Publicado en: 15 mayo, 2019

¿Por qué defender la soberanía de Venezuela?

Por narciso isa conde

“Hay que suponer que quienes se decidan a invadir –luego de lo acontecido en Siria, en tanto Rusia no se desentendió de los compromisos militares derivados del pacto de colaboración bilateral- están inclinándose por una guerra intensa, provocando daños colosales”

Algo que no necesita demostración es que el movimiento cívico-militar que encabezó el comandante Chávez reconquistó la soberanía venezolana anulada por los EEUU.

Es evidente también que esa superpotencia imperialista está empecinada en aplastar de nuevo esa conquista, en re-colonizar ese hermano país junto a toda nuestra América.

En la actualidad la administración Trump y los principales centros de poder estadounidense no ocultan la determinación de lograr ese objetivo mediante la invasión y ocupación del territorio militar venezolano para asaltar sus inmensos y valiosos recursos naturales (petróleo, gas, oro, tierras raras, agua, tierras fértiles, biodiversidad…).

Por su parte Juan Guaidó, designado por Trump presidente de una farsa (presidente que no preside nada) -expresando los intereses de las extremas derechas venezolanas y de la gran burguesía criolla- ha favorido la posibilidad de esa invasión sin importarle sus nefastas consecuencias.

Derrotados sucesivos intentos de desestabilización sin invasión directa, retoman ese expediente con el propósito inmediato de derrocar conjuntamente el Gobierno del presidente Maduro y desmantelar el Estado Soberano, legítimamente conformado en sucesivos procesos constituyentes y electorales.

· LA CONTRAPARTIDA POTENCIAL FRENTE A LA AGRESIÓN ESTADOUNIDENSE.

No cabe en mente sensata que tan truculenta determinación podría desplegarse sin ser contrarrestada por las fuerzas que en la actualidad integran la amplia y diversa resistencia civil y militar que dignamente ha asumido la defensa de la soberanía de ese país hermano, en su condición de principal conquista del proceso bolivariano: militares patriotas, pueblo chavistas y fuerzas solidarias de nuestra América y del mundo.

La perspectivas de una confrontación de ese nivel y sus nefastas consecuencias nos obligan a pensar que lo que se propone hacer el Comando Sur del Pentágono, junto a sus socios fascistoides venezolanos, israelíes, colombianos, brasileños y europeos… es mucho peor que las intervenciones militares imperialistas ejecutadas anteriormente en nuestro Continente.

· LA ESTRATEGIA IMPERIALISTA DE “CONTROL DEL CAOS”.

Por eso, para responder a la pregunta con que titulé este articulo, me decido primero por glosar algunas de los planteamientos y pronósticos sobre la nueva “doctrina militar” estadounidense, contenidos en uno de los ensayos escrito por el talentoso intelectual marxista argentino Jorge Beinstein, fallecido recientemente.Veamos:

“Podríamos sintetizar – precisa el autor referido- de manera caricatural a la nueva estrategia militar del Imperio a partir del predominio de diversas formas de “guerra informal” combinando mercenarios (muchos mercenarios) con escuadrones de la muerte (tipo JSOC), bombardeos masivos, drones, control mediático global, asesinatos tecnológicamente sofisticados de dirigentes periféricos. La guerra se elitiza, se transforma en un conjunto de operaciones mafiosas, se aleja físicamente de la población norteamericana y su cúpula dominante empieza a percibirla como un juego virtual dirigido por gangsters.

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“El horizonte objetivo (más allá de los discursos y convicciones oficiales) de la “nueva estrategia” no es el establecimiento de sólidos regímenes vasallos, ni la instalación de ocupaciones militares duraderas controlando territorios de manera directa, sino más bien desestabilizar, quebrar estructuras sociales, identidades culturales, degradar o eliminar dirigentes, las experiencias de Irak y Afganistán (y México) y más recientemente las de Libia y Siria confirman esta hipótesis.”

“Se trata de la estrategia del caos periférico, de la transformación de naciones y regiones más amplias en áreas desintegradas, balcanizadas, con estados-fantasmas, clases sociales (altas, medias y bajas) profundamente degradadas sin capacidad de defensa, de resistencia ante los poderes políticos y económicos de Occidente que podrían así depredar impunemente sus recursos naturales, mercados y recursos humanos (residuales). “

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Este imperialismo tanático del siglo XXI, se corresponde con tendencias desintegradoras en las sociedades capitalistas dominantes, en primer lugar la de los Estados Unidos.

……….

En realidad la “estrategia” de meta-control imperial del caos, sus formas operativas concretas, la convierten en una maraña de tácticas que tienden a conformar una masa crecientemente incoherente, prisionera del corto plazo. Lo que

pretende convertirse en la nueva doctrina militar, en un pensamiento estratégico innovador que responde a la realidad global actual facilitando la dominación imperialista del mundo no es otra cosa que una ilusión desesperada generada por la dinámica de la decadencia. Bajo la apariencia de ofensiva estratégica, irrumpen los manotazos históricamente defensivos de un sistema cuya cúpula imperial va perdiendo la capacidad de aprehensión de la totalidad real, la razón de estado se va convirtiendo en un delirio criminal extremadamente peligroso dado el gigantismo tecnológico de los Estado Unidos y sus socios europeo. (La ILUSIÓN DEL METACONTROL DEL CAOS.-La mutación del sistema de intervención militar de los Estados Unidos. Jorge Beinstein. Editorial Trinchera, págs. 27, 28, 29, 30 y 31 /Caracas Venezuela, mayo 2013)

· CONSECUENCIAS A EVITAR Y ENFRENTAR.

Imagínense esa estrategia aplicada en una Venezuela dotada de una fuerza militar regular no tutelada por EEUU, con conciencia antiimperialista en un gran número de sus integrantes y dispuesta a defender la soberanía de su país en estrecha relación con un amplio y combativo bloque popular chavista (todavía más radicalizado) y un contexto de alianzas militares, económicas y políticas con Rusia, China Popular y Cuba.

Piensen esa invasión imperialista en un país cuyo proceso bolivariano ha impactado todo el Continente, ubicado al lado de Colombia como Estado asociado a la agresión, con sus características de frágil plataforma militar pro-imperialista, en tanto ha sido y sigue siendo escenario de insurgencias populares cívico-militares.

Es evidente, además, la proclividad de los factores revolucionarios a contribuir desde Colombia y otros países limítrofes con Venezuela a ampliar la resistencia en el contexto de una guerra irregular asimétrica y sin fronteras, difícil de derrotar.

Hay que suponer que quienes se decidan a invadir –luego de lo acontecido en Siria, en tanto Rusia no se desentendió de los compromisos militares derivados del pacto de colaboración bilateral- están inclinándose por desatar una guerra intensa y destructiva, provocando daños colosales a la existencia de ese país suramericano, con catastróficos impactos, colosales daños ambientales y de todo tipo, extensivos a Nuestra América.

Defender la soberanía venezolana es defender la soberanía continental.

Impedir la invasión militar en disposición de enfrentarla y derrotarla es tarea internacionalista de primer orden y asunto de vida o muerte para los pueblos latino-caribeños y del mundo.

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