Premio Herralde: entre el temor y el temblor

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Por Iñaki Urdanibia

Elijo este título kirkegaardiano para calificar el último premio otorgado por la barcelonesa Anagrama, ya que realmente desde las primeras páginas somos atrapados por tales sentimientos o sensaciones, que no nos abandonarán a lo largo de las páginas del libro. Si el bueno de José Bergamín decía que si te empeñas en buscar la salida del laberinto no llegarás a conocerlo, en la presente ocasión permanecemos dentro del, de los, construidos por Mariana Enriquez ( Buenos Aires, 1973) quien en su « Nuestra parte de noche» nos lleva por los lados oscuros de la vida.

Desde el plano personal y familiar , en Nuestra parte de noche, de los protagonistas de las historias, Juan y su hijo Gaspar la mirada se va extendiendo a otros familiares como la mujer y madre de los anteriores, Rosario, que no se corta a la hora de desvelar sus relaciones amorosas en su singularidad, mujer a la que se ha de sumar una díscola prima , planeando de manera permanente el carácter bipolar como Jano, del poder, el que domina el ámbito de una familia de terratenientes un poder esotérico encarnado, es un decir, por un ser denominado Oscuridad, que se entrecruza con el otro rostro de poder sediento de sangre, que es el poder político-militar que impuso su bota en la Argentina, con sus detenciones, desapariciones y otras salvajes aberraciones. Al otro lado del charco, en el de esta lado, se hunden las raíces de una dinastía de millonarios que responden al nombre de Bradford, en cuyos archivos se verán desvelados los dispositivos secretos que guían a la secta nombrada y a su deidad que pide sacrificios y sangre que calme su insaciable sed. Tanto el poder esotérico como el político, como encarnaciones del mal, exigen víctimas y estas son escogidas entre quienes osan salirse de la fila, la fila de los comportamientos del orden y las estrictas normas de la ortodoxia.

Por medio de unos capítulos magistralmente entrelazados, vamos conociendo algunas relaciones familiares, ciertas genealogías, y la dosificación con que van siendo suministrados los datos y las diferentes historias, se combinan con los cambios de la voz narradora: entre la primera persona a modo de confesión y la tercera que funciona a modo de narrador omnisciente; esta disparidad que señalo convierte la lectura en más llevadera a pesar de los aires excesivos que invaden las páginas y las historias, ciertamente delirantes algunas de ellas. Cierto es que se dan golpes de efecto, truculencias y otros excesos, recursos que son absolutamente explicables, no solo por los gustos de la escritora sino también por la necesidad de utilizarlos de cara a mantener en el lector el constante estado de desasosiego, cosa que sin duda logra a las mil maravillas. Mariana Enriquez que nos arrastra, en algunos casos, por pagos cercanos a los de Jan Potocki en su Manuscrito hallado en Zaragoza o a los de la vuelta de tuerca de James, Henry ( El patio del vecino es de los que no puede leerse sin que se ericen los cabellos, con referencias a Lovecraft).

Las historias avanzan por los límites borrosos entre los normal y lo patológico, entre los racional e irracional, entre los momentos oníricos y los de la realidad pura y dura , comportamientos que hace pensar que nos hallamos ante seres cuando menos confusos por no hablar con palabras mayores, y que al tiempo suponen preocupación y tormento para las víctimas del dominio de los fantasmas que pueblan las mentes, invadidas por signos y recuerdos . Como ya queda señalado, y no me importa reiterar ya que al que escribe tal vena le sirve para hacer más llevadera la lectura, las historias y descripciones fantasmales tiene su transparente traducción al mundo social, en que se sitúan , con sus desigualdades e injusticias: desde los ya nombrados desmanes de los Videla y epígonos, a ciertos conflictos laborales o a crímenes machistas, sin obviar las visitas a los tiempos de la masiva ingesta de drogas, o los devaneos psicodélicos, punkis t de los ambientes homo del Londres de los años sesenta si obviar algún caso de desajustes adolescentes en lo que hace a hábitos alimentarios y otros .

Si el otro decía que en origen de la filosofía está la estupefacción o la extrañeza ante el mundo , en esta ocasión, y cambiando todo lo que se haya de cambiar, estamos ante seres que se hallan como desnortados ante el mundo que les rodea , lo que de paso abre la interpretación de la escritora que deja ver su negativa a plegarse a la razón normal y normalizadora apostando por la razón trágica, llevándonos al lado oscuro de las urbes de su país, por donde desfilamos en medio de los desechos en medio de los que nos cruzamos con seres sufrientes, niños y mujeres que chapotean en el abandono y el desarraigo.la escritora avanza y halla su lugar en la cohorte que va, limitando la mirada a sus compatriotas, de Ernesto Sabato a Jorge Luis Borges , pasando por Adolfo Bioy Casares o Silvina Occampo en sus incursiones terroríficas.

Concluiré con algunas aclaraciones: por una parte, servidor no es demasiado aficionado al género de terror, o de las historias que rondan lo sobrenatural ( con fantasmas, tumbas, muertos en vida, casas encantadas y otras yerbas), he de señalar, no obstante, que en este caso la forma adoptada por la escritora casa como un guante con las historias que van dosificándose para entregar el cuadro entero, al modo de fichas que van coincidiendo hasta completar en puzzle sin frozar las cosas ; por otra parte, el tono distante, insolente e indolente, y pleno de sorna que adoptan algunos de los protagonistas ayuda a leerlas historias con gusto.

Una potente obra llamada a permanecer en el tiempo, ya que estamos ante un escritura de honda profundidad, que hunde sus raíces en diversas expresiones del mal, que en su mezcla de registros se sitúa en el corazón de candentes problemas sociales.

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