Puerto Rico. La “razón” grita: COFINA y el padre de los tomates

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La movida política más importante del PNP en lo que va de cuatrienio se dio en la madrugada del 7 de noviembre de 2018. Con la aprobación del proyecto de COFINA aseguraron la fuente de financiamiento que recibirá el partido para la próxima elección general. ¿A cambio de qué se preguntará el lector? Pues bien, aquí va: de literalmente hipotecar nuestras vidas.

Más allá de la mirada tecnocrática que se ventila en la poca cobertura mediática que ha tenido este entuerto, los 40 años a que nos han condenado para pagar el IVU en realidad no solo se reflejará en la actividad concreta del consumo nuestro de cada día. Tampoco se limita a la forma legal que se le ha dado a esta institución que garantiza nuestro pago, como malditos sujetos endeudados, a los mismos esperpentos que crearon la crisis – sectores privado, financiero y bancario. Todo ello además de los cuantiosos incentivos y privilegios que gozan siendo ellos, todos juntitos, el real poder de facto en el país. ¡Mantenidos! La clase que compone el sector privado/financiero criollo – como nos insistían los estudiantes universitarios en el 2017 – son el adversario político. Por lo tanto, nuestro interés, el de los “sin parte”, es el de derrotarlos.

Con la aprobación del proyecto de COFINA se exorciza hasta el padre de los tomates

La razón tecnocrática – de la que hace uso seguido ese bailarín profesional y papito de COFINA Aníbal Acevedo Vilá – no da cuenta del sin vivir que el “sin parte” lleva incrustado en la médula de sus huesos. No es la transacción de consumo revestida de economicismo que por los próximos 40 años aumentará el costo de nuestras idas al supermercado; se trata más bien de un dispositivo político. ¿Leyeron bien colegas y amigos economistas? La clave se encuentra en la narración neoconservadora y neoliberal de estos tiempos que asegura que los “sin parte” necesitamos de la élite económica y financiera para sobrevivir. Los “job creators” le dicen en el GOP.

Pero en realidad, con la aprobación del proyecto de COFINA se confirma todo lo contrario: es esa élite económica y política de manufactura colonial la que depende enteramente de nuestro bolsillo. Pues eso, el adversario no es nadie sin el 99%. Esta relación económica tan propia de nuestra crisis se llama, según el geógrafo marxista David Harvey – apúntate esta KOI -, “acumulación por desposesión”: se trata de la puesta en juego de políticas y reformas legales que desvíen el valor ($) previa y actualmente producido por los “sin parte” (una vez conocidos como la temible clase obrera, pero hoy el asunto es un poquito más complejo) al bolsillo de bonistas, bancos, lobos de Wall Street y finalmente algunas migajas al partido político – aunque lo suficiente como para poner a supurar las glándulas gástricas de Johnny Méndez.

Ahora bien, la desposesión tiene al menos dos caras: 1) la acumulación de riquezas. El capitalismo es un sistema político – sigan conmigo colegas economistas – de acumulación y control sobre el “trabajo” (entendido éste desde su más amplia concepción). Por lo tanto, de nuestra pobreza, brega diaria y desposesión el 1% acumula muchos chavitos para sus bolsillos sin mover un dedo. 2) La segunda cara tiene que ver con nuestra identidad, con nuestro ser o, como dice José Atiles Osoria en el RUM, con una “dimensión ontológica” que hay en todo este meollo.

Hace algunas semanas el periodista Benjamín Torres Gotay enjuiciaba, desde su púlpito dominical – y utilizando a Borges como quien cita la gran cosa -, que el boricua de a pie por naturaleza niega cualquier asomo evolutivo en su ser: “Vivir para hoy, gastar más de lo que se tiene, creerse lo que no se es, procrastinar, depender, meter la cabeza en la arena, todo con tal de no enfrentar algunas elementales verdades de la vida”. Y añadía utilizando un errada interpretación del filósofo Baruch de Spinoza (vea esta nota al calce)1 que el sujeto puertorriqueño no cambia, es jaiba por naturaleza, flojón y vaguito por lo que el pneuma boricua es el “perseverar en su ser”. Dice: “O sea, no cambiar, volverse estatua de sal, dejar que el sedimento de los años y las eras se acumule, dificulte ver, ser y moverse. A pocos pueblos les gusta tanto “perseverar en su ser” como al puertorriqueño”. Estos y otros epítetos provenientes de la derecha neoliberal, que rayan en un prejuicio de corte racista, no vienen exclusivamente de la cabeza de Torres Gotay sino que han estado bien leídos en casos como el de Grecia: “son latinos, por naturaleza vagos, excesivos consumidores, se rehúsan al cambio, etc.”. La acumulación por desposesión también emplea una técnica subjetiva para el “management” de las crisis: crea y confiere identidades para que la víctima/deudor se entienda a sí mismo como culpable, termine aceptando la “medicina amarga” y beba la cicuta de la austeridad.

COFINA no es otra cosa que un enorme “molino de viento” para articular esas dos dimensiones de la acumulación por desposesión. Se articulan y son efectivas en tanto permitamos que lo sean. Desde el umbral de la economía política el proyecto de COFINA deja al descubierto la real relación de poder y exorciza los cuentos de hasta el padre de los tomates: el adversario nos necesita como un enfermo terminal necesita transfusión de sangre.

Epílogo sobre Manuel Natal Albelo

Su voz quebrantada es la voz cansada de los “sin parte”, del 99% de este país, de aquellos que crecientemente, como el Caín bíblico, llevamos el estigma acusatorio de la austeridad y la deuda incrustado en nuestra frente gracias al apartheid social que han provocado los neoliberales. En su voz llevaba la digna rabia de muchxs. En realidad el “viejo de arriba” se equivocaba: la razón cuando lleva rabia y dignidad grita y convence. “¡De aquí a 40 años muchos de ustedes estarán muertos, pero sus hijos y nietos no!” gritaba sin que nadie le hiciera coro en pleno hemiciclo. Pero tengamos una cosa clara, la “muerte” de esa pequeña clase política no será meramente biológica; será peor: no crearán memoria, incluso sus hijos y nietos no los recordarán. No serán portadores ni siquiera de la “inmortalidad ridícula” de la que habla Milán Kundera.

La risa borracha de poder nos recuerda que su único mérito y virtud a nuestro favor reside en el hecho de que éstos hoy día modelan, campean y exponen todo aquello que no queremos ser (ya no se esconden y con mayor frecuencia se dejan ver como Georgie Navarro en una noche de jangueo intenso). Nuestra afirmación política, esa partícula del deseo y voluntad colectiva, se cristaliza en los proyectos emergentes en el país que anidan entre nosotros y entre múltiples grietas; y que además se erigen como antítesis respecto al proyecto colonial/neoliberal que representan esos seres que por ahora ríen jendíos sobre el mármol y pretenden hacernos desaparecer con un “hit-and-run”. Nuestro proyecto, contrario al de ellos, es el de lo común en contraposición a lo privado; el de la soberanía en contraposición a la colonia; el de la autonomía comunitaria en contraposición al centralismo burocrático; y el de la refundación del Estado en función de lo común y de la “democracia absoluta” como le llamaba Spinoza. Esa clase política que ríe es un lumpen jurásico. Y como las canta el genio de Charly García: hay muchas cosas que “pueden desaparecer” pero “los dinosaurios van a desaparecer”.

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http://lapupila.net/la-razon-grita/

 

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