¿Qué dicen algunos cubanos?

“Sí, me enteré de las destituciones por un amigo”, me responde Walfrido Peña (43 años, mecánico) a propósito de las cesantías y cartas de renuncia de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, quienes hasta hace tres días fueran hombres claves del gobierno cubano y el primero del Partido Comunista de Cuba.

“Oigo lo que comentan mis compañeros de trabajo, pero hace rato que no sigo las noticias, y agrega, “¿para qué?”

Walfrido es un hombre que se muestra distante del acontecer de su país. “Solo me interesa la pelota, lo demás siempre es lo mismo”, acota.

No es un caso aislado, más no la generalidad. Miriam (20 años, estudiante) va rumbo a la Universidad de La Habana. La intercepto. Acepta opinar, pero como la mayoría, a cambio de no grabar ni filmar, anotar sí. Aceptado. Ella sí leyó los cambios en el gobierno, la “Reflexión” de Fidel y las renuncias de Lage y Pérez Roque.

“Quiero estar al tanto de lo que pasa”, dice, pero confiesa estar “insatisfecha. Nada está claro, como debiera”. Opina que la falta de claridad se debe a que no se han publicado “los errores de los compañeros destituidos, mucho más en figuras como Lage y Felipe”, señala. “¿En que fallaron? ¿Por qué son indignos? ¿Se pasaron al enemigo?”, pregunta y agrega que “si Fidel dijo, que además de endulzarse con el poder se hicieron graciosos al enemigo, ¿hay traición?”.

Miriam busca la hora en su reloj pulsera. Hago dos lecturas de este gesto: o quiere ponerle fin a la conversación o realmente se le hace tarde para llegar a sus clases.

“Debieran explicarnos los motivos y sin temor. Todos los gobiernos mueven sus gabinetes; no es la primera vez que pasan cosas como estas”, anota. “Mi papá me ha contado que en otros casos se ha dado la información…Creo que hoy nos la merecemos” y se marcha hacia la escalinata universitaria.

Miriam no menciona los nombres de los casos que le recordó su padre. Asumo que se refiere a Juan Carlos Robinson, miembro del Buró Político, que incluso fue sancionado a 12 años de cárcel; o al de Roberto Robaina, ex-canciller, sustituido precisamente por Pérez Roque, o el de Carlos Aldana, considerado en los años 90 como el tercer hombre en la jerarquía política; o más atrás en el tiempo el de Luis Orlando Domínguez, miembro del equipo de apoyo del ex-presidente Fidel Castro, destituido y sancionado a prisión.

Por la calle Ronda, a un costado de la Universidad, baja un hombre de unos 60 años. Camina apurado y lleva una bolsa de compras en la mano. Al verme con la grabadora y la identificación de Prensa, no me deja acabar la pregunta. “Yo le mato la jugada rápido; estoy de acuerdo con todo lo que diga Fidel”. Sonriente sigue su rumbo.

Para alguien que se identifica como Eduardo —nombre que no le creo y que también pidió “nada de grabación ni fotografías”—, “el asunto es serio y como no hay suficiente información, solo queda hacer conjeturas”, dice. Invito a que especule.

“Me inclino que las razones son políticas…quizás eran hombres con pensamiento diferente al que prima en el gobierno”, dice. “Ambos son más jóvenes que el promedio de edad del resto y los dos han tenido que ver con la política internacional”. Recuerda que Lage ha representado al país en diferentes eventos internacionales “en sustitución de Fidel” y agrega: “Felipe (Pérez Roque) tuvo mucho que ver con que España y los europeos volvieran tener buenas relaciones con nosotros, también México.”

“Eduardo”, mediana estatura, pelo entrecano y que aparenta unos 70 años, parece estar bastante al día del acontecer nacional. Para motivarlo más le digo que la política exterior de un país la traza el gobierno del que participa el ministro del ramo, quien por demás la ejecuta.

“Fidel ha sido el gran estratega”, afirma, “pero la política exterior y la interior están muy relacionadas…y en este momento de grandes acercamientos pueden colarse adentro, ¿me entiende?”. Respondo con un movimiento de hombros ante lo que él se ríe.

“Raúl está buscando un equipo de su confianza para tener mayor seguridad en la penetración de afuera y más control de los cambios que haga aquí”. Eduardo se marcha sin prisa por la calle L hacia la avenida 23.

En la esquina de 23 y J hay una estatua de El Quijote. Cerca está una parada de autobuses, punto por el que muchos jóvenes pasan camino a la Universidad o hacia el hospital General Calixto García.

No lleva bata blanca de estudiante de medicina o de médico ya graduado, mas sí una mochila al hombro. Me mira con recelo, muestro la identificación y “sí”, pero con iguales condiciones que los anteriores entrevistados. Acepto.

“Una de las cosas que me llama la atención es que todos los destituidos fueron ratificados durante la Asamblea del Poder Popular del año pasado”. Se refiere a la 7ma, Legislatura efectuada el 24 de febrero del pasado año, fecha en la que asumió la presidencia el General Raúl Castro Ruz.

“¿Es que en un año cometieron esos fallos?” Se acomoda la mochila y prosigue: “Hay que institucionalizar el país, como dice Raúl. La Asamblea Nacional (parlamento cubano), debió discutir y analizar estos casos, no dejarla para que en los próximos meses apruebe los cambios”.

Comienza a caminar atravesando el parque. “No veo con claridad lo que está ocurriendo, pero algo pasa”.

Regreso a la parada de autobús. Cubre la cabeza con una gastada gorrita de del equipo de béisbol Industriales, lleva espejuelos y se cubre con un suéter gastado. “Vaya maní…maní”, pregona sus cucuruchos entre los viajeros que esperan por su autobús. Me acerco, cree que le voy a comprar y no lo frustro. Sin abrir el cucurucho lanzo mi pregunta a la manera de una curva afuera.

“Mi política es el maní”, responde. No se fue con la curva.

Unos cubanos opinan, otros no; sin embargo las remociones y restructuración del gobierno cubano son la comidilla diaria, especialmente los casos de Carlos Lage y Felipe Pérez Roque.

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