¿Qué hacéis aquí?

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Por Prudenci Vidal

No es demasiado frecuente que alguien se encare con algún miembro de La Marea Pensionista por el hecho de que nos manifestemos, hagamos charlas en diferentes poblaciones a lo largo de todo el territorio catalán, antes al contrario, resulta reconfortante que alguien se nos dirija y alabe nuestra dedicación y nuestra tenacidad en la defensa del estado del bienestar del que las pensiones son el pilar de la supervivencia digna en la vejez. Pero si esto resulta, hasta cierto punto, paradójico, que se dirijan con un interrogante como el  titulo este artículo nos deja perplejos porque, a veces, posiblemente demasiadas veces, creemos que nuestro mensaje ha llegado a toda la comunidad. Pero este cuestionamiento debe dar paso una reflexión aún más intensa que la respuesta que dimos a este hombre que nos interrogó.

Cuando la crisis financiera estalló en 2008 con la caída de Lehmann Brothers y se convirtió inmediatamente en una crisis económica, social, política y de sostenibilidad, sacó a la luz muchas de las carencias que arrastran nuestra democracia y las democracias occidentales. Pensábamos que la democracia era un edifico construido y finalizado, cuyas estructuras y fundamentos se asentaban en roca viva, pero no era cierto y por eso surgieron numerosísimos movimientos de protesta de diferente índole pero con un denominador común: la desafección con el sistema político y la crítica a un sistema institucional que se mostró incapaz de gestionar la crisis con la mirada puesta en el interés general, generando una enorme sensación de indefensión y desamparo en el conjunto de la ciudadanía. Asistimos en estos años a una repolitización de la sociedad: creció el interés por los asuntos políticos, los medios de comunicación se llenaron de espacios de debate y análisis político en prime time, asistimos a una gran eclosión de libros, publicaciones y reflexiones que intentaban explicar lo que acontecía, y en los espacios cotidianos: en las puertas de los colegios, en el metro, en supermercado o en las conversaciones de los jubilados al sol matinal y al paseo vespertino se oía hablar de política y de los políticos. Y ante la incapacidad de solucionar problemas , tales como la sanidad, la educación, las pensiones, la dependencia, en fin todo lo relativo a la sociedad del bienestar que habíamos creado durante más de cincuenta años, surgió la idea de crisis de la democracia y un eslogan emergió con mucha fuerza: “ ante la crisis de la democracia, más democracia”.

La crisis había dejado al descubierto los fallos del sistema y se fueron gestando nuevas líneas de pensamiento relacionadas con la democracia participativa, democracia deliberativa o como se definió en Francia democracia de apropiación, una idea de democracia basada en procesos de implicación real de la población asociada en los asuntos comunes, trascendiendo la separación entre gobernantes y gobernados propia de la democracia representativa. Con diferentes matices, estas líneas de pensamiento discurren hoy en día por la vía de incrementar la intervención de la ciudadanía en el espacio público,[ siendo insuficientes los procesos de iniciativas parlamentarias de la población; 36 propuestas de esta índole fueron tumbadas en la mesa del Congreso por los partidos políticos en la anterior legislatura] haciendo realidad la máxima de que sin sociedad democrática no hay política democrática. Y nos podemos preguntar, ¿qué es una sociedad democrática? Sin duda la respuesta es contundente: es aquella en la que la ciudadanía muestra interés, disposición y capacidad de intervenir en  la esfera pública. Es decir, se apropia de ese espacio público, en todo lugar y momento, en un ejercicio de responsabilidad democrática.

La política desde entonces  es una acción social y sus problemas no tienen más que soluciones colectivas; hemos cambiado el rumbo de la política, antes era una propiedad privada de los políticos que, como ahora va a suceder, nos llamaban a votar y prescinden de nosotros durante los cuatro años siguientes: La política hoy es una propiedad compartida en que la sociabilidad compensa las carencias individuales y permite la puesta en marcha de procesos colectivos. Todas las propuestas  de democracia participativa o deliberativa se basan en este presupuesto de entender la democracia como reflexión compartida donde la identificación y defensa de los propios intereses se lleva a cabo discursivamente en un espacio público común igualitario e incluyente, en el cual los movimientos sociales, como La Marea Pensionista, responden perfectamente a estos principios.

La conversación con el compañero que nos interrogó tenía un matiz como si quisiera decirnos: “ Ya tenemos la subida según el IPC, pues qué queréis ahora? Pues como dicen los compañeros franceses del chaleco amarillo: “Queremos la barra de pan entera y no noc conformamos con las migajas…”

Prudenci Vidal Marcos

Miembro de La Marea Pensionista

 

 

 

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