¿Qué pasa en Irán?

Irán o Persia vuelven a saltar a las primeras páginas de la política internacional. Las informaciones sobre los sucesos que se están desarrollando sobre todo en Teherán (la capital, en la que vive el 12 % de la población) copan los avances informativos de medio mundo. Sin embargo más allá de blogs que siguen minuto a minuto los sucesos, es difícil entender lo que está pasando, de ahí que antes de entrar a intentar explicar la situación actual y las diferencias entres los grupos que se disputan el poder es necesario contextualizar los hechos.
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Contextualizando

Irán o mejor dicho la República Islámica de Irán, es un estado donde viven cerca de 70 millones de personas. Por otro lado cuenta con unas reservas de petróleo comprobadas de 132,5 miles de millones de barriles, es decir las terceras del mundo. Además tiene capacidad militar para cerrar el estrecho de Ormuz (puerta del golfo pérsico al índico) y por donde se circula cerca del 40% de la producción mundial de crudo. En el plano tecnológico Irán ha sido uno de los pocos países capaces de desarrollar una industria automovilística propia, así como agroindustrial armamentística y actualmente incluso nuclear. Ocupa el 18º lugar en cuanto a extensión y población y el 18ª en PIB por habitante. Es decir no es un país cualquiera, es claramente un potencial regional y por lo tanto lo que suceda en las calles de Teherán tendrá influencia a lo largo y ancho del planeta, desde Líbano a Palestina, pasando por el mercado internacional del petróleo, sin olvidar las amenazas israelíes de bombardear Irán en otoño del presente año.

En resumen Persia sigue siendo una pieza clave en lo que en el siglo XIX se llamó el Great Game y que no es otra cosa que la lucha por la supremacía en el Asia central entre los imperios Ruso y Británico; hoy transmutados en el bloque prooccidental y el asiático. No hay que olvidar que Irán comparte frontera con Turquía, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia, y sobre todo con Irak, Afganistán y Pakistán territorios donde actualmente los poderes imperiales occidentales intentan cimentar una ventaja geoestratégica sobre, China Rusia e incluso India.
Aunque Irán consiguiera mantenerse independiente, la vida política del país durante el siglo XX ha venido marcada por una dialéctica entre los intereses de las potencias coloniales y los diferentes movimientos nacionalistas e incluso socialistas que se han desarrollado en el país. Así en 1907 Rusia e Inglaterra se repartieron las zonas de influencia. En 1951 el movimiento nacionalista liderado por Mohammad Mosaddeq llega al poder ganado las elecciones. En marzo del mismo año se decantó por la nacionalización de los recursos petrolíferos, por aquel entonces propiedad mayoritaria de British Petroleum. En 1953 un golpe de estado orquestado por los servicios secretos de EEUU (CIA) y de Gran Bretaña (MI6) llamado Operación Ajax , puso en el poder al Sha Mohammad Reza Pahlevi, que con la ayuda de EEUU y Gran Bretaña organizó la represión a gran escala de todos los sectores de la oposición. Se calcula que la central de inteligencia del Sha organizaba a 60.000 hombres directamente.
La Revolución Iraní

La dictadura prooccidental del Sha acabó en 1979, a consecuencia de la revolución iraniana, un auténtico movimiento de masas que puso fin a una sangrienta dictadura. Una revolución que abrió la puerta de la esperanza de grandes sectores de la población iraní. El proceso revolucionario fue llevado adelante por tres sectores principalmente, uno del partido Tudeh filocomunista, que siguió una estrategia basada en las acciones guerrilleras y una orientación política que podría asimilarse al Frente Popular, argumentando que la revolución debía posponerse hasta después de la consecución de un República Islámica democrática. Estrategia que en la práctica permitió a los sectores religiosos consolidar su liderazgo. En el Islam chií, a diferencia del suní, si existe una jerarquía muy similar a la católica, ya en aquellos momentos la jerarquía chíi tenía 180.000 miembros entre ellos 90.000 mullahs y 50 ayatollahs. Así los predicamentos del clérigo radicalizado Khomeini llegaban a centenares de miles de personas e incluso millones, en las áreas más pobres y rurales del país. Por otro lado existía una nueva clase trabajadora forjada en los años de industrialización, que tras la crisis del petróleo de 1976 sufrió un terrible empeoramiento de sus condiciones de vida así como una represión terrible cuando intentaban organizarse.

En 1977 más de 50.000 pobres de Teherán se enfrentaron a las máquinas excavadoras que intentaban destruir los barrios de barracas de Teherán. En Enero de 1978 en Qom (ciudad natal de Khomeini los estudiantes de teología fueron tiroteados por la policía hecho que desencadenó una huelga.
Después del verano estalló una oleada de huelgas generalizadas, la industria, textil, la de automóviles, la santidad, la papelera, las de herramientas, entre otras, afectando a la totalidad de los centros industriales en especial a Teherán y la ciudad de Ahwaz.
Las demandas iban desde el incremento de salario, así como de pagos atrasados, demandas de derechos democráticos, la muerte del Sha y la venganza contra sus amigos imperialistas americanos, e incluso algunos pedían una república socialista basada en el Islam.
En octubre una huelga general en la acería de Esfahan (en el centro de Irán). Pedía la expulsión de los militares y los servicios secretos de la planta.
En Khuzestan los trabajadores del petróleo fueron a la huelga y sólo permitían la producción de petróleo, destinado a usos básicos. El Sha ante el cariz que tomaban los acontecimientos sacó el ejército a las calles que masacró cerca de 3.000 trabajadores en la plaza Jaleh (Teherán).
Los trabajadores respondieron ampliando la huelga general, los ferroviarios impidieron el movimiento de las tropas de élite, las masas acudieron en apoyo de los trabajadores del petróleo, y los soldados empezaron a confraternizar con los huelguistas, finalmente la monarquía calló el 11 de febrero de 1979. (Extracto de Iran 1979: A revolution that was taken from the working class de Chris Moore).
Durante este proceso los trabajadores empezaron a organizarse en consejos obreros, que fueron llamados Shoras, así como en Rusia se habían llamado soviets o en Chile Cordones. El apoyo de Khomeini constituido por las masas rurales, los chabolistas y la pequeña burguesía, aunque mayoritario socialmente no podía despreciar el poder de la clase trabajadora; que mediante las shoras controlaba la industria del país y por lo tanto tenía que ser tenida en cuenta. Una vez más el papel de los comunistas pro soviéticos, como ya habían hecho en el 36 en Catalunya y Aragón o en Chile en el 71, fue abogar por un pacto de clases. En el caso iraní Tudeh abogó por disolver las shoras hasta estabilizar la situación. La mayoría de los trabajadores, no quisieron abandonar el poder sobre sus vidas que habían conquistado con sangre sudor y lágrimas. Esto obligó Khomeini a lanzar un seguro médico universal entre otras mejoras sociales. No obstante una vez consolidado el poder mediante un referéndum, cuya pregunta era “¿República Islámica Sí o No?” Las fuerzas del estado, llamadas sarcásticamente, guardianes de la revolución, iniciaron una campaña de represión a gran escala, encaminada a acabar con el carácter revolucionario de las Shoras y convertirlos en un engranaje más del control estatal. Una vez purgados, las nuevas Shoras prohibieron el derecho a huelga y a manifestación en las fábricas.
De los 80 a la actualidad

A finales de 1979 la organización de estudiantes daftar-e tahkim-e vahdat (Oficina para consolidar la unidad), uno de cuyos principales dirigentes era el actual presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ocuparon la embajada estadounidense durante 444 días manteniendo secuestrados a decenas de rehenes. EEUU animó al Irak de Sadam Hussein a invadir Irán, dando origen a una terrible guerra que duró desde 1980 hasta 1988. Guerra que se cobró cerca de un millón de muertos y dos millones de heridos. Guerra en la que Irak utilizó armas químicas fabricadas en EEUU y Rusia. Khomeini también utilizó la guerra para afianzar su poder y en 1983 atacó a Tudeh y al resto de organizaciones de Fedayines hasta acabar con ellas.

En 1989 muere Khomeini y desde entonces se desarrollan diferentes batallas por el control del país entre los diferentes sectores que llevaron al triunfo a la facción religiosa. Por una lado los sectores pro occidentales y partidarios de las privatizaciones así como de ciertos derechos democráticos (en palabras de los medios de masas “reformistas”) y entre los clérigos partidarios de mantener el poder estatal y la ortodoxia religiosa (“conservadores”).
A la muerte de Khomeini fue nombrado presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, millonario y figura de consenso entre los sectores, ya que por un lado se declara ortodoxo respecto a la religión, pero en cambio es favorable al entendimiento con EEUU. En 1997 le sucede el neoliberal Khatami que prolonga su mandato hasta 2005. Apoyado por EEUU y la UE lanza un paquete de reformas neoliberales que generan un gran descontento entre las clases populares iraníes, a la vez, que bajo su mandato la policía disparó a estudiantes en huelga.
En 1995 llega al poder Mahmud Ahmadineyad, que había sido alcalde de Teherán, periodo durante el cual, siguiendo el precepto religioso de la caridad había lanzado programas de ayudas sociales destinadas a paliar los efectos de las políticas neoliberales de Khatami.
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Hoy por Hoy

Así llegamos a las elecciones de este año, con la invasión de Irak de por medio, el agravamiento del conflicto palestino, la guerra del Líbano, el conflicto nuclear y la crisis económica, que ha llevado a Irán a tener una inflación del 25%.

Aunque esta parte haya podido resultar un poco larga creo que era necesario detenerse en la explicación de quién es quién, para no caer en el maniqueísmo de buenos y malos y para dejar claro que para los y las revolucionarias el modelo de República Islámica no es ni de lejos un ejemplo a seguir.
Ha sido curioso cómo durante la campaña electoral, desde occidente se ha puesto el énfasis en apoyar los “reformistas”, sería mejor decir neoliberales, Mir y Mehdi Karrubi ambos en la orbita del multimillonario y prooccidental Akbar Hashemi Rafsanjani y se ha demonizado a Mahmud Ahmadineyad, ferozmente antiimperialista pro ruso y pro-chino, a la vez que aliado de Hamás y Hezbollah.
Después de las elecciones cuyo resultado ha sido muy claro 62,6% para Ahmadineyad y 33,7% para Hosein Muravi (con un 85% de participación) los partidos “reformistas” han lanzado el mensaje de pucherazo. Los medios internacionales se han hecho eco del mismo, utilizando la excusa de la ausencia de observadores internacionales. Es curioso que cuando un candidato prooccidental fue acusado de victoria fraudulenta por otro nacionalista en México los medios de masas no dieran crédito y llamaran a la calma y a la aceptación de los resultados. Deviene todavía más curioso cuando en México más de un millón de personas acamparon pidiendo un recuento y la UE hizo mutis y se utilizó toda la artillería mediática para calificar a Calderón (un candidato no del agrado de Bush y por ende de occidente) de loco y de aventurero.
Parece ser que en Irán se intenta patrocinar una nueva revolución naranja, como las acaecidas en Ucrania, o Líbano, donde “prohombres” demócratas, curiosamente todos inmensamente ricos utilizaban al pueblo para consolidar su asalto al poder.
Prometiendo reformas democráticas que han ido quedando por el camino. Es necesario recordar que Musaví y Karrubi han obtenido su apoyo entre las personas más acomodadas de Teherán y otras de ciudades importantes. Incluso no han sido vencedores en sus provincias de origen, mientras que Mahmud Ahmadineyad ha obtenido su apoyo en las zonas más pobres del país.
Musaví y Karrubi, hablan de pucherazo, a diferencia de lo que pasó en México en 2006 con la elección presidencial o aquí mismo hace unos días con el voto para II-SP en las europeas, la junta electoral dirigida por el jefe de estado Alí Jamenei ha prometido investigarlo.
En la elección de Bush contra Al Gore el resultado en Florida, que a la postre llevó a Bush la Casa Blanca, se publico un mes después de las elecciones, envuelto en sospechas de fraude. Según Greg Palast periodista de The Guardian, en el año 2000 cerca de 97.000 afro americanos y latinos pobres les fue denegado el derecho a voto acusados de criminales, por una empresa privada, contratada por el gobernador de Florida, por aquel entonces Jeff Bush, hermano de George Bush. Empresa que debía eliminar del registro de votantes a todos los criminales. Pues bien de los 94.000, supuestos criminales, 91.000 resultaron ser inocentes, y es bastante de suponer que entre estos 91.000 votos Al Gore hubiera obtenido los 537 votos que le hubieran conducido a la Casa Blanca.
En resumen, la intención es dejar claro que el interés por la limpieza electoral tiene que ver, más con el resultado del pucherazo (es decir de que bando es el ganador) que con la magnitud del mismo.
Ya ha quedado claro que Irán se está jugando una partida muy delicada, en la que el pueblo iraní no lleva las riendas del juego y es utilizado únicamente cómo caballo de tiro.
Para finalizar es necesario decir que:
– Primero: que se recuenten los votos las veces que haga falta, en Irán y en todos los lugares donde alguien lo denuncie.
– Segundo: que nadie se deje engañar por la retórica de la voluntad mayoritaria de la supuesta “comunidad internacional”, que no es otra cosa que la voluntad del imperio con traje democrático.
– Tercero: en Irán ni los conservadores ni los reformistas representan una alternativa real para los trabajadores y trabajadoras ya que ambos sectores (los burgueses prooccidentales y la oligarquía religiosa) utilizan las ansias de bienestar y democracia del pueblo para fortalecer sus posiciones.
Desde este lado del mundo es necesario posicionarse contra toda tentación imperialista de intervenir en la zona, ya sea norteamericana, israelí, europea o rusa…situarse contra la represión de manifestantes y periodistas, así como constatar la necesidad acuciante en todos y cada uno de los rincones del planeta de la constitución de fuerzas de anticapitalistas arraigadas en la clase trabajadora que permitan a esta luchar de manera independiente sin subordinar sus intereses a ninguna oligarquía.
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