Puerto Rico. Narradoras del Caribe Hispano de Centeno Añeses: un libro imprescindible

Por Esther I. Rodríguez-Miranda

este texto sobre literatura y crítica feminista es el mejor homenaje que podemos hacerle a todas las víctimas de violencia de género

La crítica Hortensia Moreno, en su artículo “Crítica literaria feminista”, nos dice: “La crítica literaria feminista es un discurso que reflexiona sobre el poder, la jerarquía y el dominio masculino en el ámbito cultural. Desde luego, persigue una lucha política, una lucha que empieza con el reconocimiento de la legitimidad de las escrituras de las mujeres, de su tradición literaria y estrategias literarias que implican y demuestran la opresión masculina”.

La doctora Carmen Rita Centeno Añeses nos presenta un proyecto acorde con estos ejes en su obra Narradoras del Caribe hispano. Como veremos hay ciertos valores que conducen el análisis de las obras investigadas: 1. el poder sobre el cuerpo femenino y cómo las mujeres (personajes de las obras) lo trasgreden; 2. una lucha política por visibilizar los lugares colonizados u oprimidos; 3. el dominio masculino sobre las decisiones de las mujeres y su lucha en contra de estas sujeciones; y 4. una verdadera emancipación de los discursos hegemónicos masculinos, a favor de una propuesta inclusiva contra el patriarcado y el androcentrismo.

El texto bajo estudio se compone de siete ensayos que evocan el vaivén del mar Caribe, pues no se separan los ensayos por países, sino que la crítica mezcla los análisis de las obras de estas mujeres caribeñas y así vemos investigaciones que provocan el diálogo entre textos publicados en fechas apartadas y de distintas procedencias dentro del escenario caribeño.

Llama la atención la portada del texto, una fotografía titulada “Loíza después del huracán María” por Álvaro Aponte Centeno. Provoca misterio por la tonalidad azul violácea de la imagen. En ella, aparece una casa cerrada, inaccesible por las inundaciones. La imagen evoca la atmósfera del libro, silencios provocados por fuerzas externas, catástrofes causadas por el ser humano, cambios climáticos, la posición geográfica desde donde surgen los textos y la crítica de estos, y más que todo: anuncia las interrogantes con las que comienza el texto y nos advierte de las muchas más interrogantes que tendremos cuando acabamos su lectura.

Primer eje

Uno de los temas recurrentes en toda obra feminista es el del cuerpo femenino, quién lo controla y cómo se libera. Centeno Añeses no hace una tesis sobre el cuerpo femenino en su texto, pero si ilustra muy bien como las autoras exponen este proceso en la sociedad. Escoge cinco autoras que denuncian en sus textos el abuso físico y las violaciones sexuales por las que pasan sus personajes. El texto de Ana María Fuster Lavín nos muestra violación a niñas y adolescentes, igual que los de Yolanda Arroyo Pizarro. La crítica literaria (Centeno) escoge unos pasajes sobre acogedores y precisos, para crear un impacto en la lectura y que el público se estremezca. Logra provocar la misma incomodidad que la obra original y plantear una denuncia sobre el silenciamiento de esta práctica en la sociedad patriarcal.

El análisis que la autora hace de las escenas sexuales en los textos es muy sugerente. La lectura sobre la subversión de valores en la obra Fe en disfraz expone los tabúes que siguen existiendo en torno a la mujer negra y su sexualidad. La imagen del amo y la esclava que se repite en la historia, le sirven a la autora para discutir como dichos patrones existen en el 2018. Valiéndose de estudios sobre la sexualidad, como los de Pierre Bordieu, la crítica reflexiona sobre las relaciones entre raza y género. Se vale de este eje para analizar la liberación sexual que se promueve desde la literatura, para salirse de las reglas impuestas por el androcentrismo. Nos quedamos con una duda: ¿por qué la mujer negra decide ponerse el arnés y tener una relación sexual dolorosa? ¿Por qué busca la mujer el dolor? De ahí que este texto, provoca que queramos ir al texto original y consumirlo. Como buena crítica , Carmen Centeno invita a la lectura de los textos que estudia.

Dentro de este control del cuerpo femenino, la autora destaca el tema de la maternidad en algunos de los textos estudiados. En vez de presentarnos lo que se pensaría es un discurso tradicional feminista, en el que los personajes promueven el control del cuerpo femenino y un detallado proceso del aborto, la crítica enfatiza su análisis en cómo maternidad y sexualidad son dos elementos distintos. Nos presenta como en Marx y mis maridos, el personaje creado por Lourdes de Armas, sufre porque su pareja le exigiera abortar. El hombre violenta a la mujer hasta en su deseo de ser madre. En los textos de Yolanda Arroyo Pizarro, las mujeres son bisexuales que pueden estar casadas y con hijos y tener amoríos y relaciones extramaritales con otras mujeres. La relación heteronormativa pierde importancia, mientras que la maternidad sigue siendo central para sentirse mujer. Por lo tanto, la crítica nos problematiza la visión del feminismo tradicional por uno fluido donde la maternidad se convierte en una ficha con distintos valores, según la voz que la presente. Es interesante este planteamiento, sobre todo en un mundo de avances médicos azarosos, en el que ya la biología ha logrado crear un embrión sin la necesidad de un espermatozoide. ¿Cómo sería el mundo sin hombres? ¿O, sin la necesidad de un hombre para pro-crear? ¿Cómo cambiaría la relación de la mujer con su cuerpo? ¿Y la relación de la mujer con los hombres en general? Como les advertí el texto nos deja con más preguntas que respuestas.

Segundo eje

Además del control físico que los hombres, tradicionalmente, ejercieron sobre las mujeres, también está el dominio masculino sobre las decisiones de las mujeres y su lucha en contra de estas sujeciones. La crítica nos presenta como la locura femenina ha sido una herramienta en contra de la emancipación de la mujer. Al analizar personajes como los de Ana Lidia Vega Serova, Ana María Fuster Lavín, Mayra Santos Febres, Yolanda Arroyo Pizarro y Rita Indiana, Centeno focaliza su análisis de estos personajes femeninos con traumas psicológicos para exponer el impacto que tiene el poder hegemónico androcéntrico sobre el desarrollo emocional y mental de la mujer. Por ejemplo, en el texto de Ana Lidia Vega Serova, la protagonista, Alia, se considera abyecta por ser mitad cubana afrodescendiente y mitad rusa, viviendo en Rusia. La figura en la que se supone que pueda confiar, su madre, la rechaza. Lo interesante de esta historia es que es un bildungsroman, la autora rompe las barreras de este género centrado en el hombre para darle fuerza a la historia de una mujer maltratada.

Centeno logra muy bien la comparación de Alia con Mariana, la protagonista de la novela de Fuster Lavín, Mariposas negras. Esta es hija de una madre alcohólica y prostituta en ocasiones. Vemos una vez más ese cuestionamiento por parte de las autoras sobre la maternidad y sus variantes positivas y negativas.

Tercer eje

Otro de los ejes del libro es la preocupación por el medio ambiente que muestran las autoras bajo estudio y que muestra la propia crítica con la portada de su libro. Se asocia la figura de las mujeres a las del ecosistema, por ser la Tierra representada como fuerza femenina. Valiéndose del concepto del cronotopo de Mijael Bahktín, la autora de este libro nos muestra como el ambiente refleja las características de estas obras abiertamente femeninas y críticas del mundo hegemónico patriarcal en el que se desarrollan las historias.

Este eje resulta uno muy variado pues asistimos a una República Dominicana que juega con el tiempo narrativo y nos presenta el pasado colonial, el presente globalizado y posmoderno, influenciado por el mercado estadounidense, y el futuro ficticio y sincrético. Chocamos con un Haití natural, incomprensible a los conocimientos científicos de académicos del Norte. Además, nos encontramos con una Habana irónica que subvierte el rol del hombre revolucionario por el de una mujer crítica de la revolución comunista. Llegamos hasta Rusia, a visitar múltiples ciudades, siguiéndoles la pista a hippies que en el expresar el amor libre imponen sus miembros a adolescentes tímidas. Sin embargo, es en las obras de las autoras puertorriqueñas, que Centeno nota un compromiso entre las voces narradoras y el medioambiente. En ambas obras de Yolanda Arroyo Pizarro, aparecen personajes asociados con organizaciones que luchan por las causas sociales como Amnistía Internacional o Amigos del Mar. Mujeres comprometidas con el futuro del país.

En el primer ensayo, cuando la crítica discute los textos de Magali García Ramis, Marta Aponte y Mayra Montero, esta muestra como las autoras, a través de sus personajes hacen una representación del espacio caribeño. En el caso de Aponte es interesantísimo como esta narra la mirada que de Puerto Rico tienen los extranjeros. Lo hace en textos como Sexto sueño, desde la medicina sin escrúpulos, en PR3 Aguirre desde la visión voraz del desarrollo y en el caso en cuestión en los cuentos de La casa de la loca lo hace desde la fotografía imperial. Centeno visualiza muy bien el gesto imponente del gobernador al que le toman una foto, cual conquistador de tierras nuevas, del civilizado sobre el salvaje. La crítica nos apunta hacia la ironía textual de Aponte que utiliza las imágenes y el lenguaje escatológico para, en un primer plano retratar la isla, y en el subtexto, retratar la ignorancia del visitante. Hay una imagen que la crítica señala en las obras de Aponte y Montero con la que nos quedamos con el deseo de saber más: Puerto Rico o espacios limitados en Puerto Rico como análogos de un campo de concentración. ¿Por qué escogerán estas imágenes las autoras? ¿Es un campo de concentración para todos o solo para las mujeres? ¿Esta imagen permanece en nuestro pasado, en el futuro o el presente?

Cuarto eje

El último eje que discutiremos es el de una verdadera emancipación de los discursos hegemónicos masculinos, a favor de una propuesta inclusiva contra el patriarcado y el androcentrismo. Esto las autoras lo logran a través del uso del tiempo histórico, de la incorporación de las tecnologías a sus historias y textos, y a través de una defensa de todos los seres humanos, heterosexuales, homosexuales y transgéneros.

Centeno analiza de manera maravillosa el uso que las autoras hacen de los tiempos históricos. Por ejemplo, nota el uso de la epístola en Las horas del sur, para posicionarnos a finales del siglo XIX, nota el tiempo cibernético de Fe en disfraz y apunta a un tiempo atemporal, que ella marca entre lo orgánico y lo tecnológico. Esta observación de la crítica nos parece importante para apuntar hacia la modernidad de las narradoras y su inclusión imponente dentro del mundo cambiante de los avances tecnológicos. La crítica nos presenta personajes involucrados en la lucha social, a través de todas las plataformas; como sucede con La mucama de Omincunlé. En esta obra Rita Indiana mezcla música, textos, obras de arte y hasta pastillas mágicas o futurísticas para criticar los gobiernos totalitarios y la imposición de una sola norma cultural. Todas las autoras se rebelan contra las reglas y apuestan a una modernidad inclusiva.

Carmen Centeno quiere, a través del texto, analizar las denuncias sociales que los textos literarios encierran. Busca entender cuál es el propósito escritural de las narradoras y qué es lo que quieren denunciar. Sin saberlo o conscientemente, nuestra autora hace lo mismo: denuncia la poca crítica literaria que hay sobre la obra de mujeres en general y en el Caribe de forma más profunda y alarmante. Al publicar este libro, le da visibilidad no solo a estas escritoras caribeñas, sino a los problemas de todas las mujeres caribeñas que habitan estas islas encadenadas y a las mujeres del mundo entero.

Por último, a mi entender estas autoras exponen su mejor arma transgresora a través del uso que hacen de la intertextualidad. ¿Con quiénes dialogan estas autoras y por qué? Arremeten contra sus predecesores que no les dieron voz desde los artistas clásicos y el cristianismo hasta la modernidad cambiante. Por eso, no creemos correcto hablar de parasistismo como dice David Cowart, sino remitirnos a la tradicional intertextualidad, donde es un acto de comunicación directa y no de usurpación del diálogo con los que vinieron antes. Increíble que hasta la crítica moderna también pormenorice nuestra capacidad de dialogar con el canon. Como cita Centeno de Slavoj Zizek: “Estamos, efectivamente, llegando, a un mundo multicéntrico, lo que quiere decir que necesitamos cuestionamientos nuevos…” (112).

En tiempos como los que vivimos, cuando la respuesta a colectivos feministas en contra de la violencia de género es precisamente la violencia a través de una fuerza de choque, en un año como este en que 27 mujeres fueron asesinadas a causa de los impulsos de sus parejas y exparejas, nos parece que este texto sobre literatura y crítica feminista es el mejor homenaje que podemos hacerle a todas las víctimas de violencia de género y a todas las mujeres puertorriqueñas que componen nuestra sociedad.

 

Fuente:

Moreno, Hortensia (1994): Crítica literaria feminista. En: debate feminista, año 5, vol.9, marzo 1994. p.107-112.

(https://www.lai.fu-berlin.de/es/e-learning/projekte/frauen_konzepte/projektseiten/konzeptebereich/mo_critica/contexto/index.html)

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www.80grados.net/narradoras-del-caribe-hispano-de-centeno-aneses-un-libro-imprescindible/

 

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