Precariedad, clase y multitud

La búsqueda de nuevos caminos para acabar con la injusticia inherente al sistema capitalista no es nueva. Así, a cada reflujo de la lucha de clases surgen voces que intentan revisar y actualizar el marxismo. De hecho, en los primeros años 60, después de la época de mayor desarrollo capitalista, cuando las luchas revolucionarias del primer tercio de siglo XX eran sólo un eco, las voces escépticas con respecto a la lucha de clases y la capacidad de la clase obrera para oponerse al sistema eran cada vez más numerosas. No obstante, al final de la década y principios de los 70, con la revuelta del 68 en Francia, el auge de la autonomía operaria en Italia, los procesos Argentino y sobretodo el del Chile de Allende, la clase trabajadora vuelve a ser central.

Sin embargo, la capacidad de cooptación de la nueva república francesa, el debilitamiento de las luchas en Italia, el triunfo de los golpes militares en América Latina, impulsa a la izquierda a la búsqueda de “nuevas” alternativas, de nuevos sujetos revolucionarios. Desde mediados de los 70, el guevarismo y las luchas de los diferentes movimientos sociales, antirracista, feminista, de liberación sexual, ecologista, antimilitarista se imponen.

A finales de los 80 y principio de los 90, el desencanto producido por el desenlace de las luchas de los 60 y 70, y por la caída de la “alternativa” soviética arrastró a mucha gente de la izquierda al mundo de las o­nGs. Mientras unos proclamaban el fin de la historia, otros desertaban de la política como herramienta de transformación social. Sin embargo, el alzamiento Zapatista en México, allá por 1994, inauguró un nuevo ciclo de luchas contra la hegemonía neoliberal surgida de los escombros del muro de Berlín. Las palabras “cambiar el mundo sin tomar el poder” y “un mundo donde quepan muchos mundos”, surgidas de los labios del subcomandante Marcos, se constituyen en el eje de un “nuevo” discurso contrapuesto a los discursos del marxismo clásico y de las viejas guerrillas guevaristas que predominaron en América Latina hasta los 80, dónde el concepto marxista de clase se difumina y la revolución social no sólo deja de ser posible si no, en palabras de Jonh Holloway en su libro “Cambiar el mundo sin tomar el poder”, deja de ser necesaria.

La puesta en escena del llamado movimiento alter mundialista o movimiento de movimientos, con el bloqueo de la cumbre de la OMC en Seatle por parte de ecologistas, campesinos, trabajadores de Boeing , conductores del histórico sindicato “Teamsters”, todos juntos señalando al enemigo común, la globalización neoliberal; las luchas que le siguen, desde Génova a la actual situación en Méjico, pasando por las revueltas que han llevado a Evo Morales al poder en Bolivia, las luchas contra el dictador Suharto en Indonesia o el Argentinazo, las recientes luchas contra el Contrato de Primer Empleo en Francia (destinado a imponer la precariedad a los jóvenes) o el movimiento anti guerra, son todas luchas contra la globalización neoliberal ya sea en su forma económica o armada. No obstante, a pesar de la presencia en todas ellas de los trabajadores, jugando un papel central en muchas ocasiones, los conceptos de lucha de clases, o la sola existencia misma de clases en la sociedad contemporánea son puestos en duda. De hecho, la barbarie estalinista para unos, el fracaso del bloque del este para otros, o el abandono del discurso de clases por una retórica nacionalista (hoy bolivarianismo) de sus últimos representantes cómo Fidel, han abonado el campo para discursos como el de Toni Negri y su concepto “multitud”, con el que intenta solucionar la aparente contradicción entre la presencia objetiva de la clase obrera en las luchas y la falta de organizaciones revolucionarias con fuertes raíces obreras, o el no cuestionamiento global del sistema por parte de las principales organizaciones obreras.

El ensayista italiano intenta revisar y actualizar el marxismo con dos ideas fuerza, la aparición de un sujeto nuevo “la multitud(A)” que sustituya las clases, ya que estas no luchan entre sí porque el conflicto entre capital y trabajo se ha superado (lucha de clasesB)

A) Multitud versus clase

Es necesario insistir aún sobre la diferencia que separa el concepto de multitud del concepto de pueblo. La multitud no puede ser aprehendida ni explicada en términos de contractualismo (entendiendo que el contractualismo, más que a una experiencia empírica, se remonta a la filosofía trascendental). En un sentido más general, la multitud desconfía de la representación, ya que es ella una multiplicidad inconmensurable. El pueblo se representa siempre como unidad, mientras que la multitud no es representable, puesto que es monstruosa VIS à VIS de los racionalismos teleológicos y trascendentales de la modernidad. En oposición al concepto de pueblo, el concepto de multitud es el de una multiplicidad singular, un universal concreto. El pueblo constituía un cuerpo social, no así la multitud, porque ella es la carne de la vida…
Del mismo modo que la carne, la multitud es pura potencialidad, la fuerza no formada de la vida, un elemento del ser. Al igual que la carne, también la multitud se orienta hacia la plenitud de la vida. El monstruo revolucionario llamado multitud, aparecido al final de la modernidad, quiere transformar de manera continua nuestra carne en nuevas formas de vida.1

Negri intenta definir la multitud, pero detrás de un lenguaje ciertamente críptico, este concepto no parece ir mucho más allá de una descripción entre mística y esotérica de las movilizaciones acontecidas en el último lustro. Negri obvia la aseveración de Lenin, en el que éste le decía a Rosa Luxemburg, en respuesta a los ataques de esta a la posición bolchevique sobre la cuestión nacional, que si esperaba ver una revolución únicamente socialista podía esperar sentada, que lo importante no era si los trabajadores luchaban únicamente por la revolución social, si no cómo se posicionaban y si eran capaces de mantener una posición independiente en todo momento.

B ¿Trabajadores contra jefes?

Negri: en la sociedad posmoderna el valor del trabajo se presenta bajo forma biopolítica. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que el valor ya no se puede analizar ni medir en modo alguno según cantidades temporales simples ni tampoco según consecuencias complejas, porque vivir y producir llegan a ser lo mismo, y tiempo de vida y de producción se han hibridado cada vez más. Cuando decimos biopolítico, significa que la vida está completamente impregnada de condiciones y actos artificiales de reproducción, y significa asimismo que la naturaleza se ha socializado y se ha convertido en una máquina productiva. En este escenario el trabajo se recalifica por completo.2

La unidad temporal del trabajo como medida de base de la valoración es ahora un sinsentido… la ley del valor nos es restituida en el contexto o­ntológico no ya como medida sino como temporalidad coextensiva de la producción de la vida, como determinación en perspectiva del trabajo vivo… 3

Negri intenta refutar aquí la ley del valor enunciada por Marx, que describe el mecanismo por el que se forman los precios y cuya principal conclusión es que estos dependen del trabajo necesario para producir una mercancía o servicio y del precio que el capitalista debe pagar por ese trabajo. Si bien es cierto que una idea publicitaria puede reportar millones a una agencia, o la creación de un nuevo software hace ricos a unos cuantos afortunados programadores, ambos ejemplos “claros” de producción inmaterial, este “claro” carácter inmaterial, es decir sin necesidad de un lugar e infraestructura concreta y accesible a cualquiera para su generación, deja de serlo si no se obvia que la publicidad carece de sentido si el producto no existe, y que esta mercancía es producida por trabajadores asalariados, o que para fabricar los soportes de software (CDs DVDs. Etc) o el hardware son necesarios fábricas y asalariados.

Otro aspecto clave que Negri parece olvidar cuando señala la bancarrota del valor del trabajo dentro del sistema, son los intentos cada vez más claros de bajar los salarios de los trabajadores, ya sea mediante la temporalidad, la deslocalización o la negación de derechos a los trabajadores de otros países. Es decir: aumentar la plusvalía (el beneficio que el jefe obtiene de nuestro trabajo).

De esta manera el aumento de la precariedad en absoluto conduce a una superación del conflicto de clases si no a su agudización.

No obstante, es necesario recordar que las clases sociales no sólo existen objetivamente (de hecho), es decir gente que debe vender su tiempo para conseguir satisfacer sus necesidades básicas, alimentación, ropa y vivienda, si no que existen también subjetivamente (lo que percibimos). Todos sabemos que hoy, siguiendo las ideas dominantes, muchos trabajadores se consideran clase media, o consideran a los trabajadores venidos de otros países, o de otro sexo, religión etc. cómo enemigos, cuando objetivamente son sus aliados contra los explotadores.

Esta división entre objetividad y subjetividad también es capaz de explicar porque hoy en el Estado español, con cerca de 12 millones de trabajadores asalariados y distribuidos por todo el estado, el avance neoliberal parece imparable, y hace 70 años en Catalunya, con una clase trabajadora mucho más pequeña, se llevaba adelante una revolución social. Es cierto que la conformación de la clase ha cambiado en 70 años, incluso en los últimos 30. Hoy las grandes fábricas de textiles han sido sustituidas por fábricas de coches, aeropuertos, call centres; millones de trabajadores desempeñan su labor en empresas pequeñas, dónde la acción colectiva es difícil. No obstante, históricamente, en otras ocasiones se han encontrado caminos.

En resumen: subjetivamente, la lucha de clases como mecanismo para explicar la historia está desacreditada, sin embargo, objetivamente la clase trabajadora existe y no para de crecer, y el conflicto de intereses entre capital y trabajo (precariedad) se agudiza cada vez más. Para quienes queremos cambiar el mundo sigue siendo vital entender el papel central que la clase trabajadora juega en el funcionamiento del sistema. Para los trabajadores es fundamental comprender el poder que tienen cuando actúan colectivamente organizados en base a sus intereses de clase.

Notas

1.Negri, Antonio, Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio Barcelona, Paidós. (2004) p. 133 – 135
2. Ibídem, p. 210
3. Ibídem, p. 201

Bibliografía

Chris Harman, La clase trabajadora en el siglo XXI folleto de En Lucha.

Noam Chomsky en sus libros Cómo nos venden la moto y Cómo mantener la Chusma a ralla analiza y aporta ejemplos de cómo los poderosos hacen hegemónica su ideología. Una de las tareas principales todos los que queremos acabar con la injusticia es luchar contra esa hegemonía.

Artículo publicado por En lucha / En lluita&nbsp en el boletín «Ideas en Acción» en marzo de 2007

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