Por qué la Covid-19 sí entiende de clases

En el distrito de Nou Barris encontramos el barrio —Roquetes— más golpeado por el coronavirus. En el de Sarrià-Sant Gervasi —Les Tres Torres—, el de índice más bajo de afectados

En los últimos días, las polémicas invaden los espacios de opinión pública y virtual: se repite la consigna de que el virus no entiende de clases ni de fronteras y que nos afecta a todos por igual. Sería necesario preguntarse qué hay detrás de este discurso.

En términos de salud pública, los datos eran y son alarmantes, mostrando una gran brecha entre las zonas más bienestantes y las más empobrecidas de la ciudad de Barcelona. Lo mismo pasa con la Covid-19: el impacto no es ni será el mismo. Las estructuras que sostienen el capitalismo vulnerabilizan y sobreexponen más unos colectivos y perfiles que otros; no hablamos de colectivos de riesgo sanitario, hablamos de la población en general, dividida en territorios con más o menos recursos.

Por hacer una comparativa directa, respecto a los datos poblacionales de 2018 (las informaciones más recientes encontradas), el barrio de Roquetes (Nou Barris) registra 15.748 habitantes, lo que supone un 0,5% de la población infectada (500 sobre 100.000) por la Covid-19; el índice más alto de la ciudad, en contraste con el 0,07% (76 sobre 100.000) de Sarrià-Sant Gervasi, según datos del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya.

¿Cómo se explica esto?

Nou Barris es el distrito con más privación socioeconómica de Barcelona y esto impacta en la salud. Según el informe La salut als districtes de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (2013), las principales causas de muerte en hombres de entre 45 y 74 años en el distrito de Nou Barris son patologías consideradas factores de riesgo ante la Covid-19 (cáncer de pulmón y enfermedad isquémica del corazón). Datos del informe de 2015 destacan que los hombres con mala salud percibida a partir de los 65 años son 60,5% en Nou Barris, en contraste con el 30,5% en Barcelona.

La situación económica y social de Nou Barris es desfavorable respecto del resto de la ciudad y presenta retos alarmantes para la salud: la obesidad y el sedentarismo entre la gente mayor (en gran medida, provocados por el entorno físico y geográfico) y las condiciones sociales y económicas. Así mismo, la falta de hábitos saludables (a menudo derivados del estilo de vida al que se ven conducidas las familias más precarias) también se considera factor de riesgo al analizar la salud pública en los barrios. En Ciutat Meridiana, por ejemplo, se registra una alta tasa de tuberculosis. De hecho, en Nou Barris, la tasa de incidencia por 100.000 habitantes de la tuberculosis se sitúa a 19,07 en hombres y 20, 17 en mujeres.

Los distritos de Ciutat Vella y Nou Barris son los que presentan la tasa de esperanza de vida más baja de la ciudad. La más alta se encuentra en los distritos de Les Corts y Sarrià-Sant Gervasi. Todo lleva a la misma conclusión: los barrios de trabajadores son factores de riesgo. Y no solo en cuestión de antecedentes de salud.

Mientras que en barrios como Can Peguera (Nou Barris), en el período de inicio de la crisis (2006-2010) la esperanza de vida se situaba a 78,6 años, siendo la más baja de todo Barcelona (y coincidiendo con ser una de las zonas con menor renta por cápita de la ciudad), en otros barrios como Les Tres Torres (Sarrià-Sant Gervasi), en la misma época, la esperanza de vida se encontraba en 87,5 años.

En los últimos años, ha habido un incremento de la gente mayor que vive sola. La población envejecida (>65 años), principal factor de riesgo de esta epidemia, se sitúa en un 23,2% en Nou Barris. Son diversos los informes de salud que destacan el riesgo de aislamiento social provocado por el entorno físico y la degradación de los habitajes en la población envejecida. Los edificios sin ascensor, que representan uno de cada cuatro en Nou Barris, dificultan la movilidad. En el contexto actual, el aislamiento social de la gente mayor ante la Covid-19 es un problema añadido ya que implica cierta desvinculación respecto a la comunidad y dificulta el acceso a las redes de apoyo mutuo que se están articulando en los barrios, redes que suplen la caída precipitada de los servicios asistenciales de la ciudad a causa del confinamiento.

Como indica el informe La salut als districtes (2015), Nou Barris es el segundo distrito con más hogares de 5 o más personas. Nuevamente, la densidad de población es otro riesgo ante la crisis de la Covid-19. Se está pidiendo un distanciamiento social inédito, que ninguno de nosotros ha visto anteriormente, pero este distanciamiento no puede ser igual para todos. La densidad de población en el distrito de Nou Barris es de 721 hab/ha, mientras en Sarrià-Sant Gervasi es de 244 hab/ha, otro indicador del riesgo que supone para los barrios trabajadores no poder cumplir dicho distanciamiento social.

Como se puede ir viendo con estos datos, la Covid-19 no se queda al margen de ser un riesgo añadido para un distrito trabajador que parte de una base desigual. Nou Barris sumaba, en la última actualización de hace unos días, un total de 671 infectados y es el barrio de Roquetes el que registra los datos más altos de infectados por zona en Barcelona seguido por Trinitat Vella. Las medidas para prevenir y combatir la Covid-19 entienden de clase y no debería sorprender a nadie que las periferias acarreen con la peor parte. Las personas de clase trabajadora son quien garantizan el abastecimiento y el sistema de atención sanitaria, en un escenario desmantelado por los efectos de la crisis de 2008 y los respectivos recortes que no garantizan un acceso equitativo a la sanidad.

Los distritos de clase trabajadora suman una cuantía extensa de factores de riesgo y focos de contagio; el implícito requerimiento de movilidad de las periferias, la necesidad de trabajar y los desplazamientos a los lugares de trabajo, las dificultades de acceso a empleos cualificados y las considerables carencias de salud que requieren mayor atención sanitaria. Toda esta serie de factores, sumados a la previsión que se hace de la crisis de la Covid-19 y al retraso de las medidas aplicadas hasta llegar al confinamiento total, añaden un riesgo devastador para las zonas de clase trabajadora de las ciudades.

Fotografía de Lorena Sopena

En relación a la atención sanitaria

Ante una crisis sanitaria como la actual, es preciso mirar un poco atrás para conocer las necesidades y los recursos derivados del estado de salud de la población, y así entender que sí, que va de clases.

El informe La salut als barris de la Agencia de Salud Pública (2018) indica que Nou Barris fue, en 2017, el distrito de Barcelona donde los centros de atención primaria (CAP) atendieron una proporción más alta de personas; un 83,6%, mientras en Sarrià-Sant Gervasi la cifra se sitúa en un 59,4%. Nou Barris lidera también, junto con el distrito de Sant Martí, la tasa bruta de visitas por cada 1000 habitantes en Barcelona. En 2017, la tasa media de la ciudad se situó en 543.4; en Nou Barris en 660,3 y, en contraste, en 337,2 en Sarrià-Sant Gervasi. También el mismo año, la tasa más elevada del uso de urgencias en Barcelona fue encabezada por Horta-Guinardó (487,2), seguida de Nou Barris (469,1), mientras el distrito de Sarrià-Sant Gervasi presentó las cifras más bajas (246,8). Así mismo, Horta-Guinardó y Nou Barris son los distritos que presentaron mayor uso del servicio público de urgencias hospitalarias, siendo de nuevo Sarrià-Sant Gervasi donde menos hubo. Paralelamente, Nou Barris presentó el mayor índice de hospitalización en Barcelona.

En 2011, en pleno contexto marcado por la crisis económica, un 70% de la población de Sarrià-Sant Gervasi disponía de un seguro de sanidad privada frente al 40% del total de Barcelona ciudad. Es evidente la diferencia de acceso a la atención sanitaria entre los distritos de Sarrià-Sant Gervasi y Nou Barris, debido al acceso que tienen las zonas más enriquecidas de la ciudad a la sanidad privada ante un sistema sanitario público ya en decadencia desde hace años. Así, es preciso referenciar que las condiciones socioeconómicas son mucho más determinantes para la salud de una población que las cualidades del servicio sanitario.

Factores económicos y sociolaborales a considerar

La renta familiar disponible de Nou Barris era, en 2017, del 55% respecto al valor 100 de la ciudad de Barcelona, diferencia que sigue siendo alarmante en los años posteriores. Nou Barris se sitúa como el distrito con menor nivel socioeconómico de Barcelona y mayor peso del paro registrado. Roquetes registra un 5,93% de paro, un índice no muy alto, pero hay que considerar a qué se dedica y se expone la población activa del barrio.

El nivel de estudios obligatorios (actualmente hasta la ESO) en el barrio de Roquetes es del 65% de la población; solo un 9% tiene estudios superiores. En consecuencia, un bajo porcentaje de la población de Roquetes tiene acceso a trabajos cualificados. Los perfiles poblacionales con menos nivel de estudios suelen verse condicionados a trabajar en sectores más precarios, hecho que sucede en menor medida en otras zonas de la ciudad.

Un 37% de la población activa de Roquetes trabaja en industrias o almacenes y un 25,5%, en oficinas. Ambos sectores suelen ser ámbitos en los que el contacto con otras personas es constante. En el caso de la industria y los almacenes ante la crisis de la Covid-19, la posibilidad de teletrabajar es difícil y el riesgo de contagio es alto. En contraste, por ejemplo en el barrio de Sant Gervasi-Galvany (Sarrià-Sant Gervasi) solo un 15,3% de la población activa trabaja en el sector de industrias y almacenes.

Aunque es difícil de saber con certeza, hay cierto riesgo y puede haber la correlación de que en los barrios con niveles de renta más bajos haya más porcentaje de habitantes que se vean con la necesidad u obligación de seguir asistiendo a sus puestos de trabajo durante estos días. También hay que tener en cuenta las tareas de cuidados y limpieza, que no contabilizan en estadísticas oficiales y que mayoritariamente asumen mujeres con un nivel socioeconómico bajo.

La movilidad es otro factor a considerar a la hora de entender que la Covid-19 entiende de clases. Si bien, la encuesta de movilidad en días laborales del Ayuntamiento de Barcelona no muestra una gran diferencia entre el uso del transporte público por habitante y zonas geográficas, sí lo hace en el número de turismos; en Roquetes, el número de turismos por habitante es de uno por cada cuatro habitantes, mientras que en Sant Gervasi-Galvany se dispara a uno por cada dos habitantes. Como es lógico, la movilidad en vehículo privado se presenta, desde el inicio de la crisis de la Covid-19, como un recurso para reducir el riesgo de contagio.

Fotografía de Lorena Sopena

La Covid-19 va de clases

Los datos y las comparativas están ahí. Las vulnerabilidades se viven, sufren y materializan con desigualdades de clase y siguiendo la interseccionalidad de las estructuras de opresión. Todo el mundo es vulnerable a la Covid-19 por la misma regla de que todo el mundo es vulnerable a la muerte bajo cualquier circunstancia. Pero no podemos ignorar que hay un riesgo añadido para las personas que viven en las periferias.

Y sí, son miles las personas infectadas, así como los focos y factores de contagio, pero, tal y como evidencian los datos, se debe contemplar el riesgo añadido que supone para distritos como Nou Barris enfrentarse a esta crisis. Basta con mirar las medidas que se han tomado en países como Brasil (donde ya cuentan que los focos principales se concentrarán en zonas empobrecidas) para entender que la pobreza es un riesgo añadido.

Las medidas tomadas deberían haber priorizado a la clase trabajadora, no solo respecto a la protección de los derechos laborales y de los puestos de trabajo, sino también en cuanto a los derechos fundamentales sobre alimentación adecuada, vivienda, salud y, en definitiva, dignidad y condiciones de vida. Podríamos analizar cientos de datos y hacer cientos de comparativas, esta solo ha pretendido ser una muestra de cómo la desigualdad social expone a los más vulnerables al contagio. Tendremos que aprender mucho y saber leer esta crisis (y todo lo que se deriva de ella), entendiendo que la desigualdad, una vez más, impacta con la peor crudeza sobre la clase trabajadora.

La Covid-19 entiende de clases y también de territorios, en la medida en que la desigualdad se manifiesta de forma territorial en los entornos urbanos de las ciudades. Las medidas para frenar la curva no alcanzarán a ser suficientes en un sistema que justamente parte de la desigualdad como base y tiende a acentuarla. La estructura social y sus poderes nunca han priorizado la salud de las personas trabajadoras y, ahora más que nunca, tenemos el reto de tomar conciencia de que es una tarea que hay que asumir, indispensable para el sustento de la propia sociedad.

El sistema que nos gobierna no solo ha dado la espalda a prever escenarios como este, sino que se ha desentendido de ello, hasta el punto de promover y potenciar las lógicas extractivistas causantes del problema. No dejamos de tener responsabilidad en haber normalizado estas dinámicas y, asimismo, ahora nos corresponde otra responsabilidad, la de poner de manifiesto la desigualdad de clases y encarar el debate público hacia la raíz estructural y sistémica del problema.

Fuente: Apuntes de clase. La Marea

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