Preguntas raras a una dama

La escritora Rosa Chacel responde con lucidez y profundidad

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            ¿Escribimos para que nos quieran?

Sí, evidentemente, para eso: tanto que, por poner en ello un empeño desmedido, conseguimos a veces que nos odien.

¿No podemos ahondar en la tristeza, porque estamos condenados a seguir viviendo? ¿Podría decirse lo contrario?

Sí, se puede decir lo uno y lo otro, porque ni en la tristeza ni en la alegría se puede ahondar todo lo que se quisiera… En cuanto a lo de la condena, yo la acepto con toda mi alma o, si se quiere, con toda mi voluntad que –a pesar de todo lo imaginable– no me falta para seguir viviendo.

Una mujer escribió varios libros, y fue feliz. Otra mujer leyó muchos libros, y también fue feliz. Otra mujer vivió sin siquiera leer libro alguno y obviamente sin escribirlo y, cosa rara para las almas exquisitas, fue muy feliz. Una cuarta mujer admiró a las tres mujeres descritas, sin conseguir llegar a ser feliz. ¿Cómo se explica la infelicidad de esa cuarta mujer?

Es completamente imposible explicar la infelicidad de esa mujer ni de ninguna otra… La infelicidad o la felicidad no suelen tener relación estrecha con lo que se lee o deja de leer… Y, si por azar la tiene, pues ya está claro… por eso fue.

            ¿Poesía es el sueño de una creencia?

Bueno, más o menos… También podríamos decir que es la evaporación o la exhalación de su esencia.

Si lo exacto es lo bello, entonces, ¿qué es lo feo? ¿Lo feo es lo real?

Lo bello es lo exacto de lo real… Lo real –la realidad– contiene lo bello en su exactitud y lo feo en su inexacta e indiscutible existencia.

¿Dónde encontrar a estas horas el alma del mundo?

El alma del mundo está a estas horas donde siempre estuvo. Quiero decir que el alma del mundo es lo mismo que siempre fue, pero no está lo mismo… Por esto, preguntar dónde está no tiene objeto porque su lugar no ha cambiado… Ahora, cómo está y por qué está así… Yo aconsejaría a los jóvenes interrogadores que no planteen jamás cuestiones semejantes, porque si el interrogado tiene la debilidad de responder con dos docenas de palabras, divulgará un comprimido de conceptos banales, que se deberían incluir entre las drogas peligrosas.

¿La barra de carmín es una fábrica de besos que la mujer se da a sí misma?

No, absolutamente, no… Si la pregunta fuese: “¿La barra de carmín es el marchamo o reclamo de su fábrica de besos?”, se podría decir que sí, eso es, pero esto sería una afirmación trivial y, sobre todo, obvia… Esta pregunta, que parece una delicada indiscreción, es, por el contrario, el planteamiento de un tema profundísimo. Porque decir “no, no es eso”, resuelve el problema, pero si añadiésemos “es esto otro”, necesitaríamos quince o veinte folios para decir someramente lo que es. De modo que la pregunta, sumamente importante, queda sin una respuesta adecuada. Un artículo de un periódico que se ocupase de ello, valdría la pena de escribirlo, pero no habría ningún periódico que prestase tanto espacio a un tema que pasa por trivial.

[Rosa Chacel nació en Valladolid en 1898. Murió en Madrid en 1994]

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