es fa difícil d’entendre, per absurda, la mena de ficció en la qual hem viscut i ens hem educat, perquè ens ha portat a menystenir el treball manual, artesanal o específicament humà que ens posa en relació directa amb les necessitats fonamentals que cal satisfer, i que també ens ha portat a menysprear les activitats reproductiva i de cures que fan possible el sosteniment de la vida. Ja tenim prou clar que els nostres gestors de realitats (les elits polítiques i econòmiques) no són més que uns hàbils fabuladors d’essències que hem volgut creure per un groller càlcul d’oportunitats i de plaers?

 

Fèlix Pardo
Filòsof

Nota: Aquest article és el primer d’una sèrie de tres articles. El segon portarà com a títol “Normalitat? Quina normalitat?”

 

Font: Malarrassa

 

 

 

 

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