¿ Por qué se mata a las mujeres?

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El  asesinato de mujeres, tan frecuente en España, pero también en otros países de Europa, como en Francia, o en los «civilizados» países nórdicos; en Rusia, y en  todos los continentes, es algo repugnante que merece nuestra más encendida repulsa. ¿Cómo es posible que suceda esto? Y sobre todo, ¿por qué?.. ¿Qué puede llevar a un hombre a convertirse en un monstruo capaz de acabar con la vida de alguien con quien compartió cama, mesa, a menudo hijos, momentos alegres  y problemas de toda índole a los que se tuvieron que enfrentar juntos? ¿Qué puede llevar a un hombre al extremo de matar a su compañera incluso delante de sus propios hijos, dejándolos marcados de por vida por  un trauma que tal vez nunca puedan superar por más años que vivan?… Es difícil penetrar hasta el último por qué en la cabeza de un asesino, pero parece que en la mayoría de casos tiene que ver con los celos, con  divorcios no asumidos por el asesino, con que la ex mujer tenga una nueva pareja, o con que se quiera separar y no lo aguante más. ¿ Y qué es lo que le tiene que aguantar? Con frecuencia los malos tratos verbales, las palizas y  el desamor de mil modos manifiesto. Cuando  ella denuncia a la policía, no siempre es tomada en serio, y además corre el riesgo de morir cuando se entera el monstruo de casa. Y cuando el juez la escucha, pueden suceder dos cosas: que haga caso a la policía que le quitó importancia al asunto, o que envíe a la cárcel al sujeto. Pero la cárcel  no es algo eterno, y el sujeto sale un día para desgracia de su antigua mujer, que de ahí en adelante vivirá en un ay o será asesinada por venganza al cabo de los años, como tantas veces.

El imperio machista.

Violar, maltratar, prostituir, casar a la fuerza, son  verbos corrientes referidos a las mujeres en todas partes, no solo en Europa o en España en particular. Ser vendidas o raptadas para convertirlas en esclavas sexuales,  o arrojadas a la basura por el hecho de ser niñas, impedirles asistir a las escuelas, impedirles que vistan como deseen, tengan relaciones con quien quieran siendo solteras y hasta que conduzcan un auto, forma parte de la misma onda criminal de la que el asesinato físico sería la culminación del otro, del asesinato moral, que es el primero que da la cara en forma de prohibiciones, insultos y malos tratos de toda clase. Unos, en áfrica o en Oriente; otros, en las Américas. Así que ante esta onda criminal que llega a ser un tsunami fatal para miles de mujeres cada día en el mundo, tenemos que intentar saber qué hay detrás, qué fuerza se pone en marcha que provoca estas olas contra nuestras hermanas las mujeres y tan a menudo se las lleva por delante. Por eso están empezando a rebelarse colectivamente en todo el Planeta, con toda la razón y más aún.

Ni una más muerta por un criminal descontrolado, sí, esto es lo que deseamos, pero ¿cómo evitarlo?.. ¿Qué  oculta en lo profundo el  asesino, el violador o el maltratador que parece no existir para el resto de sus vecinos?

Viejos y malos cimientos a levantar

Es difícil negar a estas alturas que los  dos peores inventos de consecuencias fatales para la condición de las mujeres han sido la aparición de la propiedad privada y el  patriarcado. Ambos medularmente unidos.  Sin estos dos condicionantes hubiera sido imposible lo que ha venido sucediendo con ellas  a lo largo de la historia de la humanidad.

El amor a la propiedad privada, que el capitalismo ha convertido en intocable – a no ser que el Estado la precise, claro- subyace en el asesino que dice “la maté porque era mía”. Tenía la  propiedad, porque el sistema patriarcal le viene otorgando ese derecho siglo a siglo. Y quien tiene la propiedad sobre algo ofrece toda clase de resistencia a que la propiedad se rebele y no quiera ser más propiedad, o  que otro se la arrebate despojándole  de algo suyo. Porque el derecho de propiedad no solo es sagrado para el capitalismo, sino exclusivo para el poseedor. Esta visión de la pareja ha calado tan profundamente en la mente de tantos que no conciben perder algo que a su limitado entender era suyo y carecía del derecho a dejar de serlo. Y esta sería una parte de la podredumbre de los cimientos sociales del capitalismo patriarcal que sin duda tienen que ser saneados con urgencia. Hay un trabajo inmenso por delante para destruir lo construido por detrás siglo a siglo, milenio a milenio. No hay mal que no tenga compañía ni razón de ser, y  este del machismo patriarcal  no puede ser la excepción.

La perversa  actitud de las religiones

Aquí hacen su aparición los fundamentalismos religiosos. Porque si entre las religiones oficiales existen toda clase de diferencias de planteamientos teológicos, jerárquicos, filosóficos, y de otros tipos, en algo sí están unánimemente de acuerdo: la mujer es un ser inferior y un objeto de deseo, como quien tiene una mascota. Pero esta es una gran mascota: cocina para uno, lava su ropa, limpia y ordena la casa, cuida a su prole y produce gozo sexual. ¿Se podría tener mascota mejor?  ¿Para qué perder el tiempo con el amor altruista que exige esfuerzo, como el compartir esas tareas?

Los negacionistas las quieren invisibles.

Cuando el rabino, el cura, el pope, el imán, defienden que la mujer está peldaños abajo del varón; que es débil, peligrosa para el alma, de tendencias libertinas, y hasta sin alma- como el catolicismo defendió hasta finales de la Edad Media-  y que hay que dominar hasta el maltrato físico si es necesario, están proporcionando armas al asesino y reforzando el sistema capitalista y patriarcal del que forman parte todas las religiones institucionales por más diferentes que sean sus nombres. El status inferior de la mujer judía, de la mujer musulmana, de la mujer hindú, de la mujer católica da pie para que exista un patriarca en cada casa don derecho de propiedad y dominio. Es curioso ver con qué facilidad, el clero, que les impide su acceso al sacerdocio, les facilita el acceso al cuarto de las escobas y cómo  hasta el mismísimo papa se hace servir por monjitas, y no por monjitos.

A los males señalados, contra nuestras hermanas, que ya son legión, no podía faltar otro sin el cual sería difícil que su perverso éxito fuera tan duradero. Se trata de su invisibilidad cultural. Excelentes escritoras, artistas, místicas, científicas, maestras, filósofas y de otras profesiones de alto valor  son habas contadas en el gran jardín del machismo. Y hasta para llegar a esos mínimos tuvieron y tienen que batallar los suyo. No se puede permitir- piensan estos catetos- que las mujeres sean iguales; que  pretendan ponerse a nuestra altura, piensan los catetos. Y si es escritora, el marido puso muchas veces su nombre en las portadas o ella firmó con un seudónimo. El caso es que siempre se quiso evitar al máximo hacerlas visibles. Si eran inteligentes y de espíritu libre “había que “domarlas”; si eran hermosas había que esconderlas, si querían votar había que negarles el voto, si en sociedad querían dar una opinión  contraria a su marido, tenían que callar. Para el resto, pueden ver su vida cotidiana en los países árabes más fanáticos. Tantas cosas que todos sabemos y muchas más que no sabemos. Menos mal que poco a poco están consiguiendo – a base, eso sí, de muerte y represión- ponerse en su sitio, que es el de la igualdad de género.

La hora de la igualdad de género

Poner límites a la propiedad de las tierras, poner límites a la propiedad de los medios de producir riqueza, poner límites al poder de los varones en casa, ir poco a poco construyendo horizontalidad en la economía, la política, la cultura y el género es hoy prioritario no solo porque es moralmente insostenible la verticalidad jerárquica del mundo en todos los aspectos, sino porque es materialmente insoportable y la conciencia humana cada vez admite menos estos desniveles y se rebela, ahora con el empuje femenino. La mujer ya no quiere ser florero ni educar a las hijas para servir a los varones de casa. Ya no quiere ser machista. Esa época ya está amortizada con creces a base de  dolor.

La mujer se ha rebelado definitivamente y ahora  tendría que sanear los TRIPLES cimientos podridos de este mundo: el capitalismo patriarcal y  su diversa prevalencia cultural, espiritual y artística y las religiones patriarcales, porque juntas proporcionan cobertura moral  a los que defienden “la maté porque era mía”.

Ha llegado el momento histórico en que la mujeres sean simplemente suyas, de ellas mismas, vamos. Ojalá que fuese a la vez el momento en que los trabajadores y trabajadoras del mundo hiciesen lo mismo con las riquezas que producen, que recordasen a todos que son ellos Y ELLAS  los ricos, y no quienes se las quedan para su goce, su derroche, sus inversiones peligrosas y sus guerras.

 

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