Posibilismo o voluntad política

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Puede que el día 12 de enero de 2020 quede grabado como uno de los días en que la esperanza de la sufrida clase obrera activa o ya jubilada haya visto renacer sus ansias de igualdad y de justicia social y que la máxima de “bienestar incompleto es muestra de una democracia incompleta” haya puesto fin a las egoístas garras del neoliberalismo y sus rediles secuaces de las derechas europeas y de la española en particular.

Los objetivos han sido definidos con claridad en la toma de posesión de los nuevos ministros/as; baste enunciar el de mayor importancia: “Reducir las desigualdades sociales” haciendo frente a los nuevos retos que presenta la globalización económica y comercial. Y nos surge un gran interrogante: ¿cuestionará la política lo económico o lo económico determinará lo político? De ser así, el debilitamiento del sistema democrático está garantizado porque se niega a la ciudadanía la posibilidad de escoger entre distintas políticas alternativas al presentársele sólo una como posible, aquella de conviene a la globalización. Recuerden la frase de Rajoy: “Hay que hacer lo que hay que hacer” un imperativo categórico y moral que no tiene alternativa. Esta alienación de la política deja a las instituciones “con el culo al aire”, como suele decirse y, a su vez, es caldo de cultivo para el hervidero de posturas totalitarias que buscan soluciones al margen de los procesos democráticos.

Para poder llevar a cabo este ambicioso proceso el estado del bienestar español  debe aportar a la renta nacional muchas más inversiones puesto que    el sistema español reduce la pobreza en un 63%, el alemán en un 80’6%. Esta falta de inversiones (los principales recortes han sido efectuados en asistencia social integral) ha aumentado la pobreza y por tanto las desigualdades sociales, de renta y de propiedad, siendo una de las más altas de la UE (la inferior entre la UE de los 15).

El mensaje  de la supuesta impotencia de los estados frente a la globalización económica es falso. Por eso forma parte de la opinión publicada que los políticos todos son iguales” y que sus “políticas son las mismas”, y ha calado como agua de mayo. Y la realidad del análisis se impone. Los países que durante los últimos 30 años han sido más globalizados han sido los nórdicos, que gobernados por partidos de aire social-demócrata se caracterizaron por la aplicación de políticas altamente redistributivas complementadas por inversiones de “pleno empleo” priorizando la creación de empleo en el sector público con inversiones en los servicios del estado del bienestar, y en el sector privado mediante  políticas crediticias y fiscales motivadoras de inversiones… justo todo lo contrario que los neoliberales de la UE han impuesto como objetivo : la estabilidad presupuestaria. Abandonarla con una política económica expansiva será el reto de los ministros y ministerios de nueva creación.

Para que estos objetivos puedan cristalizar positivamente  ha sido necesario romper la percepción de la derechización del país, ampliamente vociferada en los medios de información, que con el concepto de “centristas” han escondido actitudes de derecha y de extrema derecha en todo lo social. Incluso el PSOE se mostró en el centro cuando el Presidente Sánchez se mostró inamovible con el “no es no” a las políticas de derechas y a sus políticos. Los movimientos sociales, despertados del largo letargo desde la Transición, han mostrado que esta derechización de la población española era irreal, ficticia… y que la atávica división de las izquierdas (potenciada siempre desde la derecha) debía romperse de una vez con el pacto, con el entendimiento  y con el objetivo de unificar las clases sociales populares y medias en el uso de los servicios sociales en que ambas expectativas sean cómodas para todos (las clases sociales populares utilizan los servicios públicos y las clases medias potencian los servicios privados gracias a sus recursos económicos)… tendencia que funciona en los países más desarrollados de la UE y que la derecha española nunca ha aceptado. En todos los servicios sociales existe la tendencia a su privatización y la coexistencia entre ambos es una guerra abierta por parte de los depredadores de lo público en favor del negocio de privado en connivencia  de quienes aprovechan las “puertas giratorias” de los mismos depredadores.

Al final de esta reflexión, el interrogante queda en el aire. Por los hechos los valoraremos. ¿Harán lo que su ideología les obliga a realizar o se dejarán aletargar por el posibilismo económico?

Es por eso que los movimientos sociales debemos desplegar toda nuestra fuerza, nuestras movilizaciones, nuestra concienciación, nuestra visibilidad permanente en las calles, nuestra intensificada unión para que nuestros anhelos de juventud, que activamos la caída de la dictadura, podamos contemplar una democracia completa para nosotros, nuestros hijos y nietos.

 

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