Puerto Rico. Los muertos hablan

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El pasado 20 de septiembre, cuando cedieron los vientos de María y salí por el portón de mi casa supe que nada sería igual en Puerto Rico. En ese momento milagrosamente me entró un texto de la colega Frances Robles, del New York Times, dónde me preguntaba cuál era la historia más importante y, aunque aún no entendía bien el nivel de la devastación que había dejado atrás el huracán en menos de 12 horas, alcancé a decirle en ese último suspiro de señal, que no sabía, pero que esto era lo peor que había visto yo en mis 45 años de vida. 48 horas más tarde, ya estaba clara en lo que estaba pasando.

Foto por Abimael Medina | Centro de Periodismo Investigativo

La devastación del huracán María en Cayey, Puerto Rico

 

La devastación de este huracán era de una magnitud abismalmente distinta a los anteriores en nuestra historia moderna. Como bien saben todos los que están aquí, la isla completa quedó sin electricidad, sin telefonía, sin internet, sin supermercados, sin acceso en las carreteras, sin combustible, y sin medios de comunicación.

Los periodistas, al igual que otras profesiones de primera respuesta, aparte de pensar en la familia, teníamos la urgencia de salir a indagar y a reportarle a los ciudadanos lo que estaba pasando. Confieso que yo no sabía por dónde empezar.

Sin embargo, comencé a recibir rápidamente relatos de personas vinculadas a la industria de la salud y a labores de rescate y seguridad que apuntaban a una rápida acumulación de muertes por las difíciles circunstancias que había dejado atrás la tormenta, acumulación de muertes que no estaba siendo reconocida, ni reportada por los principales oficiales del gobierno en sus apariciones públicas y radiales.

Archivo CPI

Héctor Pesquera en el Centro de Convenciones durante los días que sirvió como lugar de trabajo del Gobierno central.

Los primeros días, el gobernador Ricardo Rosselló hablaba de seis muertes. A los dos días del huracán, un policía me habló de que solo en Aguadilla habían visto nueve muertes por el huracán, y dos fuentes me habían dicho que solo en sus dos hospitales, en dos días, habían muerto 16 por problemas de electricidad y servicios en las instituciones. En Puerto Rico hay 68 hospitales y 78 municipios; los números no cuadraban.

Nuestra investigación comenzó así, a dos días de María con una incongruencia clara entre lo que decían las autoridades y lo que se veía y se escuchaba en la calle. Nosotros decidimos ver la realidad que se desarrollaba ante nuestros ojos, y evidenciarla, en vez de mirar hacia otro lado. decidimos documentarla y contarla porque era una historia importante, la más importante que estaba viviendo Puerto Rico. Era la historia que estaba costando vidas y que podía salvar vidas, miles de ellas, ahora sabemos, y, si la vida no es importante para una sociedad, ¿qué lo es?, y entonces, ¿en qué tipo de lugar estamos viviendo? Vale la pena hacernos esta pregunta y hacérsela a aquellos en los que depositamos nuestra confianza y nuestro dinero para que nos protejan y nos guíen. Vale la pena hacerla una y otra vez, y no parar hasta que nos demuestren nuestras instituciones, públicas y privadas, que se han corregido las fallas que llevaron a esta gran tragedia.

Archivo CPI

Residentes de Cayey abastecieron sus suministros de agua en los riachuelos y quebradas cercanas.

Digo esto, porque, aunque frecuentemente se culpe a la tormenta por las muertes, la mayoría de ellas no ocurrieron ese día, ni el día después, por los vientos y las inundaciones. Ocurrieron semanas y meses después por el penoso estado de nuestra infraestructura y la falta de preparación del gobierno de Puerto Rico y del gobierno federal, así como su pobre respuesta tras el evento. Fallaron todos nuestros sistemas de servicios básicos, nuestro vergonzoso sistema eléctrico, nuestro defectuoso sistema de salud, y las comunicaciones.

Por esto es importante investigar e informar, para saber qué pasó y porqué y poder corregir y enmendar. Si no sabemos por qué y dónde ocurrieron las muertes, ¿cómo podemos evitarlas en un evento futuro?

Suministrada

Ricardo Rosselló en una visita a la Casa Blanca

Sin embargo, es mi crudo juicio que la vida de los puertorriqueños no le importó mucho al gobierno de Puerto Rico que prefirió enfocar sus recursos en manejar la proyección de su imagen y su “exitosa” labor de respuesta, en vez de investigar y entender lo que estaba ocurriendo y decir la verdad, para mitigar el impacto, y para orientar mejor y apoyar a los ciudadanos vulnerables. En vez seleccionar los hospitales que mejor estaban, darles herramientas y canalizar los pacientes a estos lugares, dijeron que prácticamente todos estaban abiertos y “operacionales”, cuando en realidad, muchos estaban sin electricidad o combustible, sin suplidos, y en condiciones insalubres.

En vez de habilitar albergues para los pacientes dependientes de oxígeno, diálisis, y de otros tratamientos especializados, los mandaban a esos mismos hospitales, hacinados. En muchos casos esta directriz del gobierno resultó ser una sentencia de muerte.

Foto por Ramón Espinosa | Prensa Asociada

Lady Diana Torres, izquierda, y su hija Paula Nicole López, muestran fotos de Orlando López Martínez, quien falleció el 10 de octubre.

Como en el caso de Orlando López Martínez, de 48 años, quien falleció porque tuvo que interrumpir su tratamiento de diálisis en aguadilla. atrás dejó a su hija de 10 años, Paula Nicole, afectada grandemente.

El gobierno federal por su parte, eligió hacerle sombra al gobierno de Puerto Rico, callar y evadir su responsabilidad, porque al final del día, todos estos hospitales también reciben fondos federales. Pudieron haber fiscalizado e informado sobre el estado de estas facilidades con honestidad, y pudieron haber traído mucha más ayuda, con mayor rapidez y menos burocracia. Con examinar el caso del buque hospital USNS Comfort tenemos: vino a llegar a Puerto Rico en octubre, y tenía unos protocolos de admisión imposibles que terminaron en una subutilización crasa del recurso.

Ninguno quería hablar del tema de las muertes, pero todos lo sabían. El secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado, uno de los principales responsables y el funcionario que más ausente ha estado durante todo el proceso, hasta el día de hoy, sabía que eran muchas más las víctimas de María porque nos lo dijo en una entrevista el 26 de septiembre. Lo tenemos grabado. Fue la última vez que nos concedió una entrevista.

También lo sabían el gobernador y el secretario de Seguridad Pública, Héctor Pesquera, y todo el que quiso escuchar, pues el 28 de septiembre, a sólo ocho días del huracán ya habíamos publicado evidencia de casos de muertes que no estaban en la lista oficial del gobierno. A base de los testimonios que habíamos recogido, habíamos proyectado que eran cientos, no 16.

En las semanas que siguieron, nosotros y otros medios de comunicación, mayormente de Estados Unidos, publicamos más evidencia hasta que en noviembre difundimos una primera lista con 47 nombres de víctimas adicionales a las 55 que ya tenía acumulada a regañadientes el gobierno. Tampoco quisieron escuchar. En vez, Pesquera se dedicó a amenazar a algunas de nuestras fuentes.

Pedimos entrevista con el gobernador en múltiples ocasiones para discutir el tema, desde la primera semana de octubre; nunca la concedió.

Pero es imposible esconder a los muertos, porque tienen familiares y amigos que sí los valoran, y hablan por ellos. Fueron las propias víctimas, a través de sus seres queridos y del periodismo de investigación, las que han que contaron la historia que los dos gobiernos, el de Puerto Rico y el federal, querían ocultar, invisibilizar y borrar en aras de proyectar una respuesta exitosa al desastre.

Hoy sabemos que no son 16, ni 64 los muertos del desastre sino alrededor de 3,000 las personas que murieron por circunstancias vinculadas a la emergencia. La cifra es una proyección estadística de exceso de mortalidad, que el gobierno ha aceptado como el estimado oficial de muertes, pero su lista oficial de víctimas continúa, a un año del evento, en 64.

Sin embargo, gracias al periodismo de investigación y de colaboración, entre el CPI y nuestros aliados tenemos documentadas ya 487 de las muertes con nombre y apellido, y sus historias.

¿Cómo llegamos ahí y probamos que el gobierno estaba errado? Echando mano a las herramientas clásicas del periodismo desde el día número dos, de la entrevista, de los documentos y de la observación, ante el colapso de las comunicaciones y la tecnología, además, buscando alianzas y ayuda cuando se hizo evidente la enorme magnitud de la tarea que teníamos por delante.

Ante la incapacidad y falta de voluntad del gobierno de recopilar información veraz sobre lo que estaba ocurriendo y su negativa compartir lo poco que tenían, comenzamos a ir personalmente a los pueblos, a las fuentes directas, de manera estructurada, y creando nuestras propias bases de datos. Primero era yo sola, a las dos semanas sumamos una segunda periodista, Jennifer Wiscovitch, y nos dividimos la isla en dos. Había que visitar los municipios una y otra vez, en persona, por los problemas en las comunicaciones, para ir documentando los casos con evidencia. En noviembre, quartz.com, un medio digital especializado en datos, nos hizo un acercamiento para colaborar, automatizar el proceso de entrevistas y poder manejar el alto volumen de casos que estábamos viendo. Así lo hicimos.

Foto por Juan Costa | Centro de Periodismo Investigativo

Vista judicial de la demanda de acceso a la información llevada por el CPI contra el Registro Demográfico

 

En febrero, decidimos que era hora de demandar al gobierno ante su negativa sostenida a compartir la información completa, y no pre-procesada por funcionarios, de la mortalidad y causas de muerte en Puerto Rico durante los meses que siguieron al huracán. Gracias a la Clínica Legal de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana, y a sus maravillosos abogados que nos representaron, los licenciados Rafael Rivera y Luis José Torres Asencio, Annette Martínez y Steven Lausell, se logró una gran victoria para Puerto Rico.

Tengo que decir que CNN y el colega John Sutter quisieron unirse y aceptamos, porque entendíamos que juntos sumábamos y hacíamos presión. Para esto recibimos acercamientos de interés de por lo menos dos medios adicionales de Estados Unidos; de los de Puerto Rico, ni uno.

En mayo, ya teníamos 193 casos verificados, mientras la lista del gobierno continuaba en 64, y en junio ganamos el pleito, obteniendo la base de datos de mortalidad completa para las casi 23,000 muertes que ocurrieron en Puerto Rico desde el 18 de septiembre hasta el 7 de junio de 2018. El mismo día que nos entregaron la base la hicimos pública para beneficio de todos los que quisieran hacer análisis y estudios. ¿Por qué esta información es importante? Porque nos mostraba claramente dónde y cómo cambiaron las tendencias de muerte en la isla tras el huracán, y nos permitía corroborar con información oficial los casos que nos estaban llegando por otras vías.

Ese mismo mes, la agencia de noticias Prensa Asociada se unió a nuestro proyecto de documentación de muertes, con grandes refuerzos: sus periodistas en América Latina, y sus traductores y técnicos de alrededor del mundo. Y así, el CPI, Quartz y AP, con la ayuda de estudiantes doctorales de la Universidad Carlos Albizu, de la Universidad de Puerto Rico y de la Interamericana, y colaboradores de todas las lides, nos embarcamos en la monumental tarea de verificar, entrevistar y editar las historias de 487 víctimas contadas a través de sus familiares, produciendo el registro más completo que existe a la fecha de las muertes provocadas por los estragos del huracán María. El registro, que es una base de datos estructurada, con información demográfica, causas de muerte clínicas y circunstancias que provocaron la misma, está abierto y disponible para el uso de todo el público, en español e inglés, en losmuertosdemaría.com. a los que no lo hayan visto, los invito a entrar y navegarlo.

Más allá de la emotividad y de lo importante que es para el proceso de sanación de las familias afectadas y de los puertorriqueños como colectivo, esto es crucial para todos los que habitamos o amamos a Puerto Rico, porque se nos va la vida en ello.

Es sencillo: hay que estudiar y entender lo que pasó, para enmendar, porque no queremos que se repita. No creo que hay un solo ser humano en esta isla que quiere que esta tragedia se repita.

Tristemente, hoy estamos igual o más vulnerables de lo que estábamos el pasado 20 de septiembre. No lo digo yo, lo dijo el propio gobernador Rosselló el pasado 28 de agosto a nuestra pregunta sobre cuán preparados estamos para enfrentar otro huracán como María. Y no lo tiene que decir, al día de hoy, a casi un año de María los ciudadanos no han podido ver un plan de emergencia del gobierno, ni cómo se han corregido esas fallas. No hay plan, y si existe, es como si no existiera porque no lo conocemos.

Si hay algo certero es que enfrentaremos otro huracán igual o peor que este. El calentamiento global y el cambio climático se están asegurando de que cada año que pase los huracanes e inundaciones se vuelvan más extremos y nosotros, en nuestra pequeña isla en el medio del Caribe, estamos entre los lugares más expuestos y vulnerables en el mundo, han dicho las Naciones Unidas y los expertos.

Así es que si con algo los quiero dejar es con la idea de que es hora de que nos preocupemos y actuemos. Exijamos a nuestros gobernantes y a los que ostentan el poder en la empresa privada a que tomen acciones contundentes y concretas para protegernos. Para eso trabajamos y pagamos contribuciones. Exijámonos a nosotros mismos, en nuestros ámbitos de acción y de trabajo, lo mismo. No hablemos tanto y hagamos más.

Aprovecho para empezar por casa. Los medios de comunicación en Puerto Rico tenemos mucho por hacer. Hay que tener una buena dosis de introspección y autocrítica, algo que lamentablemente veo distante y ausente. El tema de las muertes es uno que fue prácticamente ignorado, adrede, por la mayoría de los medios en Puerto Rico, pese a que lo tenían de frente y afectaba tanto a su audiencia. No por decisión de los periodistas en la calle, sino por decisiones gerenciales y de los dueños que no quisieron investigar, ni darle el espacio de prominencia que el tema requería. Saco del grupo al periódico Metro, y su directora Aiola Virella, que desde el primer día puso la historia en su portada, y a muchos de nuestros aliados que también republicaron las historias: Sin Comillas, Noticel, Cybernews, Latino USA, El Nuevo Herald, entre otros. La mayoría de los otros medios, de hecho, los principales y de mayor audiencia aquí, vino a desplegar el tema hace un par de meses cuando universidades de estados unidos validaron las muertes. Mientras tanto, desde octubre de 2017 la noticia hacía portada en los principales grandes medios escritos, televisivos y radiales del mundo. ¿Por qué? Es una discusión que espero que algún día los responsables puedan tener con honestidad y con miras a hacerlo mejor la próxima vez, porque los medios no podemos exigirle al gobierno y a los demás actores de la sociedad, si no nos exigimos a nosotros mismos. En este caso, nuestra falla, como industria, también fue evidente.

En parte por eso estamos aquí convocados a partir de hoy y por los próximos dos días. Para debatir, discutir y aprender de colegas, líderes y expertos cómo lo podemos hacer mejor y cómo podemos movernos hacia adelante para fiscalizar y contribuir con la mayor fuerza posible al largo camino que nos queda de cara a la recuperación y a la resolución de los grandes problemas que a la vez tiene Puerto Rico: la quiebra, la corrupción pública y privada, y el colonialismo.

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