Por un nuevo horizonte socio-energético: antes, hoy y … ¿ mañana ?

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Carbón, petróleo y gas natural; el 81 % de los recursos energéticos destinados en el planeta al consumo global proviene de combustibles fósiles. La certeza de que, más pronto que tarde, el carácter intrínsecamente finito de este recurso impondrá un profundo cambio de paradigma energético resulta incuestionable.

En poco más de un siglo, con la emergencia de la revolución industrial, la mundialización del consumo y producción hidro-carbúrica ha tenido como consecuencia el inminente agotamiento de combustibles fósiles que necesitaron millones de años para generarse y depositarse en el territorio. Lo que comenzó como un hipotético maná de infinita riqueza y prosperidad económica partía de la base de la imposibilidad de alargar indefinidamente en el tiempo el consumo de un recurso energético que, a día de hoy, sigue representando más de las ¾ partes del consumo energético total del planeta.

En lo que atañe al estado español, integrado de pleno en la globalización del paradigma energético tradicional del petro-capitalismo, los datos no dejan lugar a dudas : el 77 % de la energía para consumo interno proviene de combustibles fósiles, siendo la energía nuclear y las renovables la, por ahora, alternativa minoritaria al consumo hidro-carbúrico.

Existe, por supuesto, una fuerte resistencia política e institucional, así como una clara voluntad de invisibilidad mediática, para empezar a concienciar socialmente de la obsolescencia del viejo paradigma energético; aún a día de hoy, sólo el 12 % de la energía consumida en el estado español, desde los biocarburantes, la biomasa, la energía hidráulica, eólica y solar, parece querer desarrollarse hacia el horizonte de la sostenilidad ecológica real, que posibilitaría la configuración de un nuevo paradigma energético basado en el desarrollo de técnicas extractivas focalizadas en las energías renovables. Y, aún así, dentro de ese 12 %, algunas de las técnicas mencionadas no dejan de ser técnicas y recursos extractivos imposibles de mantenerse a medio-largo plazo, debido al impacto eco-sistémico que materializan en los ecosistemas hídricos y agrarios, como es el caso de los biocombustibles y la energía hidráulica.

Así pues, las razones y los motivos para un cambio de modelo se van imponiendo progresivamente a escala glo-local. En un reciente informe publicado por la AIE – Agencia internacional de la energía -, la convicción de haver llegado al famoso peak oil ya ni se esconde; lo que en su momento era caldo de cultivo de futuristas anticipaciones para la ciencia-ficción, hoy es una evidencia antropológica irrefutable : los recursos hidrocarbúricos se están agotando. Por lo tanto, los poderes públicos, mediáticos y financieros tendrán que actuar en consecuencia.

Dentro de los posibles horizontes y modelos que puedan proponerse, el mínimo común denominador de los mismos gira alrededor de la necesidad imperiosa de desarrollar nuevas explotaciones prescindiendo de la fácil accesibilidad que permitía el combustible fósil, haciendo más énfasis en la importancia clave de inventar nuevas tecnologías extractivas y de post-procesado. Este nuevo horizonte tendrá, sin duda, consecuencias directas en el sector industrial, el transporte y la alimentación. Sectores que, tradicionalmente, funcionaban – y aún funcionan – impulsados por el recurso energético que todavía es el motor de la economía moderna, cuyo desenfrenado dinamismo no sería posible sin la enorme cantidad de inputs hidro-carbúricos que necesita para expandir planetariamente el modelo capitalista de desarrollo.

Pero sería quimérico suponer que en los procesos de extracción, transformación, transporte y consumo energético, a lo largo de la corta historia del capitalismo industrial, no ha habido dependencias, asimetrías e imposiciones del modelo a las periferias de lo que Inmanuel Wallerstein llama el sistema-mundo; las tradicionalmente llamadas naciones civilizadas lograron expandir y desarrollar su mercado interno gracias al altísimo nivel de explotación energética de los hidro-carburos  antes de aventurarse a la expansión planetaria de su modelo de desarrollo, y aún a día de hoy, esas dependencias y asimetrías se hacen patentes. Sin ir más lejos, en un reciente informe del laboratorio de energía y sostenibilidad del año 2010, se remarca el altísimo nivel de dependencia energética del estado español, siendo nada menos que el 84 % de sus consumos hidrocarbúricos fruto de la importación para consumo interno. Es evidente, así pues, que esta total dependencia energética, muy por encima de los niveles de dependencia europeos, tiene consecuencias directas en el rol geo-estratégico que el estado español puede desempeñar realmente en sus relaciones internacionales, al depender su economía interna en tal grado, aún a día de hoy, de un mercado volátil y en pleno proceso de obsolescencia.

Vistas así las cosas, y a la luz de la ineficiencia y el despilfarro energético del viejo paradigma hidro-carbúrico, así como de su manifiesta injusticia y la evidencia de su impacto eco-sistémico, con la multiplicación exponencial de los índices de co2 y su densidad creciente en el cielo de las grandes megalópolis modernas, ¿ cuales serían las ventajas basadas en el desarrollo de energías renovables?. A pesar del bajo porcentaje de desarrollo de las mismas en el modelo actualmente globalizado, todavía excesivamente dependiente de los recursos hidrocarbúricos, hay claras evidencias de que una expansión global del nuevo paradigma y la obsolescencia del viejo tendría muchas ventajas desde diferentes prismas :

A – Desde un prisma geopolítico, las energías renovables fortalecerían la independencia económica y política del estado, disminuyendo la importancia de los recursos fósiles en las negociaciones internacionales.

B – Desde un prisma ecológico, el desarrollo de las renovables disminuiría progresivamente la emisión de gases de efecto invernadero, así como los residuos radioactivos resultantes del desarrollo de la energía nuclear, cuya imposibilidad de reciclaje ha quedado más que demostrada.

C – Desde un punto de vista económico, el desarrollo de energías renovables descentralizaría y diversificaría todos los procesos combinados de extracción, transformación y trasvase de energía, haciendo mucho más difícil la creación de oligopolios energéticos y democratizando los usos energéticos a la sociedad civil si ésta quiere hacerse partícipe de los mismos y, al mismo tiempo, si la administración estatal adquiere el centro de gravedad a la hora de planificar el nuevo paradigma energético.

D – Desde un punto de vista ecológico, haría más eficiente el uso de los recursos energéticos impulsando los nodos de aprovisionamiento y consumo energético locales, a través de la creación de pequeñas instalaciones de micro-generación energética conectadas al tejido productivo local.

Estas ventajas, no obstante, parecen no importar mucho a la élite del oligopolio energético español y a sus lobbies de presión mediática y económico-política; al igual que a los agentes económicos transnacionales del sector hidro-carbúrico, ejercen todo tipo de trabas administrativas, legales y económicas para no aumentar las primas al desarrollo de nuevas fuentes energéticas y las consiguientes nuevas tecnologías extractivas, necesarias para que el nuevo paradigma energético vaya consolidándose de abajo a arriba y con la participación activa de la sociedad civil. La dependencia política que esto causa, como efecto necesario la dependencia energética del hidro-carburo, sigue siendo el caldo de cultivo en el que se mantiene la progresiva pérdida de soberanía del estado español en absolutamente todos los niveles : fiscal, tecnológico, político y económico.

El hecho es que, a día de hoy, 1/3 de la electricidad consumida en el estado es de origen renovable y la solución clara a la pérdida de soberanía geo-política y energética del estado español parece no pasar por otro camino estratégico que el empoderamiendo energético de sus comunidades locales, por abajo, así como la inversión financiera en nuevas tecnologías extractivas de recursos renovables, por arriba, dejando atrás, de modo definitivo, las políticas-parche que han tratado de controlar el impacto eco-sistémico del modelo hidro-carbúrico simplemente tratando de reducir su consumo pero haciendo caso omiso de sus profundas deficiencias estructurales y de la disfuncionalidad ecológica que provoca su terca conversación.

A pesar de que expertos del instituto de innovación tecnológica ya han demostrado la viabilidad del nuevo paradigma energético, la oposición de las 3 grandes eléctricas que componen el oligopolio del mercado español al mismo, y cuyos beneficios netos rondan los 22.000.000.000 millones de euros, continúa siendo visceral. El argumento insistente del oligopolio energético institucionalizado y consolidado en España es tantas veces repetido como falso : las inversiones públicas, dicen, en el desarrollo de nuevas tecnologías y fuentes energéticas, aumentarían el déficit tarifario – deuda energética – del estado español. ¿ Suena de algo este argumento ? : nada nuevo, la clásica retórica de la deuda como excusa para el recorte y la desinversión pública.

Pero lo cierto es que es falso que las primas a las renovables sean la causa del llamado déficit tarifario del oligopolio energético español. La introducción de energías renovables en el mercado eléctrico podría aumentar los costes del primer tramo de inversión, a muy corto plazo, para consolidar las nuevas tecnologías extractivas y fuentes de aprovisionamiento energético, pero este aumento se vería muy contrarrestado tanto por los precios de mercado de una energía mucho más barata como por el hecho de la diversificación y democratización de su consumo.

Este, y no otro motivo, es lo que lleva al oligopolio energético institucionalizado en España a realizar campañas de desprestigio y desvalorización del nuevo paradigma energético basado en el desarrollo de renovables : la posibilidad de que las comunidades humanas puedan, en un futuro, gestionar democrática y colectivamente sus consumos energéticos asusta mucho, como asusta, también, otras dimensiones de la soberanía humana como la alimentaria, la reproductiva y la económica.

Tarde o temprano, la sociedad civil tendrá que decidir si sobrevivir inmersa en un modelo energético con un altísimo impacto humano y ecológico o vivir en una sociedad en la que las propias comunidades locales toman protagonismo a la hora de responsabilizarse colectivamente de las técnicas extractivas y los recursos más adecuados para no agredir al territorio ni a los ecosistemas. El paradigma hidro-carbúrico y el paradigma basado en las renovables son claramente antagónicos e irreconciliables; concepciones radicalmente opuestas de lo que es y lo que debería ser una vida en común, digna y humana, en el planeta. El primero está claramente pensado para que los grandes oligopolios hidro-carbúricos decidan qué, cómo y cuanto producir a unos ciudadanos concebidos como meros consumidores pasivos de energía. El segundo debería estar pensado para lo contrario, para ciudadanos pro-activos que se responsabilizan de la gestión de su territorio. El primero necesita de estructuras de gobierno opacas o, como mínimo, autoritarias, ajenas al impacto social que la persistencia estructural del viejo paradigma provoca. El segundo necesita, por el contrario, de una clara reformulación del pacto social y de la participación ciudadana en asuntos tradicionalmente ajenos a las agendas de los gobiernos : La soberanía energética, alimentaria y civil, entre otras. Decidir con qué, cuanto y cómo nos auto-abastecemos energéticamente es rotundamente imposible en estructuras de abastecimiento energético oligopólicas. Decidir con qué, cuanto y cómo nos autoabastecemos energéticamente debería ser posible y necesario en el nuevo paradigma energético.

En la actualidad, los ciclos combinados de extracción, transformación, trasvase y consumo energético siguen desarrollándose bajo la estrecha lógica mercantil característica de una sociedad capitalista. Actividades como el fracking, el desarrollo de energía nuclear, la producción hidroeléctrica, las constantes prospecciones de petróleo en tierra y mar, la producción eólica que expropia las propiedades de pequeñas comunidades campesinas a la fuerza, privatizando los montes mancomunales… y la construcción de líneas de alta tensión sobre núcleos de población que viven y trabajan ajenas al impacto radioactivo de las mismas sobre sus cuerpos, no son actividades fragmentadas, aisladas o dispersas. Todas son manifestaciones concretas de un modelo standard de desarrollo energético que concibe el territorio, los recursos y las personas como meras mercancías sujetas a la lógica especulativa del máximo beneficio posible en el menor tiempo posible, sin racionalización o control público de ningún tipo.

El fracking, que a día de hoy sigue siendo una técnica presente en más de la mitad de los pozos extractivos de petróleo, no es sino una técnica extractiva que busca sacar el máximo rendimiento posible al territorio con recursos hidro-carbúricos sin pensar en el impacto eco-sistémico y motivado por una clara lógica mercantil. USA fue el primer país en utilizar esta técnica extractiva : consiste en la inyección dentro de los pozos extractivos de un componente compuesta en un 99’5 % de agua y arena y un 0’5 % de aditivos químicos. Estos aditivos son, precisamente, los que activan cívicamente la protesta de muchos grupos ecologistas, conscientes de que la filtración de estos fluídos para ampliar y apurar las fracturas del sustrato rocoso de los suelos, acaban depositándose en las aguas subterráneas, provocando un severos peligro para la salud pública de las poblaciones civiles cercanas a los pozos extractivos de petróleo/gas. Instituciones poco sospechosas de pronunciarse airadamente a favor de la conservación del medio, como el parlamento europeo, han exigido a los oligopolios energéticos que hagan públicos en el espacio comunitario los componentes químicos que utilizan en sus actividades extractivas.

La energía nuclear, que sigue presentándose como la alternativa posible y necesaria al desarrollo energético basado en recursos hidro-carbúricos, sigue teniendo al consumo civil como coartada para silenciar sus evidentísimos usos militares gestionados por el conglomerado industrial-militar enclavado a las centrales térmicas y por los estados con mayor desarrollo tecno-militar del planeta. Técnicas generativas como la fisión nuclear están lejos de ser política y militarmente neutrales o inocentes, además de haber demostrado, a lo largo de estas décadas, los descomunales peligros que acarrea en caso de accidente, así como la persistencia de los mismos peligros aún a día de hoy a pesar de los informes corporativos y gubernamentales que tratan de minimizar las probabilidades de que las centrales nucleares sigan fallando y provocando cientos de miles de muertos y un impacto-eco-sistémico irreversible en el territorio y la población civil.

Por si no bastase con esto, nadie ha podido demostrar la posibilidad real de reciclaje de los residuos radioactivos que genera la fisión nuclear para la generación térmica de electricidad. La hipoteca de los residuos radioactivos, que se transmitirá durante siglos, si no milenios, a las futuras generaciones, tampoco parece ser razón suficiente para cerrar las centrales nucleares, como tampoco parece serlo el hecho de que el uranio y el plutonio fisionable sean recursos limitados ni el hecho de que su vida útil abarque como mucho de 20 a 30 años. Nada parece convencer a los entusiastas defensores del hiper-desarrollismo energético del oligopolio hidro-carbúrico, que parecen haber visto en la energía nuclear un último recurso para desplazar sus capitales especulativos del sector hidro-carbúrico al nuclear; tampoco el hecho de que los ciclos de la producción nuclear, así como los de la producción hidro-carbúrica, carguen a sus espaldas con un sangriento historial de guerras y asesinatos civiles unilateralmente legitimados e ideológicamente alimentados en nombre de la democracia, la paz y los derechos humanos.

Lo cierto es que tanto el fracking, como las clásicas prospecciones petrolíferas y de gas, como la producción nuclear, como la producción hidroeléctrica, no dejan de ser técnicas combinadas de extracción y producción energética que, analizadas en su conjunto, no fueron jamás creadas para garantizar la soberanía energética de las poblaciones civiles, ni desarrolladas teniendo en cuenta el derecho de los pueblos a decidir su propio modelo de desarrollo. Todo lo contrario.

Ni siquiera la producción hidroeléctrica ha logrado desarrollarse sin haber forzado el exilio rural y el desplazamiento forzado de las comunidades humanas que desplegaban su modo de vida alrededor de los ecosistemas hídricos de los ríos. Ni siquiera las líneas eléctricas que transportan la electricidad se han instalado teniendo en cuenta el peligro para la salud pública de los núcleos de población cercanos. No siquiera, no, tampoco, desde un punto de vista estrictamente económico y demográfico, las comunidades locales sobre las que se han construído grandes presas han dejado de sufrir fuertes sangrías migratorias desde su periferia rural a los cada vez más masificados centros urbanos donde los grandes oligopolios energéticos gestionan el ciclo combinado de todas estas técnicas de extracción y producción energética.

La pregunta, así pues, se impone con meridiana claridad : ¿ Qué de humano, qué de justo y qué de sostenible tiene el ciclo combinado de extracción y producción energética actualmente globalizado ?. Y, sobre todo, desde cuando y en qué medida ha sido la intención del oligopolio global de la energía hidro-carbúrica y nuclear el garantizar la soberanía energética de su población civil, y por lo tanto, el autogobierno real de sus instituciones y comunidades ?.

La respuesta, a la luz de los hechos, es más que evidente …  

En la historia social contemporánea de Catalunya han ido emergiendo múltiples experiencias de rechazo y resistencia al modelo energético impuesto por el oligopolio energético español. Lo más característico de estas alternativas es que han sido siempre reacciones muy localizadas en respuesta a un modelo energético glo-localizado que las élites del tardo-franquismo y la post-transición han asumido como propio sin realizar consulta ciudadana alguna sobre su viabilidad ecológica y humana.

Las resistencias desde el activismo ciudadano cotidiano, así como las propuestas, han ido de la mano. Desde el ámbito local y vecinal y más allá del espacio de influencia de las administraciones se siguen perfilando alternativas al oligopolio hidro-carbúrico desde la toma de conciencia de que, a día de hoy, tales alternativas deben formularse desde una óptica glo-local, teniendo en cuenta la irreversible interdependencia geográfica y política que ha materializado la expansión del modelo neoliberal de desarrollo.

Históricamente, la pobreza de recursos energéticos, y en concreto, la carencia de hidrocarburos líquidos y gaseosos, así como la mala calidad del carbón, ha limitado la potencialidad hiper-desarrollista en España. No deja de ser cómico que las élites del estado y de las grandes compañías energéticas españolas hayan preferido proyectarse al exterior para importar este recurso e imitar un modelo que acabaría fraguando nuestra dependencia energética actual. El condicionante geográfico ha sido determinante a la hora de situar a la península en el furgón de cola del hiper-desarrollismo energético, sí, pero también las élites oligopólicas de las tres grandes compañías energéticas han contribuído a la hora de importar los recursos hidro-carbúricos y las mismas técnicas extractivas y de trasvase y consumo energético.

A día de hoy, desengancharse del viejo paradigma energético nuclear/hidro-carbúrico, que se ha desarrollado, todo hay que decirlo, asumiendo grandes cantidades de deuda privada posteriormente socializada a los pequeños contribuyentes, sería el mejor camino estratégico desde una óptica eco-pacifista. La deuda energética del estado español no puede separarse de su deuda militar; las dos se relacionan, se necesitan y están vinculadas del mismo modo que están vinculados sus ciclos combinados de extracción y producción energética, consolidando unilateralmente un modelo de desarrollo que no puede reproducirse – tanto hacia dentro del área geográfica de influencia de los estados-nación como hacia fuera, en sus relaciones internacionales – si no es recurriendo a la violencia y a la masacre civil, de nuevo, como no, justificada en nombre de la paz, la democracia y la voluntad de hacer prevalecer los derechos humanos (*). Negarse a pagar la deuda soberana del estado implica negarse a pagar la energética y la militar que se fragua, también, a espaldas de la sociedad civil y de modo ilegítimo y unilateral. Pero… ¿ existen alternativas ?. ¿ Se camina en esa dirección ?.

No se puede responder que no; movimientos como RIDAURA JUNTS, TANQUEM LES NUCLEARS, ATUREM LES PROSPECCIONS, REPSOL MATA, PLATAFORMA SÉNIA, SOM ENERGIA, PLATAFORMA PRIORAT, NO A LA MAT, XSE Y PLATAFORMA POR UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO, entre otras, son claras muestras de que en la historia contemporánea de Catalunya hay una toma gradual de conciencia, desde la sociedad civil, del profundísimo impacto eco-sistémico y humano del modelo energético implementado en el territorio catalán. A pesar del carácter local y plural de este constante germinar de plataformas y movimientos, no es difícil intuir que los nuevos horizontes de desarrollo energético que se proponen parten de directrices totalmente antagónicas al modelo impuesto por el oligopolio energético vigente. Tanto RIDAURA JUNTS, introduciendo en el debate social el impacto ecosistémico y el peligro para la salud pública del fracking, como TANQUEM LES NUCLEARS, presionando a las instituciones y haciendo pedagogía social sobre la inviabilidad y el peligro de los procesos de generación de electricidad a través de la fisión de recursos limitados como el uranio y el plutonio, como REPSOL MATA, visualizando el impacto eco-sistémico y el constante atentado contra los derechos humanos de sus prospecciones petrolíferas, fuera y dentro de la península… son claras muestras de una profunda toma de conciencia que organiza y coordina en red todos los recursos y todos los esfuerzos para romper el cerco de desinformación, invisibilización y silencio que el oligopolio energético trata de consolidar a nivel mediático y político. Lo mismo puede decirse de las múltiples plataformas locales que reaccionan contra un proceso de vertebración territorial que se diseña a espaldas de las comarcas y su población civil, así como del malestar creciente en los núcleos de población rodeados por líneas de trasvase eléctrico sin estudios previos de impacto en la salud pública, aún contando ya con múltiples experiencias previas de la evidencia del mismo.

Los movimientos y las plataformas son respuestas y resistencias locales, pero a escala autonómica, estatal y euro-comunitaria el modelo de desarrollo energético hegemónico, desagregado en deuda y dependencia energética, deuda militar y deuda financiera para los países periféricos, y en supremacía energética y tecnológica, militar y financiera para los países hegemónicos a escala planetaria. Este injusto modelo de interdependencia global, digo, se gestiona y reproduce desde espacios transnacionales.

Existen vectores comunes en toda esta red comunitaria de resistencia al oligopolio energético en el territorio catalán, y a pesar de la aparente dispersión y concreción de las plataformas, la pulsión resistencialista va creando un mínimo común denominador que parte de la voluntad de ruptura con el modelo energético vigente y de la irrenunciabilidad de las energías renovables para materializarla

A – FRENTE A UN MODELO ENERGÉTICO QUE FOMENTA LA DEPENDENCIA Y PISOTEA LA SOBERANÍA DE LOS ESTADOS Y LA SOCIEDAD CIVIL, UN MODELO QUE FORTALEZCA SU SOBERANÍA POLITICO-ENERGÉTICA, RESPONSABILIZANDO A LAS COMUNIDADES LOCALES EN EL USO DE TÉCNICAS EXTRACTIVAS NO LESIVAS PARA SU ECOSISTEMA.

B – FRENTE UN MODELO BASADO EN LA EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO, ASI COMO EN LA GENERACIÓN DE RESIDUOS RADIOACTIVOS QUE HIPOTECAN A LAS FUTURAS GENERACIONES, UN MODELO BASADO EN LA NO-DEPENDENCIA Y ABANDONO DE LOS RECURSOS HIDRO-CARBURICOS Y LA FISIÓN NUCLEAR.

C – FRENTE A UN MODELO BASADO EN EL OLIGOPOLIO HIDROCARBURICO, UN MODELO BASADO EN LA DIVERSIFICACIÓN Y DEMOCRATIZACIÓN DE LAS FUENTES ENERGETICAS RENOVABLES

D – FRENTE A UN MODELO CONCENTRADO EN LOS GRANDES TRUSTS ENERGETICOS Y EN LAS MEGA-INSTALACIONES EXTRACTIVAS Y DE PROCESADO, UN MODELO BASADO EN EL DESARROLLO DE PEQUEÑOS NODOS DE APROVISIONAMIENTO Y CONSUMO ENERGÉTICO LOCAL, CON LA CONSOLIDACIÓN DE PEQUEÑAS INSTALACIONES DE MICRO-GENERACIÓN ENERGÉTICA

E – FRENTE A UN MODELO QUE REPRODUCE UNILATERALMENTE LA DEUDA Y DEPENDENCIA FINANCIERA, ENERGÉTICA, MILITAR Y ECONÓMICA, REPRODUCIENDO LA VIOLENCIA ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL, UN MODELO BASADO EN LA COOPERACIÓN Y PROTAGONISMO DE LA SOCIEDAD CIVIL EN EL DESARROLLO ECONÓMICO, EN LA SEGURIDAD Y EN EL AUTO-ABASTECIMIENTO ENERGÉTICO – Y ALIMENTARIO -.

Otra energía – y otro mundo – es posible si … caminamos pensando, y viceversa.