¿Por qué la prensa occidental no informó sobre la huelga más numerosa de la historia?

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Se calcula que el pasado jueves, 8 de enero del presente año , tuvo lugar en la India la que posiblemente ha sido la mayor huelga de asalariados de toda la historia. Pero, curiosamente, muy pocos medios de comunicación occidentales se hicieron eco del hecho.

La pasada semana tuvo lugar, posiblemente, un acontecimiento sin precedentes conocidos en la Historia contemporánea. Y sin embargo, pocos fuimos los que pudimos enterarnos del acontecimiento. ¿En qué consistió ese  ignorado evento ?

En efecto, se calcula que el pasado jueves, 8 de enero del presente año de 2020, tuvo lugar en la India lo que posiblemente ha sido la mayor huelga de asalariados de toda la historia. Pero, curiosamente, muy pocos medios de comunicación occidentales se hicieron eco del hecho. No se trataba de un acontecimiento baladí, sino que por el contrario puede otorgársele la categoria de «histórico». Nunca antes ha tenido  lugar un acontecimiento de semejante envergadura.  Sin embargo, el silencio no sólo enmudeció a los órganos de prensa de la burguesía, – actitud que se comprende – sino que  fueron pocos los digitales  conocidos como «alternativos» y los órganos de partidos políticos que se reclaman de izquierdas, los que proporcionaron información sobre  este impresionante movimiento huelguístico. ¿Dominará también en ellos  la equivocada visión  de que Occidente sigue siendo  es el ombligo del mundo?

Las razones para que ello sucediera así pudieron ser muchas. En principio, por ejemplo, la visión eurocéntrica de nuestros mass medias, que  han estimado siempre que lo que sucede en  lo que ellos consideran la «periferia» del planeta, carece de relevancia. En segundo lugar, pudo pasar también   que la subyacente «lógica del sistema»  estimara que, a la luz del  clima de  las espontáneas explosiones sociales que se están produciendo en nuestros días en  diferentes continentes, la narración periodística de un movimiento solidario de tan gigantescas proporciones  como el de la India, pudiera suscitar  su peligrosa  reproducción  en otras áreas «más sensibles» del planeta.

Sean las que sean las razones que hayan podido inducir  a omitir la noticia, no deja de resultar llamativo que apenas unos pocos medios de comunicación europeos  se hayan dignado a dar  a conocer las dimensiones de la movilización, citar a sus  protagonistas  o referirse a las  motivaciones que la provocaron.

El pasado año, por estas mismas fechas,  tuvo lugar también una macrohuelga en el mismo país, en la que participaron millones de trabajadores indios, por motivaciones similares a las de ahora. Pero aquella gran huelga pareció haber cogido  a los medios de comunicación con la guardia baja,  y recogieron la noticia  con la espectacularidad con la que se recoge la caida de un meteorito, pero sin informar de las causas que la provocaron. Este año la huelga se multiplicó en su seguimiento, y curándose en salud debieron pensar que «bueno es lo bueno, pero no lo demasiado». Y dieron el cerrojazo informativo.

 

EL 3% DE LA POBLACIÓN DEL PLANETA PARÓ…  Y NOSOTROS SIN ENTERARNOS

El pasado jueves 8, se estima que 250 millones de indios, aproximadamente el 3% de la población mundial, se declararon en huelga en todo el subcontinente indio, protestando en contra  de las políticas  salvajemente neoliberales del gobierno de Narendra Modi, contra la inversión extranjera en áreas claves de su economía, así como por la garantía de pensiones y de un salario mínimo que en ese país son inexistentes.

La macrohuelga y las subsiguientes protestas que ésta acarreó,  fueron convocadas por el Centro de Sindicatos Indios (CITU), así como por los múltiples y nutridos Partidos Comunistas  existentes en ese país.

 

¿POR QUÉ FUE LA HUELGA?

Entre las demandas que los huelguistas han dado a conocer, se incluyen las siguientes  :

– Medidas urgentes para contener los aumentos de precios a través de un sistema de distribución pública universal y la prohibición del comercio especulativo en el mercado de productos básicos.

– Un esquema de medidas que promuevan generación de empleo, para combatir el gigantesco problema del desempleo existente en la India.

– Aplicación  estricta de todas las leyes laborales básicas.

– Seguridad social universal.

– Salario mínimo de al menos 15,000 rupias, o sea  210 dólares al mes

– Pensiones garantizadas para toda la población en edad laboral.

– Salario igual  a trabajo igual.

–  El cese de las leyes que favorecen a los patrones en contra de los asalariados

–  Poner fin  a la  inversión extranjera directa en industrias clave como el ferrocarril, la defensa y las finanzas.

Pero la huelga no sólo estuvo provocada por  las reivindicaciones citadas. El gobierno derechista de Narendra Modi está tratando de anular la nacionalidad india a casi 2 millones de personas del Estado nororiental de Assam, la mitad de ellos musulmanes. El gobierno derechista indio ha emprendido la construcción de una red de «centros de detención», similares a los que se han creado en los Estados Unidos para «albergar» a los «inmigrantes ilegales». Pero en la India, estos centros tienen, además, la peculiar característica de que para su construcción se emplea la mano de obra  de aquellas personas que luego serán ingresados en ellos.

Una de las tácticas que utilizaron los  huelguistas  en el curso de su macrohuelga,  fue el bloqueo  de las líneas ferroviarias, logrando cerrar la red de transporte más importante  de la India, con la consiguiente  paralización total  del país.

Los representantes de los sindicatos del carbón de la India  sumaron a 600,000 de sus asalariados a la huelga, contraviniendo de esta forma la orden de la gerencia de Coal India Ltd. para que no lo hicieran. La huelga contó, igualmente, con el apoyo de la gigantesca  población de trabajadores agrícolas del país.

 

PESE A LAS AMENAZAS: UN MACROÉXITO

La huelga fue un éxito no sólo por el  aplastante apoyo con el que contó, sino también porque  tuvo que enfrentarse a las amenazas del gobierno del derechista.  Modi  había advertido severamente que «cualquier  trabajador que  participara en la huelga  tendría que afrontar» las consecuencias  derivadas de su acción».

Por su parte, la Corte Suprema tampoco se quedó corta a la hora de repartir  amenazas. Hizo una declaración pública  advirtiendo que protestar ese día debía ser interpretado como  una condenable acción de «mala conducta grave». Las amenazas como se vió, no tuvieron maldito resultado.

 

 

Canarias Semanal

 

 

 

 

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