¿Por qué voy a votar a Miguel Urbán y a Teresa Rodríguez?

Hola, quiero expresar y compartir las razones que me han llevado a tomar una opción de voto en las primarias de Podemos. Puede parecer extraño o un intento descarado de influir en los demás que alguien no se limite a votar sino que “haga campaña” por algunos candidatos. Sobre eso quiero decir que, si he dado este paso no es porque menosprecie la capacidad de elegir de cualquier miembro de Podemos, sino porque me parece muy sana la práctica de intercambiar opiniones, tanto sobre este como sobre cualquier otro asunto.

Será una gran noticia qué junto al elevado número de candidat@s haya una votación masiva. Y si todo ello concurre con una multitud de opiniones variadas y contradictorias, expresadas a través de todo tipo de medios, será la mejor manifestación de que Podemos es algo vivo. Máxime cuando todos somos miembros de un mismo proyecto y partimos del derecho a que cada cual vote a quien mejor le parezca.

También me he animado a hablar porque creo que esta opinión va contracorriente, e incluso va contra la decisión que personalmente tenía decidida hasta hace unos días. Dicho esto, paso a exponer mi opinión.

CONTRA LA DECISION DE QUE UNOS POCOS DECIDAN POR LOS DEMÁS

Cuando firmé el manifiesto inicial que llamaba a la constitución de Podemos, lo hice con una gran ilusión, la cual en gran medida todavía conservo. Después de participar en el 15M y en la Marea Blanca, pensaba que faltaba algo. Habíamos roto con la costumbre de que unos pocos decidan por los demás, tanto desde el poder como desde las resistencias y las luchas. Las personas normales y corrientes habíamos empezado a decidir, sin líderes, secretarios generales, o comités ejecutivos. Esta forma de actuación además de llenarnos de satisfacción nos daba resultados. ¿Por qué no llevar este “método” también al ámbito de la política y de las elecciones, siendo un lugar donde se deciden cosas importantes y donde se pueden amplificar nuestros postulados?

Al mismo tiempo, había que ser conscientes que entrábamos en un territorio hostil, en un ecosistema que, más que ningún otro, tiende a reproducir lo que estamos combatiendo y lo que es tan característico de la mayoría de los partidos que tienen representación parlamentaria: líderes, verticalismo, ejecutivismo, división absoluta de papeles entre los que mandan y los que obedecen, prebendas, decir una cosa y hacer otra, búsqueda del voto a cualquier precio, etc.

Del 15M o de la Marea Blanca, que tantos resultados positivos han conseguido, se recuerdan la Puerta del Sol llena de personas acampadas, las grandes Marchas Blancas o la Consulta por la Sanidad con un casi un millón de participantes. Y sin embargo nadie recordará el nombre de ningún líder, porque no los hubo. Por el contrario, un aspecto que en unas elecciones se valora mucho son los candidatos.

Es decir,  que no nos gustan los líderes pero nada más empezar estamos obligados a presentar una lista ordenada y cerrada. Al menos lo vamos a hacer a través de mecanismos participativos, como las Primarias. Y sin embargo también este mecanismo conduce a una competición, a un orden y a un vencedor o vencedora; con el sistema de dos fases, todavía de una forma más reforzada.

Estamos obligados a tener caras públicas, (más si obtenemos representantes). Para amortiguar tal personalismo hay que tratar que esas caras sean simples portavoces, que no sean más que nadie, ni tengan especiales poderes de decisión. Por si los obstáculos fuesen pocos tenemos otro enemigo: el tiempo. Las decisiones democráticas requieren tiempo y nosotros estamos condicionados y acelerados por unos plazos electorales.

CONTRA LOS LÍDERES Y EL VERTICALISMO

Al empezar la construcción de Podemos teníamos un Manifiesto y una persona de nuestras mismas ideas que era mediática y conocida. Pero no teníamos las estructuras de base ni construidos los mecanismos democráticos. Era urgente, por tanto, construir los círculos y su coordinación, es decir, los mecanismos de decisión. Esa era, a mi juicio, la tarea prioritaria y fundamental, a la que subordinar el resto.

Pero según han avanzado los días, las prisas y los errores han ido dando más peso y funcionalidad a los mecanismos elitistas o de liderazgo que a las decisiones de los círculos. O dicho de otro modo, los grandes avances en la construcción y extensión de los círculos no han evitado las decisiones personalistas o minoritarias: elección del 3 de marzo como fecha para finalizar el programa; inscripción de Podemos como partido, de lo que nos enteramos por los medios; nombramiento de Vestringe como consejero y, la última, elección separada del primer puesto del resto de la candidatura (reforzando la distancia entra este y el resto). Algunas de estas decisiones, afortunadamente, se han frenado, lo cual permite que todavía, al menos en mi caso, convivan la preocupación con la esperanza.

A la hora de votar me he planteado estas cosas y he tratado de tenerlas muy en cuenta. Porque ni estamos ante desviaciones imposibles de corregir, ni los resultados de las Primarias serán neutros a la hora de fortalecer las tendencias personalistas o  de amortiguarlas. Y sobre todo por otro criterio, que personalmente tengo muy en cuenta. Para mí, por encima del resultado de estas elecciones, está el sentar unas bases que garanticen que Podemos sea una organización auténticamente democrática. No porque los resultados electorales me sean indiferentes, sino porque entiendo Podemos como un proyecto a medio plazo donde lo más importante son los principios, especialmente en estas elecciones que no dejan de ser una primera ocasión para darnos a conocer.

Esta larga explicación es la que con mayor o menor coherencia justifica mi opción de voto, que es la siguiente:

VOTO PARA QUE TODO EL PODER ESTÉ EN LOS CÍRCULOS

Para el primer puesto votaré a Miguel Urbán, que ya desde el principio escribió y dijo: “Todo el poder a los círculos”. Y ha dedicado su tiempo a construirlos. Además, en todas sus intervenciones, es firme defensor del Manifiesto inicial, que para mí es algo más que un documento protocolario. Es el programa que expresa de manera concreta y no genérica las reivindicaciones esenciales del 15M, de las Mareas, de la PAH y de manera especial, de las Marchas del 22M.

Para el resto de puestos votaré también a Miguel y a Teresa Rodríguez. A Miguel porque si, como es más probable, no sale para el primer puesto, que al menos quede entre los primeros. A Teresa Rodríguez porque es mujer, miembro de la Marea Verde y defensora a ultranza del manifiesto inicial.

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