Presos 4-F : entrevista a Rodrigo Lanza

Presos 4-F&nbsp : Entrevista a Rodrigo Lanza

¿Cuál es tu versión de los hechos del 4 de febrero de 2006?

Yo salía de una fiesta con un grupo de gente. Juan y Alex iban en el grupo, pero yo no sabía que íbamos juntos. Yo iba a recoger a Hana, mi novia, a la estación de Arc de Triomf, porque ella llegaba con un tren de La Molina. Estábamos por Princesa y fuimos cruzando el barrio, pasamos por el Forat de la Vergonya y allí nos topamos con los cuatro agentes, que nos dijeron que no se podía pasar. Yo les pregunté porqué y me dijeron que en la fiesta no se podía entrar, entonces les aclaré que yo no quería entrar a la fiesta sino pasar por allí. En eso vi que había un agente que era el más viejo y llevaba más galones en el uniforme, entonces decidí hablar con él. Le estaba preguntando cómo pasar y mientras que estaba hablando con él recibí un golpe de porra en la cabeza. En ese momento no había pasado nada, la gente estaba en la calle tomando cerveza frente a la policía, que no hacía nada. La situación era un poco rara por eso mismo. Yo me quedé en blanco después del golpe, me agarró una amiga que venía conmigo y me ayudó a ponerme de pie. En eso escuché “corre, corre, que viene la policía” y salí corriendo. Doblé a la segunda calle a la derecha y vi que estaba solo y que dos policías me seguían. Yo estaba con una brecha en la cabeza y cuando me dijeron que pare lo hice. De hecho, pensé que no había hecho nada y que como mucho me detendrían. Ahora, después de dos años, pienso porqué paré.

¿Qué pasó después?

Me empezaron a pegar y me llevaron a un coche, donde me encontré con Álex. Él me dijo que había visto a un policía tumbado en el suelo. Eso fue lo único que supimos, hasta que después cuando estábamos en el calabozo la policía no paraba de repetirnos que tenían un compañero en coma y que si se moría lo íbamos a pagar nosotros. Se ensañaron especialmente con nosotros tres, los latinoamericanos. Me acuerdo de que dijeron “¿los sudamericanos quienes son?, métanlos antes en el furgón”.

Después nos llevaron a la comisaría de la Guardia urbana de Les Corts. Allí fue horrible, yo siempre estuve en calabozo solo. Juan y Alex estaban juntos, pero yo estuve solo. Lo primero que hicieron fue sacarme todo, hasta los cordones de las zapatillas. A los cinco minutos entró uno de los urbanos que estaba antes, y en la puerta se quedaron cinco antidisturbios. El urbano que entró se puso los guantes y yo pensé que venía a darme, y que si me rebotaba entrarían los otros. Me empezó a pegar, me llamó hijo de puta, me dijo “si mi compañero muere tu sales de aquí con los pies por delante”. Yo solo le dije que no había hecho nada, pero después me quedé callado porque quería que dejara de pegarme. Me dio en el brazo con el que intentaba protegerme, en el cuerpo, por todos lados.

¿No constató nadie esas lesiones?

Sí, después entró el médico y me mandó al hospital. Casualmente, Alex y Juan también iban.

¿Pero les hicieron allí un parte de lesiones?

Sí, pero estuvimos en el médico con un policía enfrente y cuando íbamos al hospital los policías ya nos habían dicho que si les decíamos algo a los médicos nos harían algo. Entonces la verdad es que te ves en esa situación y no dices nada, estás muerto de miedo, porque están todos los policías allí, los mismos que te pegaron como diciendo “a ver si tienes cojones de decirlo”. Y aunque el médico se debe haber dado cuenta, porque al preguntarnos yo solo dije “golpes”, Alex “me caí” y Juan creo que nada, eso no fue reflejado en el parte.

Después nos llevaron en un furgón, y me acuerdo perfectamente que estaban también Alfredo y Patricia. Nos trasladaron con las manos en la espalda, esposados y tirados en el suelo. Más tarde volvimos a la comisaría y después a otra de los Mossos d’Esquadra. Yo creo que allí estuvimos mucho, estás en el calabozo y no sabes ni que hora es. Nosotros pedíamos comida y me dieron un vaso de agua, pero antes de dármelo el policía lo explotó, así como para que se cayera, y un pan. En dos días comimos eso. Aparte de las palizas, por las que ya físicamente no puedes, pero es que además mentalmente no entiendes nada.

En esa comisaría también nos hicieron el reconocimiento fotográfico, me dijeron que me desnude y me preguntaron si sabía porqué estaba allí. Dije que no y me dieron un golpe. Mientras tanto, había otro chico que sacaba fotos, pero con capucha y guantes. Y yo caí al piso y me agarraron con las manos en el cuello mientras me decían “¿te duele? Qué bien, te tiene que doler”. Yo estaba allí y pensé que la palmaba.

¿Y donde están esas fotos?

Esas nunca llegaron a ningún lado, ese reconocimiento no existió. El único que consta y nos hicieron legalmente fue el del juzgado, donde no nos dejaron quitarnos la ropa. Yo llevaba una camiseta blanca debajo y una más clara encima, que estaba llena de sangre, como los pantalones. Pero me dijeron que me la quite, y entonces salí con la blanca, que estaba limpia. En la cara no tenía golpes, estaba marcado y tenía la nariz hinchada pero no rota. Eso sí, estuve vomitando una coágulos de sangre una semana.
Y los Mossos también nos sacaron fotos con los móviles personales. Cada vez que cambiaba el turno nos decían “ahora tenemos tu cara, pero esto no va a ir a archivo, es personal y si te vemos en la calle te matamos”.

¿Cómo te enteraste de lo que pasaba?

No se cuánto tiempo había pasado y no había hablado con nadie. Yo pensaba que estaba preso por altercado público o alguna de esas cosas que te ponen cuando no saben qué ponerte y que me iban a soltar el domingo, que me tendrían el fin de semana. Pero después de un día y medio vi al abogado, que me dijo que estaban mi mamá y mis amigos fuera y que me habían acusado de intento de homicidio a un agente de la policía. En ese momento empecé a llorar, fue la primera vez que lloré. Me derrumbé y pensé “¿y ahora qué, pago 20 años de cárcel por la cara?”.

¿Qué pasó después?

Fuimos a declarar en el juzgado y quedé impactado, porque la Jueza hacía preguntas como si fuera el Fiscal. Era la primera vez que estaba frente de un Juez, y yo creía que era otra cosa. Íbamos pasando de a uno y les daban a todos libertad provisional, pero en un momento nos quedamos nosotros tres solos y yo pensé que lo más probable era que Juan salga y Alex también. Incluso Alex, como sabía que era probable que fuera a la cárcel, le dio a Juan unos pantalones que llevaba, que se los había hecho su novia. Juan tenía los mismos cargos que todos los que salieron en libertad, pero no salió. Se quedó por latinoamericano. Yo entiendo que a mí me habían puesto otros cargos, pero a él no. Cuando lo metieron a él pensé que estaba claro, que era por ser latinos. Y después me llamaron a mi y me decretaron prisión provisional. Ese fue el segundo golpe.

¿Luego ingresaste en la cárcel?

Sí, en la Modelo. Nos separaron a los tres, cada uno en una celda de las que se usan cuando recién entras. En ese momento no podés participar en la vida en la cárcel, porque miran tu nivel académico, si hablas español, que hacías antes. Y el dato chistoso era que los mismos presos nos preguntaban qué nos había pasado, porque llegamos llenos de sangre. Así que los de la cárcel nos dieron unos monos como de trabajo, y en la mañana salimos los tres con los monos.

¿Después los trasladaron?

Sí, nos llevaron a la prisión de jóvenes, a la Trinidad. Íbamos siguiendo el camino para saber dónde estábamos. Allá estuvimos más calmados, estábamos con Juan asimilando que íbamos a estar presos. Fue la primera vez que pude hablar con Juan. Y allí bueno, la cárcel es otra historia.

¿Cómo estuvieron allí?

No estás bien, pero tienes momentos. Es que es difícil de explicar, porque siempre hay gente que está peor, pero claro, uno nunca esta bien. Yo me sentía a veces bien porque me daba cuenta de que había mucha gente apoyándonos, y veía mucha gente en la cárcel muy sola. Pensé que en realidad tenía mucha suerte, una familia y unos amigos increíbles. Vi cada caso, de gente que realmente esta presa por no tener dinero, por ser inmigrante…hay guineanos o gente negra o latina presos porque no tienen abogados, porque les ponen unos oficios super rápidos. Hay gente a la que le han hecho el juicio sin traductor en su idioma, que está asustadísima y que entró por la misma época que yo por tonterías y está presa. Y entonces se te pasa un poco la rabia. Llegué a estar ahí y lo único que quería era estar tranquilo.

Y después llegó el juicio…

Sí. Yo cuando vi que el Ayuntamiento estaba como acusación particular ya pensé que era el momento de preparar el juicio con los abogados. Yo tenía miedo porque me imaginaba que la opinión pública estaría de parte de la versión que habían dado los medios. Pero después de que se conociera el caso estaba más tranquilo, porque se sabía la otra versión, que ya era mucho. Y traté de relajarme y de sobrevivir dentro de la cárcel, que es una sensación muy rara porque estás allí pero en ningún lado, estás perdiendo el tiempo mientras la gente afuera vive y trabaja. Y esa era otra preocupación, el dinero, porque ninguno de los tres somos gente de mucho dinero. Éramos jóvenes estudiantes, yo estaba becado en la universidad. Éramos jóvenes de 20 años inmigrantes en España y no teníamos los medios para pagar el proceso.

¿Y la sentencia te sorprendió?

Sí, me alegré, pero también es verdad que entre la versión de la primera jueza y lo que han dicho ahora no ha cambiado nada. En el juicio se vio que todo apuntaba a nuestra versión mucho más que a la otra. Pero como cada vez hay menos sustento y esa versión no se puede mantener por sí sola han ido bajando los cargos. De hecho, cuando leyeron la sentencia de 4 años y medio esperaba otros 7 más por otro cargo. Me costó asimilar lo que pasaba, pero en el juicio no tenía miedo, porque ya llevaba dos años preso. Y Cuando me dijeron que me iba en libertad no me lo creía.

Ahora estoy en la calle, pero siguen diciendo que soy culpable y debo un millón de euros, así que de victoria nada. Me han quitado dos años y ahora que vuelvo a la calle tengo la vida casi jodida. De momento, tengo que firmar cada 15 días y no tengo ningún plan. Lo que aprendí ahí fue que cuando planeas la vida siempre pasa algo, nunca podemos tener el control de lo que va a pasar con nuestra vida. Así que todavía estoy viendo cómo estoy, no se bien lo que quiero.

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