Preparación para la próxima pandemia

Educación y Sanidad.

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Mientras escribo esto, la incertidumbre domina por completo mi mente, las palabras no fluyen por las corrientes habituales, y los dedos otrora firmes tocan las teclas con aparente torpeza. Diferentes causas y motivos son germen de esta falta de certeza, empezando por el actual estado de alarma, en el que nos encontramos, situación sin precedentes, hasta llegar a la duda de cuando volverá a ocurrir, si estaremos mejor preparados o si esta nueva pandemia será más letal o afectará a todos y a todas por igual, no sólo a mayores y enfermos.

Lo cierto es que a falta de una bola de cristal y la necesaria formación en brujería poco se puede hacer para responder a estas cuestiones, sólo una de ellas puede ser de alguna manera enfrentada, la incertidumbre de si estaremos mejor preparados la próxima vez.

Si nos detenemos nada más que un segundo a analizar con sutil ligereza estas dudas que me inundan, enseguida alcanzaremos a observar que respondida la cuestión de la preparación habremos respondido las demás cuestiones, pues por definición estar preparados implica tener más conocimientos sobre algo. Entonces, una vez descartada la bola de la bruja Lola, ¿donde podemos encontrar esos conocimientos para prepararnos adecuadamente?

Preguntándonos acerca de conocimientos y preparación para abordar una nueva crisis sanitaria es inevitable pensar en Educación y Sanidad, la segunda es intrínseca a la esencia de la propia crisis y la primera se define como la preparación a través de la adquisición de conocimientos.

Una vez armados con las herramientas necesarias, a saber Educación y Sanidad, el siguiente paso en nuestro intento de arrojar luz sobre la oscuridad de la incertidumbre es engrasarlas, porque aunque un reloj estropeado pueda acertar dos veces al día, en momentos de necesidad y urgencia, la organización, la eficiencia, la disponibilidad de recursos, la precisión, la solidaridad son el mejor aceite para nuestras herramientas.

Al margen de las metáforas, lo que ahora necesitamos no es un mecánico ni un relojero, lo que requiere la situación es dotar a la Educación y a la Sanidad de dichas capacidades, escépticos o capitalistas te dirán que dicha tarea es imposible alegando algún que otro motivo económico y, por supuesto, añadiéndole un gráfico para dotar a su argumento de la pertinente «veracidad», ¿pero, por qué estos expertos piensan que es imposible? ¿Acaso no existe otra manera de pensar que anteponga las vidas humanas a las decisiones del mercado? Para responder a ello hay que profundizar en las raíces del sistema capitalista y su estructura, mientras existan diferencias de clase, individualismo y ese afán por trepar a costa del otro, jamás podrá desparecer el velo que esconde la verdad y mientras no se revele, tampoco desaparecerá la incertidumbre. Pues la incesante competición entre los ciudadanos y ciudadanas que propone el sistema capitalista neoliberal, los recortes y el aumento de las privatizaciones en materia de Educación y Sanidad no conjugan precisamente con la solidaridad, la precisión, la disponibilidad de recursos, la eficiencia ni la organización. He aquí nuestra respuesta, el capitalismo carece del aceite necesario para nuestras herramientas y su esencia le impide fabricarlo.

Si el Estado en una sociedad capitalista no puede adquirir ni la preparación ni los conocimientos necesarios para protegernos frente a una nueva epidemia, que es lo que le queda al ciudadano, una vez se encuentra sólo, abandonado por el Estado, sin protección, sin información… Pues no le queda otra que entrar en estado de histeria, competir con sus iguales, volverse mezquino, ruin, en esencia alejarse de la luz y caer de lleno en la incertidumbre, funcionando como un reloj estropeado que espera a acertar de casualidad y sobrevivir otro día más.

¿Está la humanidad contando las horas en el corredor de la muerte a la espera de una inevitable inyección letal? ¿Existe acaso posibilidad alguna de un indulto? Lo cierto es que sí, estamos condenados, siguiendo el rumbo marcado por los mercados hemos caído en la casilla de la cárcel, y la tarjeta de salida tiene un precio que supera a todos los bolsillos del tablero. En este momento no hay otra opción de salvación excepto la de competir con el resto para tener la posibilidad de comprar tan preciada tarjeta, pero para ello tendrá que apropiarse del dinero de los demás, acabando así con sus opciones de sobrevivir; en definitiva, matándolos, y perdiendo en el proceso su humanidad. Por lo tanto en este escenario la humanidad pierde la partida y finalmente perece en el corredor de la muerte. La única posibilidad de alcanzar el indulto es cambiar las reglas del juego, del modo competitivo al modo cooperativo, sólo así la humanidad podrá ser absuelta, pues al compartir los recursos de los que disponen, con solidaridad, organización, precisión y eficiencia habrán logrado fabricar el aceite para engrasar sus herramientas.

Cambiando las reglas del juego hemos descubierto una valiosa lección, que aunque el capitalismo no pueda ni quiera fabricar el aceite para la Educación y la Sanidad existe otra manera de jugar, el Socialismo, y está en la mano de los jugadores, a saber, los habitantes del planeta Tierra, exigir el cambio hacia un sistema que permita a nuestro Estado lubricar nuestras, armas para la próxima batalla. Porque podría ser la definitiva.

Saúde e República.

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