Primer Centenario del Inicio de la Lucha Sufragista en el Estado Español

12 de enero de 2020

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El 9 de diciembre de 1931 se aprobó la Constitución de la Segunda República donde se recogía por vez primera en su artículo 36 el derecho de las mujeres a ser electoras y elegibles, al igual que los hombres. El 19 de noviembre de 1933 tuvieron lugar las primeras elecciones generales donde se hizo realidad ese derecho conquistado, ejerciendo las mujeres su completa ciudadanía. Estas dos fechas, junto al indiscutible protagonismo de la diputada Clara Campoamor, han quedado grabados en las páginas de nuestra historia más reciente, pero, ¿qué hubo antes? ¿quién se acuerda de las precursoras y las que allanaron el camino para esa conquista? La historia siempre es un proceso, con saltos cuantitativos y cualitativos, y es producto de la colectividad humana en mayor o menor medida, nunca de personas aisladas, líderes o lideresas con más o menos capacidad y carisma. Así ocurrió también en la historia del sufragismo en el estado español.

En Cádiz se va a celebrar el domingo 12 de enero el Primer Centenario del inicio de la lucha sufragista. ¿Qué ocurrió el 12 de enero de 1920 para que se celebre esta efemérides? Sencillamente, que por primera vez se leyó en el Congreso de los Diputados la petición de un grupo organizado de mujeres solicitando el voto integral femenino, sin restricciones caprichosas de ningún tipo (1). Este mismo grupo, la Liga Española para el Progreso de la Mujer (LEPM), la primera organización feminista de carácter estatal, fundada en Valencia en agosto de 1918, ya llevaba movilizándose un año para evitar la concesión restrictiva del derecho al voto femenino que el antiguo ministro de Gracia y Justicia Manuel Burgos Mazo quería promover en una reforma de la Ley Electoral.
Hasta entonces, y desde su nacimiento, las socias de la LEPM se habían implicado en la reforma del viejo Código Civil donde tantos artículos eran lesivos para los derechos de las mujeres, y en ningún momento se habían manifestado ni a favor ni en contra del sufragio femenino. Como ocurría con el resto del incipiente y fragmentado movimiento feminista, ni el sufragismo ni los demás derechos políticos estaban entre sus objetivos inmediatos. Pero la situación política internacional había cambiado mucho en las semanas precedentes, y el sufragismo tomó carta de naturaleza.
La Primera Guerra Mundial terminó en noviembre de 1918 después de más de cuatro años de cruentas batallas, originando el fin de los imperios alemán, austrohúngaro y otomano, y con una inyección de aires de libertad como nunca antes se había conocido, a la que había contribuido indiscutiblemente el triunfo de la revolución soviética de noviembre de 1917. Esta libertad llegó pronto a las mujeres de los estados beligerantes, y el voto femenino se extendió por varios países de forma inmediata. Entre 1918 y 1919 vieron reconocidos sus derechos políticos las mujeres de Irlanda, Inglaterra, Alemania, Polonia, Rusia, Suecia, Islandia, Letonia, Azerbaiyán, Georgia y Hungría. Y lo que es más importante, por la gran relación que tenían las feministas de la LEPM con las feministas latinoamericanas, la batalla sufragista ya había comenzado en países como Uruguay, Argentina o México, y la reivindicación por la que se luchaba en todos ellos era el voto femenino integral.
Por este motivo, la intención de Burgos Mazo de restringir sus derechos electorales les pareció particularmente indignante a las mujeres de la LEPM y «de sopetón», como reconocieron, nuestras primeras feministas organizadas se convirtieron en «sufragistas». En enero de 1919, sin conocerse la fecha exacta de su confección, lanzaron un primer comunicado: «A las feministas españolas» que se publicó en algunos periódicos, y especialmente en El País (Madrid), «diario republicano», donde antetitularon el manifiesto como «La mujer y el voto» (2). La intención de Burgos Mazo la tildaban de «mezquina» y los argumentos para que las feministas se debieran oponer de plano eran dos: la primera, «por solidaridad con nuestras compañeras de las otras naciones, cuyo orden del día en este punto es el voto íntegro», y la segunda porque con restricciones y aplazamientos nunca llegarían a conseguir sus derechos plenos. Para las feministas de la LEPM era una cuestión de «ser o no ser» y no cabía otra postura. El llamado final era el siguiente: «¡Feministas españolas, a luchar todas unidas por el sufragio femenino sin restricciones de ninguna clase!», y firmaban las hermanas gaditanas, afincadas en Valencia, Ana y Amalia Carvia Bernal, además de Ángeles Guiñón, Pilar Villar y Vicenta Mora.
A este comunicado le siguieron otras actuaciones dirigidas al mismo fin. Así, en febrero publicaban en la prensa otro comunicado más extenso, «A los demócratas españoles», y firmado ahora por todas las dirigentes de las distintas asociaciones que componían la Liga Española para el Progreso de Mujer, encabezando la lista la Presidenta y la Secretaria de la Liga, Ana y Amalia Carvia Bernal. Además, después de las elecciones de junio de 1919 comenzaron a realizar gestiones alrededor de los nuevos diputados electos, principalmente de la Conjunción Republicano-Socialista, a la que pertenecía Roberto Castrovido, buen amigo de las hermanas Carvia, y otros grupos republicanos. Amalia Carvia, como Secretaria de la LEPM, envió en noviembre una circular a cada uno de los «Diputados de Izquierda» para que apoyaran en la Cámara los derechos de las mujeres «a la completa vida del ciudadano», entre ellos el del «voto a la mujer española en toda su amplitud, sin restricciones de ningún género que menoscaben nuestra dignidad»; circular que también se publicó en varios diarios de provincias (3).
Esta lucha en solitario de las feministas de la LEPM culminó en esa petición que registraron en las Cortes y que fue leída el 12 de enero de 1920, pero la crisis de gobierno que surgió en ese momento y la legislatura tan corta que ni llegó a fin de año (el Congreso se disolvió el 2 de octubre), hizo que esa iniciativa histórica, aunque la Comisión de Peticiones la elevara un mes más tarde al Ministerio de Gobernación para su estudio, ni se tratara ni se votara en el Parlamento en los meses siguientes. Para constatar lo lejos que estaban entonces otras feministas de la lucha sufragista, es sintomático que las mujeres de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), presidida por María Espinosa de los Monteros, y fundada en Madrid a mediados de noviembre de 1918, registrara otra petición en las Cortes en esas semanas, pero lo hiciera con un tema tan poco «feminista» como la solicitud de una «Ley reintegrando al ejército los 23 oficiales alumnos de la Escuela Superior de Guerra, separados a consecuencia del fallo de un Tribunal de honor» (4). Sin comentarios. El partidismo estaba impregnado en muchos colectivos de mujeres organizadas.
Esta historia de los inicios de la lucha sufragista en el estado español tiene su corolario y conclusión en la carta abierta que Amalia Carvia, «en nombre de un grupo de feministas valencianas», escribió a Clara Campoamor el 8 de octubre de 1931. El día 1 de octubre se había aprobado el artículo 34 (luego sería el n.º 36) de la Constitución concediendo a la mujer el derecho al sufragio en las mismas condiciones que el hombre. Había tenido lugar en contra de su propio partido (el partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux) y de otros grupos republicanos. Pero Clara Campoamor no estaba sola. Las feministas de Valencia, a contracorriente de la opinión pública y de muchas mujeres republicanas e intelectuales, felicitaban a la «ilustre y estimada compañera de lucha» por su tenacidad a la hora de defender en la tribuna del Congreso el voto integral para la mujer.
Esta noticia aparecida la segunda plana de El Pueblo, el diario republicano de Valencia, del 13 de octubre, dejaba constancia de que había un nexo consistente entre las feministas sufragistas de la Liga Española para el Progreso de la Mujer de 1919 y 1920, y la labor feminista y sufragista de Clara Campoamor de 1931, donde indudablemente primaron más sus ideales feministas de libertad, igualdad y justicia para la mujer que los intereses partidistas, como siempre predicaron y ejercieron las hermanas Ana y Amalia Carvia Bernal, a quienes se deben otorgar un merecido homenaje en este Primer Centenario del inicio de la lucha sufragista en el estado español.

Bibliografía de referencia:

– Concha Fagoaga. La voz y el voto de las mujeres. El sufragio en España 1877-1931. Editorial Icaria, Barcelona, 1985.
– Manuel Almisas Albéndiz. ¡Paso a la mujer! Biografía de Amalia Carvia. Editorial Suroeste, El Puerto (Cádiz), 2019.

NOTAS:

(1) Petición n.º 7. Diario de Sesiones de las Cortes del 12 de enero de 1920, pág. 1742.

(2) El País, de 28 de enero de 1919, pág. 2.

(3) Por ejemplo, en El Progreso (Tenerife) de 22 de noviembre de 1919.

(4) Petición 19, en Apéndice 4º al n.º 77, del Diario de Sesiones de las Cortes de 27 de febrero de 1920.

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