¿Preludio del Socialismo en Cuba?

Para mediados del año 1960, en Cuba prácticamente era realidad palpable el cumplimiento del Programa del Moncada, La Historia me absolverá. Justo en ese contexto, tuvo lugar la VII Conferencia de Cancilleres de la Organización de los Estados Americanos (OEA) en Costa Rica entre el 22 y el 29 de agosto, ocasión devenida Declaración de San José de Costa Rica vs. la Revolución Cubana.

Es decir, para esa época se estaba conformando una “herejía” imperdonable para el pensamiento Made in USA. ¿Cuánto podía asombrar, pues, que Washington activara su ministerio de colonias del Sur del Río Bravo —entiéndase, la OEA— para la cofradía contra la Mayor de las Antillas?

La respuesta de la Isla no se hizo esperar: el 2 de septiembre del propio año, en la actual Plaza de la Revolución de La Habana, más de un millón de personas provenientes de todos los confines del Caimán Verde escenificaron la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba para repudiar la confabulación Águila Imperial-títeres de Latinoamérica. Emergía la Primera Declaración de La Habana en cuyas primeras palabras consta:

“PRIMERO: Condena en todos sus términos la denominada Declaración de San José de Costa Rica, documento dictado por el Imperialismo Norteamericano, y atentatorio a la autodeterminación nacional, la soberanía y la dignidad de los pueblos hermanos del Continente”. 

También, en la histórica Declaración se significó que en aquellos años la ayuda espontáneamente ofrecida por la Unión Soviética a Cuba en caso de que nuestro país fuera atacado por fuerzas militares imperialistas, no podía ser considerada jamás como un acto de intromisión, sino que constituía un evidente acto de solidaridad ante un inminente ataque del Pentágono yanki. 

Llegado a este punto, vale un vistazo a los Recuerdos de la invasión por Bahía de Cochinos, acontecimiento conocido en Cuba como Playa Girón: la primera gran derrota del “Norte revuelto y brutal” en Nuestra América, toda vez que el triunfo se concretó 66 horas después que los mercenarios de la fuerza invasora pisaran nuestras costas y constituyó una muestra de con qué vigor se realizó el fulminante contraataque a que fueron sometidos los agresores.

Es que —a contrapelo de la invasión mediática— a través de sus entonces bisoñas Fuerzas Armadas Revolucionarias y Milicias Nacionales Revolucionarias, nuestro pueblo luchó incesantemente día y noche, sin un solo minuto de tregua, muy a pesar que una fuerte escuadra norteamericana, que incluía un portaaviones e infantería de marina lista para intervenir, situada solo a tres millas de la costa, acechaba para amparar un pretendido gobierno títere.

Además, la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba expresó la convicción cubana de que la democracia no puede consistir sólo en el ejercicio de un voto electoral, que casi siempre es ficticio y está manejado por latifundistas y políticos profesionales, sino en el derecho de los ciudadanos a decidir, como en aquel momento lo  hizo la Asamblea de marras. 

Igualmente, condenó el latifundio, fuente de miseria para el campesino y sistema de producción agrícola retrógrado e inhumano; los salarios de hambre y la explotación inicua del trabajo humano por bastardos y privilegiados intereses; el analfabetismo, la ausencia de maestros, de escuelas, de médicos y de hospitales; la falta de protección a la vejez que impera en los países de América; la discriminación del negro y del indio; la desigualdad y la explotación de la mujer; y, en fin, la explotación del hombre por el hombre, y la explotación de los países subdesarrollados por el capital financiero imperialista —las negritas son mías.

¿Cómo dejar de entender, por tanto, que la Asamblea General Nacional del Pueblo de Cuba proclamara ante América el derecho de los campesinos a la tierra; el derecho del obrero al fruto de su trabajo; el derecho de los niños a la educación; el derecho de los enfermos a la asistencia médica y hospitalaria; el derecho de los jóvenes al trabajo; el derecho de los estudiantes a la enseñanza libre, experimental y científica; el derecho de los negros y los indios a la “dignidad plena del hombre”; el derecho de la mujer a la igualdad civil, social y política; el derecho …? 

He aquí elementos que me permiten asumir la Primera Declaración de La Habana como preludio del Socialismo en Cuba.

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