‘PressingCUP’ al revés: la izquierda independentista condiciona el ritmo de Puigdemont (cast/cat)

Publicidad

Mariano Rajoy ha esgrimido a menudo el argumento de que el Gobierno de Carles Puigdemont está cautivo de lo que ordenen y manden «los radicales» de la CUP . La definición tiene un punto de caricatura, pero también una parte de verdad. Los endemoniados resultados electorales del 27-S pusieron la mayoría independentista en manos de la CUP. No sólo porque Junts pel Sí depende de los votos cupaires para llegar a la mayoría absoluta, sino que, en el contexto actual, la coalición entre el PDeCAT y ERC no tiene margen de maniobra para pactar con nadie más allá de la formación anticapitalista. Cualquier alternativa que no implique la CUP supone abandonar la hoja de ruta del proceso y, por tanto, convocar unas inciertas nuevas elecciones.

La situación de dependencia hacia los cupaires incomoda también la ‘vieja guardia’ convergente. Si durante un tiempo se habló de #PressingCUP , ahora parecería que la política catalana pasa por una fase inversa, poco previsible hace poco tiempo: es la CUP quien presiona y condiciona Junts pel Sí . Que la CUP marque el ritmo de la legislatura no significa que defina la melodía, ni los arreglos, ni lleve la voz cantante. Juntos por el Sí ostenta la dirección artística del proceso. Los cupaires han condicionado el ritmo de la legislatura, desde el veto a Mas hasta el cese de Baiget. Por iniciativa de la CUP, lo que debía ser la ‘desconexión’ en 18 meses se ha convertido en un referéndum.

La diputada Eulalia Reguant, en el difícil discurso en el que defendió la enmienda a la totalidad a los presupuestos de Junts pel Sí en junio de 2016, usó la expresión «mutar». «El acuerdo con Junts pel Sí no se rompe, sino que muta» . Reguant, una de las piezas clave del grupo parlamentario cupaire, fue muy atacada desde los altavoces más duros del #pressingCUP por aquellas declaraciones. Pero tenía razón. Con la perspectiva del tiempo, se puede afirmar que no sólo el acuerdo, sino el propio hoja de ruta de Junts pel Sí ha mutado . La CUP propuso un nuevo marco: el referéndum . Y Junts pel Sí, que había dicho que el 27-S servía para sustituir el referéndum y que bastaba con una victoria de escaños , se adaptó.

De la independencia a un nuevo referéndum. ¿Mutación o retroceso? En otro contexto, el giro del independentismo habría sido definido en términos más duros para la opinión pública más contundente. Pero la recepción por parte de los medios catalanes fue suave. Hemos pasado de la independencia en 18 meses al referéndum en un abrir y cerrar de ojos y sin hacer demasiadas preguntas. El tira y afloja de los presupuestos del 2016 supuso el entierro de la hoja de ruta de JxSí y la articulación de un programa diferente. Puigdemont, y detrás suyo el PDeCAT y ERC, asumieron como propia la idea del referéndum. Por la gracia del proceso, muchos de los que en su día dijeron por activa y por pasiva que la consulta era imposible y había que hacer unas elecciones plebiscitarias ‘se convirtieron, de golpe, en ardientes defensores del referéndum. Hay que recordar que un diputado como Germà Bel  afirmaba hace poco más de un año que hacer un referéndum sería hacer como un 9-N, «pero patético» .

El presidente Puigdemont y el vicepresidente económico, Oriol Junqueras. Foto: Parlamento

Una nueva mutación: la Ley del referéndum

Ayer, con la presentación de la Ley del referéndum, la hoja de ruta ha consolidado una nueva mutación que ya se había intuido durante las últimas semanas. Al igual que hace un año, habrá pocas voces que lo hagan notar. Pero, hasta hace poco, el punto culminante de la legislatura debía ser la llamada Ley de transitoriedad jurídica . Una ley que Junts pel Sí y la CUP llevan meses elaborando en secreto -en diciembre de 2016 hicieron público que ya lo habían pactado, pero no en revelaron el contenido- y que debía convertirse en la norma fundacional de la nueva República catalana. Pero esta ley, prevista en el programa inicial de Juntos por Sí, entraba en contradicción flagrante con el referéndum, porque en la práctica suponía avalar la creación de un nuevo Estado antes de que fuera refrendado.

La CUP, en cambio, era partidaria  de que el referendo estuviera regulado por una ley específica. Finalmente ha sido así. Y, por lo que se sabe, es posible que la Ley de transitoriedad sólo acabe aprobando en caso de que el sí gane en el referéndum . Queda pendiente también ver cómo se resuelve el debate sobre la modificación del reglamento del Parlamento para facilitar la aprobación de las denominadas ‘leyes de desconexión’ por lectura única y, por tanto, sin mucho debate con la oposición. De momento, de la Ley del referéndum sólo se ha presentado un borrador, y no entrará en el Parlamento hasta finales de agosto.

El exconseller Jordi Baiget. Foto: JR Torné / ACN

Los mensajes del ‘caso Baiget’: conflicto abierto al PDeCAT

La CUP ha marcado también el ritmo de la melodía del Gobierno en el cese del consejero Baiget. Pero sería inocente pensar que Baiget ha sido destituido sólo porque los cupaires hayan quejado muy fuerte en Twitter. Desde el entorno de Puigdemont se veía necesaria una demostración de fuerza del presidente en varias direcciones: en primer lugar, hacia su propio partido, el PDeCAT, para que quedara claro que quien decide la composición del Gobierno es el presidente -y no nadie más. En este sentido, la desautorización de Marta Pascal -que pocas horas antes del cese estaba apoyando a Baiget – es mayúscula. Cabe destacar, además, que el jefe de gabinete de Jordi Baiget era  Joaquim Bohils , marido de Pascal .

El cese de Baiget es una declaración de guerra abierta a la masisme ‘, o al que queda. Puigdemont siempre ha dicho que no tiene ambiciones más allá del referéndum y de la legislatura en curso, y que no se volverá a presentar a la presidencia de la Generalitat. Pero decisiones como la de ayer refuerzan su liderazgo en el bloque soberanista. Será difícil que el PDeCAT renuncie a un activo como él, en la práctica, el único capacitado para competir electoralmente con la ERC de Junqueras, que, según todas las encuestas, se encuentra en fase ascendente. Pero Puigdemont también se ha alejado de las formas y las prácticas tradicionales del Mundo Convergente. Rompe con toda una tradición, y eso también será difícil de digerir en el seno de un partido enormemente fraccionado. Ni la izquierda independentista extraparlamentaria en sus momentos de mayor gloria durante los años ochenta tenía los sectores internos enfrentados que tiene hoy el PDeCAT.

La decisión de destituir a Baiget envía otros mensajes, en especial también a ERC. Los republicanos arriesgan mucho en todo el proceso, empezando por la más que previsible inhabilitación de su liderazgo más relevante, Oriol Junqueras. Y el mensaje enviado por Puigdemont con el cese de Baiget es que nadie -y menos Junqueras- podrá plantearse esconder la cabeza bajo el ala. No son pocos los que en el mundo convergente retraen aún al líder de ERC una actitud tibia con el episodio de la compra de urnas. 

Los republicanos decidieron ayer mantener un perfil bajo. Al estallar el ‘caso Baiget’, sus voces más públicas evitaron hacer sangre, y al saberse el cese, no quisieron hacer leña del árbol caído. Izquierda ha escenificado el papel de socio leal, y ha mostrado en público y en privado una gran confianza en Puigdemont. Otra cosa es que esta confianza se reproduzca en el resto de los miembros del Gobierno. Aquí es donde los republicanos han detectado -ya hace meses- algunos puntos de fricción de difícil resolución.

El consejero de Interior, Jordi Jané, en un acto en la Escuela de Policía. Foto: Jordi Pujolar / ACN

Todos los focos sobre Jordi Jané y el papel de los Mossos

Uno de los principales dudas, expresado también por la CUP, es qué pasará con la conselleria de Interior y su titular, Jordi Jané. Jané no es precisamente el ‘maulet’ del Ejecutivo de Puigdemont. Y su gestión sobre el referéndum será clave.

El principal objetivo del independentismo es hacer el referéndum. Pero hay otro escenario que algunos ‘indepen’ sueñan perversamente: que el Estado ponga fin al proceso mediante una decisión ejecutiva como, por ejemplo, suspender la autonomía o enviar la Guardia Civil a retirar urnas. Un escenario que abocaría Cataluña tarde o temprano a unas nuevas elecciones excepcionales. No serían unas elecciones constituyentes, pero sí podrían presentarse como las elecciones de la recuperación de la democracia,  en caso de que se realicen después de un período de suspensión.

El problema, sin embargo, es que este sueño perverso puede convertirse en un dolor de cabeza en caso de que, ante una suspensión judicial del referéndum, el juez ordene a los Mossos y no a la Guardia Civil actuar como policía judicial para retirar las urnas y garantizar el cumplimiento de la ley española. La imagen de la policía de los catalanes retirando las urnas del referéndum sería un coste difícil de asumir para el Gobierno de Juntos por Sí y para el conjunto del independentismo. Y, aquí, la figura del consejero de Interior es clave. Ordenaría Jané los Mossos que hicieran caso omiso de la orden de un juez, en un contexto en que la Ley del referéndum ya estaría suspendida? Y, suponiendo que lo hiciera … qué harían los mandos de la policía catalana?

Eulàlia Reguant y Albert Botran, diputados de la CUP. Foto: 324.cat

La CUP y la piel del oso

El ciclo de los acontecimientos parece estar dando la razón a la estrategia que la CUP ha ido definiendo a trompicones durante los últimos años: el relevo de Mas por Puigdemont y la mutación de la hoja de ruta para realizar el referéndum compensarían -a los ojos de muchos ‘ cupaires’-  el sapo de los presupuestos . La euforia entre la izquierda independentista ha sido evidente estos días en las redes sociales, a menudo acompañada de reproches hacia el mundo de los Comunes , en un nuevo capítulo de la ya tradicional y siempre lucida competición por el espacio de la izquierda catalana.

Pero los cupaires han hecho una apuesta a todo o nada con Puigdemont y el referéndum, y son, conjuntamente con el PDeCAT, quienes tienen más que perder sí finalmente el Gobierno decide no llevar la iniciativa hasta las últimas consecuencias. El gran debate de las próximas semanas será donde se encuentra un hipotético punto de no retorno: ese momento en que el Ejecutivo constata que el referéndum no puede realizarse. Y aquí no todo el mundo está de acuerdo sobre cómo proceder. Para algunos, quizás este punto de no retorno sería el momento en que el decreto de convocatoria es impugnado y suspendido. Para otros, sería la misma suspensión de la autonomía … Un punto de no retorno podría llegar si el juez ordenara a los Mossos retirar las urnas.

Pero, para la CUP, el punto de no retorno no existe más allá de los límites que imponga el propio Estado español. Los cupaires, fieles a su tradición insurreccional, son partidarios de que el Gobierno ignore todas las disposiciones judiciales y cualquier marco legal español con el objetivo de llevar a cabo el referéndum como sea. Incluso, en lo que sería un hecho inédito, estarían dispuestos a entrar en el Gobierno si esto tiene que hacer más fácil la firma de decretos y resoluciones sobre el referéndum. Alguien había imaginado en 2012 que la CUP pudiera ofrecerse para entrar en un Gobierno con el PDeCAT?

No está claro, sin embargo, que ERC y, en especial, el PDeCAT estén dispuestos a llegar hasta este punto de conflicto. Y aquí es donde aparecerá un dilema importante: serán capaces Juntos el Sí y la CUP de consensuar un punto de no retorno? Y si por la CUP este punto no existe … tendrá fuerza para desmarcarse de la decisión que tome Juntos el Sí, o será arrastrada por los acontecimientos? La CUP tal vez ha ganado el relato, en un momento en que los grandes medios catalanes los vuelven a reír las gracias . Pero, a pesar de la euforia, las encuestas, a diferencia de otros tiempos,  ya no son muy propicias a la CUP . Nunca tienes que vender la piel del oso antes de haberlo cazado.


‘PressingCUP’ a l’inrevés: l’esquerra independentista condiciona el ritme de Puigdemont

  • Mariano Rajoy ha esgrimit sovint l’argument que el Govern de Carles Puigdemont està captiu del que ordenin i manin “els radicals” de la CUP. La definició té un punt de caricatura, però també una part de veritat. Els endimoniats resultats electorals del 27-S van posar la majoria independentista en mans de la CUP. No solament perquè Junts pel Sí depèn dels vots cupaires per arribar a la majoria absoluta, sinó perquè, en el context actual, la coalició entre el PDeCAT i ERC no té marge de maniobra per pactar amb ningú més enllà de la formació anticapitalista. Qualsevol alternativa que no impliqui la CUP suposa abandonar el full de ruta del procés i, per tant, convocar unes incertes noves eleccions.

La situació de dependència envers els cupaires incomoda també la ‘vella guàrdia’ convergent. Si durant un quant temps es va parlar de #PressingCUP, ara semblaria que la política catalana passa per una fase inversa, poc previsible fa poc temps: és la CUP qui pressiona i condiciona Junts pel Sí. Que la CUP marqui el ritme de la legislatura no vol dir que en defineixi la melodia, ni els arranjaments, ni porti la veu cantant. Junts pel Sí ostenta la direcció artística del procés. Els cupaires han condicionat el ritme de la legislatura, des del vet a Mas fins al cessament de Baiget. Per iniciativa de la CUP, el que havia de ser la ‘desconnexió’ en 18 mesos s’ha convertit en un referèndum.

La diputada Eulàlia Reguant, en el difícil discurs en què va defensar l’esmena a la totalitat als pressupostos de Junts pel Sí al juny del 2016, va fer servir l’expressió “mutar”. “L’acord amb Junts pel Sí no es trenca, sinó que muta”. Reguant, una de les peces clau del grup parlamentari cupaire, va ser molt atacada des dels altaveus més durs del #pressingCUP per aquelles declaracions. Però tenia raó. Amb la perspectiva del temps, es pot afirmar que no solament l’acord, sinó el propi full de ruta de Junts pel Sí ha mudat. La CUP va proposar un nou marc: el referèndum. I Junts pel Sí, que havia dit que el 27-S servia per substituir el referèndumi que n’hi havia prou amb una victòria d’escons, s’hi va adaptar.

De la independència a un nou referèndum. Mutació o reculada? En un altre context, el gir de l’independentisme hauria estat definit en termes més durs per l’opinió pública més contundent. Però la recepció per part dels mitjans catalans va ser suau. Hem passat de la independència en 18 mesos al referèndum en un tancar i obrir d’ulls i sense fer gaires preguntes. L’estira-i-arronsa dels pressupostos de l’any 2016 va suposar l’enterrament del full de ruta de JxSí i l’articulació d’un programa diferent. Puigdemont, i al darrere seu el PDeCAT i ERC, van assumir com a pròpia la idea del referèndum. Per la gràcia del procés, molts dels qui en el seu dia van dir per activa i per passiva que la consulta era impossible i calia fer unes ‘eleccions plebiscitàries’ van convertir-se, de cop, en ardents defensors del referèndum. Cal recordar que un diputat com Germà Bel afirmava fa poc més d’un any que fer un referèndum seria fer com un 9-N, “però patètic”.

El president Puigdemont i el vicepresident econòmic, Oriol Junqueras. Foto: Parlament

Una nova mutació: la Llei del referèndum

Ahir, amb la presentació de la Llei del referèndum, el full de ruta ha consolidat una nova mutació que ja s’havia intuït durant les darreres setmanes. Igual que ara fa un any, hi haurà poques veus que ho facin notar. Però, fins fa no gaire, el punt culminant de la legislatura havia de ser l’anomenada Llei de transitorietat jurídica. Una llei que Junts pel Sí i la CUP porten mesos elaborant en secret –al desembre del 2016 van fer públic que ja l’havien pactat, però no en van revelar el contingut– i que havia de convertir-se en la norma fundacional de la nova República catalana. Però aquesta llei, prevista en el programa inicial de Junts pel Sí, entrava en contradicció flagrant amb el referèndum, perquè a la pràctica suposava avalar la creació d’un nou Estat abans que fos referendat.

La CUP, en canvi, era partidària que el referèndum estigués regulat per una llei específica. Finalment ha estat així. I, pel que se sap, és possible que la Llei de transitorietat només s’acabi aprovant en cas que el ‘sí’ guanyi en el referèndum. Queda pendent també veure com es resol el debat sobre la modificació del reglament del Parlament per facilitar l’aprovació de les denominades ‘lleis de desconnexió’ per lectura única i, per tant, sense gaire debat amb l’oposició. De moment, de la Llei del referèndum només se n’ha presentat un esborrany, i no entrarà al Parlament fins a finals d’agost.

L’exconseller Jordi Baiget. Foto: J. R. Torné /ACN

Els missatges del ‘cas Baiget’: conflicte obert al PDeCAT

La CUP ha marcat també el ritme de la melodia del Govern en el cessament del conseller Baiget. Però seria innocent pensar que Baiget ha estat destituït només perquè els cupaires s’hagin queixat molt fort a Twitter. Des de l’entorn de Puigdemont es veia necessària una demostració de força del president en diverses direccions: primer de tot, cap al seu propi partit, el PDeCAT, perquè quedés clar que qui decideix la composició del Govern és el president –i no ningú més. En aquest sentit, la desautorització de Marta Pascal –que poques hores abans del cessament estava fent costat a Baiget– és majúscula. Cal destacar, a més, que el cap de gabinet de Jordi Baiget era Joaquim Bohilsmarit de Pascal.

El cessament de Baiget és una declaració de guerra oberta al ‘masisme’, o al que en queda. Puigdemont sempre ha dit que no té ambicions més enllà del referèndum i de la legislatura en curs, i que no es tornarà a presentar a la presidència de la Generalitat. Però decisions com la d’ahir reforcen el seu lideratge en el bloc sobiranista. Serà difícil que el PDeCAT renunciï a un actiu com ell, a la pràctica, l’únic capacitat per competir electoralment amb l’ERC de Junqueras, que, segons totes les enquestes, es troba en fase ascendent. Però Puigdemont també s’ha allunyat de les formes i les pràctiques tradicionals del Món Convergent. Trenca amb tota una tradició, i això també serà difícil de digerir en el si d’un partit enormement fraccionat. Ni l’esquerra independentista extraparlamentària en els seus moments de més glòria durant els anys vuitanta tenia els sectors interns enfrontats que té avui el PDeCAT.

La decisió de destituir Baiget envia altres missatges, en especial també a ERC. Els republicans arrisquen molt en tot el procés, començant per la més que previsible inhabilitació del seu lideratge més rellevant, Oriol Junqueras. I el missatge enviat per Puigdemont amb el cessament de Baiget és que ningú –i menys Junqueras– podrà plantejar-se amagar el cap sota l’ala. No són pocs els qui en el món convergent retreuen encara al líder d’ERC una actitud tèbia amb l’episodi de la compra d’urnes. 

Els republicans van decidir ahir mantenir un perfil baix. En esclatar el ‘cas Baiget’, les seves veus més públiques van evitar fer-ne sang, i en saber-se el cessament, no van voler fer llenya de l’arbre caigut. Esquerra ha escenificat el paper de soci lleial, i ha mostrat en públic i en privat una gran confiança en Puigdemont. Una altra cosa és que aquesta confiança es reprodueixi en la resta dels membres del Govern. Aquí és on els republicans han detectat –ja fa mesos– alguns punts de fricció de difícil resolució.

El conseller d’Interior, Jordi Jané, en un acte a l’Escola de Policia. Foto: Jordi Pujolar /ACN

Tots els focus sobre Jordi Jané i el paper dels Mossos

Un dels principals dubtes, expressat també per la CUP, és què passarà amb la conselleria d’Interior i el seu titular, Jordi Jané. Jané no és precisament el ‘maulet’ de l’Executiu de Puigdemont. I la seva gestió sobre el referèndum serà clau.

El principal objectiu de l’independentisme és fer el referèndum. Però hi ha un altre escenari que alguns ‘indepes’ somien perversament: que l’Estat posi fi al procés mitjançant una decisió executiva com, per exemple, suspendre l’autonomia o enviar la Guàrdia Civil a retirar urnes. Un escenari que abocaria Catalunya tard o d’hora a unes noves eleccions excepcionals. No serien unes eleccions constituents, però sí que podrien presentar-se com les eleccions de la recuperació de la democràcia, en cas que es realitzin després d’un període de suspensió.

El problema, però, és que aquest somni pervers es pot convertir en un maldecap en cas que, davant d’una suspensió judicial del referèndum, el jutge ordeni als Mossos i no a la Guàrdia Civil actuar com a policia judicial per retirar les urnes i garantir el compliment de la llei espanyola. La imatge de la policia dels catalans retirant les urnes del referèndum seria un cost difícil d’assumir per al Govern de Junts pel Sí i per al conjunt de l’independentisme. I, aquí, la figura del conseller d’Interior és clau. Ordenaria Jané als Mossos que fessin cas omís de l’ordre d’un jutge, en un context en què la Llei del referèndum ja estaria suspesa? I, suposant que ho fes… què farien els comandaments de la policia catalana?

Eulàlia Reguant i Albert Botran, diputats de la CUP. Foto: 324.cat

La CUP i la pell de l’ós

El cicle dels esdeveniments sembla estar donant la raó a l’estratègia que la CUP ha anat definint a batzegades durant els últims anys: el relleu de Mas per Puigdemont i la mutació del full de ruta per realitzar el referèndum compensarien –als ulls de molts ‘cupaires’– el gripau dels pressupostos. L’eufòria entre l’esquerra independentista ha estat evident aquests dies a les xarxes socials, sovint acompanyada de retrets cap al món dels Comuns, en un nou capítol de la ja tradicional i sempre lluïda competició per l’espai de l’esquerra catalana.

Però els cupaires han fet una aposta a tot o res amb Puigdemont i el referèndum, i són, conjuntament amb el PDeCAT, els qui tenen més a perdre sí finalment el Govern decideix no dur la iniciativa fins a les últimes conseqüències. El gran debat de les pròximes setmanes serà on es troba un hipotètic punt de no-retorn: aquell moment en què l’Executiu constata que el referèndum no pot realitzar-se. I aquí no tothom està d’acord sobre com procedir. Per a alguns, potser aquest punt de no-retorn seria el moment en què el decret de convocatòria és impugnat i suspès. Per a d’altres, seria la mateixa suspensió de l’autonomia… Un punt de no-retorn podria arribar si el jutge ordenés als Mossos retirar les urnes.

Però, per a la CUP, el punt de no-retorn no existeix més enllà dels límits que imposi el mateix Estat espanyol. Els cupaires, fidels a la seva tradició insurreccional, són partidaris que el Govern ignori totes les disposicions judicials i qualsevol marc legal espanyol amb l’objectiu de dur a terme al referèndum com sigui. Fins i tot, en el que seria un fet inèdit, estarien disposats a entrar al Govern si això ha de fer més fàcil la signatura de decrets i resolucions sobre el referèndum. Algú havia imaginat l’any 2012 que la CUP pogués oferir-se per entrar en un Govern amb el PDeCAT?

No és clar, però, que ERC i, en especial, el PDeCAT estiguin disposats a arribar fins a aquest punt de conflicte. I aquí és on apareixerà un dilema important: seran capaços Junts pel Sí i la CUP de consensuar un punt de no-retorn? I si per la CUP aquest punt no existeix… tindrà força per desmarcar-se de la decisió que prengui Junts pel Sí, o serà arrossegada pels esdeveniments? La CUP potser ha guanyat el relat, en un moment en què els grans mitjans catalans els tornen a riure les gràcies. Però, tot i l’eufòria, les enquestes, a diferència d’altres temps, ja no són gaire propícies a la CUP. Mai has de vendre la pell de l’ós abans d’haver-lo caçat.

http://www.elcritic.cat/blogs/rogerpala/2017/07/05/pressingcup-a-linreves-lesquerra-independentista-condiciona-el-ritme-de-puigdemont/

También podría gustarte

Los comentarios están cerrados.

This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish. Accept Read More