Por qué llegó Chávez al poder

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El siempre líder socialista venezolano buscó una propuesta acertada para que el Psuv y su socialismo del siglo xxi no terminaran abatidos como el de la Unión Soviética.

No pudo lograrlo y la cultura pequeño-burguesa continúa impregnada en todo el país, lo mismo que una poderosa y aislada cúpula política-económica – militar.

Cuando Chávez hablaba de no cometer los errores del pasado, no sólo se refería a  los de los partidos políticos venezolanos.

La continuidad de los oligarcas, burgueses y clientes permanecen.

La llegada del comandante obedeció a una demanda venezolana de querer ser un país más productivo, más honesto y tener una industria competitiva sin negar la renta petrolera. El venezolano estaba gritando querer ser más y mejor consumidor.

Los guardianes que buscaba Chávez y que no estaban en las filas socialdemócratas (Acción Democrática / adecos) y democratacristiana (COPEI / copeyanos) venezolanas, tampoco los encontró en su revolución, quizá por ello se convirtió en el hombre protagonismo y necesario.

La ingobernabilidad adeco-copeyana que reinó desde 1958 hasta 1998 extremó el cansancio y el descrédito de la democracia venezolana de entonces, y fue el golpe  de estado de Chávez el 4 de febrero de 1992 el que allanó el cambio político.

Chávez y sus compañeros golpistas justificaron su acción de 1992 por la corrupción social, política, económica y la desesperanza del país y porque la sociedad venezolana exigía un cambio radical, pero ello no significó nunca un reclamo hacia un socialismo bolivariano.

Los venezolanos querían un cambio y tal vez un nuevo líder, pero sobre todo exigían confianza, seguridad ciudadana y jurídica y terminar con la desbocada corrupción. Hoy muy pocos opinan que algo haya cambiado.

Cuando Chávez ganó el poder en 1998, el pueblo venezolano respiró porque caía el bipartidismo y una nueva esperanza política nacía, nadie pensó en una revolución. Aunque la sociedad venezolana estaba articulada en dos fuertes corrientes políticas: la socialdemócrata y la democratacristiana, los movimientos de izquierda como el MAS, MIR o PCV eran fuerzas de último orden.

Pero es complejo desmoronar la historia y acercarla letra a letra para saber cuál ha sido la herencia de unos y otros.

La dependencia de los países del Tercer Mundo ha tenido mucho que ver, durante los últimos 100 años, con la caída mundial de los precios agrícolas  (1918/39), la conversión de Estados Unidos en el acreedor industrial número uno y las fuertes inversiones de las multinacionales; el comercio cambió y con él la producción agrícola. El mundo industrializado necesitaba materias primas como el petróleo o el gas y, los países pobres el dinero inglés o americano.

Venezuela inició un nuevo camino de desarrollo a través de aquellos préstamos dirigidos fundamentalmente a la siembra del petróleo y a crear una dependencia directa de los grandes centros de explotación del capitalismo mundial.

La agricultura venezolana que en 1925 representaba el 36.00% de su PIB, en 1979 pasó al 6.20% y, en 2014 el Banco Mundial la estimaba un 3.88%.

¿El resultado? Un vacío en los campos por sus pésimas condiciones de vida y el nacimiento de una inmensa proletarización y poblamiento de los cerros y llanos venezolanos.

Se estima que para 2001 en Venezuela había 7 millones de ciudadanos viviendo en tugurios urbanos, dato que según el estudio “La vivienda en Venezuela: Un problema con solución”, de Ángel Alayón, para 2010 llegaba a los 7.5 millones de personas

Los, en aquél y ahora entonces civilizados inversionistas apreciaban el subdesarrollo como consecuencia de la inmadurez, la pobreza, el bajo nivel cultural y las grandes dificultades geográficas que presentaban los países del tercer mundo, para ellos el tercer mundo era incapaz de participar, sin tutela, dentro del mercado mundial.

Con ese panorama, la teoría dependentista se convirtió en revolucionaria obligando a pensar en un necesario Estado y partido fuertes. De ahí nació Chávez.

El comandante siempre estuvo convencido de no fracasar si los venezolanos renunciaban a la búsqueda de las ventajas personales y, reducía la pobreza, desprivatizaba la educación, mejoraba la sanidad, fortalecía las misiones habitacionales, daba acceso a la  alimentación, controlaba la inseguridad ciudadana, eliminaba la obscena desigualdad, luchaba contra la galopante corrupción. Y, después de todo ello, erradicaba los genes del capitalismo por lo menos local; tampoco lo logró.

Chávez tomó el poder constitucional asegurando que sería desobediente a las teorías de la OMC, FMI o BM. Lo intentó con Unasur, el Alba o Bansur, pero como una vez dijo el democratacristiano y expresidente venezolano Rafael Caldera a los presidentes de países ricos que llamaron a Carlos Andrés Pérez después de que Chávez intentara derrocarlo en 1992, sin comida es imposible cualquier democracia y, de poco vale toda una estrategia de búsqueda de culpables cuando ni siquiera se puede acabar con la corrupción.

El golpe de Chávez fue más que un simple apetito militar, la sociedad venezolana estaba agotada de un bipartidismo corrupto y empobrecedor. El venezolano quería asistir a las fiestas a las que nunca se les invitaba, quería abandonar los hurras a sus políticos, convertidos en hombres emblema de los mayores logros económicos; la sociedad venezolana estaba cansada del subempleo y la verticalidad de sus encorbatados líderes que al finalizar sus mandatos establecían su residencia en Miami.

El 4F pretendió sustituir un gobierno desamparado de apoyo popular, no pudo y esperó a 1998 para iniciar su andadura. Después de 17 años las partes antagónicas se han radicalizado y la revolución pasa por su peor momento y, queda, para muchos, encontrar si el proceso bolivariano sólo quería emanciparse de Estados Unidos antes que convertirse en un aliado fraterno de Cuba.

José Antonio Medina Ibáñez. www.latinpress.es

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