«¿Qué tenéis que esconder?», la gran pregunta en la morgue de Toulouse

La oscuridad que tiñe la muerte de Anza y la actitud oficial hacia la familia se hizo aún más negra a la entrada de la morgue, donde se impidió que un médico de confianza presenciara la autopsia. La Policía utilizó gases lacrimógenos para dispersar a quienes protestaban. Luego se informaba de que el cadáver seguirá en Toulouse para otro posible análisis.

Cerca de un centenar de personas recorrieron todavía de noche los más de 300 kilómetros que separan Euskal Herria de Toulouse. Lo hicieron con la esperanza de contribuir a levantar otra oscuridad: la que pesa sobre la desaparición y muerte de Jon Anza. Acudieron con el convencimiento de que sólo la presión popular evitaría que se realizara una autopsia sin la pre- sencia del médico de confianza de la familia. Querían evitar así que se mantuvieran los interrogantes y se cerrara en falso la investigación sobre el cadáver.

Acudieron incluso representantes de movimientos políticos occitanos. Y, por supuesto, miembros conocidos de la izquierda abertzale, como Miren Legorburu y Txomin Ziluaga, ex presos políticos, amigos y personas simplemente solidarias con la situación de la familia.

Como ya había ocurrido el viernes con el intento de ver el cadáver para su identificación, se encontraron primero con que la fiscal de Baiona, Anne Kayanakis, vetaba al médico de confianza y ordenaba iniciar la autopsia. Y así fue. Mientras, en el exterior las decenas de policías apostados se esforzaban en impedir violentamente que los vascos allí congregados accedieran al interior del edificio.

Pese a ello, hubo quienes, ikurriña en mano, consiguieron esquivar el cerco y acceder a su interior. En ese momento, los po- licías recurrieron a los gases lacrimógenos.

La jornada arrancó para muchos a las 4.30 en la Plaza Saint Andre de Baiona. Allí estaba fijada la primera cita para acudir en caravana hasta Toulouse, arropar así a los familiares de Jon Anza y conseguir que en la autopsia también estuviera el médico de confianza. Rápidamente se formó una caravana de decenas de vehículos que pocos minutos antes de las 8.00 llegaba ya al Hospital de Rangueil de Toulouse.

Para entonces, decenas de policías, incluso con perros, se encontraban custodiando el exterior del edificio del servicio anatómico-forense. Se desplegaron dos pancartas, una en euskara y otra en francés, con la leyenda «Jon Anza, egia nahi dugu!», así como decenas de ikurriñas.

La gélida mañana no tardó mucho en calentarse. Una vez que se supo que habían iniciado la autopsia, sólo faltó que una voz gritara «Denok barrura!». Los empujones y los golpes llegaron en cascada, y acto seguido los policías optaron por lanzar gas lacrimógeno a los rostros de quienes exigían la verdad sobre lo ocurrido a Jon Anza.

En segundos se extendieron por todo el recinto las persecuciones y conatos de cargas, dejando en el suelo a más de un vasco, entre ellos una persona con problemas de asma a la que le costaba poder respirar.

Cargas con gas lacrimógeno

Tras la acometida policial se produjeron rifirrafes verbales curiosos y significativos a la vez, con reproches mutuos, en los que por ejemplo los policías acusaban a los vascos de provocar su respuesta. «Violencia es lo que habéis hecho, esconder un cadáver durante diez meses y colaborar en su muerte, ¡asesinos!», les espetaban los manifestantes, mientras que los policías respondían con frases co- mo: «No, no, no, nosotros no tenemos nada que ver con eso».

No tardaron en llegar más y más policías, todos con material antidisturbio, que también tuvieron que trabajar para desbaratar los siguientes intentos de acceder al edificio sanitario.

Una hora después se informaba de que había finalizado la prueba forense. En ella, los forenses de la capital occitana tomaron muestras que ahora tendrán que analizar los labora- torios, mientras que la autopsia de ayer es aún preliminar. Sus resultados pasarán a la fiscal de Baiona, y será ella la que decida cuáles serán los siguientes pasos a realizar. Si descubre indicios de criminalidad, el cuerpo de Anza seguirá sin ser enterrado o incinerado. En caso contrario -aunque habrá que esperar a los resultados definitivos, que tardarán semanas- será la familia Anza la que decida qué hacer con su cadáver.

En asamblea se informó a los concentrados sobre la finalización de la autopsia. La denuncia se resumió en dos preguntas: «¿Por qué vetan al médico de confianza?, ¿Qué tenéis que esconder?». Nadie respondía en el hospital. Mientras se elucubraba sobre la posibilidad de que Kayanakis acudiera al mediodía en persona al centro occitano, tanto los vascos como los poli- cías se quedaron apostados ante la morgue. También todos los medios franceses y, después, los españoles -quizás tras leer la noticia publicada por "El Mundo"-, que llegaron en cascada durante la mañana.

Se queda allí

Sobre las 12.30, llegaban nuevas noticias, más positivas. El cuerpo de Jon Anza permanecerá allí, y así cabe aún la posibilidad de que la fiscal de Baiona permita que el médico de confianza analice el cadáver. Como la premisa esencial para que la médico de confianza pueda estudiar el cadáver de Jon Anza es que el cuerpo permanezca en el instituto forense, se decidió que así sea. Luego el cuerpo sin vida de Jon Anza será repatriado a Euskal Herria, aunque para ello tendrá que sortear las habituales trabas burocráticas.

Ante la hilera de gendarmes, un «Eusko Gudariak» puño en alto, gritos de «Jon, gudari, gogoan zaitugu» y un irrintzi despidieron al militante fallecido.

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